Millones abandonan la universidad en América Latina a causa de la pandemia
Por: Thomas Rogers/ The New York Times
Septiembre 2020
Fotografia: Federico Rios /The New York Times

Su madre, una empleada de limpieza, nunca pasó de segundo de primaria. Su padre, un policía, no terminó el bachillerato.

Pero Lina Prieto hab√≠a ganado un lugar en el programa de escritura de la universidad p√ļblica m√°s prestigiosa de Colombia. Su meta -escribir la pr√≥xima gran novela latinoamericana- se sent√≠a al alcance de la mano.

Durante las dos √ļltimas d√©cadas, millones de j√≥venes de Latinoam√©rica se convirtieron en los primeros de sus familias en ir a la universidad, una expansi√≥n hist√≥rica que promet√≠a llevar a una generaci√≥n a la clase profesional y transformar la regi√≥n.

Pero a medida que la pandemia se apodera de Am√©rica Latina y acaba con la vida de cientos de miles de personas y devasta las econom√≠as, se est√° produciendo un alarmante retroceso: millones de estudiantes universitarios abandonan sus estudios, seg√ļn el Banco Interamericano de Desarrollo.

Se espera que las matr√≠culas disminuyan hasta en un 25 por ciento en Colombia para finales de a√Īo, y se esperan cifras similares en otros pa√≠ses.

El éxodo amenaza décadas de logros que ayudaron a sacar a comunidades enteras de la pobreza. Y es un gran retroceso para una región que lucha por escapar de su trampa secular -la dependencia a menudo destructiva de la exportación de materias primas- y avanzar hacia una economía basada en el conocimiento.

Prieto, una madre soltera de 30 a√Īos que ayuda a mantener a sus padres, perdi√≥ su trabajo como recepcionista. Al no poder pagar la matr√≠cula, abandon√≥ los estudios, y tambi√©n perdi√≥ la plaza de su hija en el preescolar de la universidad.

"Este a√Īo para m√≠ era el a√Īo", dijo. "Y todo se vino abajo".

Desde el inicio de los 2000, la enorme inversi√≥n regional ayud√≥ a que la matr√≠cula de educaci√≥n superior en toda Latinoam√©rica se duplicase con creces, al pasar de alrededor del 20 por ciento a m√°s del 50 por ciento de la poblaci√≥n en edad universitaria, seg√ļn el Banco Mundial.

La expansión permitió que millones de grupos previamente excluidos, entre ellos estudiantes indígenas, rurales y negros, entraran a la universidad.

"Veníamos de una trayectoria positiva, estábamos cambiando la narrativa", dijo Sandra García, una investigadora colombiana que estudia la educación en la era de la COVID para las Naciones Unidas. "Y este choque tan grande le va a poner un alto a muchos de esos progresos".

A medida que se profundizaba la crisis sanitaria, The New York Times pasó semanas en conversaciones con estudiantes, padres, profesores, funcionarios y rectores universitarios de toda Colombia.

En medio de los confinamientos, el desempleo juvenil se ha disparado y muchos estudiantes no pueden pagar la matr√≠cula, que incluso en las universidades p√ļblicas puede costar entre una y ocho veces el salario m√≠nimo mensual.

La mayoría de los cursos ahora son en línea, pero millones de personas no tienen internet, ni siquiera una conexión de celular fiable.

En la principal universidad pedag√≥gica de Colombia, el rector Leonardo Fabio Mart√≠nez dijo que hasta la mitad de los estudiantes de la universidad podr√≠an darse de baja este a√Īo, lo que plantea interrogantes sobre qui√©n ense√Īar√° a la pr√≥xima generaci√≥n de alumnos de primaria.

En una universidad p√ļblica de la ciudad de Manizales, una profesora dijo que a sus estudiantes de arquitectura conectarse a internet a trav√©s del celular para un solo d√≠a de clases les costaba el equivalente de una semana de comida.

Algunos estudiantes dijeron que pasaban hambre para pagar los planes de datos, mientras que otros se escondían en las escaleras de sus edificios para captar mejor el wifi de sus vecinos, y tecleaban los deberes en sus celulares solo para ser confrontados por la rueda giratoria de la fatalidad de internet cuando apretaban el botón de enviar.

Las mujeres jóvenes, en particular, se enfrentan a las mayores tasas de desempleo del país. Algunas han recurrido al llamado trabajo de webcam, donde realizan actos sexuales en internet por dinero.

"Debo pagar mi estudio y sostener mi casa, pagar recibos, alimentación, mantengo a mi madre y dos hermanas", dijo una de esas estudiantes, quien perdió su trabajo en medio de la crisis y recurrió a internet "en un momento de desespero".

En la Universidad Nacional, una prestigiosa universidad p√ļblica de la capital, Bogot√°, varios estudiantes entraron en huelga de hambre el 10 de agosto, acampados en una decena de tiendas de campa√Īa en el campus, que de otro modo estar√≠a vac√≠o, para pedirle al gobierno que cubra su matr√≠cula ya que sus familias han tocado fondo.

