¬ŅA qui√©n vacunamos primero?
Por: El País
Septiembre 2020
Fotografia: EPA

A medida que se acerca la obtenci√≥n de una o varias vacunas contra el coronavirus, emerge una realidad: no habr√° para todos, al menos al principio. Eso plantea el dilema de c√≥mo repartir las primeras dosis. Tambi√©n explica los movimientos de muchos Gobiernos por hacerse con millones de viales de las candidatas mejor colocadas. Ahora, una veintena de expertos en √©tica de la salud p√ļblica y fil√≥sofos alertan contra la emergencia de un nacionalismo sanitario y propone un modelo para un reparto justo de las vacunas.

La Organizaci√≥n Mundial de la Salud (OMS) ha propuesto que, mientras no sobren, las vacunas se distribuyan en tres fases y de forma proporcional a la poblaci√≥n de cada pa√≠s: un 3% en una primera oleada, lograr inocularla al 20% en una segunda y llegar al 60% de la poblaci√≥n en la tercera fase. Con este porcentaje se estima que se lograr√≠a la inmunidad de grupo, con los vacunados protegiendo a los que a√ļn no lo hayan sido.

Un reparto seg√ļn la poblaci√≥n parece justo pero plantea dos problemas. Por un lado, los pa√≠ses m√°s densamente poblados se llevar√≠an la mayor√≠a de las vacunas. M√°s importante a√ļn, la pandemia no est√° golpeando igual en todos lados. Mientras Espa√Īa, con sus 47 millones de habitantes, se est√° acercando al medio mill√≥n de casos, Polonia, con 38 millones, apenas tiene 68.000, seg√ļn datos de la OMS.

La otra gran propuesta para distribuir las primeras vacunas de forma equitativa plantea un reparto más cualitativo que cuantitativo. En estos planes, los primeros en recibir la inmunización deberían ser los más expuestos al virus y los que pueden sufrir la versión más dura de la covid: el personal sanitario que está en la línea de defensa, los mayores de 65 y los que tienen una enfermedad (comorbilidad) que podría agravar el curso de la enfermedad. Parece razonable.

"Probablemente, as√≠ es como los pa√≠ses deber√≠an asignarlas internamente, aunque hay razones para pensar que con [la mayor disponibilidad de] equipos de protecci√≥n personal, podr√≠a no ser necesario", dice Ezekiel Emanuel, responsable de √©tica m√©dica y salud p√ļblica en la Escuela Perelman de Medicina de la Universidad de Pensilvania (EE UU). "Pero ser√≠a un error hacerlo entre los pa√≠ses, ya que dar√≠a menos a las naciones con menos ingresos y menos trabajadores de la salud". Adem√°s, tambi√©n en los Estados menos desarrollados la poblaci√≥n mayor de 65 a√Īos es significativamente m√°s reducida, as√≠ como la incidencia de algunas patolog√≠as que, como las card√≠acas o respiratorias, agravan el curso de la covid. "Todo esto sesgar√≠a el reparto en favor de los pa√≠ses ricos", concluye.

Junto a una veintena de colegas, Emanuel ha publicado en la revista Science un art√≠culo que destaca los errores que, a su juicio, contienen los distintos modelos planteados hasta ahora para repartir la vacuna cuando llegue. El texto, en cuya redacci√≥n han intervenido expertos en √©tica de la salud, fil√≥sofos y especialistas en salud p√ļblica, alerta de la emergencia de una especie de nacionalismo sanitario en el que los pa√≠ses con la ciencia y tecnolog√≠a suficientes para investigar con vacunas y aquellos que tienen m√°s dinero para pagarlas amagan con acaparar la producci√≥n.

"Este nacionalismo de las vacunas es muy real", apunta Emanuel. Y menciona la polémica entre Francia y Sanofi, una farmacéutica gala que investiga su propia vacuna, por sus negociaciones con el Gobierno de EE UU. Durante toda la pandemia no han dejado de surgir ejemplos. Al principio, con el acaparamiento de ventiladores, mascarillas y hasta guantes. En verano, el Gobierno estadounidense se hizo con casi todas las existencias mundiales de remdesivir, un fármaco que parecía servir contra la enfermedad. "Los Gobiernos legítimamente quieren proteger a sus ciudadanos, pero hay una obligación mayor con el resto de la población del planeta", afirma.

