¬ŅPor qu√© las variantes de los virus tienen nombres tan raros?
Por: Apoorva Mandavilli y Benjamin Mueller/ The New York Times
Marzo 2021
Fotografia: Getty Images

B.1.351 puede sonarle lindo a un epidemi√≥logo molecular, pero ¬Ņcu√°l es la alternativa, aparte de los nombres geogr√°ficos estigmatizantes?

Esos fueron los encantadores nombres que los cient√≠ficos propusieron para una nueva variante del coronavirus que se identific√≥ en Sud√°frica. Las enrevesadas cadenas de letras, n√ļmeros y puntos son muy significativas para los cient√≠ficos que las idearon, pero ¬Ņc√≥mo se supone que los dem√°s est√©n al d√≠a? Incluso la m√°s f√°cil de recordar, B.1.351, se refiere a un linaje completamente diferente del virus si se omite o se coloca mal un solo punto.

Las convenciones de denominación de los virus estaban bien cuando las variantes seguían siendo temas esotéricos de investigación. Pero ahora son fuente de ansiedad para miles de millones de personas. Necesitan nombres fáciles de pronunciar, sin estigmatizar a las personas o lugares asociados a ellos.

"Lo difícil es encontrar nombres que sean distintos, que sean informativos, que no impliquen referencias geográficas y que sean pronunciables y memorables", dijo Emma Hodcroft, epidemióloga molecular de la Universidad de Berna, en Suiza. "Parece algo sencillo, pero en realidad es una gran exigencia tratar de transmitir toda esta información".

La soluci√≥n, seg√ļn ella y otros expertos, es idear un sistema √ļnico que pueda utilizar todo el mundo, pero vincularlo a los m√°s t√©cnicos en los que se basan los cient√≠ficos. La Organizaci√≥n Mundial de la Salud ha convocado a un grupo de trabajo de unas cuantas decenas de expertos para idear una forma sencilla y escalable de hacerlo.

"Este nuevo sistema asignará a las variantes preocupantes un nombre que sea fácil de pronunciar y recordar y también minimizará los efectos negativos innecesarios en las naciones, las economías y las personas", dijo la OMS en un comunicado. "La propuesta de este mecanismo está siendo revisada por socios internos y externos antes de su finalización".

Seg√ļn dos miembros del grupo de trabajo, el principal candidato de la OMC hasta ahora es sencill√≠simo: numerar las variantes en el orden en que fueron identificadas: V1, V2, V3 y as√≠ sucesivamente.

"Existen miles y miles de variantes y necesitamos alguna forma de etiquetarlas", dijo Trevor Bedford, biólogo evolutivo del Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson de Seattle y miembro del grupo de trabajo.

Poner nombre a las enfermedades no siempre ha sido tan complicado. La s√≠filis, por ejemplo, procede de un poema de 1530 en el que un pastor, Syphilus, es maldecido por el dios Apolo. Pero el microscopio compuesto, inventado en torno a 1600, abri√≥ un mundo oculto de microbios, lo que permiti√≥ a los cient√≠ficos empezar a darles nombres seg√ļn sus formas, dijo Richard Barnett, historiador de la ciencia en Gran Breta√Īa.

Aun as√≠, el racismo y el imperialismo se infiltraron en los nombres de las enfermedades. En el siglo XIX, cuando el c√≥lera se extendi√≥ desde el subcontinente indio a Europa, los peri√≥dicos brit√°nicos empezaron a llamarlo "c√≥lera indio", representando la enfermedad como una figura con turbante y t√ļnica.

"Muy a menudo, la denominación puede reflejar y extender un estigma", dijo Barnett.

En 2015, la O.M.S. publicó las mejores prácticas para nombrar las enfermedades: evitar lugares geográficos o nombres de personas, especies de animales o alimentos, y términos que inciten a un miedo indebido, como "mortal" y "epidemia".

Los científicos emplean al menos tres sistemas de nomenclatura que compiten entre sí -Gisaid, Pango y Nextstrain-, cada uno de los cuales tiene sentido en su propio mundo.

"No se puede rastrear algo que no se puede nombrar", afirma Oliver Pybus, bi√≥logo evolutivo de Oxford que ayud√≥ a dise√Īar el sistema Pango.

Los cient√≠ficos dan nombre a las variantes cuando los cambios en el genoma coinciden con nuevos brotes, pero solo llaman la atenci√≥n sobre ellas si hay un cambio en su comportamiento: si se transmiten m√°s f√°cilmente, por ejemplo (B.1.1.7, la variante observada por primera vez en Gran Breta√Īa), o si eluden, al menos en parte, la respuesta inmune (B.1.351, la variante detectada en Sud√°frica).

En las letras y d√≠gitos mezclados hay pistas sobre la ascendencia de la variante: La "B.1", por ejemplo, denota que esas variantes est√°n relacionadas con el brote de Italia de la primavera pasada. (Una vez que la jerarqu√≠a de las variantes se vuelve demasiado profunda para dar cabida a otro n√ļmero y punto, las m√°s nuevas reciben la siguiente letra disponible por orden alfab√©tico).

