Diez a√Īos sin Mercedes Sosa
Por: P√°gina12
Octubre 2019
Fotografia: Eduardo Grossman

Gracias a la vida que nos diste tanto, decía un cartel hecho a mano alzada con impulso repentista, pegado en la esquina de Callao y Rivadavia, sobre la pared de lo que fue la Confitería El Molino. Era uno de los miles de papelitos, cartas improvisadas, mensajes desesperados que declaraban amor y gratitud en la despedida a Mercedes Sosa, mientras sus restos eran velados, ahí al frente, en el Congreso de la Nación.

El 4 de octubre de hace diez a√Īos cay√≥ domingo y amaneci√≥ nublado. El d√≠a no terminaba de aclarar y en las radios de los serenos, las televisiones de los bares y el boca en boca de los trasnochados retumbaba la triste noticia. Despu√©s de casi un mes de agon√≠a, Mercedes Sosa muri√≥ a la madrugada. La cantora se baj√≥ de los escenarios, del mundo y de la humana contingencia. Dej√≥ su melancol√≠a terrena, hecha del dolor de vivir y de la alegr√≠a de cantar.

Aquel d√≠a en la Argentina se decret√≥ duelo nacional y desde el mediod√≠a, sus restos fueron velados en el Sal√≥n de los Pasos Perdidos del Congreso con el protocolo previsto para los embajadores. Durante toda la tarde y la noche que le sigui√≥, miles y miles de personas se acercaron para darle el √ļltimo saludo. Pasaron personalidades de la cultura y la pol√≠tica, colegas, pero como muchas veces sucede, por espontaneidad e intensidad, lo m√°s conmovedor estuvo en la gente, ese pueblo enunciado de mil maneras en las canciones que Mercedes cantaba.

Todos los rostros todos, de todas las edades y las condiciones sociales, hicieron la cola de varias cuadras para poder acercarle una florcita, agitarle un pa√Īuelo; o simplemente dedicarle un pensamiento, una mirada, un beso empujado con la mano. O romper el severo silencio del sal√≥n con un aplauso, un "¬°Gracias, Negra!" y hasta entonar uno de los tantos versos que la cantante tucumana sembr√≥ en varias generaciones de argentinos. Fue el √ļltimo velorio multitudinario para una artista popular. Al otro d√≠a, el cortejo parti√≥ hacia la Chacarita y el √ļltimo saludo fue cantando. Sus cenizas hoy son parte del aire de Mendoza, Tucum√°n y Buenos Aires, sus tres patrias chicas.

Mercedes naci√≥ en Tucum√°n el 9 de julio de 1935, en una familia humilde. Ten√≠a catorce a√Īos cuando, bajo el nombre de Gladys Osorio para que sus padres no la descubrieran, gan√≥ un concurso de cantores en LV12. Desde ah√≠, desobediencia y canto ser√°n su sino. En una pe√Īa de Tucum√°n se enamor√≥ de las canciones de Oscar Matus, compositor de rara intuici√≥n y genio particular, con quien se cas√≥ y se fue a vivir a Mendoza. En el agitado clima cultural que marc√≥ el paso entre las d√©cadas de 1950 y 1960 grab√≥ sus primeras interpretaciones, con las que establecer√≠a un contrato incorruptible entre su voz, la palabra profunda y la m√ļsica perdurable. Ese cantar con fundamento quedar√≠a enunciado en el Manifiesto del Nuevo Cancionero, que en 1963 firm√≥ entre otros con el mismo Matus y Armando Tejada G√≥mez, con el que quedar√≠an se√Īalados otros rumbos est√©ticos y pol√≠ticos para la canci√≥n de ra√≠z popular.

