La literatura boliviana se desmarca de sí misma
Por: El País
Febrero 2020
Fotografia: El Diario

Desde lo fantástico, el relato generacional, la crónica y la poesía, una nueva generación de autores han descubierto que las heridas actuales del país se abrieron hace tiempo

La literatura boliviana ha pasado los √ļltimos 10 a√Īos desmarc√°ndose de s√≠ misma. Si durante el siglo XX se distingui√≥ por su realismo y compromiso social -como se refleja en las novelas escogidas como obras esenciales por el proyecto Biblioteca del Bicentenario-, los escritores que han emergido en los √ļltimos a√Īos le dieron la espalda a esa tradici√≥n. Sin embargo, escogiendo g√©neros desde lo fant√°stico, el relato generacional, la cr√≥nica y la poes√≠a, autores como Alexis Arg√ľello, Maximiliano Barrientos, Paola Senseve, o Rodrigo Hasb√ļn han descubierto que las heridas actuales del pa√≠s se abrieron mucho antes de su crisis pol√≠tica. El racismo y la divisi√≥n regional, el machismo y el caudillismo, al igual que la incomprensi√≥n entre clases sociales que sorprendieron tras el final del Gobierno de Evo Morales, estuvieron presentes desde antes en sus obras, a√ļn sin la intenci√≥n expl√≠cita de hacerlo.

Alexis Arg√ľello Sandoval, nacido en 1986 en El Alto, es editor y librero independiente. Su ciudad de origen, una urbe de 850.000 habitantes, surgi√≥ como ciudad-dormitorio para los campesinos de todo el pa√≠s que migraban al cintur√≥n metropolitano de la capital, La Paz, para trabajar. "En El Alto no se vive, se sobrevive", dice el editor. Aunque asegura que muchas cosas han cambiado.

En No me jodas, no te jodo (Sobras Selectas, 2018), Arg√ľello selecciona 17 cr√≥nicas sobre la ciudad que siempre fue reconocida como un basti√≥n ind√≠gena y estereotipada por su frialdad y criminalidad. Para el editor, "El Alto es v√≠ctima de un imaginario colectivo que se construy√≥ desde fuera, sin la posibilidad de que se haga desde adentro". En el libro se cuentan historias de equipos de f√ļtbol secuestrados, la toma de los √≠conos de la arquitectura ind√≠gena por j√≥venes adinerados que organizan fiestas electr√≥nicas, y hasta la historia de un ping√ľino que se escapa del tr√°fico ilegal de mascotas. "Para el pace√Īo, El Alto se reduce en la pirater√≠a, el crimen y la prostituci√≥n", resume. "Es todo eso, pero tambi√©n es un lugar de j√≥venes inquietos por prepararse y conocer su historia, y que saben que pueden conseguir mucho m√°s que sus padres".

El Alto jug√≥ un papel fundamental en el derrocamiento de Gonzalo S√°nchez de Lozada, el √ļltimo presidente electo antes de Evo Morales, en 2003. El a√Īo pasado, fue escenario de la muerte de 10 de las 34 personas fallecidas durante los dos meses de protestas durante la crisis pol√≠tica. "Me molesta esa visi√≥n de El Alto. Siempre se la consider√≥ la carta final de los conflictos del pa√≠s. Aqu√≠ se ponen hasta los muertos. Se levanta su nombre en vano, porque despu√©s ni siquiera se le dan las condiciones m√≠nimas de desarrollo estructural".

Hijo de dos comerciantes de libros usados e impresiones piratas que comenzaron en la Feria 16 de julio, el mercado informal m√°s grande de Latinoam√©rica, Arg√ľello toma su vocaci√≥n de editor como "una necesidad y una responsabilidad" ante la urgencia de que la ciudad empiece a contarse a s√≠ misma.

Para Maximiliano Barrientos nacido en Santa Cruz hace 40 a√Īos, la escritura representa todo lo contrario. Su novela En el cuerpo una voz (Almad√≠a, 2018) comienza con el di√°logo de dos hermanos que huyen de un dictador can√≠bal tras el asesinato de un presidente ind√≠gena y la posterior divisi√≥n del pa√≠s en una naci√≥n blanca y otra ind√≠gena. "Creo que esa novela se imagin√≥ una Bolivia posible, pero espero que no se la lea como marco de referencia o de valoraci√≥n los acontecimientos de mi pa√≠s", dice Barrientos. Luego, sentencia: "Eso implicar√≠a pedirle a la literatura lo que se le exige a la sociolog√≠a".

