El origen de la violencia subterránea que emergió en las protestas en Chile
Por: BBC Mundo
Noviembre 2019
Fotografia: Getty Images

Los vecinos del centro de Santiago los ven desde su ventana. Algunos han intentado dialogar con ellos. Los llaman "vándalos", "encapuchados", "lumpen", "violentistas" y, de forma irónica, "blancas palomas".

Los apelativos van cambiando en el discurso p√ļblico. Son los j√≥venes que cada d√≠a protagonizan violentos incidentes en la c√©ntrica Plaza Italia de Santiago y en distintos puntos de la Alameda antes, durante o despu√©s de las multitudinarias manifestaciones pac√≠ficas que comenzaron en Chile el 19 de octubre reci√©n pasado.

En esos incidentes, cruzan piedrazos con los carabineros, que responden con gases lacrimógenas y perdigones. Están allí cuando comienzan los incendios y los saqueos. Son parte de la violencia que se ha hecho visible en estos días de movilización en distintos lugares del país.

También están ahí las denuncias por homicidios, golpizas, abusos sexuales y lesiones de distinta gravedad contra las fuerzas de seguridad. Las mismas que han movilizado a un grupo de monitoreo de Naciones Unidas, a una misión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y causan la preocupación de organizaciones internacionales como Human Rights Watch y Amnistía Internacional.

Parece que junto a las esperanzas de cambio que inspiran hoy a miles de chilenos a salir a las calles se hubiera levantado también el velo que cubría una violencia que, o no se quiso ver antes, en el caso de la protagonizada por algunos jóvenes, o se pensó que nunca regresaría al país, en el caso de los uniformados.

Una cosa es no ser el oasis en Latinoamérica, otra que el país se convirtiera en escenario de saqueos prácticamente diarios y que, en apenas 10 días, se hayan presentado ya más de 120 querellas por presuntas violaciones a los derechos humanos.

¬ŅQu√© pas√≥ en Chile? ¬ŅDe d√≥nde surge la violencia?

"Son nuestros hijos"

La antropóloga Francisca Márquez los ve actuar cada día y los describe para BBC Mundo: la mayoría son hombres, jóvenes y adolescentes. Llevan la cabeza mal tapada por un trapo, provocan y se enfrentan en grupo contra carabineros.

Golpean la vereda hasta arrancar trozos de concreto con los que disparan a los carros lanzaaguas. Arrancan en pi√Īo, se lanzan al suelo en punta y codo. Tienen "panza de cerveza", a veces llevan el torso desnudo. Son "j√≥venes populares", dice M√°rquez.

Se les acusa de opacar las marchas y socavar el mayoritario apoyo a las movilizaciones. Son "carne de ca√Ī√≥n" de las permanentes r√°fagas de gases lacrim√≥genos y perdigones con los que la polic√≠a intenta disolverlos cada d√≠a. Son, tambi√©n, fruto de la sociedad chilena, dice la antrop√≥loga.

"Estos j√≥venes, v√°ndalos, lumpen, son nuestros hijos: pasaron por nuestra educaci√≥n p√ļblica, son resultado de este sistema. No podemos venir a tratarlos de alien√≠genas, no cayeron de Cuba, ni de Venezuela, nosotros los engendramos. Son terceras, cuartas generaciones tras la dictadura".

"Y debemos preguntarnos qué hemos hecho para que ellos nos apedreen, para que quemen todo lo que es símbolo de progreso", sostiene Márquez.

"Me ha sorprendido que hay algo infantil en ellos. Llevan unos escudos improvisados, sacados de material de la calle, su ropa y su aspecto es muy precario. Tienen una capacidad muy certera de lanzar piedras muy lejos y se mueven como si jugaran a la guerra. Si el carabinero no responde, es como si no hubiera manifestación. Y creo que juegan a la guerra porque no tienen mucho más que hacer", dice.

