'No le sirvo a mi cámara si muero': la mirada de un fotógrafo sirio
Por: Karam Shoumali / The New York Times
Septiembre 2017
Fotografia: Hosam Katan/Reuters
Fotografia: Hosam Katan/Reuters

Cuando un francotirador del ej√©rcito sirio le dispar√≥ a Hosam Katan en Alepo en mayo de 2015, Katan no pudo sentir ad√≥nde se hab√≠a alojado¬†la bala. Ten√≠a la esperanza de que no fuera en el ojo ni en el muslo. En cinco a√Īos fotografiando¬†el conflicto sirio, hab√≠a visto a suficientes colegas heridos de bala para saber qu√© lesiones eran fatales y cu√°les no. Mientras sangraba en el piso, se dio cuenta de que quiz√° pronto se sumar√≠a¬†a Marie Colvin y James Foley en la lista de periodistas asesinados mientras cubr√≠an la guerra civil de Siria.

Su historia es diferente porque es sirio y revela mucho también sobre cómo ha cambiado la cobertura del conflicto: de una guerra reportada por corresponsales extranjeros que llegaban para hacer visitas fugaces a una cobertura que realizan casi por completo periodistas locales, que no tienen modo de escapar. Muchos tenían muy poca o ninguna experiencia periodística; sin embargo, su trabajo ahora es la columna vertebral de la cobertura occidental.

Y entre los mejores estaba Hosam Katan.

Katan nunca¬†crey√≥ que se convertir√≠a en fot√≥grafo de guerra. Era un estudiante de 17 a√Īos en Alepo cuando se uni√≥ a las protestas en contra del presidente Bashar al Asad en 2011. Su padre trabajaba en la industria textil, pero su salario no era suficiente para mantener a su familia de ocho miembros. Katan ayudaba a su familia trabajando como contacto ilegal para quienes trataban de navegar por los ministerios del gobierno, donde fue testigo del "corrupto sistema burocr√°tico y la demanda constante de sobornos en el opaco sistema legal". √Āvido de un cambio, cuando¬†miles de sirios salieron a las calles para pedir una reforma, Katan se uni√≥ a ellos.

El joven vio que la policía utilizaba la fuerza contra los manifestantes y disparaba para dispersar a la multitud. Utilizó su teléfono móvil para grabar videos y subirlos a las redes sociales; ocultó su celular en sus calcetines para que no fuera una "sentencia de muerte" en caso de que lo detuvieran. Cuando el riesgo se hizo demasiado grande y las redadas nocturnas en la casa de su familia fueron demasiado frecuentes, Katan escapó al campo, controlado por los rebeldes. Para agosto de 2012, los rebeldes habían tomado el control de partes de Alepo, lo que le permitió regresar y trabajar en el Centro de Medios de Alepo, un grupo de activistas que documenta el conflicto y facilita el trabajo de los periodistas extranjeros.

Katan estaba interesado en el trabajo de los fotoperiodistas internacionales que acompa√Īaba, y les hac√≠a preguntas acerca de la luz, los √°ngulos y los lentes. "Regresaba a mi laptop despu√©s de un largo d√≠a y revisaba las noticias, no para enterarme de ellas, sino para aprender de ellas", coment√≥. "Quer√≠a ver el producto del fot√≥grafo y qu√© fotos decid√≠an que eran las mejores para publicar".

Cuando el Estado Isl√°mico tom√≥ el control de grandes partes del norte de Siria y comenz√≥ a secuestrar a periodistas occidentales, depend√≠a de los periodistas sirios relevarlos, pues eran la √ļnica fuente de noticias en el territorio rebelde y publicaban reportajes en las redes sociales.

