Estos científicos se están aplicando vacunas experimentales contra el coronavirus
Por: Heather Murphy / The New York Times
Septiembre 2020
Fotografia: Kayana Szymczak / The New York Times

Impacientes por conseguir una vacuna contra la COVID-19, decenas de científicos de todo el mundo se están inyectando sus propias versiones -no probadas-, y a veces se las administran a sus amigos y familiares.

En abril, más de tres meses antes de que cualquiera de las vacunas contra el coronavirus iniciara la etapa de estudios clínicos amplios, el alcalde de una ciudad ubicada en una pintoresca isla del noroeste del Pacífico le pidió a un amigo microbiólogo que lo vacunara.

La conversación ocurrió en la página de Facebook del alcalde, para horror de varios residentes del lugar, Friday Harbor (en el estado de Washington), que la seguían.

"¬Ņ¬Ņ¬Ņ¬ŅQuieres que vaya para que empecemos con tu vacuna????", escribi√≥ Johnny Stine, quien dirige North Coast Biologics, una empresa biotecnol√≥gica de Seattle dedicada al estudio de anticuerpos. "No te preocupes, soy inmune. Me he aplicado cinco veces mi vacuna".

"Suena bien", escribió Farhad Ghatan, el alcalde, después de hacer algunas preguntas más.

Varios residentes expresaron su escepticismo durante el intercambio. El alcalde rebati√≥ todos los argumentos y defendi√≥ a su amigo de 25 a√Īos, diciendo que es "un cient√≠fico farmac√©utico de primera l√≠nea". Cuando los residentes expresaron otras inquietudes, tanto sobre la preparaci√≥n del investigador como acerca de la injusticia de alentarlo a visitar la isla de San Juan, a pesar de las restricciones impuestas a los viajes, Stine respondi√≥ con insultos vulgares (el m√°s "geek" y menos soez era: "Espero que las c√©lulas epiteliales de tus pulmones produzcan m√°s receptores ACE2 para que mueras de manera m√°s expedita de nCoV19").

Varios residentes reportaron el incidente a distintas agencias policiacas y de regulaci√≥n. En junio, el fiscal general de Washington promovi√≥ un juicio contra Stine no solo por hacer afirmaciones sin fundamento para convencer al alcalde, sino tambi√©n por administrarles a alrededor de 30 personas su vacuna, que no ha sido probada, y cobrarle 400 d√≥lares a cada una. En mayo, la Administraci√≥n de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por su sigla en ingl√©s) le envi√≥ una carta a Stine en la que le advert√≠a que dejara de hacer declaraciones "enga√Īosas" sobre su producto.

Aunque sus t√°cticas de promoci√≥n s√≠ eran inusuales, Stine no era el √ļnico caso de un cient√≠fico que se dedic√≥ a crear una vacuna experimental contra el coronavirus para s√≠ mismo, su familia, amigos y otras personas interesadas. En todo el mundo, decenas de cient√≠ficos lo han hecho con m√©todos, afiliaciones y afirmaciones muy variadas.

La iniciativa que resalta por las impresionantes credenciales de sus participantes es Rapid Deployment Vaccine Collaborative, o RaDVaC, que tiene un listado de 23 colaboradores entre los que est√° el famoso genetista de Harvard George Church. (Sin embargo, la investigaci√≥n no se realiza en el campus de Harvard. "Aunque el laboratorio del profesor Church trabaja en varios proyectos de investigaci√≥n relacionados con la COVID-19, le ha dicho a la facultad de Medicina de Harvard que el trabajo relacionado con la vacuna de RaDVaC no se realiza en su laboratorio", se√Īal√≥ una vocera de la facultad de Medicina de la Universidad de Harvard).

Entre los proyectos m√°s confidenciales est√° CoroNope, que se niega a nombrar a los involucrados porque, seg√ļn la persona que respondi√≥ a los mensajes enviados a la cuenta de correo electr√≥nico an√≥nima del grupo, "menos de media docena" de los bi√≥logos participantes no quieren arriesgarse a tener problemas con la FDA o con sus empleadores.

