Chile despert贸': el legado de desigualdad desata protestas masivas
Por: Amanda Taub / The New York Times
Noviembre 2019
Fotografia: Tomas Munita

El pa铆s ha vivido tres semanas de agitaci贸n social y pol铆tica. La promesa de prosperidad que dirigentes de izquierda y derecha han hecho por d茅cadas no se ha cumplido.

Las protestas repentinas y la furia manifestada diariamente en las calles habr铆a sido una situaci贸n sorpresiva en cualquier otro lugar. Pero que haya sucedido en el pa铆s que con frecuencia es elogiado como el ejemplo de 茅xito econ贸mico de Am茅rica Latina ha conmocionado al mundo.

Durante tres semanas, Chile ha estado en constante agitaci贸n. En un d铆a, m谩s de un mill贸n de personas tomaron las calles de Santiago, la capital.

Probablemente, los 煤nicos que no est谩n sorprendidos son los chilenos. En el caos ven un ajuste de cuentas. La promesa que l铆deres pol铆ticos tanto de izquierda como de derecha han hecho durante d茅cadas -que el libre mercado conducir谩 a la prosperidad y que dicha prosperidad se har谩 cargo de los otros problemas- no se ha cumplido.

"Chile despert贸", fue el coro de miles de manifestantes reunidos hace algunos d铆as en el parque O'Higgins, en Santiago.

Por un tiempo, la promesa parec铆a estar dando resultado. El pa铆s hizo la transici贸n de una dictadura a la democracia en 1990 y le siguieron d茅cadas de crecimiento econ贸mico con gobiernos que se suced铆an en paz.

Sin embargo, ese crecimiento no alcanz贸 a todos los chilenos.

La desigualdad sigue enquistada profundamente. La clase media chilena est谩 tambale谩ndose con precios altos, sueldos bajos y un sistema privatizado de pensiones que deja a muchas personas mayores en una situaci贸n de amarga pobreza. Una serie de esc谩ndalos de corrupci贸n y de evasi贸n de impuestos han socavado la confianza en la 茅lite pol铆tica y corporativa del pa铆s.

Seg煤n Crist贸bal Rovira Kaltwasser, polit贸logo de la Universidad Diego Portales en Santiago, "esta es una especie de crisis de legitimidad. Las personas han empezado a preguntarse: '驴por qu茅 tenemos que pagar nosotros si los millonarios no est谩n pagando lo que les corresponde?'".

"Al mismo tiempo, tenemos una clase pol铆tica totalmente desconectada de la realidad", a帽ade Kaltwasser.

En un intento por restablecer el orden, el presidente Sebasti谩n Pi帽era desech贸 el incremento de 30 pesos chilenos -4 centavos de d贸lar- de la tarifa del metro que motiv贸 las protestas iniciales. Luego procedi贸 a desplegar a las fuerzas militares en las calles de Chile, por primera vez desde la transici贸n del pa铆s a la democracia.

Cuando eso no funcion贸 para calmar las protestas, Pi帽era apareci贸 en televisi贸n para pedir perd贸n y prometer pensiones m谩s altas, mejor cobertura m茅dica, impuestos m谩s elevados para los ricos y recortes salariales para los pol铆ticos. Luego, le solicit贸 la renuncia a todo su gabinete.

Pero los manifestantes no estaban convencidos.

Luis Ochoa P茅rez, quien durante la manifestaci贸n vend铆a banderas cerca de la entrada del parque O'Higgins, comparte esa opini贸n.

"Los abusos no han parado", dijo, "as铆 que tenemos que salir a las calles".

Su bandera m谩s vendida, que 茅l dise帽贸, es una que exige la renuncia de Pi帽era.

Minutos despu茅s, las hab铆a vendido todas.

Javiera L贸pez Layana, un estudiante de la Universidad de Chile y activista de 24 a帽os que ayud贸 a organizar la protesta, no pod铆a ocultar su emoci贸n.

L贸pez destac贸 que la mayor铆a de los voceros hab铆an estado empleando el t茅rmino "el pueblo" para describir a los chilenos. Para un extranjero, eso parece un detalle m铆nimo. Pero ese t茅rmino, que en Am茅rica Latina est谩 asociado con la izquierda, ha sido tab煤 en Chile desde que L贸pez tiene memoria. Su resurgimiento parece presagiar m谩s cambios significativos.

El fin de la dictadura de Augusto Pinochet, en 1990, lleg贸 con una advertencia impl铆cita: el r茅gimen militar finalizar铆a, pero las pol铆ticas socialistas de Salvador Allende, el presidente de izquierda que el general Pinochet derroc贸 con un golpe de Estado, no regresar铆an. Los gobiernos posteriores mantuvieron el sistema econ贸mico extremadamente laissez-faire impuesto en los a帽os setenta y ochenta.

