Covid-19: "Ninguna epidemia ha afectado m√°s a los ricos que a los pobres"
Por: BBC Mundo
Octubre 2020
Fotografia: Getty Images

Diego Armus, doctor en Historia por la Universidad de California y profesor de historia latinoamericana en Swarthmore College (Estados Unidos), investiga la enfermedad como un fenómeno político y cultural.

Armus es argentino y en un libro que escribió sobre la tuberculosis en Buenos Aires retrata cómo esta se vinculó a una clase social, a una definición de mujer y hasta un tipo de tango, "la milonguita" (La Ciudad Impura: Salud, Tuberculosis Y Cultura En Buenos Aires, 1870-1950, es el título de su investigación).

En esta entrevista reflexiona sobre la covid-19, la incertidumbre y lo complejo que es gestionar una pandemia en contextos de pobreza y desigualdad social, característicos de América Latina.

En esta región, donde las ciudades capitales están rodeadas por enormes círculos de pobreza, las estrategias sanitarias de las autoridades no pueden ser las mismas que se aplican en Europa.

Sobre la aparición de una vacuna, Armus es cauto.

Uno de sus argumentos es que las enfermedades se vuelven una preocupaci√≥n p√ļblica cuando afectan a los que tienen poder. Ejemplifica con el Mal de Chagas que ha enfermado y matado durante casi un siglo en Latinoam√©rica.

Se trata de una enfermedad transmisible, distintiva de la pobreza rural y semirural de muchas regiones en Am√©rica del Sur. Un problema que los pobres, la gente com√ļn, acepta como un dato de la vida cotidiana.

Pero ahora está llegando al hemisferio norte y hay voces que proponen hablar de la epidemia del Mal de Chagas. La malaria es otro ejemplo. La gente vivía con malaria y lo aceptaba, "bueno es así", hasta que el poder político, por los motivos que fueren, empezó a tomar nota de "eso".

¬ŅQu√© lecciones podemos sacar de esto para hacer frente al covid-19?

Poco. Me resisto a buscar ense√Īanzas en la historia.

A lo mejor el historiador de la salud p√ļblica puede identificar en el pasado instrumentos para desarrollar mejor pol√≠tica p√ļblica pero el historiador de la enfermedad aprende a cuidarse de las generalizaciones.

Cada epidemia es √ļnica, resultante de un microorganismo y del modo en que una sociedad lo confronta, reacciona e interpreta.

Adem√°s, el presente no es un buen alumno del pasado. La historia puede se√Īalar una hoja de ruta, pero nada m√°s.

Lo que s√≠ ense√Īa la historia es que las epidemias son el reino de las incertidumbres.

Lo primero que hay que hacer es reconocer y aprender a convivir con incertidumbres: aquellas cosas para las cuales tengo una pregunta pero no puedo formular una respuesta.

Articular una respuesta pol√≠tica, de salud p√ļblica, en medio de la incertidumbre que trae una epidemia nueva como el covid-19, es un desaf√≠o brutal.

Además de la incertidumbre, otro patrón que caracteriza a las epidemias es que no afectan a todos por igual.

Las epidemias no son democr√°ticas. Pueden afectar a todos, pero los que m√°s mueren son los pobres, los m√°s vulnerables. No hay epidemia que haya afectado m√°s a los ricos que a los pobres.

Un caso caracter√≠stico en Am√©rica Latina es la epidemia de c√≥lera ocurrida en Per√ļ en los 90. Entonces, murieron 2.909 personas y las poblaciones m√°s golpeadas fueron las zonas rurales y del Amazonas, por su falta de acceso a agua potable y una adecuada red de alcantarillados.

Este caso demuestra lo poco que algunos países aprenden de sus crisis sanitarias.

Si sigues las noticias sobre el covid-19, parece ser que no se entendi√≥ nada de la epidemia del c√≥lera, porque la red de infraestructura de agua potable sigue siendo tan precaria como en los a√Īos 90 en Per√ļ.

¬ŅQu√© estrategia se debe seguir para combatir la covid-19 en Am√©rica Latina?

En muchos países de la periferia lo que se intentó hacer, y la Argentina es un caso, fue utilizar los mismos recursos que están usando los europeos. Como si Argentina fuera un país de clase media.

Esa perspectiva puede funcionar -y solo hasta cierto punto- en Buenos Aires. En el Gran Buenos Aires la situación es otra y es horrorosa, con casi 50% de la población debajo del nivel de pobreza. Entonces, la agenda antiepidémica para mitigar el contagio necesita localizarse.