En enero de 1965 el p√ļblico masivo del folklore la descubri√≥ a trav√©s del Festival de Cosqu√≠n. Otra desobediencia, esta vez con la complicidad de Jorge Cafrune, que sin preguntar a los organizadores la present√≥ ante una plaza que, al despedirla con una ovaci√≥n, le otorg√≥ el lugar de los elegidos. Para Mercedes, a trav√©s de los a√Īos, Cosqu√≠n representar√≠a el lugar al que siempre quer√≠a volver, a pesar de la tensi√≥n manifiesta con un evento en el que a menudo la superficialidad de lo comercial relativizaba su necesidad de espesor art√≠stico. Ah√≠, por ejemplo, en 1987 lo invit√≥ a cantar a Charly Garc√≠a. Otra desobediencia, que levant√≥ una gran disputa entre favorables y contrarios a la presencia de un "rockero" en el santuario del folklore, tantas veces profanado por los mismos puristas. Aquella vez se alert√≥ la guardia de cierto esp√≠ritu discriminatorio que subyace en buena parte del mundo del folklore, reflejo de un pa√≠s del que Mercedes siempre estuvo m√°s all√°.

La notoriedad de Mercedes dentro y fuera de Argentina se fundament√≥ con un repertorio que no conced√≠a a trivialidades, y una manera de cantar que tuvo en la guitarra un complemento afectivo perfecto. En esa complejidad est√° n√ļcleo simb√≥lico y conceptual de un canto hacia la intimidad multitudinaria que, aun con los m√°s variados matices, siempre termin√≥ de cumplirse con sonido de guitaras. Rodolfo Ovejero, Kelo Palacios y Pepete Bertiz, antes de Colacho Brizuela, Jorge Giuliano, fueron algunos de sus guitarristas dilectos, c√≥mplices de una manera de decir sostenida en la obra de los creadores m√°s entra√Īables de Argentina y de Am√©rica.

Mercedes cant√≥ de todo y todo lo que pasaba por su voz brillaba de una manera distinta e irrepetible. Pero cuando se demoraba en los pliegues lerdos y querendones de la zamba, era inigualable. "Zamba de la distancia", "Zamba del riego", "Zamba para no morir", "Zamba para olvidar", "Balderrama", "Alfonsina y el mar", entre muchas otras, son l√≠mpidos y cari√Īosos ejemplos de un genio que quedar√° invencible en una discograf√≠a monumental. Hermano (1966), Para cantarle a mi gente (1967), El grito de la tierra (1970), Homenaje a Violeta Parra (1971), Hasta la victoria (1972), Traigo un pueblo en mi voz (1973), A que florezca mi pueblo (1975), adem√°s de las obras conceptuales de Ariel Ram√≠rez y F√©lix Luna, Mujeres Argentinas (1969) y Cantata sudamericana (1972), son las declaraciones de belleza en busca de un destino mayor que marcaron la primera etapa de su carrera.

En 1975 la Triple A comenz√≥ a perseguirla. A ella y a otros artistas comprometidos. Amenazas an√≥nimas y dificultades para trabajar hicieron la vida m√°s dif√≠cil e insegura. En 1979 se vio obligada a dejar su pa√≠s. De la ignominia del exilio volvi√≥ en 1982, con una inolvidable serie de conciertos en el Teatro √ďpera, que adem√°s de augurar la reivindicaci√≥n de otro √°nimo pol√≠tico, cambiaron para siempre la m√ļsica argentina. Mercedes se anim√≥ a lo que pocos pensaban posible: unir los compartimentos estancos de los g√©neros, prolijamente divididos por un ordenamiento cultural y social nunca del todo cuestionado. Incorpor√≥ a su repertorio nuevas canciones y las comparti√≥ con sus creadores. Le√≥n Gieco y Charly Garc√≠a, adem√°s de Rodolfo Mederos, Ariel Ram√≠rez, Ra√ļl Barboza y Antonio Tarrag√≥ Ros, fueron los invitados a esa serie de recitales que qued√≥ documentada en Mercedes Sosa en Argentina, un disco doble que sali√≥ despu√©s de la guerra de Malvinas, para acompa√Īar el desahogo necesario de un momento bisagra de la historia reciente.

Encabezando lo que de alguna manera fue una reinvenci√≥n de una m√ļsica argentina capaz de atravesar rasgos generacionales, g√©neros, estilos y gustos, Mercedes acompa√Ī√≥ el regreso de la democracia en 1983. Por entonces, cada concierto era una comuni√≥n circular de los necesitados: Mercedes recuperaba el afecto del p√ļblico que reencontraba a una de sus voces m√°s queridas. En diciembre de 1984 cant√≥ en el estadio de V√©lez S√°rsfield junto a Milton Nascimento y Le√≥n Gieco, un encuentro que qued√≥ registrado en el disco Coraz√≥n americano y que da cuenta, como tambi√©n su participaci√≥n en Abril en Managua (1983) entre tantas otras, de la ambici√≥n americanista de su canto. Poco despu√©s se dio el encuentro con Fito P√°ez, del que cant√≥ "Vengo a ofrecer mi coraz√≥n", tema que dio nombre a un disco de 1985; m√°s tarde el rosarino fue productor art√≠stico de Sino (1993).