Pero en la actualidad, el enojo p煤blico generalizado por la desigualdad y la precariedad econ贸mica que muchos chilenos ven como una consecuencia de ese sistema, significa que las medidas econ贸micas conservadoras pueden ser m谩s una amenaza a la estabilidad pol铆tica que un medio para conseguirla.

"No son 30 pesos, son 30 a帽os", es una de las consignas de las protestas. Es una referencia a la propuesta del incremento de la tarifa del metro que inici贸 la crisis y a las tres d茅cadas que han pasado desde que finaliz贸 el r茅gimen militar.

El salario promedio del pa铆s est谩 actualmente alrededor de los 540 d贸lares mensuales. Seg煤n Marco Kremerman, economista de la Fundaci贸n Sol, un centro de estudios de izquierda con sede en Santiago, esa cifra est谩 por debajo del umbral de pobreza para una familia de cuatro personas. Los pagos promedio del programa nacional privado de pensiones, la 煤nica red de protecci贸n de los jubilados, est谩n por el orden de los 200 d贸lares al mes.

Existe un consenso general, entre manifestantes y expertos, de que el pa铆s necesita reformas estructurales. Reemplazar la constituci贸n actual, la cual fue establecida durante la dictadura, significar铆a tambi茅n que Chile est谩 saliendo de la sombra de las tres d茅cadas del r茅gimen de Pinochet.

"Cuando estamos endeudados y vivimos en miseria y empobrecidos, no pensamos necesariamente en la constituci贸n", dijo L贸pez. "Pero al final, necesitamos hacer cambios".

Esa tarde, L贸pez y su familia se sentaron en la mesa de la cocina de su casa en Lo Espejo, una comuna de clase obrera lejos del centro de la ciudad, para conversar sobre la ola de protestas.

Ver a las fuerzas militares otra vez patrullando las calles ha revivido memorias dolorosas, reprimidas por mucho tiempo.

El abuelo de L贸pez le revel贸, por primera vez, que 茅l hab铆a sido arrestado y su hermana hab铆a sido asesinada por el r茅gimen militar porque ambos hab铆an escondido a un pol铆tico de izquierda y a su familia y luego los hab铆an ayudado a escapar al extranjero.

Su padre describi贸 c贸mo la dictadura hab铆a dividido a Lo Espejo durante su juventud. Un vecino, que a煤n viv铆a cerca, fue interrogado y torturado por un hombre con el que ambos hab铆an crecido. Otro vecino tuvo una hermana que trabaj贸 para la Direcci贸n de Inteligencia Nacional (DINA), la temida polic铆a secreta durante la dictadura.

Por esas experiencias, en buena medida, ambos han sido cuidadosos a la hora de involucrarse con las protestas, aun cuando apoyan sus objetivos.

"La generaci贸n de Javiera creci贸 sin el miedo a la dictadura", dice la madre de L贸pez, Pamela In茅s Layana Guendelman. "Ella es temeraria".

"No tengo miedo", afirma L贸pez.

"Pero me da rabia", dice, mientras sus ojos se humedecen de l谩grimas. "Cada vez que voy a una protesta en plaza Italia o a la Alameda tengo que regresar aqu铆, a Lo Espejo, y ver la misma porquer铆a, la misma miseria que ha existido durante tantos gobiernos. Y nada ha cambiado en absoluto".

La crisis pol铆tica chilena no es exclusiva de Chile. Tiene ecos inconfundibles de un problema que est谩 en el centro del conflicto pol铆tico de todos los pa铆ses desarrollados.

A medida que el libre comercio, las nuevas tecnolog铆as, el crecimiento de China y otros cambios radicales han remodelado las econom铆as del mundo, han emergido divisiones pol铆ticas entre los que se benefician del sistema actual y los que no.

En gran parte de Europa y Estados Unidos, ciudades que alguna vez fueron industriales decayeron a medida que el crecimiento econ贸mico tuvo como consecuencia el establecimiento de urbes m谩s grandes, conectadas globalmente. Para muchos, incluso para los que han tenido mejoras objetivas aunque modestas en sus condiciones de vida, ver a otros ascender mientras ellos siguen batallando los ha dejado con una sensaci贸n de ira y desilusi贸n. Las encuestas muestran que en muchos pa铆ses la confianza en las instituciones est谩 disminuyendo.

Esos cambios econ贸micos han destruido coaliciones pol铆ticas de larga data, lo que ha debilitado a los partidos tradicionales. Populistas de extrema derecha y otros pol铆ticos no convencionales han aprovechado el momento para llenar ese vac铆o.

Sin canales efectivos para la indignaci贸n p煤blica, la frustraci贸n masiva ha estallado en forma de olas de protesta como la de los chalecos amarillos en Francia y las manifestaciones en Chile.

Seg煤n Nicole Mart铆nez, una l铆der estudiantil de 26 a帽os, el movimiento chileno, al igual que el de los chalecos amarillos, no tiene l铆deres visibles y la informaci贸n se divulga mayormente a trav茅s de las redes sociales de la poblaci贸n.

"Es una explosi贸n social", dijo.

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