Estados Unidos acude a las urnas tras una campa√Īa marcada por la polarizaci√≥n
Por: El País
Noviembre 2020
Fotografia: Reuters

Con las elecciones presidenciales de este martes, Estados Unidos somete a plebiscito la ola de populismo que ha sacudido la pol√≠tica a uno y otro lado del Atl√°ntico en los √ļltimos a√Īos. La apertura de los primeros colegios electorales en la costa este del pa√≠s supone el arranque de una jornada clave dentro y fuera de Estados Unidos. Una derrota contundente de Donald Trump supondr√≠a un repudio al giro nacionalista y divisivo que ha experimentado el pa√≠s, del mismo modo que su reelecci√≥n causar√≠a conmoci√≥n en medio mundo. Su rival dem√≥crata y favorito en las encuestas, Joe Biden, encarna a un pol√≠tico tradicional y moderado, un veterano ejemplar de ese establishment de Washington al que, con sus glorias y miserias, muchos a√Īoran.

Los estadounidenses eligen algo m√°s que a su l√≠der de los pr√≥ximos cuatro a√Īos, escogen a la persona con la que salir de la crisis econ√≥mica m√°s grave desde la Gran Depresi√≥n de 1929; la peor pandemia en un siglo y, tambi√©n, deben superar una ola de tensiones raciales que no viv√≠an desde la muerte de Martin Luther King. Para cuando abran las sedes electorales este martes, casi 100 millones de ellos habr√°n votado ya de forma anticipada, un r√©cord que apunta a una gran participaci√≥n y da muestra de ese convencimiento general de que, en efecto, este pa√≠s de 330 millones de habitantes, del tama√Īo de un continente y la econom√≠a de un gigante, se juega el futuro de varias generaciones.

Varones, blancos y mayores. Trump, de 74 a√Īos, y Biden, de 77; resultan antag√≥nicos en todo lo dem√°s. El actual presidente percibi√≥ el hartazgo de la clase trabajadora blanca, empobrecida y temerosa de la inmigraci√≥n, y gan√≥ las elecciones con la promesa de un renacer industrial, bajo la premisa de que un hombre de negocios sabr√≠a dirigir el pa√≠s mejor que la clase pol√≠tica. El ascenso del populismo no comenz√≥ aquel 8 de noviembre de 2016. Para entonces, Francia ya hab√≠a contemplado el auge de un nuevo lepenismo y el Reino Unido hab√≠a votado a favor del Brexit. La victoria de Trump, sin embargo, ejerci√≥ de amplificador, alumbr√≥ una recua de imitadores y convirti√≥ a personajes perif√©ricos como Steve Bannon en estrellas ultraconservadoras en Europa. Ahora, el populismo ha sufrido retrocesos en pa√≠ses como el Reino Unido, donde mengua el apoyo al Brexit; o en Alemania, con un frenazo de la extrema derecha. Estados Unidos ofrece una nueva gran prueba de resistencia a los movimientos populistas. Si estos crecen ante el desgaste del poder, ¬Ņc√≥mo navegan su propia erosi√≥n cuando se convierten en aparato de Gobierno?

El propio Trump ha planteado la elección como un plebiscito sobre su persona y su liderazgo. El Partido Republicano ni siquiera se ha molestado en aprobar una nueva plataforma, una suerte de principios y promesas que equivale a los programas electorales europeos que los partidos deliberan en su convención del verano, cuando votan a sus candidatos presidenciales. Por primera vez, el Grand Old Party de Abraham Lincoln anunció que se limitaba a "respaldar de forma entusiasta" la agenda del presidente.

La pandemia ha arrebatado al magnate una de sus grandes bazas electorales, una econom√≠a que iba viento en popa, con el nivel de desempleo m√°s bajo en medio siglo y el ciclo expansivo m√°s prolongado de la historia. La crisis sanitaria ha mostrado, adem√°s, la versi√≥n m√°s err√°tica de Trump, decidido a jugar el papel de antisistema desde el coraz√≥n del sistema, declarando la guerra a las directrices de prevenci√≥n de su propio Gobierno. La media de sondeos nacionales le sit√ļa a seis puntos y medio de distancia de Biden, seg√ļn el sitio web de encuestas Real Clear Politics, una brecha amplia, pero que se ha estrechado en los √ļltimos d√≠as.

Temor a disturbios

El presidente sigue abonado al mensaje antiestablishment -"Derrocaremos a la clase pol√≠tica fracasada y salvaremos el sue√Īo americano", tuiteaba el lunes- y agita miedos ancestrales para tratar de movilizar a sus bases. Promete ley y orden ante las protestas contra el racismo y un escudo ante el comunismo. Alerta de que, con Biden, la econom√≠a tardar√° m√°s en abrir y caer√° en manos del socialismo autoritario.

No est√° claro el efecto que pueda lograr esta advertencia m√°s all√° de sus seguidores m√°s fieles. La trayectoria moderada del vicepresidente de la era Obama, elegido senador por primera vez en 1972, es de sobra conocida y, aunque con el tiempo ha virado a la izquierda, como lo ha hecho el conjunto del Partido Dem√≥crata, forma parte de la corriente centrista. El sector m√°s progresista asumi√≥ que el veterano pol√≠tico concentraba el mayor n√ļmero de apoyo y decidi√≥ cerrar filas. Biden avisa de una subida de impuestos "a los m√°s ricos", al mismo tiempo que lanza gui√Īos a los propios votantes republicanos.

Los demócratas buscan superar el trauma de 2016, cuando una candidata de manual como Hillary Clinton cayó derrotada, en contra de los pronósticos, ante un millonario sin ninguna experiencia política, famoso por su papel de presentador ogro en un programa de telerrealidad, El Aprendiz.

Como hizo en 2016, Trump vuelve a sembrar las dudas sobre el rigor del proceso, a alentar, sin base, las sospechas de fraude. La polarización política se ha agravado y el país que siempre se ha enorgullecido de sus transiciones pacíficas de poder, amaneció ayer tapiado y repleto de guardias de seguridad adicionales ante el temor a disturbios. El hombre que gane las elecciones asume las riendas de un país roto.

 

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