Reconocida en todo el mundo como "la voz de Latinoam√©rica", durante la d√©cada de 1990 Mercedes alternar√≠a momentos de fulgor y entereza, con otros de melancol√≠a y depresi√≥n. Discos como Mercedes Sosa en vivo en Europa (1990), De m√≠ (1991), Gestos de amor (1994), Escondido en mi pa√≠s (1996) Coraz√≥n libre (2005) afirmaron su inquebrantable compromiso con la canci√≥n, adem√°s de su buen gusto como int√©rprete. Por sobre de los dict√°menes del mercado, se elevaba la madurez de una voz redentora de la banalidad y el abandono de esos a√Īos.

En 2009 grab√≥ los dos vol√ļmenes de Cantora, que permanecen como testamento. Luis Alberto Spinetta, Fito Pa√©z, Liliana Herrero, Caetano Veloso, Teresa Parodi, Le√≥n Gieco, Pedro Aznar, Charly Garc√≠a, Nacha Rold√°n, Soledad Pastorutti, Julieta Venegas, Gustavo Cerati, Facundo Ram√≠rez, Diego Torres, Vicentico, Rub√©n Rada, Luciano Pereyra, Joan Manuel Serrat, Shakira, Jorge Drexler, son algunos de los interlocutores de aquel gran di√°logo, con gusto a despedida. En esa amplitud contenedora la tucumana volvi√≥ sobre algunos de sus temas m√°s queridos, que bajo el aura de su voz rectora quedaron como emblema de su historia.

Pero desde mucho antes Mercedes era una historia que cada uno sabía recomponer desde sus esperanzas, recuerdos y pasiones. Los que la encontraron entre las cosas del folklore, los que la entendieron entre las razones de la política, los que en el horroroso silencio de la dictadura se arroparon escuchando sus discos, los que la conocieron a través de su ídolos del rock y enseguida sintieron que habían descubierto la otra América. A todos y cada uno les cantó Mercedes. También a los que antes de irse ponen un disco suyo en la valija, acaso para no alejarse del todo de un país que es imposible imaginar sin su voz, en la que además de la belleza, es inevitable escuchar un legado político.

Se cumplen diez a√Īos de la muerte de Mercedes Sosa. La sensaci√≥n de orfandad perdura. Pero el vac√≠o que dej√≥ se llena con la esperanza de que ante el canto con belleza y fundamento, la muerte es nada m√°s que un expediente odioso en el camino hacia esa forma de eternidad que es la memoria de un pueblo. Una memoria que se renueva cada vez que su recuerdo se recompone y regresa. Cada vez que rompe la tarde su voz.

 

La que ofrecía su mundo

* Teresa Parodi: "Tuve momentos de intensa amistad, de mucha complicidad, vivimos cosas muy lindas juntas con Mercedes. Así que si pienso en ella, más allá de lo inmensa que fue, lo que se me aparecen son esos momentos compartidos. En Israel veníamos de los conciertos y nos quedábamos las dos sentadas, en el hall del hotel de Tel Aviv, mirando el mar. Charlábamos horas, de nuestras madres, de nuestros hijos, y eso era muy hermoso. También recuerdo reuniones muy hermosas en su casa, juntadas de mujeres, invitaciones a tomar el té, con mucha diversidad de invitados, y siempre con esa alegría que ella ponía para compartir. Porque Mercedes tenía eso: te recibía en su casa con los brazos abiertos, y su casa era tanto su departamento como el escenario.

