Latinoamérica reclama igualdad y democracia
Por: Jorge G. Casta√Īeda / The New York Times
Noviembre 2019
Fotografia: APG

La crisis económica y el estancamiento han provocado una ola de protestas ciudadanas y una demanda de más transparencia y un estado de bienestar eficiente en toda la región.

Uno de los carteles de los más de un millón de manifestantes chilenos que marcharon el 25 de octubre decía: "El neoliberalismo nació en Chile y se está muriendo en Chile".

Uno pensar√≠a que el obituario es cierto, a juzgar no solo por las protestas que se han visto en Chile y en Ecuador desde hace unas semanas, sino tambi√©n por los resultados electorales en Argentina, Bolivia y M√©xico. No es as√≠, pero s√≠ se√Īala algo real: un nuevo vuelco a la izquierda en Am√©rica Latina.

En los √ļltimos cinco a√Īos, las elecciones en Argentina, Chile, Brasil, Colombia, El Salvador y Per√ļ han llevado al poder a partidos o l√≠deres conservadores y neoliberales, que abogan por el libre mercado y el libre comercio. La "marea rosada", que llev√≥ democr√°ticamente a l√≠deres de izquierda a la presidencia al comienzo del siglo XXI, est√° retrocediendo, con frecuencia sumida en la verg√ľenza. Un expresidente brasile√Īo fue encarcelado y otra fue destituida. En Argentina, Cristina Fern√°ndez de Kirchner fue acusada de los delitos de fraude y corrupci√≥n. Los √ļltimos seis presidentes de Per√ļ est√°n ya sea en la c√°rcel, bajo investigaci√≥n por corrupci√≥n o muertos a causa del suicidio.

El líder socialista Evo Morales anunció el mes pasado que había ganado la reelección en Bolivia y tendría un cuarto mandato, como consecuencia de una manipulación electoral y una violación a la constitución que él mismo redactó y había ratificado mediante un referéndum. Sin embargo, las sucesivas manifestaciones que reclamaban un fraude electoral, una auditoría internacional de las elecciones que concluyó que los comisionas no habían sido democráticos y el llamado del ejército para que el presidente boliviano renunciara, lo obligaron a dejar el cargo.

El fin del auge de las materias primas, la corrupción y el cansancio sacaron a la izquierda del poder y los llamados neoliberales aparecieron para llenar el vacío. A excepción de Venezuela, México y, hasta ayer, Bolivia, habían estado dominando los seguidores del Consenso de Washington, un conjunto de recomendaciones de políticas económicas respaldadas por Estados Unidos para los países desarrollados, en especial en América Latina.

Pero hoy, ellos están siendo desplazados, ya sea mediante elecciones o presión de protestas callejeras masivas. Parece que viene un nuevo cambio. Sin embargo, aunque hay diferencias significativas en Latinoamérica entre la izquierda y la derecha, o entre el neoliberalismo y la democracia social, el margen para el cambio económico es mucho más estrecho de lo que creen sus proponentes de cada lado y, lo que es más importante, es mucho menor de lo que los latinoamericanos esperan.

La izquierda ha gobernado Chile durante 24 de los √ļltimos 29 a√Īos. Las pol√≠ticas que se rechazan actualmente, mediante reclamos de menos desigualdad y un sistema pol√≠tico m√°s sensible, son en su mayor√≠a las que ha implementado Concertaci√≥n, la coalici√≥n de centroizquierda chilena. Chile es la gran historia de √©xito de Latinoam√©rica, incluso si sus ciudadanos no creen este discurso o lo rechazan rotundamente. Es cierto, Sebasti√°n Pi√Īera, el presidente de centroderecha, no es nada popular, pero la oposici√≥n, los partidos de centroizquierda, son igual de impopulares.

De igual modo, la crisis econ√≥mica que llev√≥ a los argentinos de vuelta al peronismo -tras cuatro a√Īos con un presidente que estaba a favor de la iniciativa privada- es resultado, al menos en parte, de los mismos peronistas, que ocuparon la presidencia entre 2002 y 2015 y han estado omnipresentes en las disputas del pa√≠s por el poder desde 1945. Alberto Fern√°ndez, quien gan√≥ la elecci√≥n en octubre, podr√≠a ser el primer l√≠der peronista que no es ni corrupto ni demagogo, pero gobernar√° en compa√Ī√≠a de Fern√°ndez de Kirchner -quien es ambas cosas- y una facci√≥n de izquierda de mano dura en el congreso. Aunque lo m√°s importante es que Argentina debe 57.000 millones de d√≥lares al Fondo Monetario Internacional y su nuevo presidente se ver√° obligado a negociar un nuevo paquete de asistencia de la organizaci√≥n financiera.