Cada uno de estos esfuerzos individuales está motivado, al menos en parte, por la misma idea: los tiempos excepcionales exigen medidas excepcionales. Si los científicos tienen las habilidades y el coraje para desarrollar una vacuna, la lógica dice que deberían hacerlo. Los defensores dicen que mientras sean comedidos con sus afirmaciones, y transparentes sobre sus procesos, todos podríamos beneficiarnos de lo que aprendan.

Pero los cr√≠ticos afirman que, aunque sus intenciones sean muy buenas, no es probable que estos cient√≠ficos hagan un descubrimiento √ļtil porque sus vacunas no se someten a la verdadera prueba de los estudios aleatorios ni tienen controles con placebos. Peor a√ļn, estas vacunas podr√≠an causarles distintos tipos de da√Īos a las personas, desde acciones inmunitarias severas y otros efectos secundarios hasta hacer que se sientan protegidas, sin que eso sea as√≠.

"P√≥ntela y nadie va a poder hacer mucho al respecto", opin√≥ Jeffrey Kahn, director del Instituto de Bio√©tica Johns Hopkins Berman. Pero si alientas a otros para que se inyecten una vacuna que no ha sido probada, "volvemos a la √©poca de las medicinas de patente y el curanderismo", coment√≥, en referencia a los a√Īos en que era com√ļn la venta de remedios que hac√≠an promesas sensacionales pero enga√Īosas.

El grupo RaDVac que trabaja en una vacuna y cuya existencia se dio a conocer en la revista MIT Technology Review, se diferencia del proyecto de Stine en dos aspectos muy importantes. Ninguno de los involucrados planea cobrar por la vacuna. Además, a diferencia de las diatribas de Stine plagadas de insultos en Facebook, RaDVaC preparó un documento científico de 59 páginas en el que explica cómo funciona la vacuna y orienta a otros investigadores que quieran trabajar con su fórmula.

"El documento oficial es impresionante", aseveró Avery August, inmunólogo de la Universidad de Cornell en Ithaca, Nueva York, que no está involucrado con RaDVaC.

No obstante, el √≠mpetu de ambos proyectos es similar. En marzo, Preston Estep, cient√≠fico investigador del genoma humano y residente del √°rea de Boston, le√≠a sobre los muertos por la pandemia y prometi√≥ no quedarse c√≥modamente al margen. Escribi√≥ un correo electr√≥nico dirigido a algunos qu√≠micos, bi√≥logos, profesores y doctores que conoc√≠a para averiguar si alguno estaba interesado en crear su propia vacuna. Pronto hab√≠an dise√Īado una f√≥rmula para elaborar una vacuna de p√©ptido que pod√≠a administrarse con un atomizador en la nariz.

"Es muy sencilla", explicó Estep. "Consta de cinco ingredientes que podrías mezclar en un consultorio médico".

El ingrediente principal son peque√Īos trozos de prote√≠nas virales, o p√©ptidos, que los cient√≠ficos ordenaron en l√≠nea. Si todo funciona bien, los p√©ptidos entrenan al sistema inmunitario para que se defienda del coronavirus, aunque no est√© presente ning√ļn virus real.

A finales de abril, Estep se reuni√≥ con varios colaboradores en un laboratorio, donde mezclaron la poci√≥n y la atomizaron en sus fosas nasales. Church, un viejo mentor de Estep, dijo que se la aplic√≥ a solas en su ba√Īo para respetar las precauciones de distanciamiento social.

