Nicholas Carr: "Nos estamos volviendo menos inteligentes, más cerrados de mente e intelectualmente limitados por la tecnología"
Por: BBC Mundo
Febrero 2021
Fotografia: Malte Mueller/Getty Images

Hace un par de lustros, un escritor estadounidense se atrevi√≥ a lanzar al aire una pregunta ret√≥rica que muchos tildaron de exageraci√≥n: "¬ŅNos est√° volviendo Google m√°s est√ļpidos?".

Poco después, ese mismo autor, Nicholas Carr, publicó un superventas del New York Times, finalista del Pullitzer y traducido a 25 idiomas, que le reafirmó como el principal crítico de internet en ese momento:The shallows: what the Internet is doing to our brains("Superficiales: lo que internet está haciendo con nuestras mentes").

Los hipervínculos no nos permiten concentrarnos, dijo entonces Carr. Hoy traslada su teoría a los celulares que, asegura, debilitan nuestra forma de pensar incluso cuando están apagados.

"Por desgracia, mis predicciones sobre internet se han cumplido y son incluso peores de lo que esperaba", le dice a BBC Mundo.

En esta entrevista con el escritor analizamos sus pronósticos (y cómo han evolucionado a lo largo de esta década).

Han pasado 10 a√Īos desde que describiste enThe shallows: what the Internet is doing to our brains ("Superficiales: lo que internet est√° haciendo con nuestras mentes") los efectos perjudiciales que tendr√≠a internet en nuestra capacidad de concentraci√≥n, memoria y procesamiento de la informaci√≥n. ¬ŅEsperabas que el tiempo te diera la raz√≥n?

La verdad es que cuando escribí el libro no se habían hecho tantas investigaciones como ahora sobre la influencia de internet en nuestra manera de pensar.

Mi sensación -por mi propia experiencia y por las de otras personas con las que hablé, además de los estudios que se estaban realizado entonces- era que internet iba a suponer un gran cambio en la manera en que pensamos y leemos, pero tenía dudas sobre si estaba dándole demasiada importancia a esa tendencia.

Lamentablemente, los estudios que se han publicado en los √ļltimos a√Īos respaldan lo que predije.

De hecho, los efectos adversos de la tecnología en nuestra capacidad mental son incluso mayores de lo que yo me esperaba.

En estos 10 a√Īos he analizado interesantes y a la vez aterradoras investigaciones que muestran que, cuando tenemos cerca el tel√©fono (incluso aunque est√© apagado), nuestra capacidad para resolver problemas, concentrarnos e incluso tener conversaciones profundas disminuye.

Nos volvemos tan absortos con la información que nos ofrece el celular que hasta cuando no lo usamos estamos pensando en hacerlo.

El uso de esta tecnología tiene grandes repercusiones mentales porque que nos roba nuestra atención, y eso hace que pensemos más deficientemente.

¬ŅCu√°les son para ti los cambios m√°s preocupantes en nuestra forma de pensar y de procesar informaci√≥n que se derivan del uso de las nuevas tecnolog√≠as?

Sabemos que el cerebro humano se adapta a su entorno; nuestra mente se vuelve muy buena en los modos de pensar que practicamos mucho, pero si no los practicamos comienza a perder esa habilidad.

En términos generales, internet nos brinda información de una manera que debilita nuestra capacidad para prestar atención.

Obtenemos una enorme cantidad de información cuando navegamos por internet o cuando usamos el celular, pero nos llega de manera muy fragmentada; muchos pedacitos de información multimedia (sonidos, fotos, imágenes en movimiento, textos) que compiten entre sí, solapándose mutuamente.

A eso hay que sumar las muchísimas interrupciones de las alertas y notificaciones, y el hecho de que sabemos que siempre hay nueva información disponible.

Hemos aprendido a estar constantemente estimulados para recabar pedacitos de información todo el tiempo, pero no nos sentimos estimulados para tomarnos las cosas con calma, para concentrarnos, para estar enfocados en algo, para prestar atención.

¬ŅPor qu√© te parece grave esa falta en nuestra capacidad de prestar atenci√≥n?

Las formas más elevadas de pensamiento -la contemplación, la reflexión, la introspección, incluso la respiración profunda- requieren que prestemos atención, que eliminemos las distracciones y las interrupciones.

Sin embargo, la tecnología de internet hace exactamente lo opuesto: nos interrumpe y nos distrae constantemente.