"Son los j√≥venes de la canci√≥n de Los Prisioneros, a los que nos les queda nada m√°s que patear piedras. Y aqu√≠ literalmente est√°n haciendo eso: pateando piedras. Estudiaron en nuestras escuelas p√ļblicas, las m√°s segregadas de Latinoam√©rica, algunos son la primera generaci√≥n entrada a la universidad: son pastizal para cualquier incendio...".

"Son los que han visto a sus mamás haciendo aseo, a sus padres reciclando en la basura. Tienen los ojos brillantes, porque aquí ciertamente circula droga y ellos ciertamente han sido víctimas del tráfico. Cuando los veo pasar por el parque me pregunto si finalmente no están encontrando ahí su sentido y su identidad", agrega.

La antropóloga describe que, en los primeros días de protestas, bajó a enfrentarlos junto a otras personas: "Les explicamos que éramos vecinos. Eran cabros marginales, nos respondían 'mamita', 'papito', 'vecinito', 'no se preocupe'. Con ellos pudimos conversar".

"Responden violencia con violencia"

El sociólogo Daniel Chernilo plantea que si bien la violencia está a la base de la vida social, y se expresa en la vida cotidiana en Chile con actos que van desde los feminicidios a la dureza en la convivencia urbana, hay un fenómeno específico que se ha expresado en estas manifestaciones: el de jóvenes que no creen en la democracia ni la convivencia pacífica, porque no ven en ellas nada de valor.

"Creo que en el caso chileno, pero no sólo en Chile, hay hace tiempo un grupo reducido, de gente más bien joven, de clase media baja, con estudios secundarios completos, muchos de ellos con paso por la universidad, que han desarrollado una visión de mundo, una ideología que por un lado legitima la violencia como medio político y que, por otro, cuando los llamas a respetar las normas de la vida en democracia, no creen en nada de lo que se les está diciendo".

"No ven que la democracia sea capaz de protegerlos o que tenga la capacidad de promoverlos... Ven las reglas de la convivencia pacífica como una hipocresía, y responden violencia con violencia".

Para Chernilo, esos fenómenos no deben confundirse con los de los saqueos, que no se habrían producido, dice, si no se hubieran generado determinadas condiciones de inestabilidad.

En ellos pueden participar personas por imitación, por necesidad o por pobreza. "Puede haber un elemento narco o personas que funcionan en el mercado informal".

Seg√ļn las investigaciones de la fiscal√≠a, en los saqueos que ahora se investigan hubo gente que aprovech√≥ la oportunidad para entrar a los locales una vez que una turba romp√≠a los accesos, pero tambi√©n grupos que parecen haber actuado de forma coordinada para sustraer lo que encontraban o para cometer delitos en los que ya ten√≠an antecedentes, como el robo de cajeros autom√°ticos.

Pero el fenómeno en Chile no se agota en estos delitos, plantea Chernilo.

"Yo viv√≠ en Inglaterra, donde el 2011 hubo saqueos de parte de grupos que ten√≠an niveles aceptables de educaci√≥n. Los ve√≠as saquear cosas que no pod√≠an conseguir, tel√©fonos, cosas as√≠. En Chile es m√°s complejo. Porque para algunos hay una ideolog√≠a detr√°s, una que cree que el Estado es enemigo, que la democracia es represora y que ve la propiedad privada como una fuente de problemas", dice el acad√©mico de la Universidad Adolfo Ib√°√Īez.

Jóvenes manifestantes, uniformados jóvenes

La violencia se ha visto retratada también en las graves acusaciones que enfrentan los carabineros. La institución asegura que se trata de denuncias que todavía están en investigación y que serán los tribunales los que deban aclarar la verdad.

Cuentan que ha habido 900 uniformados lesionados en las protestas,algunos de ellos en estado grave.

Mientras, el Instituto Nacional de Derechos Humanos reporta en tanto cinco querellas por homicidios con presunta intervención de agentes del Estado, 120 denuncias por torturas -incluidas dos violaciones- y más de 1.300 civiles heridos.

