'Me dan ganas de llorar': la cancelación del carnaval conmociona a Río de Janeiro
Por: Manuela Andreoni y Ernesto Londo√Īo / The New York Times
Octubre 2020
Fotografia: Dado Galdieri /The New York Times

A pesar de guerras, enfermedades y disturbios políticos Río de Janeiro celebraba su famoso carnaval puntualmente. Ahora, la pandemia ha ocasionado la suspensión del desfile anual, a un gran costo para la ciudad y sus residentes.

 

Desde hace más de un siglo, el carnaval de Río de Janeiro ha sido una fuerza irreprimible que ni las guerras, enfermedades, huelgas o represión política lograron detener.

Unas bulliciosas celebraciones tomaron las calles de la ciudad a pesar de la pandemia por la gripe espa√Īola en 1918, durante ambas guerras mundiales y la dictadura militar de Brasil. La diamantina volaba por todas partes, las caderas se contoneaban y los tambores resonaban en 2008 pese a un brote de dengue que enferm√≥ a m√°s de 200.000 personas en el estado.

Incluso en 2014, cuando hubo una huelga de recolectores de basura, el jolgorio continuó entre la inmundicia.

"El carnaval es realmente incontrolable", afirmó Felipe Ferreira, investigador de la Universidad del Estado de Río de Janeiro. "Es un momento en que la gente se apodera de las calles".

Pero ahora, en plena pandemia, el desfile oficial del carnaval ha sido suspendido, de manera indefinida. La ciudad de Río está conmocionada.

"Quiero que ese momento llegue, ese momento en que celebraremos la vida que vence a la muerte, cuando nos reuniremos todos juntos", dijo Leandro Vieira, director art√≠stico de Esta√ß√£o Primeira de Mangueira, uno de los grupos m√°s tradicionales de samba en R√≠o. "Pero eso a√ļn no es posible".

Ante una pandemia que ha ocasionado el fallecimiento de m√°s de 142.000 personas -una cifra solo menor a la de Estados Unidos-, una profunda crisis econ√≥mica y un presidente cuyo c√≠rculo m√°s cercano est√° comprometido en un creciente n√ļmero de investigaciones criminales y legislativas, los residentes de R√≠o est√°n siendo despojados de la catarsis que muchos esperan con ansias durante todo el a√Īo.

Los organizadores del desfile decidieron suspenderlo por primera vez desde 1932, cuando el desfile de samba de Río se hizo oficial. Con esa decisión se privó a la ciudad de una fuente importante de ingresos y a sus ciudadanos de espectáculos con ingeniosos comentarios políticos.

Los líderes de las principales organizaciones de samba pensaron que, sin una vacuna, las condiciones no serían seguras.

Para el gran ejército de bailarinas, coreógrafos, costureras y escenógrafos que se unen para producir los deslumbrantes disfraces y carrozas, la cancelación constituye una pérdida tanto personal como financiera.

"Me dan ganas de llorar al ver que no han empezado el trabajo de construir las carrozas", expres√≥ Nicilda da Silva, de 80 a√Īos, quien fue elegida reina del grupo de samba y ayuda a planear su desfile. "Pero estamos atados de manos".

Puesto que el desfile oficial ha sido pospuesto de manera indefinida, no está claro cómo los residentes de Río festejarán en febrero, si es que lo harán. El carnaval también da pie a cientos de fiestas callejeras movedizas y espontáneas, llamadas "blocos", con gente que va por la ciudad entonando canciones, ya sean propias o tradicionales, y atrayendo a cientos de juerguistas a su paso.

Se espera que el carnaval de 2021 sea muy diferente, y probablemente m√°s peque√Īo, que cualquiera de la historia reciente, una p√©rdida incalculable, sostuvo Lauane Martorelli, una costurera que ha dise√Īado disfraces de carnaval para los espect√°culos en el Samb√≥dromo, el recinto oficial para los desfiles, desde hace 13 a√Īos.

Los meses previos a la fiesta son una √©poca en que personas de todos los √°mbitos de la sociedad se re√ļnen en grandes almacenes para construir elaboradas carrozas montadas en camiones, probarse sus atuendos y ensayar coreograf√≠as.

"Estos son espacios donde todos se vuelven iguales. Personas negras, gays, evangélicas, todas trabajan bajo el mismo techo", dijo.

Este a√Īo, la m√°quina de coser de Martorelli no ha dejado de traquetear, pero en lugar de coser vestidos opulentos y atuendos que se han convertido en una especialidad de la familia, ella y sus parientes han hecho m√°s de 10.000 mascarillas de tela.

La pandemia ha sido devastadora para la familia. El virus mat√≥ a su padrastro, el principal proveedor del sustento de la casa. Y vender mascarillas en vez de disfraces se ha traducido en ganar cerca del 30 por ciento de lo que producen en un a√Īo normal, cont√≥.

