Fincen Files: una nueva filtraci√≥n con ense√Īanzas para Am√©rica Latina
Por: Hugo Alconada Mon / The New York Times
Octubre 2020
De izquierda a derecha: Cristina Fern√°ndez de Kirchner (Argentina), Nicol√°s Maduro (Venezuela) y Enrique Pe√Īa Nieto (M√©xico). Juan Ignacio Roncoroni/EPA v√≠a Shutterstock; Jhonn Zerpa/Agence France-Presse v√≠a Presidencia de Venezuela/Afp ‚ÄĒ Getty Images; Jorge Nunez/EPA v√≠a Shutterstock

Documentos secretos revelaron un desafío arduo para una región que ha batallado décadas por acabar con la corrupción y la opacidad: la complicidad de los grandes bancos globales.

Una nueva filtración de documentos secretos logró su cometido: mostró otra vez lo que los gobiernos permiten por debajo del agua. Pasó con WikiLeaks desde 2006; pasó con los Panama Papers en 2016, y volvió a pasar ahora con los Fincen Files.

Los Fincen Files -m√°s de 2100 documentos secretos de la unidad de control de delitos financieros estadounidense (FinCEN, por su sigla en ingl√©s)- abrieron una ventana a la verdadera forma de operar de los grandes bancos internacionales, las enormes dificultades que afrontan los organismos globales que deber√≠an controlarlos y c√≥mo ambos factores impactan en todo el mundo y, en particular, en Am√©rica Latina, una regi√≥n que arrastra serios problemas de corrupci√≥n desde hace d√©cadas, sin grandes cambios a la vista, seg√ļn reflejan cada a√Īo los datos de Transparencia Internacional.

Particip√© en los tres proyectos. WikiLeaks expuso c√≥mo actuaba la diplomacia de Estados Unidos, lejos de sus grandes declamaciones; Panama Papers reflej√≥ c√≥mo funciona el opaco mundo de los para√≠sos fiscales y las sociedades offshore ante la desidia o complicidad de organismos como el G-20 y una larga lista de pa√≠ses, y Fincen Files desnud√≥ que los bancos ganan fortunas trabajando para delincuentes, afectando las cuentas p√ļblicas de todos los pa√≠ses, pero en particular de aquellos que m√°s necesitan cuidar cada centavo del dinero p√ļblico.

Los Fincen Files permitieron corroborar cómo billones de dólares de redes criminales, políticos y evasores de impuestos -muchos de América Latina- fluye a través de los grandes bancos, sin que pueda impedirlo el sistema creado para -en teoría- detectar y confiscar esos fondos ilícitos. Queda claro que la permanente cruzada anticorrupción latinoamericana no irá a ninguna parte si no se modifican ciertas prácticas como las que quedaron expuestas por estos documentos.

¬ŅPor qu√© eso deber√≠a importarnos en Am√©rica Latina, cuando tenemos tantos otros problemas? Porque revelan c√≥mo fortunas colosales de las arcas p√ļblicas que debieran ir a la infraestructura o a los programas sociales que beneficien a los m√°s necesitados terminan en cuentas secretas en para√≠sos fiscales, fomentando el lavado de activos, la evasi√≥n y otros posibles delitos. Pas√≥ con dinero de Venezuela, de M√©xico, de la Argentina, entre otros pa√≠ses.

En Venezuela est√° la historia de Mart√≠n Lustgarten, un empresario venezolano que reside en Miami y quien se enriqueci√≥ como corredor de divisas de la √©lite chavista conocida como la "boliburgues√≠a", sospechosa del robo de millones de d√≥lares. O la de Alejandro Ceballos Jim√©nez, quien gir√≥ a compa√Ī√≠as offshore y cuentas familiares un total de 116 millones de d√≥lares que deb√≠an destinarse a construir viviendas sociales tambi√©n en Venezuela. En la Argentina est√°n los detalles de los 30 millones de d√≥lares de la corrupci√≥n durante el gobierno kirchnerista que un intermediario se rob√≥, para luego desaparecer sin dejar rastros. En M√©xico se da cuenta de la "actividad sospechosa" del asesor pol√≠tico venezolano Juan Jos√© Rend√≥n que, seg√ļn el Deutsche Bank, "podr√≠a estar vinculada con el [ex]presidente de M√©xico Enrique Pe√Īa Nieto".

