Brasil 3 - Per√ļ 1: Un triunfo burocr√°tico
Por: Martín Caparrós / The New York Times
Julio 2019
Fotografia: Víctor R. Caivano/Associated Press

 

Era, sin duda, una final inesperada. Hace un mes Per√ļ, pa√≠s sin gran tradici√≥n futbolera, pagaba 50 a 1 a quienes -de puro audaces, de puro picarones- apostaban por su victoria en esta Copa Am√©rica; esta noche, en cambio, por un rato, muchos millones de sudacas quer√≠amos que ganaran. Por un rato, todos fuimos peruanos. (Porque Brasil forma parte del continente pero no de la regi√≥n. Se podr√≠a explicar porque es el √ļnico que tiene otra historia, otra lengua, pero se explica sobre todo porque es tanto m√°s grande: tiene m√°s habitantes, m√°s producto bruto, m√°s poder, m√°s copas del mundo que todo el resto del continente junto. As√≠ que lo detestamos cordialmente, de ese modo en que se detesta a los cercanos, a un pariente exitoso: ay, no me digas que el t√≠o Rub√©n tiene un tumor, qu√© horror, a √©l siempre le va tan bien).

Hay pocos sentimientos m√°s potentes en el f√ļtbol -y en el resto- que el apoyo al enemigo de tu enemigo o, dicho de una manera m√°s directa, las ganas despiadadas de que pierda. Y ese sentimiento -que los alemanes llaman schadenfreude- produce los m√°s extra√Īos compa√Īeros de cama, las identificaciones m√°s curiosas: hoy, durante un par de horas amamos y alentamos a Per√ļ. Millones que creen que lima es una forma cara del lim√≥n y cuzco un perro callejero, que suponen que el ceviche lo inventaron los chinos y el pisco sour los chilenos, comieron u√Īas y gritaron goles y soltaron insultos por un equipo que apenas conoc√≠an.

Pero la empresa se anunciaba difícil. Brasil era el gran favorito. Hace exactamente quince días, cuando los mismos equipos, con prácticamente los mismos jugadores, se encontraron, los locales ganaron 5 a 0. Y hacía nueve partidos que nadie les metía un gol, ninguno en esta copa. Y sin embargo el local empezó muy nervioso: se dejó acorralar, intentaba atacar con pelotazos largos o arrestos personales pero a los 10 minutos ni se había acercado al arco peruano.

Hasta que, a los 15 minutos, Gabriel Jesus se disfrazó de brasilero, la pisó por la punta derecha para hacer pasar a dos contrarios y echó el centro perfecto para la entrada, por el otro lado, de Everton, que puso orden de volea. De pronto, la ilusión de control peruano se deshizo en el aire.

Ah√≠ est√°, tambi√©n, un se√Īuelo del f√ļtbol: a diferencia de casi todo lo dem√°s, no requiere construcciones laboriosas. Alcanza con que un talentoso o voluntarioso o decidido haga lo suyo en un momento dado para que todo cambie. Para que un gol, por ejemplo, d√© vuelta un partido.

Parec√≠a que todo estaba decidido. Brasil dominaba sin mayor entusiasmo: controlaba. Brasil es un pa√≠s que sabe ponerse a tono con los tiempos. En √©pocas de popumachismo americano se ha conseguido un presidente popumachista. En √©pocas de f√ļtbol eficiente, ha dejado atr√°s su tradici√≥n de juego juguet√≥n y se ha armado un equipo eficiente.

Este Brasil es un equipo narcisista y burocr√°tico: cree que no necesita hacer mucho m√°s que ser Brasil para ganar. Si hubiera que establecer un solo criterio para medir las diferencias de categor√≠a entre dos equipos de f√ļtbol, habr√≠a que contar los errores no forzados. Un equipo bueno puede perder la pelota cuando lo aprietan, cuando arriesga; un equipo menos bueno la pierde sin motivo, solo porque no sabe manejarla como el otro. La forma en que Brasil se la pasaba era tan superior a la peruana que se daban el lujo de ejercerla poco.

