Glenn Greenwald: Jair Bolsonaro quiere silenciar la libertad de expresión en Brasil
Por: Glenn Greenwald/The New York Times
Noviembre 2019
Fotografia: Ueslei Marcelino/Reuters

El movimiento pol√≠tico del presidente brasile√Īo considera que los periodistas son un obst√°culo y prefiere la intimidaci√≥n y la violencia al discurso c√≠vico.
El 7 de noviembre, Augusto Nunes, un crítico de extrema derecha y simpatizante de Bolsonaro me atacó físicamente en un estudio de televisión y radio en São Paulo mientras estábamos al aire.

Este es el ejemplo más reciente y quizá el más vívido de cómo el movimiento de Jair Bolsonaro está asediando, amenazando y sometiendo a violencia a los periodistas y las organizaciones noticiosas en Brasil por el solo hecho de hacer nuestro trabajo.

El episodio ilustra el riesgo que corren la libertad de prensa y el orden democrático en Brasil -no solo con palabras sino también con violencia- a causa de este movimiento autoritario que ahora ostenta el poder en el quinto país más poblado del mundo.

En el pasado, Nunes -quien fue editor jefe del Veja, el semanario más importante del país- era un periodista destacado de los medios convencionales. Siete semanas antes de que me atacara, respondió en su programa de radio a una serie de revelaciones periodísticas que había publicado en The Intercept, en las que saqué a la luz casos de corrupción en los niveles más altos del gobierno de Bolsonaro.

Sin motivo aparente, solicitó que un juez del tribunal familiar investigara si mi marido, David Miranda -quien es diputado del Partido Socialismo y Libertad-, y yo estábamos cuidando bien de nuestros dos hijos adoptados. Argumentó que un juez debía investigarlo, dado que ambos trabajábamos.

Pero ese ataque a nuestra familia no fue fortuito. El presidente brasile√Īo, Jair Bolsonaro, ha usado desde siempre su animadversi√≥n por la comunidad LGBT como un arma central de su arsenal pol√≠tico y me ha atacado en varias ocasiones por ser homosexual. √Čl y sus aliados han atacado a otros periodistas y activistas opositores.

Durante los √ļltimos seis meses la cobertura de The Intercept al gobierno de Bolsonaro, el l√≠der de derecha no solo ha amenazado en repetidas ocasiones y de manera p√ļblica con encarcelarme, sino que adem√°s nos ha acusado a mi marido y a m√≠ de tener un matrimonio falso y haber adoptado ni√Īos brasile√Īos, seg√ļn √©l, para evitar de manera fraudulenta mi deportaci√≥n. Con ese desagradable historial de ataques del presidente mismo, la agresi√≥n de Nunes en represalia por el trabajo period√≠stico que he estado haciendo tiene absoluto sentido.

En el programa en el que aparecí con Nunes, le dije al aire que el suyo había sido un acto de cobardía, porque nunca pediría una investigación como esa de los millones de parejas heterosexuales en las que ambos padres trabajan, incluyendo a sus propios jefes y colegas. Fue entonces que me atacó físicamente, y el video se hizo viral de inmediato en las redes sociales dentro y fuera de Brasil. Salí ileso, pero la reacción en Brasil a ese incidente dice mucho sobre el alto riesgo que corren la libertad de prensa y la democracia en esta nación.

Aunque periodistas de los medios establecidos y funcionarios pol√≠ticos de todo el espectro ideol√≥gico denunciaron el ataque de Nunes, las principales figuras del movimiento de Bolsonaro, incluidos los dos hijos del presidente que est√°n en la pol√≠tica y su "gur√ļ", Olavo de Carvalho, lo aclamaron de manera expl√≠cita. Una opini√≥n ampliamente compartida fue que la violencia en mi contra deber√≠a ser mayor la pr√≥xima vez, no una cachetada sino un pu√Īetazo o algo peor.

El movimiento de Bolsonaro, al igual que muchas facciones autoritarias, prefiere la intimidación y la violencia en lugar del discurso cívico, en general en contra de sus adversarios, pero en particular en perjuicio de los periodistas a los que considera obstáculos. Como era de esperarse, el ambiente para los periodistas desde la elección presidencial de 2018 se ha vuelto mucho más peligroso que antes.

