Bolivia: anatomía de un derrocamiento
Por: Pablo Stefanoni/El País
Enero 2020
Fotografia: Gastón Brito/ Getty Images

La salida electoral pactada entre el Gobierno y el Congreso no puede ocultar que la Presidencia de √Ā√Īez se propone ir mucho m√°s all√° de un Gobierno transitorio destinado a convocar elecciones

"Fue golpe, no fue fraude", "Fue fraude, no fue golpe". Estos relatos organizan dos visiones polares de lo ocurrido en Bolivia tras las elecciones del 20 de octubre pasado que derivaron, luego de tres semanas de crisis pol√≠tica, en la renuncia de Evo Morales. El 10 de noviembre se pon√≠a fin, as√≠, a 14 a√Īos de Gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), un partido sui g√©neris cuyo n√ļcleo duro son los campesinos cultivadores de coca en el Tr√≥pico de Cochabamba. Desde 2005, el MAS logr√≥ una in√©dita porci√≥n del poder en un contexto particular: el declive de las √©lites tradicionales de la regi√≥n andina y las dificultades de las √©lites econ√≥micas emergentes, con base en la regi√≥n oriental de Santa Cruz, para construir una visi√≥n de pa√≠s que trascendiera su regi√≥n. Fue en ese escenario, atravesado por una enorme conflictividad social, que amplios sectores urbanos se mostraron dispuestos a votar por un candidato de origen ind√≠gena-campesino como Morales a fines de 2005, y lo siguieron haciendo alentados por los datos macroecon√≥micos y la falta de candidatos alternativos atractivos. Los resultados electorales, casi siempre por encima del 60%, llevaron al MAS a controlar dos tercios del Parlamento y, con ello, todos los poderes del Estado.

Esa concentraci√≥n de poder, en gran parte en manos de Evo Morales, es lo que entr√≥ en crisis al insistir con su repostulaci√≥n luego de haber perdido el refer√©ndum de febrero de 2016. El documental "Antes del golpe", del periodista Diego Gonz√°lez, deja ver que la √ļltima campa√Īa presidencial careci√≥ de la m√≠stica de anta√Īo y que el uso del aparato estatal reemplaz√≥ la potencia de los movimientos sociales, ya con sus c√ļpulas crecientemente "estatizadas", envueltas en procesos clientelares y desconectadas de las bases. Los d√©ficits democr√°ticos en el manejo del Estado ya ven√≠an alimentando un nuevo tipo de oposici√≥n urbana, de base m√°s juvenil, pero fueron las denuncias del manejo irregular del conteo de votos lo que termin√≥ de erosionar el "capital moral" del Gobierno.Es sobre esto que se mont√≥ una suerte de contrarrevoluci√≥n que tuvo como epicentro a la regi√≥n agroindustrial de Santa Cruz de la Sierra (lo cual no resulta novedoso en la historia boliviana), se extendi√≥ por el pa√≠s y termin√≥ involucrando primero a la polic√≠a, cuyo amotinamiento tuvo un fuerte impacto pol√≠tico, y luego a las Fuerzas Armadas, que le "sugirieron" a Morales que renunciara y luego tutelaron la asunci√≥n de su sucesora, la senadora conservadora Jeanine √Ā√Īez. Fue esta participaci√≥n militar la que dio un car√°cter de golpe a la renuncia de Morales.

Entremedio hubo una in√©dita movilizaci√≥n de sectores urbanos que, hasta ahora, hab√≠an tendido a protestar sobre todo desde las redes sociales, y que incluy√≥ a grupos violentos. En paralelo, se vislumbr√≥ un "desinfle" de la capacidad de movilizaci√≥n de las bases del MAS. Un elemento decisivo fue la constituci√≥n, sobre la marcha, de un eje novedoso entre Santa Cruz y Potos√≠, una regi√≥n donde el MAS mantuvo la mayor√≠a pero involucrada en una serie de batallas regionalistas, sobre todo para conseguir m√°s recursos (Potos√≠ es sede de las grandes reservas de litio de Bolivia). Luis Fernando Camacho, un empresario conservador cruce√Īo, se ali√≥ con el potosino Marco Pumari, hijo de un minero. Ambos actuaron desde la cabeza de los "comit√©s c√≠vicos" de sus regiones, instituciones que agrupan a las fuerzas vivas y cuya misi√≥n es bregar por los intereses locales. Este "eje geopol√≠tico" fue clave en el derrocamiento de Morales, porque mostraba unidos a dos extremos del pa√≠s tanto desde el punto de vista √©tnico como geogr√°fico y en alguna medida pol√≠tico. Su eficacia desplaz√≥ del escenario al ex presidente Carlos Mesa, segundo en las elecciones del 20 de octubre, quien no logr√≥ encontrar su lugar en un escenario de radicalizaci√≥n pese a su ef√≠mera conversi√≥n sin fe al discurso duro.