Y el juego era casi burocr√°tico hasta que, en el minuto 40, uno de los escas√≠simos ataques a fondo del Per√ļ termin√≥ con un penal que el √°rbitro chileno cobr√≥ de inmediato, y despu√©s se asust√≥. Entonces fue hasta el VAR y todos los neoperuanos temblamos de indignaci√≥n; recordamos, entonces, al neoboc√≥n Leo Messi que ayer grit√≥ a todos los vientos que esta Copa est√° armada para los brasile√Īos. Pero el √°rbitro se atrevi√≥, dio el penal, y Paolo Guerrero le hizo a Brasil el primer gol.

Hubo un momento de zozobra, el local se sintió interpelado: debía ponerse en marcha. Tres minutos después Firmino recuperó una pelota en tres cuartos, se la dejó a Arthur, que limpió el camino y dejó a Gabriel Jesus solo frente al arquero para que la pusiera en un rincón. El primer tiempo estaba terminando, 2 a 1.

Y el segundo fue a√ļn m√°s burocr√°tico. Per√ļ sab√≠a que deb√≠a y, de alg√ļn modo, cre√≠a que no pod√≠a. Tiene un equipo trabajado, trabajador, con dos o tres jugadores habilidosos, pero le falta un armador y opciones de juego ofensivo que no sean tratar de desbordar por las puntas -en general sin conseguirlo- e intentar un centro; la excepci√≥n era Cuevas, un volante que juega en el Santos y podr√≠a pasar por brasilero. Enfrente, Coutinho jugaba para √©l y su cotizaci√≥n desbarrancada, y las perd√≠a; su opuesto sim√©trico, Firmino, colaboraba en todas las marcas, en todos los desmarques; se ve√≠a menos pero serv√≠a mucho m√°s. Dani Alves estaba en todas partes y ser√≠a, al final, el mejor jugador del torneo: ya gan√≥ cuarenta copas y todav√≠a no tiene club para el a√Īo que viene.

Hasta que, al minuto 69, el √°rbitro chileno aprovech√≥ su oportunidad y ech√≥ al mejor jugador de la cancha: Gabriel Jesus salt√≥ con la cadera por delante, le peg√≥ a un peruano, se tuvo que ir, dej√≥ a su equipo con uno menos. Los neoperuanos recuperamos la esperanza. (Es raro ese gozo culposo de que echen a un contrario; ese festejo porque alguien fue tan bestia). Est√°bamos equivocados. Los brasile√Īos s√≠ entendieron: era su intento de hacer heroica la victoria.

Per√ļ atac√≥, m√°s centros a la olla, donde ninguno consegu√≠a cabecearlos. Le faltaba esa punta de voluntad o de talento que puede hacer la diferencia. Brasil aguantaba, m√°s burocr√°tico que nunca, pura viveza criolla: cada jugador que ca√≠a al suelo se retorc√≠a y se quedaba, bien a la argentina. Y Per√ļ tambi√©n se fue deshilachando: le falt√≥ fuego, no supo c√≥mo concretarlo. Hasta que, al minuto 86, otro arresto personal de un brasile√Īo: Everton gambete√≥ a dos o tres, entr√≥ en el √°rea, se puso blando ante la carga de Zambrano y se dej√≥ caer; penal, gol, final finiquitada.

Brasil, que no pudo con los europeos -Alemania y B√©lgica en los dos √ļltimos mundiales-, se encontr√≥ americanos que batir y los bati√≥ sin aspavientos, sin adornos. El f√ļtbol sudamericano, como lo mostr√≥ el Mundial de Rusia, est√° en uno de sus momentos m√°s modestos. Tanto, que este equipo verde, amarillo y burocr√°tico lo domin√≥ sin mayores zozobras.

 

 

Imprimir
Enviar Articulo

Eventos
Actualidad
Alta Competencia