Las medidas contra el COVID-19, enemigas de salud sexual y reproductiva de las mujeres
Por: El Espectador
Julio 2020
Fotografia: Christina Simons-MSF

Uno de los efectos secundarios de la pandemia es el empeoramiento de la salud sexual y reproductiva de las mujeres y las ni√Īas. M√©dicos sin Fronteras (MSF) hace un an√°lisis sobre lo que ha visto durante su trabajo en distintas partes del mundo.

Los estragos que deja la pandemia de COVID-19 se pueden ver por todas partes. Numerosas entidades y organizaciones han advertido, por ejemplo, que las mujeres y las ni√Īas han sido de las afectadas, especialmente lo que se refiere a su salud sexual y reproductiva. Es un efecto secundario, una situaci√≥n muy similar a la lecci√≥n que dej√≥ el brote de √©bola en √Āfrica Occidental de 2014, cuando se descubri√≥ que la mayor amenaza no era el virus en s√≠, sino el cierre de los servicios de salud y el temor de acudir a los hospitales y centros de salud.

M√©dicos sin Fronteras (MSF) se ha encargado de estudiar c√≥mo las medidas para enfrentar al nuevo coronavirus han impactado en mujeres y ni√Īas, a trav√©s de entrevistas y recolecci√≥n de los datos que dejan sus operaciones en pa√≠ses como Colombia, Honduras, Grecia, Uganda, Mozambique, Sud√°frica, Irak y Afganist√°n. Seg√ļn los primeros resultados, ya se est√°n viendo dolorosos resultados debido a factores como cierres y recortes en los servicios de salud sexual y reproductiva, restricciones de movimiento y falta de informaci√≥n sobre salud p√ļblica.

Muchas veces el gran problema ha sido que este campo no ha sido considerado por los gobiernos como un servicio esencial durante la pandemia, por lo que los recursos han sido utilizados exclusivamente para dar respuesta al COVID-19. "En Likoni, Kenia, se cerraron los centros de salud donde las mujeres normalmente dan a luz y se reasign√≥ a los trabajadores sanitarios a la crisis por COVID-19. En Mosul, Irak, despu√©s de que uno de los principales hospitales del gobierno fuera reutilizado temporalmente como centro de tratamiento COVID-19, al hospital de MSF comenzaron a llegar muchas m√°s mujeres embarazadas que acud√≠an para recibir atenci√≥n de parto", afirma el √ļltimo informe de MSF.

En Estados Unidos la situaci√≥n no es mejor. De hecho, no es un secreto que el presidente Donald Trump ha estado en contra del aborto desde que empez√≥ la campa√Īa electoral que lo llev√≥ a la presidencia del pa√≠s en 2016. Sin embargo, su falta de apoyo a la atenci√≥n de la salud sexual y reproductiva del Plan de Respuesta Humanitaria Global de la ONU para el COVID-19 ha ido m√°s all√°, afectando "desde partos seguros hasta tratamientos de violencia sexual y ex√°menes de detecci√≥n de c√°ncer cervical".

Por otro lado, el caso de la porosa y caliente frontera entre Colombia y Venezuela siempre es un reto por donde se le mire. Anne-Cécile Trapy, coordinadora del proyecto de MSF en Arauca, afirmó: "Antes de la pandemia atendíamos algunos casos de interrupción del embarazo con la población local porque se encontraron con barreras sociales en los centros de salud que no pudieron superar".

Además, Trapy agregó que uno de los mayores problemas es que a las mujeres que quieren un aborto seguro se les asigna una cita muy a futuro, cuando aumentan las probabilidades de riesgo.

En Kenia muchas instalaciones m√©dicas privadas donde normalmente se prestaban servicios de salud sexual y reproductiva han cerrado por la falta de equipos de protecci√≥n individual (EPI). Lo mismo ocurre en Zimbabwe. De hecho, el Fondo de Poblaci√≥n de las Naciones Unidas ya hab√≠a informado sobre posibles desabastecimientos de productos vitales en 46 pa√≠ses durante los siguientes seis meses. "La pausa en la fabricaci√≥n en pa√≠ses como China, India y Tailandia a principios de este a√Īo hicieron que los pedidos regulares, desde condones hasta mifepristona, un medicamento para el aborto, no pudieran completarse", se√Īal√≥ MSF.

A este cuadro se suman las prohibiciones de viaje, bloqueos y restricciones de movimiento en diferentes partes del mundo. Uno de los focos estudiados por MSF es Khost, en Afganist√°n, cuyo hospital de maternidad experiment√≥ una ca√≠da del 40% en las pacientes a principios de junio. "El centro generalmente ayuda en los partos de un promedio de 2.000 beb√©s por mes y trata a los reci√©n nacidos enfermos en su unidad neonatal de 22 camas, cubriendo enormes necesidades en un √°rea con pocos servicios de atenci√≥n m√©dica gratuitos y de alta calidad. Mantener el hospital abierto ha sido una lucha, ya que el personal se ha enfermado y las vacantes de parteras y ginec√≥logos han quedado sin cubrir por las restricciones de viajes internacionales", se√Īala la organizaci√≥n.

Violencia, un problema estructural

Ya lo advert√≠a hace unas semanas el Fondo de Poblaci√≥n de las Naciones Unidas, cuando se√Īalaba en su √ļltimo informe los diferentes tipos de violencia que viven en este momento mujeres y ni√Īas de la regi√≥n. "Ocurren hoy pero es un trauma que dura para toda la vida. Estas pr√°cticas, como el matrimonio infantil y la mutilaci√≥n femenina son infligidas o autorizadas por sus propias familias y son apuntaladas por las normas comunitarias. Hemos desarrollado una tolerancia a estas pr√°cticas que son violaciones flagrantes de los derechos de las ni√Īas y las mujeres", afirm√≥.

M√©dicos sin Fronteras corrobora el problema y afirma que al quedarse en casa muchas veces es una condena a convivir con el abusador. "Durante la pandemia de COVID-19, los datos emergentes de todo el mundo muestran que la violencia dom√©stica se ha intensificado, seg√ļn ONU Mujeres. Las tensiones pueden acumularse en espacios confinados, especialmente con un estr√©s adicional por problemas de salud, inseguridad econ√≥mica y temor por el futuro".

Si en algunos lugares ya era difícil acceder a la atención por violencia sexual en tiempos normales, con la crisis sanitaria esto se ha intensificado. En Choloma (Honduras), por ejemplo, la situación es crítica. "Se ha informado que la violencia de las pandillas ha disminuido durante el confinamiento, pero la violencia doméstica ha aumentado, como lo ha hecho en todas partes", dice la Dra. Jennifer Stella, asesora médica de MSF en Choloma. "Cuando los pacientes pueden ponerse en contacto con el trabajador social o el psicólogo, les enviamos taxis para llevarlas a la clínica", agrega.

Las soluciones para estas problem√°ticas son dif√≠ciles de llevar a cabo. Trapy, sin embargo, afirma: "Tenemos que equilibrar entre el posible peligro de que acudan a las instalaciones de salud y se contagien con COVID-19, y la necesidad de hacer un seguimiento de sus embarazos". Adem√°s, la organizaci√≥n se√Īala que es momento de innovar y buscar la forma de volver mucho m√°s accesible la prestaci√≥n de servicios de salud sexual y reproductiva. "Hay que simplificar el proceso y encontrarnos con las mujeres donde est√°n", dice la Dra. Manisha Kumar, jefa del grupo de trabajo de MSF para la atenci√≥n segura del aborto.

 

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