El mundo no olvidar√° el horrible asesinato de Jamal Khashoggi
Por: Fred Ryan / The Washington Post
Octubre 2019
Fotografia: The Washington Post

En el ciclo acelerado de noticias en el que vivimos, los periodos de atenci√≥n son cortos. Despu√©s de la indignaci√≥n de ma√Īana, la gente no recordar√° la de hoy y, mucho menos, la de la semana pasada. Cualquiera que busque evadir el tener que rendir cuentas por acciones vergonzosas puede contar con la ayuda de la corriente implacable de nuevas controversias.

Pero no importa cu√°n grave sea la sobrecarga de informaci√≥n, algunas acciones son demasiado atroces como para que el p√ļblico las olvide.

Hace un a√Īo Jamal Khashoggi, columnista y colaborador de The Washington Post, fue brutalmente asesinado por un escuadr√≥n de asesinos enviado por orden del pr√≠ncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salm√°n. La evidencia sugiere que los sauditas esperaban esquivar la justicia cuando el caso de Jamal desapareciera de la memoria p√ļblica. Inicialmente, buscaron evadir el tema al negar cualquier conocimiento del paradero de Jamal. Cuando la comunidad internacional insisti√≥ en obtener respuestas, alegaron que Jamal era v√≠ctima de un "asesino solitario". Los informes indican que, meses despu√©s del asesinato, Mohammed todav√≠a le aseguraba a quien lider√≥ el asesinato que regresar√≠a al c√≠rculo √≠ntimo de la realeza en cuanto el furor por la muerte de Jamal disminuyera.

Mohammed va a tener que esperar mucho tiempo. El horror que siente el mundo por el asesinato de Jamal no se desvanecerá así nada más, por muchas razones. Aquí hay algunas que deberían hacer eco en los estadounidenses de todas las aristas políticas.

La primera es la naturaleza diab√≥lica del crimen. Jamal fue atra√≠do al Consulado de Arabia Saudita en Estambul, Turqu√≠a, para obtener una licencia de matrimonio y poder casarse con su prometida turca. Ella lo esper√≥ en la puerta del consulado, sin saber que 15 asesinos entrenados lo aguardaban dentro. Uno de los atacantes estaba armado con una sierra para huesos. No buscaban una pelea justa: Jamal estaba en desventaja de 15 a uno y no ten√≠a esperanzas de poder defenderse. Estos detalles macabros e indignantes est√°n a√ļn en la memoria de la gente.

En segundo lugar la gente no olvidar√° f√°cilmente que el l√≠der de un pa√≠s aliado de Estados Unidos desde mucho tiempo, que adem√°s recibe enormes cantidades de ayuda, dirigi√≥ el asesinato de un residente estadounidense que adem√°s trabajaba para un peri√≥dico nacional. Esta agresi√≥n descarada forma parte de un patr√≥n m√°s amplio de brutalidad por parte de Mohammed. A medida que el pr√≠ncipe heredero de 34 a√Īos se consolida en el poder, ha emprendido una campa√Īa para silenciar a los disidentes: mantuvo prisioneros a 200 l√≠deres empresariales dentro de un hotel Ritz-Carlton, encarcel√≥ y tortur√≥ a mujeres activistas que buscaban libertades b√°sicas, secuestr√≥ al primer ministro de una naci√≥n soberana y aliment√≥ una guerra devastadora en Yemen. Que un aliado de Estados Unidos muestre un desprecio tan flagrante hacia nuestros valores sin esperar consecuencias, dice mucho sobre la forma en que ahora se percibe a los Estados Unidos. La alarma que sienten los estadounidenses sobre nuestra posici√≥n disminuida es poco probable que se desvanezca.

Esto está relacionado con la tercera razón por la que el ataque contra Jamal sigue vivo en nuestra memoria y la de la audiencia: la respuesta de Estados Unidos. Después del asesinato, la administración de Trump buscó posibles acuerdos de venta de armas con los saudíes, en lugar de tener el coraje para defender los valores estadounidenses de la libertad de prensa y los derechos humanos. Cuando el presidente de los Estados Unidos abandona nuestros principios porque un tirano le firma un gran cheque, nos sentimos enojados y descorazonados.

Los estadounidenses no son las √ļnicas personas prestando atenci√≥n a este tema. Los reg√≠menes autoritarios de todo el mundo tambi√©n est√°n tomando nota. La reacci√≥n de impotencia de los l√≠deres de nuestro gobierno le indica a los caciques de todas partes que pueden aterrorizar a su pueblo, y burlarse de Estados Unidos, con impunidad.

En cuarto lugar, será difícil olvidar el desaire inexplicable del gobierno federal a la Agencia Central de Inteligencia (CIA), las Naciones Unidas (ONU) y el Congreso. Aunque la investigación de la CIA determinó con gran confiabilidad que Mohammed ordenó el asesinato de Jamal, los expertos de la agencia fueron ignorados. El relator especial de la ONU que investiga el caso declaró que Estados Unidos se está permitiendo "ser cómplice de lo que a todas luces es una injusticia" y pidió al Buró Federal de Investigaciones (FBI) que siga investigando. No se ha anunciado ninguna acción por parte de esta instancia.

Y quiz√° lo m√°s atroz es que la administraci√≥n de Trump sigue obstruyendo al Congreso y violando los t√©rminos del Acta Global Magnitsky. El a√Īo pasado, un grupo bipartidista de senadores invoc√≥ esta norma y le exigi√≥ al presidente que informara al Congreso de los hallazgos de su gobierno sobre qui√©n mat√≥ a Jamal. Por ley, el informe deb√≠a presentarse el pasado febrero. El Congreso a√ļn sigue esperando.

A los estadounidenses no les gusta ver que se ignore así como así a instituciones y ramas importantes de nuestro gobierno. Eso menosprecia y desmoraliza a los hombres y mujeres que arriesgan sus vidas todos los días para obtener los datos de inteligencia que mantienen segura a nuestra nación. Y ofende nuestra dignidad como una nación de leyes.

Quinto: el recuerdo del asesinato de Jamal será duradero porque sus efectos serán duraderos. Seremos privados para siempre de las historias que él habría escrito y, por lo tanto, permaneceremos siempre ignorantes de la corrupción que podría haber expuesto, el heroísmo que podría haber elogiado y las ideas que podría haber ofrecido.

La historia de Jamal no se puede olvidar. Si es as√≠, sus asesinos lograr√°n evadir la justicia. Y Jamal Khashoggi no ser√° la √ļltima v√≠ctima de Mohammed bin Salm√°n.

Sin embargo, podemos sentirnos reconfortados de que, por todas estas razones, Jamal seguir√° siendo recordado este 2 de octubre y por muchos a√Īos m√°s. Esperamos que alg√ļn d√≠a, cuando Arabia Saudita y Estados Unidos tengan un mejor liderazgo, el caso de Jamal sea recordado como un punto de inflexi√≥n. Podr√≠a quedar un como un registro del momento en que Arabia Saudita comenz√≥ a comprender las consecuencias de su brutalidad, de cuando Estados Unidos aprendi√≥ importantes lecciones sobre defender sus valores y de cuando ambos pa√≠ses redescubrieron la libertad, los derechos humanos y el respeto por la verdad.

 

 

Fred Ryan es Publisher y CEO de The Washington Post. Trabajó en la oficina del expresidente estadounidense Ronald Reagan.

 

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