Las ciudades de Sierra Leona no son ciudades de clase media, las de Liberia tampoco; en Vietnam, en Ho Chi Min City, el hacinamiento no es una excepción.

Pero en esos países la vigilancia epidemiológica, por ahora, ha dado buenos resultados. Me parece que hay algo en América Latina que no funciona bien, y no me pida una explicación muy convincente porque no la tengo.

A mediados de septiembre, Martha Lincoln, antropóloga de la salud, se preguntaba por el rol de la "arrogancia" a la hora de combatir el covid-19.

Más que arrogancia, lo que afectó a autoridades y científicos de Francia, Italia, Inglaterra, sobre todo al comienzo de la pandemia, fue el reconocimiento de su propia perplejidad frente al tsunami que es una epidemia.

El Estado que logra desarrollar en la sociedad una consciencia de civilidad sanitaria ya gan√≥ una primer batalla. Nueva Zelanda lo est√° haciendo a su modo. Y Vietnam, donde seg√ļn las noticias la civilidad sanitaria es notable. La realidad es que en esta coyuntura est√°n mucho mejor.

Y pareciera ser que estos logros tienen que ver con otro asunto: una epidemia es una maratón, no una carrera de 100 metros. Para correrla es necesario una buena dosis de confianza para navegar colectivamente en medio de una neblina que afecta a todos.

Si se asume la incertidumbre, si la sociedad y el gobierno entienden que no se podr√° dar vuelta la p√°gina tan r√°pido, entonces construir confianza en lo que puede hacer la salud p√ļblica y la ciencia se vuelve una prioridad de la pol√≠tica.

Todo indica que en extremo Oriente en parte lo han logrado.

También destaca el caso africano, donde algunos países aprendieron del ébola.

¬ŅUsted cree que en Sierra Leona y en Liberia hay muchos m√°s m√©dicos o ventiladores? No, pero s√≠ han logrado consolidar, a√ļn en la tremenda escasez de recursos, instrumentos que permiten alimentar y reproducir una civilidad sanitaria: redes de vigilancia epidemiol√≥gica a nivel comunitario, basadas en agentes sanitarios y no necesariamente m√©dicos, que son figuras clave en el esfuerzo por mitigar el contagio.

Usted habla de la "dramaturgia de la enfermedad". ¬ŅA qu√© se refiere?

Todas las epidemias comparten una suerte de dramaturgia que comienza naturalmente con la negación de lo que está ocurriendo.

Recordemos que la del covid-19 también fue negada, incluso sanitaristas muy progresistas decían que se trataba de un problema del norte, que los problemas de los países del sur eran otros, como el sarampión y el dengue.

Por suerte pronto entendieron que a esas dos epidemias había que sumarle la del covid-19. Luego de ese primer acto, el de la negación, viene el segundo, donde, por los motivos que fueren, el contagio y el temor al contagio son tan obvios que hay que hacerse cargo.

Entonces la sociedad y la cultura empiezan a interpretar, en medio de la incertidumbre, lo que está pasando. Ese momento, en gran medida discursivo, es muy específico de cada epidemia y enfermedad.

En el medioevo, las herejías de algunos servían para explicar el azote epidémico y también los castigos concomitantes.

En Brasil, con el sida, la primera interpretación que emana del poder es que se trata de un castigo a la numerosa presencia de homosexuales en la sociedad. Luego se entra en el tercer acto de la dramaturgia: llegan las intervenciones, destinadas a intentar gobernar el contagio.

Son intervenciones que no siempre producen resultados. De hecho, abundan los casos de epidemias que, después hacer estragos, se van apagando en su letalidad.

El √ļltimo acto es el del olvido, tal como ocurri√≥ con la pandemia de influenza de 1918, que mat√≥ entre 50 y 100 millones de personas, pero nadie hablaba de ella un par de a√Īos m√°s tarde de haberse terminado. Con el sida, en Brasil y el mundo, este √ļltimo acto no ha llegado.

¬ŅQu√© ha pasado?

El sida se transformó en una suerte de enfermedad crónica, frente a la cual hay tratamientos pero no vacunas. Esto hay que tenerlo presente, pues queremos pensar que de esta pandemia saldremos pronto de la mano de una vacuna.

Y sí, puede que las vacunas estén en un horizonte no muy lejano, pero cuando lleguen presentarán problemas inmensos de logística y accesibilidad, y con ellos inequidades entre naciones pobres y ricas, y, al interior de todas las naciones, entre ricos y pobres.

 

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