Parte de la tragedia, dijo Martorelli, de 29 a√Īos, es que los pol√≠ticos se est√©n ahorrando las mordaces cr√≠ticas que les tocan con los espect√°culos de samba, que en √ļltimos a√Īos han reprobado con alegor√≠a y s√°tiras la corrupci√≥n, la brutalidad policial, la desigualdad estructural y el racismo.

"Este nuevo a√Īo el carnaval tiene que hacer un balance de todo lo que est√° pasando y resumirlo para las personas", dijo. "En Brasil, la gente tiene una memoria muy corta y si no tocamos esos temas ahora, esta √©poca va a pasar y nadie lo recordar√°".

El coronavirus ha trastocado vidas y volcado los medios de subsistencia en todo el mundo, pero pocos lugares se han visto tan afectados como Río de Janeiro, un estado de 16 millones de personas donde el virus ha matado a más de 18.000.

Wagner Gonçalves, director artístico de Estácio de Sá, una de las escuelas de samba más antiguas, ha convertido su taller en un centro de distribución de cestas de alimentos. El lunes, la gente se formó cerca de las carrozas de la escuela, que no se han desmontado, para recoger los paquetes de ayuda.

"El impacto financiero es algo con lo que no hemos podido lidiar", dijo Gon√ßalves, y se√Īal√≥ que muchos brasile√Īos se las han arreglado con los pagos de asistencia temporal del gobierno. Las canastas de alimentos, dijo, "son una manera de darle a la gente un soplo de esperanza".

Luiz Carlos Silva, un escultor de acero que ha trabajado en eventos del carnaval desde la d√©cada de 1990, estaba en la fila esperando una canasta con collares de cuentas azules, un s√≠mbolo de su fe en las deidades afrobrasile√Īas que son frecuentemente honradas en los desfiles.

Enumer√≥ a los amigos que hab√≠a perdido por el virus y dijo que nunca esper√≥ pasar por tantas dificultades cuando, en 2002, dej√≥ su trabajo como conductor de autob√ļs para dedicarle todo su tiempo a una labor de amor: el carnaval de la ciudad.

"Estamos perdiendo el arte del carnaval", dijo refiri√©ndose a los planes reducidos de este a√Īo. "Es un poco triste porque el carnaval es la tierra de la alegr√≠a".

Ferreira, el investigador, dijo que los líderes de las escuelas de samba mantienen abiertas sus opciones y sus planes no están definidos. Pueden realizar actuaciones afuera del Sambódromo o participar en las fiestas callejeras que se han convertido en una parte cada vez más importante del carnaval.

"El carnaval de Río de Janeiro no ocurre por una decisión del gobierno", dijo. "El carnaval se impone".

Los carnavales recientes han presentado burlas y desafíos al alcalde de la ciudad, Marcelo Crivella, y al presidente del país, Jair Bolsonaro.

Crivella, un pastor evang√©lico, dijo que su gesti√≥n apoya el carnaval pero ha hecho poco para ocultar su desd√©n personal por una tradici√≥n hedonista que se caracteriza por beber en abundancia, poca ropa y muchas demostraciones p√ļblicas de afecto (por decirlo de alguna manera).

El a√Īo pasado, Bolsonaro gener√≥ un esc√°ndalo cuando tuite√≥ un video de un juerguista del carnaval orinando encima de otro, lo que calific√≥ como una se√Īal de cu√°n depravada se ha vuelto la celebraci√≥n.

Vieira, el director de arte del carnaval, dijo que al suspender el desfile de este a√Īo, los l√≠deres de las asociaciones de carnaval de R√≠o hab√≠an demostrado ser m√°s responsables que el gobierno federal, liderado por un presidente que ha desde√Īado el peligro del virus.

"El carnaval es una actividad artística y cultural que también es reflejo de la estructura social de Brasil", explicó. "Lo menos importante del carnaval es el aspecto festivo".

Sin embargo, pedirles a los fan√°ticos que pospongan de manera indefinida la √ļnica √©poca del a√Īo en la que tienen permiso para escapar de sus vidas cotidianas, ignorar las reglas y perderse en una fantas√≠a luminosa, aunque ef√≠mera, es dif√≠cil, dijo Da Silva.

Afirma que, aunque apart√≥ su disfraz, no lo ha guardado por completo porque, de alguna manera, y en alg√ļn lugar, espera poder celebrar.

"El carnaval es una purificación del alma", dijo.

 

 

Ernesto Londo√Īo es el jefe de la corresponsal√≠a de Brasil, con sede en R√≠o de Janeiro. Antes fue escritor parte del Comit√© Editorial y, antes de unirse a The New York Times, era reportero en The Washington Post. @londonoe

 

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