Alberto Cortez y la épica de lo cotidiano
Por: The New York Times
Abril 2019
Fotografia: Infobae

Como tantos latinoamericanos nacidos a finales de los setenta o principios de los ochenta, crecí en una casa donde la revolución cubana y su promesa de "un sistema justo, un sistema mucho más humano, un sistema de verdadera igualdad", no solo para Cuba sino para toda "la cintura cósmica del Sur", se había ya desdibujado pero todavía estaba lejos de desaparecer.

Para mediados de los ochenta, cuando pude empezar a sentarme a la mesa donde mis padres y sus amigos hablaban de pol√≠tica, todav√≠a hab√≠a un buen pu√Īado de m√ļsicos que, desde los tocadiscos ubicados en los salones de buena parte de la clase media intelectual latinoamericana, dibujaban un ideario cultural que entremezclaba cierta nostalgia acr√≠tica por los inicios de la revoluci√≥n; algunas ilusiones de izquierda bienpensante que contrastaban con la crisis galopante de casi todos nuestros pa√≠ses; historias de amor, casi siempre muy machas pero edulcoradas, que trataban a las mujeres como musas imp√°vidas y a los hombres como los verdaderos hacedores de la Historia; y una nostalgia por el campo y una supuesta vida simple y honesta que la mayor√≠a de sus compositores no hab√≠a conocido jam√°s.

De entre esos cantantes que sonaban los fines de semana en casa de mis padres, a m√≠ me llamaba la atenci√≥n uno con la voz gruesa y juguetona, una voz due√Īa de un histrionismo y entonaci√≥n tr√°gica que resultaba casi c√≥mica y parec√≠a habitar las tablas de un viejo teatro porte√Īo. Autor de unas letras sencillas, incluso cursis, que no hablaban de ese mundo mejor que ya casi estaba por llegar, sino que alud√≠an a un mundo cercano, nost√°lgico y sentimental√≥n que hasta un ni√Īo peque√Īo como yo pod√≠a entender.

 

"El padre asegura, será un ingeniero / la madre pretende que sea doctor / Las tías quisieran que fuera banquero / un hombre de mundo, un gran seductor", decía una de ellas, Yo quiero ser bombero, cuyo estribillo repetía y remataba, con elocuencia infantil: "Bombero, bombero, yo quiero ser bombero / Bombero, bombero, porque es mi voluntad / Bombero, bombero, yo quiero ser bombero / que nadie se meta con mi identidad".

Las canciones del argentino Alberto Cortez, a diferencia de las de Silvio Rodr√≠guez, Pablo Milan√©s, V√≠ctor Jara o Violeta Parra, algunos de los otros compositores que formaban la banda de sonido de cierta izquierda latinoamericana de sal√≥n en esos a√Īos, sol√≠an aludir a un universo dom√©stico, donde la relaci√≥n entre padres e hijos, las complicidades de la amistad, la ternura de un perro admirable y las gestas del d√≠a a d√≠a -plantar un √°rbol, la dificultad del amor a la distancia, ver morir a un abuelo- ocupaban un lugar tan √©pico y necesitado de poes√≠a como la construcci√≥n del socialismo en el Tercer Mundo, la lucha antiimperialista, la transformaci√≥n de la Historia y el nacimiento del "hombre nuevo".

Las letras de Cortez contaban historias de lo que nos ocurr√≠a a todos a diario, no de lo que llevaba m√°s de dos d√©cadas por ocurrir. En esa narrativa de confecci√≥n casera y accesibilidad inmediata radicaba su m√©rito y atractivo para un ni√Īo de padres progresistas en un pa√≠s que, como todos, viv√≠a en una constante crisis y que o√≠a hablar a los mayores, sin comprender, de justicia social o asesinados por alguna dictadura.

Alberto Cortez, nacido Jos√© Alberto Garc√≠a Gallo en 1940 en Rancul, Argentina, muri√≥ hoy 4 de abril en Madrid a los 79 a√Īos. Hab√≠a cancelado su aparici√≥n en un par de conciertos programados para el fin de semana pasado luego de que fuera internado de urgencia el mi√©rcoles 27 de marzo en el hospital Hospital Universitario HM Puerta del Sur a las afueras de Madrid.

De forma similar a lo que ocurre con buena parte del cancionero latinoamericano nacido al amparo de la ilusi√≥n revolucionaria,¬†la gran mayor√≠a de las canciones de Alberto Cortez dif√≠cilmente soportar√° el paso del tiempo o la muerte de aquellos que crecimos arrullados por ellas aspirando el humo de tabaco de nuestros padres. Pero esa nostalgia anticipada, esa rebeld√≠a infantil y s√≠, cursi, que las poblaba nos acompa√Īar√°, queramos o no, hasta la antesala de lo inevitable.

 

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