Como consecuencia, estamos perdiendo nuestra capacidad de implicarnos en las formas m√°s elevadas de pensamiento que tenemos disponibles los seres humanos.

Quienes critican la llamada "econom√≠a de la atenci√≥n" o el "capitalismo de vigilancia", que permite a las empresas ganar dinero consiguiendo nuestra atenci√≥n, ofrecen argumentos similares. Me viene a la cabeza el documental de Netflix "El dilema de las redes sociales". ¬ŅCrees que ahora nos preocupa m√°s que las nuevas tecnolog√≠as nos hagan m√°s vulnerables, que tal vez somos m√°s conscientes de ello?

¬°Sin duda! Y creo eso es algo muy positivo.

Hace 10 a√Īos, cuando escrib√≠ The Shallows, todav√≠a est√°bamos muy entusiasmados con internet, con nuestros nuevos smartphones, con Facebook y Twitter. Nos fascinaba la cantidad de informaci√≥n que obten√≠amos todo el tiempo.

Yo no fui el √ļnico en suscitar preocupaciones pero, sin duda, cuando el libro se public√≥ hubo muchas cr√≠ticas y cuestionamientos hacia mis argumentos.

Desde entonces nos hemos vuelto, tanto como individuos como sociedades, mucho más conscientes de que esta tecnología está cambiando cómo pensamos y de que está haciendo que nos resulte mucho más difícil concentrarnos.

La tecnología no es para nada el grandioso boom que se concibió en el 2010. Lo bueno es que al menos nos estamos dando cuenta de nuestra dependencia hacia ella y de los problemas que causa.

Lo que no hemos hecho todavía es pasar de ser conscientes a cambiar nuestro comportamiento... y esa es la parte crucial.

Nos quejamos de los efectos de internet y de las redes sociales, pero nos resulta muy difícil reducir nuestra dependencia.

La contraportada de tu libro recoge la pregunta con la que titulaste un art√≠culo en The Atlanticque tuvo mucha repercusi√≥n en 2008: Is Google making us stupid? ("¬ŅNos est√° volviendo Google m√°s est√ļpidos?") Si te lo pregunto ahora, ¬Ņqu√© me respondes?

Pues te diría que sí.

Me explico: hay muchas maneras de pensar y de ser inteligente. Sin duda, Google, al proporcionarnos toda esa información, nos ayuda a ser inteligentes de cierta manera -a investigar más rápidamente, a encontrar información específica que buscamos- pero, a la larga, Google (y otros servicios de internet) quebranta nuestra capacidad de pensar en profundidad.

Partiendo de esa base, creo que Google y otras empresas tienen un efecto perjudicial en el intelecto humano.

Algunos expertos dicen que los nativos digitales tienen un coeficiente intelectual m√°s bajo que sus padres...

Hay algunas indicaciones de que eso sea así, aunque todavía es pronto para sacar conclusones.

Pero podemos observar el famoso efecto Flynn. Durante todo el siglo XX, el coeficiente intelectual subi√≥ de manera consistente y continuada. Pero m√°s recientemente, hemos visto algunas se√Īales de que los resultados de tests y pruebas de inteligencia han comenzado a descender.

Creo que habrá que esperar para ver qué pasa, pero esos resultados son reveladores.

Cuando llegó internet, todo el mundo pensó que nos íbamos a volver más inteligentes, pero si te fijas en los indicadores de inteligencia, más bien vemos lo contrario.

Todas las esperanzas que teníamos de que internet nos haría más inteligentes, más abiertos de mente y más intelectualmente conscientes no parecen haberse cumplido.

Más bien estamos yendo hacia la otra dirección. Nos estamos volviendo menos inteligentes, más cerrados de mente y, de cierta manera, intelectualmente limitados por la tecnología.

Algo que ha cambiado mucho en los √ļltimos 10 a√Īos es la explosi√≥n en el uso de las redes sociales, ¬Ņqu√© opinas al respecto?

La mayor parte del tiempo que pasamos en internet es usando las redes sociales, que adem√°s se han convertido en la principal fuente de informaci√≥n para muchas personas. Pero se nos olvida que las redes sociales no fueron dise√Īadas para ese prop√≥sito.

Tendemos a obtener fragmentos de noticias y de titulares, y terminamos poniendo mucho énfasis en la información que llama nuestra atención al instante, que suele ser muy emocional y muy exagerada, y a menudo son noticias falsas.