No eran inmunes al peligro. Seg√ļn¬†el Comit√© para la Protecci√≥n de los Periodistas, 110 comunicadores han sido asesinados en Siria desde 2011, la mayor√≠a sirios. Entre ellos se encontraba Molhem Barakat, de 18 a√Īos:¬†un fot√≥grafo amigo de Katan, asesinado por los disparos de un tanque mientras trabajaba para Reuters. Katan ya ten√≠a la c√°mara de Barakat (quien la vendi√≥ porque en su trabajo le dieron una), que hab√≠a comprado¬†por 400 d√≥lares con su salario como contacto ilegal. Despu√©s de la muerte de Barakat, Katan tambi√©n hered√≥ el papel de su amigo: dos d√≠as despu√©s de la muerte de su amigo, Katan obtuvo su primer trabajo con Reuters.

Ese día de mayo de 2015, cuando le dispararon, Katan estaba con los rebeldes sirios, que acababan de apoderarse de territorio del gobierno. Para evitar las balas, el grupo dejó sus vehículos y fueron a pie. "Hay un francotirador del lado izquierdo, así que debemos inclinarnos hacia delante y correr rápidamente", les dijo un comandante rebelde. "El francotirador no dispara tan a menudo".

Katan vio a diez hombres que se adelantaron y escuchó las risas después de que llegaran a salvo al otro lado. Después corrió en esa dirección; dos balas levantaron el polvo en frente de él.

Una tercera penetró el abdomen de Katan.

Se recostó de espaldas, sin saber por dónde había entrado la bala ni cuánto tiempo le quedaba de vida. Separado de los demás, se quitó con dificultad el chaleco antibalas, se desabotonó la camisa, respiró hondo y, acostado, se dio la vuelta. Tomando una cámara -"una reacción instintiva" para un joven fotógrafo- comenzó a gatear de regreso.

Un combatiente le extendió el brazo a Katan y lo alejó de la vista del francotirador. Con dolor, Katan presionó su palma contra la herida y comenzó a correr; tropezó y corrió de nuevo. "No quería morir ahí", recordó más tarde. "No le sirvo a mi cámara si muero".

Los siguientes meses los pas√≥ recuper√°ndose en el apartamento de su familia en el sur de Turqu√≠a, adonde hab√≠an escapado. Sin embargo, a√ļn quer√≠a documentar la lucha diaria de los civiles que se quedaron atr√°s en una de las ciudades m√°s peligrosas del mundo. A pesar del riesgo, Katan regres√≥ a Alepo en septiembre de 2015 y visit√≥ el lugar donde le dispararon para deshacerse del miedo. Aunque regresaba a casa, decenas de miles de personas iban en la direcci√≥n opuesta: lejos¬†de Siria, hacia Europa, donde Alemania y Suecia estaban dispuestos a brindar asilo a los refugiados.

Dos meses más tarde, Katan se les unió. Se sintió destrozado por tener que dejar atrás lo que se había convertido en su vocación. Pero en Europa esperaba estudiar fotografía, lo cual le permitiría estar mejor capacitado para documentar el sufrimiento en su país, así como otros conflictos en todo el mundo.

Sus propias experiencias tambi√©n moldear√≠an esa perspectiva: una tarde de noviembre de 2015 se encontr√≥ aferrado a un bote repleto con 60 migrantes que se dirig√≠an a Grecia desde Turqu√≠a. Detuvieron a Katan en cuanto lleg√≥ y lo llevaron de una prisi√≥n a otra durante una semana porque hab√≠a un problema con su pasaporte sirio. Termin√≥ por seguir su viaje a Alemania en ocasiones a pie y a veces en autob√ļs o tren.

Su agotador viaje valió la pena. Katan está estudiando fotoperiodismo en la Universidad de Hanóver.

Y aunque puede que viva a miles de kil√≥metros de Alepo, a√ļn intenta que haya m√°s atenci√≥n¬†hacia el sufrimiento de su ciudad. Su pr√≥ximo libro, Yalla Habibi, hablar√° de la vida diaria de los civiles bajo asedio y de los bombardeos en el este de Alepo. "Mi experiencia de los √ļltimos a√Īos cambi√≥ mi forma de pensar, vivir y so√Īar. Ahora s√© que la vida se trata de algo m√°s que las necesidades b√°sicas de alimentos y techo. Se trata de tener una aspiraci√≥n, y el fotoperiodismo es la m√≠a".

 

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