Poco despu√©s, Estep le aplic√≥ la vacuna a su hijo de 23 a√Īos y otros colaboradores tambi√©n la compartieron con sus familiares. Hasta ahora, el peor s√≠ntoma que alguien ha reportado ha sido nariz congestionada y un ligero dolor de cabeza, dijo Estep. M√°s adelante, elimin√≥ algunos p√©ptidos y a√Īadi√≥ otros para refinar la receta conforme se fueron dando a conocer investigaciones sobre el coronavirus. Hasta este momento, se ha aplicado ocho versiones de la vacuna en la nariz.

Por lo regular, el desarrollo de un f√°rmaco comienza con estudios en roedores u otros animales. Para RaDVaC, se√Īal√≥ Estep, "nosotros somos los animales".

Pero sin estudios clínicos rigurosos, indicó August, no se puede saber con certeza si la vacuna es segura o efectiva. Comentó que teme que, debido al prestigio de los científicos, algunos crean lo contrario.

Church dijo que respetaba el proceso de evaluación tradicional, pero que también debería existir un espacio para la "investigación previa", y que la mayor parte de los proyectos en los que había estado involucrado a lo largo de su carrera -incluida la edición genética en células humanas- primero habían sido considerados "marginales".

Estep afirma que, hasta la semana pasada, unas 30 personas en Estados Unidos, Suecia, Alemania, China y el Reino Unido se habían vacunado. Dijo que un profesor universitario en Brasil le había dicho que estaba pensando en fabricarla en su laboratorio y distribuirla de manera gratuita.

En la historia han existido varios casos de cient√≠ficos que abiertamente probaron sus vacunas en s√≠ mismos y en sus hijos, pero en d√©cadas recientes ha sido menos com√ļn, explica Susan E. Lederer, historiadora m√©dica de la Universidad de Wisconsin-Madison. Las normas que definen qu√© es aceptable √©tica y legalmente para el proceso de pruebas y distribuci√≥n de tu propio producto m√©dico var√≠an de una instituci√≥n a otra y de un pa√≠s a otro.

En agosto, el Instituto de Investigación Científica para Problemas de Seguridad Biológica, una institución gubernamental en Kazajistán, anunció que siete empleados habían sido las primeras personas en probar la vacuna contra la COVID-19 que estaban desarrollando. Investigadores rusos y chinos que forman parte de instituciones académicas han hecho anuncios similares durante la pandemia.

El problema con el producto de Stine, seg√ļn el fiscal general de Washington, Bob Ferguson, no es que lo haya tomado. Es que "vendi√≥ eso que llama 'vacuna' a algunas personas en Washington que est√°n asustadas, lo que las hace m√°s propensas a buscar una cura milagrosa en medio de una pandemia mundial", subray√≥ Ferguson en un comunicado. En el proceso tambi√©n se sostiene que las afirmaciones de Stine carecen de fundamento en cuanto a su seguridad o eficacia.

En marzo, unos cuantos meses después del anuncio de que se había vacunado, al igual que a sus dos hijos adolescentes, publicó un anuncio en la página de Facebook de North Coast Biologics. Stine dijo en una entrevista que, gracias a sus décadas de trabajo con anticuerpos, sabía que fabricar una vacuna sería "de lo más fácil".

Describi√≥ una tarea que sonaba muy parecida a algo escrito en libretos para Hollywood que nunca lograron concretarse en una pel√≠cula. Supuestamente fabrica anticuerpos que pueden emplearse contra distintos pat√≥genos y se los vende a empresas que pueden utilizarlos para desarrollar f√°rmacos, pero es posible que no lo hagan. Seg√ļn se indica en el juicio promovido por el fiscal general de Washington, la compa√Ī√≠a de Stine fue objeto de una disoluci√≥n administrativa en 2012.

Para hacer esta vacuna, utilizó una secuencia genética de la proteína puntiaguda del exterior del coronavirus con el fin de hacer una versión sintética. La colocó en una solución salina, se inyectó apenas debajo de la superficie de la piel del brazo y después se aplicó una prueba de valoración para identificar anticuerpos en su torrente sanguíneo. "Me llevó doce días desde descargar la secuencia hasta salir positivo en la prueba de valoración", afirmó.