Aun as√≠ admite que la novela es pol√≠tica, "aunque nunca se enuncia directamente". El escritor cuenta que la idea surgi√≥ hace 15 a√Īos, cuando el oriente boliviano exig√≠a autonom√≠a y amenazaba con separarse. "Creo que el escenario actual es distinto. La tensi√≥n no pasa por las ambiciones regionalistas, al menos no de forma expl√≠cita. Creo que la crisis es ideol√≥gica, y pasa por cuestiones raciales que no se resolvieron en los a√Īos de Evo, sino que se reprimieron. Ahora que estallaron, polarizaron a la poblaci√≥n".

Paola Senseve, escritora y gestora cultural de 32 a√Īos nacida en Cochabamba, sostiene que su camino literario comenz√≥ junto con su camino pol√≠tico. "Toda obra de arte es pol√≠tica, si entendemos la pol√≠tica como una serie de lecturas, interpretaciones y cuestionamientos de la realidad", dice la √ļltima ganadora del Premio Nacional de Poes√≠a por C√≥dex Corpus (Editorial 3600, 2020).

"Quizá si muero / en mi cuerpo ya no sobre nada / sin respiración / el código no se sostiene", escribe al final de uno de los poemas del libro que la autora define como "una escritura basada en experiencias humanas de cuerpos de mujeres, de su información genética, sus herencias, sus relaciones filiales".

Habiendo crecido y empezado a leer y escribir en Santa Cruz, donde considera que el acceso a la literatura es muy reducido, la escritora celebra que muchas de las escritoras que más éxito internacional han tenido -Giovanna Rivero, Magela Baudoin y Liliana Colanzi- sean de allí. Para ella, ser escritora en Bolivia "es igual que ser científica, deportista, o carpintera. En el mundo de la literatura se publica, se lee y se les paga mucho más a los hombres. Se les hace mayor crítica de sus obras, se los premia más y se habla menos de sus vidas personales".

Rodrigo Hasb√ļn, cochabambino de 39 a√Īos, hace 10 que mira a Bolivia desde el extranjero. "Con una nostalgia m√°s o menos constante y con preocupaci√≥n y miedo por la persistencia de algunos fantasmas que hace tiempo debieron desaparecer", dice el autor establecido en Texas.

En su √ļltima novela, Los a√Īos invisibles (El Cuervo, 2019), Juli√°n escribe una novela basada en su adolescencia. Andrea, en quien se basa parte del libro, lee un adelanto y decide buscarlo en Houston, 21 a√Īos despu√©s de su √ļltimo encuentro. Adolescentes pertenecientes a una clase adinerada y m√°s bien miope, como los describe Hasb√ļn, viven una tragedia que les cambiar√° la vida. Mientras lejos y en silencio, desde el cuarto de la sirvienta, se fragua una guerra por el agua en Cochabamba que antecede al ascenso de Evo Morales.

"Los grandes sucesos pol√≠ticos me interesan menos que la pol√≠tica que sucede a diario a nuestro alrededor, esa micropol√≠tica atravesada por asuntos raciales, culturales y de g√©nero, que asoma en las calles y las casas, en todas partes", admite Hasb√ļn. El autor considera la literatura como un animal que se mueve a una velocidad distinta de la que lo rodea y que tiene poca capacidad para incidir en la realidad.

En la novela, Andrea ironiza y le aconseja a Juli√°n escribir la otra historia, la de esa sirvienta que se preparaba para luchar contra la privatizaci√≥n del agua. Este se niega. Hasb√ļn, por su parte, "no la escribir√≠a para cumplir con una expectativa ajena".

Para √©l permanece esa idea de escritor boliviano atado a esa expectativa. Pero, "si algo han demostrado en esta √ļltima d√©cada los escritores de mi generaci√≥n es justamente una desconfianza y una rebeld√≠a hacia todo eso que se espera de ellos. Y, gracias a ellas, la literatura boliviana reciente se ha transformado de forma significativa".

 

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