Pero cuando los científicos anunciaron que una variante llamada B.1.315 -dos dígitos menos que la variante observada por primera vez en Sudáfrica- se estaba propagando en Estados Unidos, el ministro de Sanidad sudafricano "se confundió bastante" entre esa y la B.1.351, dijo Tulio de Oliveira, genetista de la Escuela de Medicina Nelson Mandela de Durban y miembro del grupo de trabajo de la OMS.

"Tenemos que idear un sistema que no solo los biólogos evolutivos puedan entender", dijo.

Sin alternativas fáciles a la mano, se ha recurrido a llamar a B.1.351 "la variante sudafricana". Pero de Oliveira rogó a sus colegas que evitasen el término. (No hay que buscar más allá de los orígenes de este mismo virus: llamarlo el "virus de China" o el "virus de Wuhan" alimentó la xenofobia y la agresión contra las personas de origen asiático oriental en todo el mundo).

Los da√Īos potenciales son lo suficientemente graves como para haber disuadido a algunos pa√≠ses de dar a conocer cuando se detecta un nuevo pat√≥geno dentro de sus fronteras. Los nombres geogr√°ficos tambi√©n se quedan r√°pidamente obsoletos: la B.1.351 se encuentra ahora en 48 pa√≠ses, por lo que llamarla variante sudafricana es absurdo, a√Īadi√≥ de Oliveira.

Y esta práctica podría distorsionar la ciencia. No está del todo claro que la variante surgiera en Sudáfrica: se identificó allí en gran parte gracias a la diligencia de los científicos sudafricanos, pero marcarla como la variante de ese país podría inducir a otros investigadores a pasar por alto su posible camino hacia Sudáfrica desde otro país que estuviera secuenciando menos genomas de coronavirus.

En las √ļltimas semanas, proponer un nuevo sistema se ha convertido en una especie de deporte para espectadores. Algunas de las sugerencias para inspirarse en nombres: huracanes, letras griegas, p√°jaros, nombres de otros animales como ardilla roja u oso hormiguero, y monstruos locales.

√Āine O'Toole, estudiante de doctorado de la Universidad de Edimburgo que forma parte del equipo de Pango, sugiri√≥ colores para indicar c√≥mo se relacionaban las diferentes constelaciones de mutaciones.

"Podrías acabar con un rosa empolvado o magenta o fucsia", dijo.

A veces, identificar una nueva variante por su mutación característica puede ser suficiente, especialmente cuando las mutaciones adquieren nombres caprichosos. La primavera pasada, O'Toole y sus colaboradores empezaron a llamar "Doug" a la D614G, una de las primeras mutaciones conocidas.

"No hab√≠amos tenido gran interacci√≥n humana", dijo. "Esta era nuestra idea de humor en el confinamiento n√ļmero 1".

Siguieron otros apodos: "Nelly" para la N501Y, un elemento com√ļn en muchas de las nuevas variantes preocupantes, y "Eeek" para la E484K, una mutaci√≥n que se cree que hace que el virus sea menos susceptible a las vacunas.

Pero Eeek ha aparecido en m√ļltiples variantes en todo el mundo simult√°neamente, lo que subraya la necesidad de que las variantes tengan nombres distintos.

El sistema de numeraci√≥n que la OMS est√° considerando es sencillo. Pero cualquier nuevo nombre tendr√° que superar la facilidad y simplicidad de las etiquetas geogr√°ficas para el p√ļblico en general. Y los cient√≠ficos tendr√°n que encontrar un equilibrio entre etiquetar una variante con la suficiente rapidez para evitar los nombres geogr√°ficos y con la suficiente cautela para no acabar dando nombres a variantes insignificantes.

"Lo que no quiero es un sistema en el que tengamos una larga lista de variantes, todas con nombres de la OMS, pero en realidad solo tres son importantes y las otras 17 no lo son", dijo Bedford.

Cualquiera que sea el sistema al final, tendr√° que ser aceptado por diferentes grupos de cient√≠ficos y por el p√ļblico en general.

"A menos que uno de ellos se convierta realmente en una especie de lengua franca, eso har√° que las cosas sean m√°s confusas", dijo Hodcroft. "Si no se consigue algo que la gente pueda decir y teclear con facilidad, y recordar con facilidad, volver√°n a utilizar el nombre geogr√°fico".

 

Apoorva Mandavilli es reportera del Times y se enfoca en ciencia y salud global. En 2019 ganó el premio Victor Cohn a la Excelencia en Reportaje sobre Ciencias Médicas. @apoorva_nyc

Benjamin Mueller es corresponsal en el Reino Unido para The New York Times. Fue reportero de temas policiales y de las fuerzas del orden en la sección Metro desde 2014. @benjmueller

 

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