Pero quiz√°s lo que m√°s recuerdo es la √ļltima charla que tuve con ella. Ella ya estaba mal, la hab√≠a ido a visitar, estaba Popi (Spatocco), Mar√≠a, su hijo Fabi√°n. En un momento les pidi√≥ a todos que se fueran porque quer√≠a quedarse a solas conmigo. Hablamos mucho, y no me voy a olvidar nunca esa sensaci√≥n de que se estaba despidiendo de m√≠. En el medio, momentos luminosos se aparecen. El d√≠a que me llam√≥ y me dijo que iba a cantar 'Pedro Canoero', y yo casi me desmayo, pero antes de desmayarme escuch√©: 'Pero vos la vas a cantar conmigo'. O cuando me llamaba y me dec√≠a: ven√≠, ven√≠ ya porque volv√≠ de Brasil y te traje un pa√Īuelo del color de tus ojos. Y yo iba y la visita se volv√≠a una charla, y una comida, y una salida. En las giras, ella siempre estaba haciendo de mam√°, o de hermana mayor: ¬ŅComiste? ¬ŅTe abrigaste? Siempre estaba cuid√°ndote, rode√°ndote, abraz√°ndote".

* Le√≥n Gieco: "Tengo muchas an√©cdotas con Mercedes, porque gracias a dios hice giras muy largas con ella, y han sido de las grandes cosas que me pasaron en la vida. Recuerdo en especial la gira a la que me invit√≥ en Alemania. Un d√≠a me llam√≥ por tel√©fono y me dijo: Leoncito, pasado ma√Īana te quiero ver ac√° en Frankfurt. Quiero que veas c√≥mo los alemanes se paran y empiezan a hacer ritmo con 'Solo le pido a dios', lo que les pasa con esa canci√≥n, sin que entiendan lo que dice la letra. Era la primera vez que yo viajaba tan lejos en mi vida, hab√≠a ido a Uruguay, Paraguay, Chile, pero no mucho m√°s.

Entre las mil an√©cdotas con Mercedes que guardo en el coraz√≥n, hay una muy graciosa: En una ocasi√≥n, en la casa de ella hicimos una peque√Īa rueda de prensa con algunos periodistas. En un momento uno de ellos se quiso hacer el vivo y le pregunt√≥: Mercedes, ¬Ņqu√© opina usted de las drogas? En ese momento se produjo un silencio muy grande, todos dijimos, ¬°qu√© le est√° preguntando este a Mercedes, c√≥mo lo va a tomar ella! Mercedes nos mir√≥ a todos, levant√≥ la cabeza y dijo: 'Todo depende de la cantidad, nene'. Esa era Mercedes".

* Liliana Herrero: "Yo viv√≠a todav√≠a en Rosario y Mercedes hab√≠a ido para hacer un concierto en el Monumento a la bandera. Esa tarde, antes del concierto, Fabi√°n, su hijo, me llam√≥ para que vaya al hotel a encontrarme con ella. No nos conoc√≠amos personalmente y me recibi√≥ como si me conociera de siempre. Charlamos un largo rato y me propuso que cantara esa noche en su show. Por supuesto me sab√≠a todos sus temas, porque desde siempre ella fue una referencia insoslayable para m√≠, pero no se me ocurr√≠a qu√© pod√≠amos cantar juntas. Me dijo que si quer√≠a sentirme m√°s segura pod√≠a ir con algunos de mis m√ļsicos y as√≠ fue. Primero nos dio un espacio para que hacer un par de temas, no como "teloneros" sino dentro de su concierto. Despu√©s cantamos juntas "Subo" de Rolando Valladares y al final del concierto me llam√≥ otra vez para el cierre. Ah√≠ me ofreci√≥ su micr√≥fono para cantar. Yo sent√≠ todo eso como una donaci√≥n, un desprendimiento de su parte.

 

Otro recuerdo que tambi√©n tiene que ver con ese don del desprendimiento de Mercedes fue en Cosqu√≠n. Yo actu√© en una noche de lluvia, en la que entre el p√ļblico quedaban s√≥lo los fan√°ticos del festival. No era un p√ļblico favorable y la actuaci√≥n fue breve y tuvo rispideces. Mercedes cantaba en el festival al otro d√≠a y al enterarse de lo que hab√≠a pasado me llam√≥ y me dijo: 'No te vayas de Cosqu√≠n, qu√©date que esta noche vas a cantar conmigo'. Ella era as√≠, te ofrec√≠a su mundo".

 

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