Morales, por su parte, había permanecido en el poder hasta ahora, en buena medida gracias a las políticas macroeconómicas ortodoxas que implementó a pesar de su retórica y fanfarronería antiestadounidense. Sus esfuerzos exitosos para sacar a los bolivianos de la pobreza dependieron de los altos precios en las materias primas. Pero esa era se acabó. Y en México, Andrés Manuel López Obrador está descubriendo con rapidez que los mercados, las limitantes presupuestales y Estados Unidos vuelven inviables muchas de sus promesas. Detesta el neoliberalismo, pero necesita desesperadamente que el congreso estadounidense ratifique uno de sus íconos: la versión más reciente del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Las incipientes clases medias latinoamericanas son producto del crecimiento econ√≥mico a largo plazo, si bien modesto, que se ha visto en el transcurso del √ļltimo cuarto de siglo. Han surgido de la pobreza, pero sienten que su vida no es la que deber√≠a ser.

Chile es el mejor ejemplo: el elevado ingreso per c√°pita, lo convierte en un pa√≠s rico "pobre", pero con pensiones miserablemente bajas para los adultos mayores, educaci√≥n superior excesivamente cara e in√ļtil para los j√≥venes, servicios m√©dicos mediocres y onerosos para los adultos que trabajan, salarios precarios y un sentimiento de comunidad que disminuye en todos los ciudadanos.

Un sistema político insensible, aunque democrático en todos los países de la región, ha alimentado la explosión social actual, principalmente a consecuencia de la frustración. Los gobiernos vienen y van, pero sus políticas concretas son similares, o algunas veces incluso idénticas. La desigualdad ha disminuido hasta cierto punto, incluso en Chile, pero no lo suficiente. Los ricos se hacen más ricos y las clases medias detectan y resienten cada vez más su opulencia. El resentimiento se acumula, en especial cuando el crecimiento económico se escapa o se desvanece, como está pasando actualmente en Latinoamérica. Cualquier cosa puede desatar una revuelta: los aumentos en la gasolina en Ecuador, el fraude electoral en Bolivia, el aumento del precio del transporte en Chile. Parece no haber alternativa para el statu quo, ya se trate del neoliberalismo o de otra cosa.

Peor a√ļn, parece no haber para d√≥nde voltear. Excepto tal vez hacia el norte, donde frustraciones similares tambi√©n han generado un clamor por el cambio. Lo que los latinoamericanos quieren, al menos en las naciones con mayor clase media, es un estado de bienestar que funcione: atenci√≥n m√©dica adecuada, pensiones apropiadas, educaci√≥n superior accesible, salarios decentes. ¬ŅLes suena familiar? Tal vez los chilenos, los argentinos, los brasile√Īos y los mexicanos deber√≠an estudiar el debate democr√°tico que actualmente se est√° dando en Estados Unidos sobre c√≥mo alcanzar y financiar esas metas.

Las nuevas y las viejas clases medias latinoamericanas reclaman -en las urnas, en las calles y en las redes sociales- el fin de la corrupci√≥n y la violencia, pero tambi√©n el tipo de estado de bienestar que puede reducir la desigualdad, mejorar los servicios p√ļblicos y aumentar los salarios. Esto no dista mucho de lo que muestran las encuestas que quieren muchos estadounidenses en este momento. Las encuestas revelan que los estadounidenses est√°n dispuestos a pagar esas prestaciones a trav√©s de impuestos m√°s elevados a los ricos, en parte porque los ricos tienen m√°s riqueza que nunca, como suele ser el caso -cada vez con m√°s frecuencia- en muchas partes de Latinoam√©rica. Un estado de bienestar chileno costar√≠a much√≠simo dinero, pero el pa√≠s tiene finanzas p√ļblicas saludables para pagarlo, al igual que Estados Unidos. Una coincidencia afortunada y productiva.

 

Jorge G. Casta√Īeda (@JorgeGCastaneda), secretario de Relaciones Exteriores de M√©xico de 2000 a 2003, es catedr√°tico de la Universidad de Nueva York y columnista de opini√≥n de este diario.

 

 

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