Esos documentos secretos expusieron, en particular, cómo cinco de los principales bancos globales -JPMorgan, HSBC, Standard Chartered Bank, Deutsche Bank y Bank of New York Mellon- movieron fortunas de personajes cuando menos cuestionables incluso después de que las autoridades de Estados Unidos multaron en el pasado a esas instituciones financieras por las fallas graves que evidenciaban en sus sistemas de prevención y detección del lavado.

Solo por operar las cuentas del célebre estafador Bernie Madoff, por citar un caso, se estima que el JPMorgan obtuvo beneficios por cerca de 500 millones de dólares. Luego el banco debió desembolsar alrededor de 2600 millones de dólares al gobierno de Estados Unidos y a las víctimas para cerrar las investigaciones sobre su rol. Es muchísimo dinero, sí. Pero durante el mismo trimestre, el banco registró ganancias por encima del doble de esa cifra.

La pregunta obvia es, pues, por qu√© los reguladores no aplican sanciones m√°s duras a los bancos. Hay m√ļltiples argumentos. El m√°s habitual es que el objetivo del sistema es que las entidades admitan sus errores, no llevarlos a la quiebra. Aunque les cobren multas muy elevadas que podr√≠an quebrarlos, prefieren que erradiquen sus malas pr√°cticas. As√≠ evitan la p√©rdida de miles de empleos directos e indirectos y que sus clientes pierdan todo o parte de sus ahorros.

Yendo m√°s atr√°s en el tiempo y saliendo del sector financiero, ese argumento explica las sanciones que en su momento recibieron Siemens y Odebrecht cuando admitieron sus delitos en Estados Unidos. Ambas acordaron pagar multas millonarias pero siguieron vivas, a cambio de comprometerse en la expiaci√≥n de sus pecados. Pero el problema con ese argumento se da ante una conducta recurrente de un mismo infractor. ¬ŅQu√© hacer en ese caso? ¬ŅOrdenar su liquidaci√≥n?

Pensar en esa opci√≥n es, hoy, una utop√≠a. M√°s en Am√©rica Latina, que en medio de una recesi√≥n econ√≥mica que afecta o afectar√° a la mayor√≠a de los pa√≠ses, tendr√° que lidiar con maneras de atraer inversiones extranjeras. Pero ha llegado el momento de que las autoridades regulatorias internacionales apliquen multas punitorias que de verdad impacten en las cuentas de los infractores y que los gobiernos de la regi√≥n se comprometan a dise√Īar mecanismos para, sin desalentar la inversi√≥n, vigilar a los grandes bancos.

También se tendría que ordenarles expandir de manera concreta sus áreas de cumplimiento antilavado -con personal y presupuestos acordes a la tarea de alcance global que afrontan-, y disponer auditorías externas que de verdad les cuenten las costillas.

Esto puede sonar demasiado te√≥rico y abstracto. Pero ajustar o no las tuercas del sistema antilavado global, de la operatoria offshore, de las √°reas de control de los bancos es lo que a menudo evita que miles de millones de d√≥lares, fruto de la corrupci√≥n y la evasi√≥n, se escapen de Am√©rica Latina cada a√Īo.

Es dinero p√ļblico o que se debiera tributar y llegar a los sistemas de salud p√ļblicos -especialmente necesitados ahora, en medio de la pandemia-, la educaci√≥n o proyectos de asistencia social cuando se avecina una crisis econ√≥mica. Hasta ahora, terminan en botellas de champagne, apartamentos, carros y relojes de lujo, en vez de en viviendas sociales. ¬ŅQueremos eso?

 

 

Hugo Alconada Mon (@halconada) es abogado, prosecretario de redacción del diario La Nación y miembro del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ). Es autor del libro Pausa.

 

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