El Palmeiras ganó la Libertadores, pero sus hinchas olvidaron los riesgos de la pandemia
Por: Rory Smith / The New York Times
Febrero 2021
Fotografia: Victor Moriyama

El coronavirus hizo que los seguidores del Palmeiras no pudieran acompa√Īar a su equipo durante la final de la Copa Libertadores contra el Santos. Una victoria de √ļltimo minuto hizo que todos olvidaran la distancia y las medidas de seguridad.

En las calles alrededor del Parque Allianz, cientos de seguidores del Palmeiras se api√Īaban y estiraban el cuello para intentar captar un destello de cualquier pantalla de televisi√≥n cercana. Debido a la pandemia no pod√≠an ir al juego en R√≠o de Janeiro. Pero ni siquiera pod√≠an ir a los bares y restaurantes que durante los fines de semana solo sirven pedidos para llevar.

As√≠ que los hinchas improvisaron. Un grupo de ellos, residentes de los edificios de departamentos y las casas alrededor del estadio, hogar de su amado equipo de f√ļtbol Palmeiras, acomodaron las pantallas de sus televisores para que fueran visibles desde las calles. Otros fan√°ticos se amontonaron afuera de los bares y las cafeter√≠as, los rostros apretujados uno contra otro y con las banderas sobre los hombros.

Sus pensamientos estaban a 480 kil√≥metros de distancia, en el calor sofocante de R√≠o, dentro del legendario Maracan√°, donde su equipo enfrentaba a su rival, el Santos, en la final de la Copa Libertadores por el mayor galard√≥n del f√ļtbol sudamericanos de clubes.

En un mundo normal, por supuesto, muchos habr√≠an ido en una marea de decenas de miles de personas que suelen tomar vuelos, autos y carreteras, solo para estar ah√≠ y vestirse de verde y blanco en el hogar espiritual del f√ļtbol brasilero. Despu√©s de todo, se trataba de un momento hist√≥rico: era la primera vez desde 2006 que la final de la Libertadores se disputaba entre dos equipos brasile√Īos y la primera en la historia que se disputaba entre dos equipos paulistas.

La gran mayoría de los hinchas del Palmeiras y del Santos, por supuesto, no pudieron estar ahí, porque este no es un mundo normal. Solo se permitió que 5000 espectadores asistieran a la final en persona, todos ellos seleccionados especialmente por sus respectivos clubes ya que no hubo venta de entradas y todos ellos, contra lo que la lógica dictaba, llenaron una de las pocas secciones abiertas de los 78.000 asientos del Maracaná en vez de dispersarse en el vasto y mayormente vacío estadio.

Pero aunque las circunstancias hab√≠an cambiado, no sucedi√≥ lo mismo con los viejos instintos. En los √ļltimos diez meses ha quedado claro que -sin importar el riesgo o las restricciones- si se juega al f√ļtbol, en los momentos m√°s significativos los hinchas sentir√°n la urgencia de estar juntos.

Sucedió en Inglaterra, cuando el Liverpool ganó la Liga Premier y cuando el Leeds ascendió a primera. Sucedió en Italia, cuando el Nápoles ganó la Copa Italia. Sucedió en Argentina cuando falleció Diego Armando Maradona. No es recomendable. No es inteligente. No es seguro. Pero parece que, de cierto modo, es irresistible.

Así que los fanáticos del Palmeiras llegaron el sábado al Parque Allianz, el lugar donde se sienten como en casa, horas antes de que empezara el partido, para beber y cantar y ondear sus banderas. Habían esperado este momento durante mucho tiempo -su escuadra no se coronaba campeona de Sudamérica desde 1999- y tendrían que esperar un poco más, los 90 minutos de un juego definido más por la precaución que por la calidad, un partido que jugaron dos equipos más conscientes de lo que podía perderse que de lo que podía ganarse.

Luego, en medio de un frenesí, sucedió. Se produjo una pelea confusa fuera del terreno de juego y el veterano entrenador del Santos, Cuca, fue expulsado. Se acabaron los 90 minutos, el reloj avanzaba más y más profundamente en el tiempo de descuento. Luego de ocho minutos, Rony, el delantero estrella del Palmeiras, conjuró un largo centro a gol. Breno Lopes, calculó su salto y enfiló su cabezazo por encima del guardametas del Santos.

Corri√≥ hacia la fanaticada y todos abandonaron sus asientos para abrazarlo a √©l, y a sus compa√Īeros de equipo. El Palmeiras tuvo su victoria. Y en las calles repletas alrededor del Parque Allianz, los que no hab√≠an podido viajar sintieron que estaban en el Maracan√°.

 

 

Rory Smith es el corresponsal principal de f√ļtbol, con sede en Manchester, Inglaterra. Cubre todos los aspectos del f√ļtbol europeo y ha reportado tres Copas Mundiales, los Juegos Ol√≠mpicos y numerosos torneos europeos. @RorySmith

 

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