"Entiendo que hoy el foco se ponga en estos jóvenes que veo desde mi ventana, que tiran piedras, que increpan a la policía. Pero también soy testigo de la cantidad de lacrimógenas que se tiran a todos los que se manifiestan. Basta que un grupo de escolares se instale con un lienzo para que lleguen las bombas lacrimógenas. Eso es un acto de violencia", dice Francisca Márquez.

"Hay un fen√≥meno muy deficitario de aprendizaje en las fuerzas de seguridad del estado respecto a qu√© significa respetar el derecho leg√≠timo a manifestarse incluso cuando uno no tiene permiso, al derecho leg√≠timo a usar el espacio p√ļblico como espacio de desobediencia civil y respecto a c√≥mo mantener el orden p√ļblico y respetar los derechos humanos", dice Daniel Chernilo.

Expertos como el abogado Cristián Riego, docente de la Universidad Diego Portales y uno de los creadores del actual sistema de justicia chileno, ha planteado que en Chile, previo a las manifestaciones, ya existía una "crisis policial" y antecedentes previos de maltrato a detenidos.

Chernilo plantea que los esc√°ndalos previos en la instituci√≥n -referidos por ejemplo al mal uso y apropiaci√≥n de fondos p√ļblicos- prueba adem√°s que los uniformados no funcionan bajo un control civil real, y que, por lo tanto, su forma de comportarse en el mundo civil es deficitaria. "La sensaci√≥n que tiene mucha gente es que las marchas pac√≠ficas se reprimen con dureza, y los actos de violencia tienen una respuesta tard√≠a".

"Hay algo fantasmagórico que se nos aparece", plantea Márquez tras las denuncias contra uniformados. "Como si la dictadura hubiese permeado las prácticas de los jóvenes militares hoy día. Yo me pregunto quiénes son formados y quiénes los están formando, qué están aprendiendo".

Violencia naturalizada

Grupos anarquistas hay en todos lados, explica Chernilo. Y la violencia policial tampoco es un fen√≥meno exclusivo de Chile, sino un fen√≥meno lamentablemente m√°s o menos extendido. Lo que es espec√≠fico de Chile, dice el soci√≥logo, es que existe, hace tiempo, "una tolerancia relativamente alta a que la violencia se exprese en lugares p√ļblicos".

"La violencia en Chile est√° naturalizada, y eso hace que cueste m√°s rechazarla, incluso en las manifestaciones. Pasa en el estadio de f√ļtbol, por ejemplo, incluso entre hinchas que no son violentos hay violencia. Pasa en las calles, en c√≥mo se conduce. La violencia es parte de la vida diaria".

"El puntapi√© inicial fue la declaraci√≥n de guerra de Pi√Īera", dice M√°rquez sobre los hechos de violencia de los √ļltimos d√≠as. "Pero adem√°s el Estado de Chile y este gobierno tienen una amnesia hist√≥rica: como si todo partiera con los grupos violentistas. Desconoce que la violencia se ha ido instalando sistem√°ticamente en el pa√≠s, no s√≥lo en dictadura, sino en democracia", dice.

"En los medios a veces esto se discute como algo muy subjetivo, como si sólo dependiera de mirarnos a los ojos".

"Pero no: tambi√©n tenemos que hablar de los factores estructurales de la violencia, de c√≥mo en Chile se han ido instalando comportamientos sociales que debilitan los c√≥digos morales, donde todo es posible, donde se dice s√≠ o no seg√ļn conveniencia. Donde todo es sospecha, todo es pensar si alguien se est√° aprovechando de ti. Donde los c√≥digos de honradez o temperancia, no valen. Lo que sirve es aprender las reglas del mercado para poder vivir".

"Eso va a creando un deterioro de lo com√ļn, de la comunidad. Eso carcome el tejido social", concluye.

 

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