En el devenir de los acontecimientos se acumularon muchos descontentos, pese a que las cifras macroecon√≥micas fueron una de las fortalezas de los Gobiernos de Morales. Entre sectores medios m√°s "blancos", hubo, sin duda, en estos a√Īos, una dosis de "p√°nico de estatus"; y entre sectores urbanos populares, la sensaci√≥n de que los beneficios del "proceso de cambio" fueron en mayor medida para los campesinos que para ellos. A su vez, en el bloque anti-Evo hubo -y hay feministas, ecologistas, liberal-democr√°ticos o simplemente conservadores, e incluso anticomunistas estilo Bolsonaro. Pero m√°s all√° de esta diversidad, la derecha, incluso en su versi√≥n religiosa, corre con ventajas para construir el sentido de la "revoluci√≥n" anti-masista respecto de los discursos alternativos.

La salida electoral pactada entre el Gobierno y el Congreso, controlado por el MAS y con su poder muy debilitado, no puede ocultar que la Presidencia de √Ā√Īez se propone ir mucho m√°s all√° de un Gobierno transitorio destinado a convocar elecciones y deshacer el legado de Morales. Para ello, se viene hilando un relato que reduce el periodo del MAS a mera corrupci√≥n y dictadura. Hasta se mostraron las habitaciones presidenciales para reforzar la idea de que Evo Morales viv√≠a como un "jeque √°rabe", lo que claramente no coincid√≠a con lo que se ve√≠a en las im√°genes, m√°s all√° de lo que se opine sobre la compra de un avi√≥n presidencial o la construcci√≥n de la est√©ticamente dudosa Casa Grande del Pueblo como nueva sede del Gobierno.

De esa forma, se ve en operaciones una cl√°sica reacci√≥n antipopulista cuyo costado democr√°tico tiende a ceder r√°pidamente ante las perspectivas restauradoras de viejos √≥rdenes y jerarqu√≠as sociales. Las carencias democr√°ticas en estos 14 a√Īos fueron reales, pero el r√©gimen del MAS estuvo lejos de ser una tiran√≠a. Estas expresan debilidades institucionales propias del populismo pero tambi√©n de una cultura pol√≠tica local, por lo que no comenzaron ni terminar√°n con el MAS. En este marco, el Ministerio de Gobierno (Interior) ech√≥ a andar la tesis de que el pa√≠s est√° infestado de terroristas extranjeros y desde el Ministerio de Comunicaci√≥n se amenaz√≥ a los "periodistas sediciosos", al mismo tiempo que el Gobierno protagonizaba incidentes diplom√°ticos con M√©xico y Espa√Īa y reforzaba una ret√≥rica nacionalista sobre una "conspiraci√≥n internacional" contra Bolivia.

Por su lado, mientras denuncia el golpe, el MAS -al menos su ala parlamentaria, parte de ella parcialmente distanciada de Morales- ha reconocido de hecho a √Ā√Īez, a la que le envi√≥ la ley de convocatoria a elecciones para su promulgaci√≥n, lo que da forma a un escenario institucional confuso y crispado, con decenas de detenciones y prisiones preventivas de funcionarios del Gobierno anterior, junto a grupos de civiles que los increpan y hasta rodean sus casas.

Hay tres palabras claves del nuevo relato: "hordas" -los militantes del MAS son reducidos a meros grupos de choque facinerosos-; "despilfarro" -el ampliamente elogiado manejo macroecon√≥mico habr√≠a sido una mera realidad virtual- y "tiran√≠a" -los √ļltimos 14 a√Īos habr√≠an sido puro despotismo estatal-. Frente a este relato, el MAS intenta otro: el de un Gobierno que no cay√≥ por sus defectos sino por sus aciertos, lo que m√°s all√° de su exactitud deja de lado cualquier visi√≥n autocr√≠tica del pasado reciente.

En este escenario se va dibujando un panorama electoral a√ļn incierto para las elecciones del 3 de mayo: el binomio Camacho-Pumari ocupa el espacio ubicado m√°s a la derecha; Carlos Mesa busca posicionarse en el "centro" frente a los "extremos que causan chispas", y el MAS intenta reorganizarse en medio de fuertes tensiones internas. El binomio presidencial entre Luis Arce (exministro de Econom√≠a) y David Choquehuanca (excanciller con peso en las regiones aymaras y distanciado estos a√Īos del expresidente) fue decidido en Buenos Aires como una soluci√≥n de compromiso entre la voluntad de Evo Morales y la de las bases, y hay que ver si logra reunir al MAS y recrear su m√≠stica interna. Por lo pronto con esta f√≥rmula se busca atraer a sectores medios sin perder la identidad ind√≠gena y campesina del MAS.

Falta saber si √Ā√Īez se decide finalmente a postularse y trata de capturar el espacio ubicado entre el centro y la derecha. En todo caso, el anti-evismo, dividido en m√ļltiples siglas, buscar√° triunfar en una segunda vuelta, donde el partido del expresidente la tiene m√°s dif√≠cil. Mientras tanto queda por ver si las elecciones son una v√°lvula de descompresi√≥n o combustible para la inestabilidad.

En cualquier caso, es posible que unas nuevas elecciones no basten para cicatrizar las heridas que vive Bolivia. Quiz√°s cuando baje la espuma se puedan hacer balances m√°s sosegados de estos a√Īos irreductibles a simplificaciones extremas propias de las burbujas de filtro de las redes sociales.

 

Pablo Stefanoni es un historiador argentino y jefe de redacción de Nueva Sociedad, una revista latinoamericana de ciencias sociales.

 

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