En su artículo, Emanuel y sus colegas dan una cifra para limitar ese nacionalismo. Consideran moralmente inaceptable acaparar más vacunas de las necesarias para mantener la ratio de transmisión de la enfermedad por debajo de 1, indicador que llevaría a la reducción del alcance de la epidemia.

Este grupo de investigadores plantea su propio modelo justo de repartir las vacunas a escala global. Seg√ļn su art√≠culo, se apoyar√≠a en tres pilares. Por un lado, habr√≠a que priorizar all√≠ donde se puede reducir mas la cifra de muertes prematuras o secuelas graves de la enfermedad. Pero su propuesta va m√°s all√° de lo sanitario e introduce otra variable, el impacto social y econ√≥mico que est√© teniendo la pandemia en determinado lugar, por lo que apuestan por dar prioridad a los m√°s desfavorecidos. Por √ļltimo, creen que el reparto debe guiarse por el principio de igualdad radical, con la misma preocupaci√≥n moral por cada persona.

"El punto de nuestro artículo es llevar a tomar conciencia de la importancia de realizar una asignación equitativa y mostrar cómo se debe tener en cuenta a los países que están en peores condiciones y que solo repartiendo a todos podremos volver a la condición prepandemia", sostiene en un correo la directora del programa de bioética de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), la argentina Florencia Luna.

Los antecedentes no soplan en favor de este internacionalismo sanitario. En 2009, con la pandemia de la gripe A que acabó con la vida de casi 300.000 personas, se logró una vacuna en siete meses. Pero los países ricos se quedaron con toda la producción. En aquel nacionalismo sanitario desatado, los llamamientos a la solidaridad lograron que unos pocos acaparadores cedieran el 10% de sus vacunas pero solo después de asegurarse las dosis suficientes para vacunar a los suyos. Ahora, la OMS y otros organismos intentan que haya un acuerdo internacional vinculante.

"Lo m√°s cerca que estamos de ese acuerdo es Covax", dice el director de an√°lisis y desarrollo global de ISGlobal Rafael Vilasanjuan. Covax es una plataforma que busca desarrollar vacunas o su compra centralizada y repartirlas de forma equitativa. Est√° impulsada por la alianza para la vacunaci√≥n GAVI, de cuyo consejo de direcci√≥n forma parte Vilasanjuan. "Estamos asistiendo a comportamientos muy nacionalistas", dice. Pero recuerda que no se sabe el grado de eficacia que tendr√°n unas vacunas u otras ni si valdr√°n para toda la poblaci√≥n. La de Oxford, por ejemplo, no se ha probado en mayores de 65 a√Īos. As√≠ que recuerda a los nacionalistas sanitarios que "vacunar a los tuyos no significa que toda tu gente est√© protegida".

En la edición de este mes de la revista política Foreign Affairs aparece un artículo cuyo titular (traducido) dice La tragedia del nacionalismo de las vacunas. Y su subtítulo resume la conclusión: Solo la cooperación puede acabar con la pandemia. Uno de sus autores es Thomas J. Bollyky, director del Programa de Salud Global del Consejo de Relaciones Exteriores, un prestigioso laboratorio de ideas con sede en Washington, EE UU.

Bollyky teme que el reparto de las vacunas sea desigual e injusto, en especial si falla la iniciativa Covax. "Los pa√≠ses que no hayan participado en los acuerdos de compra anticipada y que no fabriquen dosis en casa tendr√°n que esperar. Los Estados de nivel medio tendr√°n que hacerlo a√ļn m√°s, ya que no tienen los recursos para asegurarse [el suministro] con la compra anticipada y no son lo suficientemente pobres para que las iniciativas impulsadas por donantes les den prioridad". Y cada d√≠a cuenta. Cada 24 horas mueren m√°s de 6.000 personas, seg√ļn la OMS. Bollyky concluye: "ya en cada pa√≠s, la distribuci√≥n puede ser igual de desigual si los Gobiernos no adoptan los principios alumbrados por la ciencia para un reparto justo".

 

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