Las redes sociales se han beneficiado ampliamente de ello. Eso hace que vivamos en sociedades m√°s polarizadas, que pensemos de manera m√°s emocional y menos racional, aun cuando se trata de asuntos muy complejos.

Hemos visto todo tipo de efectos da√Īinos que emergen de la pereza y la conveniencia de nuestra decisi√≥n de usar las redes sociales como el principal medio para informarnos sobre casi cualquier cosa.

Es un poco triste porque, cuando la gente comenz√≥ a usar internet, todo el mundo pens√≥ que nos permitir√≠a obtener informaci√≥n de fuentes muy diferentes, que cuestionar√≠a nuestras presunciones, que ampliar√≠a nuestra forma de pensar. Pero lo que ha ocurrido es que el suministro de informaci√≥n ha sido controlado por un pu√Īado de grandes tecnol√≥gicas.

Esas empresas saben exactamente qué información deben darnos para que sigamos volviendo a por más, para que sigamos adictos a sus servicios.

Como los seres humanos somos animales sociales y tenemos tanta información en las redes socialmente relevante disponible todo el tiempo, tendemos a volvernos más compulsivos cuando usamos esos servicios.

Por un lado, está esa enorme consolidación de poder de las grandes tecnológicas. Por otro, nuestro propio comportamiento, que aumenta nuestra dependencia hacia ellas.

Es f√°cil sentirnos indefensos. ¬ŅQu√© podemos hacer para gestionar esa dependencia?

Hoy d√≠a, como sociedad, estamos teniendo dificultades para determinar c√≥mo responder a todos los problemas pol√≠ticos, sociales y culturales que emergen del hecho de que unas pocas compa√Ī√≠as tengan tanto poder sobre la informaci√≥n.

Y creo que todavía no hemos encontrado la respuesta.

La buena noticia es que somos m√°s conscientes de ello y cada vez cuestionamos m√°s el poder de estas empresas, pero no hemos cambiado realmente nuestro comportamiento porque sus servicios nos atraen mucho.

Un cambio de dirección requerirá cambios en el comportamiento individual, cambios legales que establezcan controles en el poder de estas empresas y cambios sociales.

Tendremos que cuestionar nuestras normas sociales, adem√°s de nuestros comportamientos, y cambiarlas.

Yo tengo mis dudas sobre si seremos exitosos en eso o no. Dar marcha atrás en este punto de un comportamiento al que ya nos hemos acostumbrado es un reto muy difícil.

La pandemia también ha supuesto un reto y ha cambiando enormemente el uso que hacemos de la tecnología.

Sí, pero también es cierto que si tuviéramos que pasar esta pandemia sin teléfonos, sin computadoras, sin redes sociales y sin aplicaciones para hacer reuniones online sería todavía mucho más complicado y nos sentiríamos todavía más aislados.

Al menos, la tecnología nos ha ayudado a seguir trabajando, estudiando y socializando sin tener que estar presentes físicamente.

Así que, por un lado, deberíamos sentirnos agradecidos de tener estas poderosas herramientas para conectarnos.

Pero también es cierto que ahora nos estamos volviendo todavía más dependientes hacia la tecnología.

Antes de la pandemia ya pasábamos mucho tiempo en internet -recibiendo noticias, teniendo conversaciones, intercambiando fotografías, entretiéndonos- pero con la pandemia la tecnología se ha adentrado más profundamente en nuestra vida diaria. Trabajamos, nos reunimos, vamos a la escuela, compramos y socializamos a través de pantallas.

Me interesa mucho saber qué pasará cuando la pandemia remita.

¬ŅPersistiremos en estos nuevos patrones de comportamiento que nos hacen muy dependientes de la tecnolog√≠a o nos rebelaremos contra ellos?

¬ŅY cu√°l es tu apuesta?

Bueno, la gente es muy consciente de que hacer las cosas de manera remota, aunque es positivo, no es tan satisfactorio como hacerlas físicamente, cara a cara.

Pero también pienso que los seres humanos nos adaptamos muy rápidamente a nuevas maneras de hacer las cosas y puede que terminemos diciendo: "Lo remoto o virtual no es tan bueno, pero es más seguro, más conveniente y más fácil".

Yo supongo que muchas de nuestras nuevas formas de interacción van a continuar cuando remita la pandemia.

Así que probablemente, y a mi pesar, mi apuesta es que persistiremos en este nuevo patrón de comportamiento.

 

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