Otros periodistas han sufrido ataques similares. Patr√≠cia Campos Mello, una periodista del diario m√°s importante del pa√≠s, public√≥ un reportaje durante la campa√Īa electoral de 2018 sobre propaganda a trav√©s de mensajes de WhatsApp financiada de manera ilegal -y no declarada- por partidarios ricos de Bolsonaro. Por ello, fue objeto de amenazas cre√≠bles de violencia durante meses y blanco de una red de noticias falsas altamente organizada y bien financiada que disemin√≥ mentiras terribles sobre su persona.

En julio, una de las periodistas m√°s famosas e influyentes de la naci√≥n, Miriam Leit√£o, de Globo, fue obligada a cancelar una aparici√≥n p√ļblica tras recibir un aluvi√≥n de amenazas despu√©s de que el presidente le lanz√≥ algunos ataques.

Ese mismo mes, me invitaron a hablar sobre nuestras revelaciones period√≠sticas en un famoso evento literario en el poblado de Paraty, que usualmente convoca a escritores y periodistas de todo el mundo. Los organizadores del evento estaban tan preocupados por la cantidad de amenazas de violencia en mi contra que me pidieron que llegara en un peque√Īo bote en lugar de por tierra.

Tan pronto como llegamos, los partidarios de Bolsonaro arrojaron fuegos pirotécnicos directamente hacia donde nos encontrábamos. Durante mi discurso, continuaron lanzando fuegos artificiales en nuestra dirección, uno de los cuales cayó en medio de la multitud de 3000 personas y prendió fuego a una bandera. Tanto seguidores de Bolsonaro como miembros de su partido en el congreso celebraron esa agresión.

Luego de que el mes pasado Globo public√≥ una investigaci√≥n que revela los v√≠nculos de la familia Bolsonaro con el asesinato de la concejala Marielle Franco en 2018, el presidente cumpli√≥ su amenaza de retirarle los fondos p√ļblicos al peri√≥dico. Desde hace mucho tiempo ha amenazado con hacerle lo mismo al diario Folha, e incluso prometi√≥ en el √ļltimo discurso que pronunci√≥ antes de ser electo presidente que con √©l iniciar√≠a una era de Brasil "sin Folha de S√£o Paulo".

Cuando en julio fui llamado a testificar ante el congreso sobre el reportaje de The Intercept, muchos miembros del partido de Bolsonaro exigieron que fuera arrestado antes de que saliera del edificio. Desde que comenzamos a publicar nuestro explosivo archivo sobre su gobierno, ni mi marido ni yo hemos salido de casa sin un equipo de guardaespaldas armados y un vehículo blindado.

Antes de su victoria en 2018, el presidente Bolsonaro pas√≥ casi tres d√©cadas como diputado en los m√°rgenes de la vida pol√≠tica brasile√Īa a consecuencia de su apoyo abierto a la brutal dictadura militar que gobern√≥ el pa√≠s hasta 1985.

Hace poco, el diputado Eduardo Bolsonaro, su hijo, y De Carvalho amenazaron de manera expl√≠cita con regresar a los decretos de la era de la dictadura en caso de que el desorden p√ļblico requiriera represi√≥n, una situaci√≥n que claramente est√°n impacientes por provocar para poder llevar a cabo su verdadera meta, a menudo dicha con claridad: el restablecimiento de la tiran√≠a.

Es por ello que quieren intimidación y violencia en lugar de política y periodismo. Lo necesitan como pretexto para desatar la represión que anhelan.

Por fortuna, la constituci√≥n de Brasil garantiza derechos de libertad de expresi√≥n que son a√ļn m√°s s√≥lidos y espec√≠ficos que los consagrados por la Primera Enmienda de la constituci√≥n estadounidense. En tanto que haya prensa libre, podremos no solo revelar la corrupci√≥n y los delitos cometidos por los actores m√°s poderosos del pa√≠s, sino adem√°s garantizar que la historia no se reescriba, que los horrores de las dos d√©cadas del r√©gimen militar de Brasil ni se encubran ni se olviden.

Precisamente por eso el movimiento de Bolsonaro nos tiene en la mira: saben que la transparencia y la libertad de expresión son los principales obstáculos para hacer que Brasil retroceda a sus días más oscuros. Cuanto más muestran su verdadero rostro, mayor es la resistencia que encuentran. El trabajo de los periodistas, el propósito de la libertad de prensa, es garantizar que esa verdad siga siendo clara.


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Glenn Greenwald, periodista radicado en Brasil, es autor de varios libros, entre los que se encuentra No Place to Hide. Es cofundador de The Intercept y fue galardonado con el Pulitzer por sus investigaciones sobre los programas de vigilancia global.

 

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