Las favelas en Brasil podrían ser la mayor tragedia del coronavirus
Por: Carol Pires / The New York Times
Abril 2020
Fotografia: Infobae

Desde que lleg√≥ a la presidencia, Jair Bolsonaro ha favorecido a las grandes empresas sobre los trabajadores y a las √©lites por encima de los pobres. Pero ante el virus, el presidente tiene que cambiar su enfoque y proteger a los habitantes de las favelasDistanciamiento social, lavarse las manos continuamente, capacidad de hacer pruebas masivas de diagn√≥stico y aislamiento de los infectados: las recomendaciones para detener el avance del coronavirus son relativamente simples. Pero no para las 13 millones de personas que viven en favelas de Brasil: con una alta densidad demogr√°fica, con servicios b√°sicos -como agua y luz- deficientes y, muchas veces, sin ning√ļn sistema de alcantarillado.

"Aquí en la favela llega agua dos veces por semana. Economizamos agua no solo por conciencia, sino también por supervivencia. Lavarse las manos todo el tiempo no es una posibilidad", escribió el activista Raull Santiago, quien vive en el complejo Alemão en Río de Janeiro. El Ministerio de Salud prevé que esta semana se dé el primer auge grande de infectados, pero hasta ahora, no hay un plan de combate especial para los barrios menos favorecidos de Brasil.

En las favelas de mi pa√≠s hay un vac√≠o del poder estatal que ha sido ocupado por los paramilitares o narcotraficantes. En las miles de construcciones peque√Īas viven cinco o hasta diez personas, la mayor√≠a con trabajados informales, que no pueden darse el lujo de quedarse en casa sin correr el riesgo de no comer y en donde no hay posibilidad de hacer distanciamiento social.

Desde que Jair Bolsonaro lleg√≥ a la presidencia de Brasil, en enero de 2019, ese vac√≠o se ha profundizado: su gobierno ha favorecido pol√≠ticas de austeridad que han recortado los beneficios sociales y profundizando la desigualdad. Pero mientras los expertos aseguran que la COVID-19 golpear√° desproporcionadamente a los m√°s pobres, Bolsonaro no solo no dise√Īa estrategias para enfrentar esta emergencia en las favelas, ni siquiera admite que el pa√≠s est√© pasando por una crisis de salud p√ļblica.

El 29 de marzo, el presidente no hizo caso a las recomendaciones del Ministerio de Salud y salió a las calles de Brasilia. Y la semana pasada, Bolsonaro criticó las medidas de confinamiento decretadas por algunos gobernadores e insistió que "Brasil no puede parar".

En el centro de São Paulo, donde vivo, y en varias ciudades del país, la respuesta a estas declaraciones ha sido un ruidoso y prolongado cacerolazo, que se ha vuelto una rutina en nuestras noches de cuarentena. Pero en muchas favelas, el discurso incentivó a que la gente volviera a salir. (En otras favelas, la displicencia del gobierno federal, sin embargo, tuvo una resistencia inesperada: bandas del crimen organizado -que asolan a sus habitantes e incrementen la violencia cotidiana-, decretaron un toque de queda por las noches para enfrentar a la COVID-19).

La pandemia lleg√≥ en un momento en que el gobierno brasile√Īo intentaba incentivar el crecimiento econ√≥mico con pol√≠ticas de austeridad. Despu√©s de un a√Īo en la presidencia, Bolsonaro ha reducido Bolsa Familia, el programa social insignia de distribuci√≥n de los ingresos. Y el Instituto Nacional de Seguridad Social, responsable de autorizar el pago de pensiones, tiene un retraso de m√°s de casi dos millones de personas.

Tras la reforma laboral de 2017, Brasil lleg√≥ a un r√©cord hist√≥rico del 41 por ciento de empleos informales. En las favelas, la situaci√≥n es a√ļn m√°s precaria: solo el 19 por ciento tiene un trabajo documentado que le garantiza, por ejemplo, un seguro de desempleo. Y desde el inicio de la pandemia, el 70 por ciento de las familias que viven en favelas han sufrido una ca√≠da en sus ingresos. La gran mayor√≠a -el 86 por ciento- vive mes con mes y dicen que no lograr√°n comprar comida si les falta trabajo un d√≠a.

Pero, parad√≥jicamente, aunque el presidente insiste en que la econom√≠a brasile√Īa no puede detenerse, el equipo econ√≥mico de su gobierno no parece reparar en ese sector vulnerable de la econom√≠a. Como hasta ahora, Bolsonaro est√° m√°s preocupado por las grandes empresas que por los trabajadores, formales o informales. El 22 de marzo anunci√≥ un plan para ayudar a las empresas donde se inclu√≠a la posibilidad de que los empleadores suspendieran el pago de sueldos de los trabajadores por cuatro meses. Bolsonaro se vio forzado a revocar la medida horas despu√©s, tras una reacci√≥n furiosa de los ciudadanos.

Algunos seguidores del presidente organizaron caravanas para exigir que no se frenaran las actividades econ√≥micas (aunque no se arriesgaron bajar de sus autom√≥viles). Y un pu√Īado de empresarios apoyaron a Bolsonaro. "¬ŅQu√© significa la muerte del 10 al 15 por ciento de la poblaci√≥n mayor en comparaci√≥n con el da√Īo a la econom√≠a?", se pregunt√≥ Roberto Justus, uno de los hombres m√°s ricos del pa√≠s. Junior Durski, due√Īo de una red de restaurantes, public√≥ un video en el que dice que Brasil no puede parar porque "cinco o siete mil personas van a morir".

Pero esta emergencia de salud p√ļblica y de crisis econ√≥mica que afectar√° con m√°s dureza a las favelas, exige un cambio de urgente de enfoque. Incluso economistas liberales han defendido la necesidad del aumento del gasto p√ļblico para salvar vidas. Tambi√©n ha habido empresarios que han optado por sus trabajadores. La empresaria Luiza Trajano cerr√≥ todas sus tiendas de electr√≥nicos sin despedir a sus empleados, duplic√≥ el subsidio de guarder√≠as para las mujeres que no pueden trabajar desde sus casas y don√≥ 2 millones de d√≥lares para combatir la epidemia.

Ayer, el congreso aprobó la implementación de un plan de apoyos de 600 reales (120 dólares), tres veces más de lo que el gobierno quería inicialmente, durante tres meses para los trabajadores sin ingresos fijos. Pero no será suficiente. Es urgente que el gobierno de Bolsonaro atienda lo que pide la Central Única de las Favelas: distribuir agua, jabón, alcohol esterilizante y comida a los habitantes de las favelas, suspender el pago de las cuentas de agua y luz y asignar lugares para que los grupos especialmente vulnerables hagan cuarentena y no estén expuestos en casas abarrotadas.

El gobierno debe poner las vidas por encima de la economía. La epidemia solo ha evidenciado la tragedia y abandono que han vivido las favelas por décadas. Si el gobierno los ignora en este momento de emergencia solo probará que la falta de atención es deliberada. Ahora, más que nunca, este abandono debe resolverse.

 

 

Carol Pires (@pirescarol) es periodista brasile√Īa.

 

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