En su anuncio de Facebook, decía que había quedado inmune al virus y le ofrecía a "cualquier interesado" la oportunidad de "pagar 400 dólares/persona".

El acuerdo que Stine finalmente logró con la fiscalía estipula que debe reembolsarles el dinero a las 30 personas que recibieron su vacuna.

A Stine parece divertirle esa condici√≥n, e insiste en que es probable que pocas personas soliciten un reembolso. Seg√ļn √©l, su tarifa apenas cubr√≠a los gastos de viaje y, a menudo, no cobraba.

Un hombre de unos 60 a√Īos en Montana, que pidi√≥ mantener su anonimato por motivos de privacidad, dijo que pag√≥ el traslado de Stine hasta su casa para que lo vacunara a √©l y a su familia. Dice que ahora han retomado su "comportamiento normal", como almorzar con amigos cuyos trabajos los ponen en alto riesgo de exposici√≥n. El hombre incluso acompa√Ī√≥ a Stine durante una visita a un oficial de polic√≠a amigo suyo del estado de Washington que hab√≠a sido diagnosticado con la COVID-19 y estaba "al borde de la muerte". Seg√ļn las tres personas que estaban presentes, nadie us√≥ mascarillas. Y Stine se sent√≥ cerca del oficial enfermo, en un espacio cerrado, mientras le daba un tratamiento.

Stine dice que su producto es similar a una vacuna recombinante que est√° desarrollando la Universidad de Pittsburgh en Pensilvania. Tambi√©n afirma que una aplicaci√≥n no solo protege a las personas del virus, sino que tambi√©n funciona como tratamiento para quienes ya padecen la enfermedad. Louis Falo, investigador principal del proyecto desarrollado en la Universidad de Pittsburgh, dijo que no cree que la vacuna de Stine pueda ser segura ni efectiva con base en su m√©todo de realizaci√≥n. Aunque lo fuera, se√Īal√≥, no es probable que ayude a las personas que ya est√°n enfermas.

En la década de 1990, Stine trabajó para Patrick Gray, un biólogo molecular que contribuyó al descubrimiento de una vacuna contra la hepatitis B y que ahora es el director ejecutivo de una empresa de biotecnología.

Gray dijo en una entrevista que los proyectos cient√≠ficos que Stine public√≥ en Icos, la compa√Ī√≠a de biotecnolog√≠a donde trabajaron juntos, eran "s√≥lidos", pero el joven cient√≠fico ten√≠a la inclinaci√≥n de hacer mucha alharaca a partir de sus modestos trabajos. "Johnny ten√≠a prisa por publicar sus trabajos y avanzar en su carrera", dijo. "A menudo le insist√≠amos en que se necesitaban m√°s confirmaciones y m√°s controles".

"Con respecto a sus esfuerzos científicos actuales, no creo que Johnny sea un 'estafador', pero ha ignorado a la FDA en cuanto a las regulaciones necesarias para el desarrollo de fármacos", escribió en un correo electrónico. "Simplemente no es posible que una persona como Johnny cree una vacuna viable".

El alcalde de Friday Harbor mencion√≥ que se arrepiente de haber respondido el mensaje de Stine en su muro de Facebook, en vez de hacerlo por mensaje privado, mas no ve por qu√© deber√≠a pedir disculpas por aceptar la f√≥rmula de su amigo de manera gratuita. "Prefiero tener la oportunidad de contar con cierta protecci√≥n en lugar de no tener ning√ļn tipo de protecci√≥n y solo seguir esperando", coment√≥ Ghatan.

Aseguró que, por el momento, han preferido no reunirse debido a la controversia. Pero dice que se vacunará si vuelve a tener la oportunidad de hacerlo.

 

Heather Murphy es una reportera de temas generales que suele escribir sobre los avances en la tecnología del ADN. @heathertal

 

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