"No veo otras opciones para pagar todo el semestre", dijo Gabriela Delgado, estudiante de m√ļsica de 22 a√Īos que particip√≥ en la huelga de hambre.

Por semanas durmi√≥ en una tienda de campa√Īa entre la facultad de ciencias econ√≥micas y la facultad de ciencias humanas, y pas√≥ por los controles m√©dicos diarios con un voluntario. Cuando ten√≠a energ√≠a, sacaba su violonchelo y tocaba fragmentos de Bach para sus compa√Īeros de protesta.

La huelga terminó el 28 de agosto sin que el gobierno cumpliera con sus peticiones.

Durante generaciones, muchas de las mayores economías de Latinoamérica se han centrado en los productos básicos -petróleo, oro, agricultura en gran escala- lo que ha hecho que los gobiernos dependan de prácticas ambientales y laborales a veces peligrosas, y que estén expuestos a los ciclos de auge y caída causados por los precios que se fijan a nivel mundial.

En los √ļltimos a√Īos, a medida que los pa√≠ses en desarrollo de Asia y otros lugares se han ido incorporando m√°s al comercio electr√≥nico y a los sectores de alta tecnolog√≠a, Latinoam√©rica se ha quedado atr√°s.

Eric Hershberg, quien dirige el Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos de la American University, dijo que la salida es a través de la educación superior.

A pesar de más de cinco décadas de guerra civil -y de una larga historia de desigualdades flagrantes- Colombia ha sido un símbolo de este cambio, al duplicar las tasas de matriculación en la educación superior desde 2000 y construir nuevas universidades.

Desde que llegó la pandemia, el gobierno del presidente Iván Duque ha hecho "un esfuerzo sin precedentes" para ayudar a los estudiantes al invertir el equivalente a 260 millones de dólares, dijo María Victoria Angulo, la ministra de Educación del país.

Algunas universidades p√ļblicas han podido cubrir la matr√≠cula de todos los estudiantes, al menos durante el semestre. Muchas han distribuido tabletas o tarjetas SIM. Algunas universidades privadas, financiadas por la matr√≠cula de los estudiantes m√°s ricos, han podido limitar la deserci√≥n escolar.

Pero un gran n√ļmero de estudiantes se est√° yendo, una fuga que podr√≠a convertirse en un resentimiento explosivo en los pr√≥ximos meses, dijo Saulo de √Āvila, estudiante de psicolog√≠a de 23 a√Īos.

"Va a ser un detonante", dijo De √Āvila, quien es hijo de campesinos. Ha estado usando un celular prestado desde que comenz√≥ la pandemia y ha rapeado en internet para pedir donaciones.

"En el momento que se merma un poco la pandemia", dijo, "mucha gente va a salir a las calles a protestar".

El desafío, para muchos estudiantes, no es solo que no tengan internet o una computadora. Muchos comparten los celulares con sus familiares y viven en lugares donde la cobertura es escasa.

Una ma√Īana reciente, Wendi Kuetgaje, de 22 a√Īos, se sent√≥ descalza en medio de un grupo de √°rboles junto a su casa en una comunidad rural e ind√≠gena al este de Bogot√° y lejos de una conexi√≥n a internet.

Kuetgaje, estudiante de antropolog√≠a, se inclin√≥ sobre el tel√©fono de su madre, intentando descifrar lo que el profesor dec√≠a sobre s√≠mbolos ling√ľ√≠sticos involuntarios y la funci√≥n de los mitos a pesar de una terrible conexi√≥n.

Al final de la sesión, el profesor preguntó si había comentarios. Kuetgaje había conseguido escuchar cerca de la mitad de la clase. Zoom la había sacado al menos ocho veces. Parecía que iba a llorar.

"Est√°n hablando", dijo, mientras el sonido se cortaba y sus compa√Īeros charlaban, "pero yo no los escucho".

Kuetgaje asiste a una universidad privada, la Universidad del Rosario en Bogot√°, con una beca. Cuando era una ni√Īa, su familia huy√≥ de la violencia en su estado natal de Amazonas. Ahora viven en las afueras de la ciudad de Villavicencio, junto con otras 25 familias.

Tienen electricidad limitada y sobreviven sobre todo gracias a las visitas de los turistas, que han parado durante la pandemia. Su hermana, Johana, una abogada, es la √ļnica persona en la comunidad que cuenta con un t√≠tulo universitario.

Kuetgaje, cuyos padres son Uitoto y Tatuyo, planea estudiar a los pueblos indígenas. "Porque a nosotros siempre nos han estudiado", dijo. "Pero yo creo que nosotros como indígenas también podemos sacar nuestras propias historias".

Sin embargo, cuando comenz√≥ la escuela, se sinti√≥ r√°pidamente alienada de sus compa√Īeros m√°s ricos y conocedores de la ciudad.

"Aprendí a callar", dijo, "para no generar inconvenientes".

Cuando las clases pasaron a ser en línea y Kuetgaje regresó a casa, la distancia solo creció. El servicio de celular llega esporádicamente a dos lugares elegidos, lo que significa que a veces estudia bajo las estrellas mientras todos los demás duermen. El semestre pasado tuvo tantos problemas para conectarse que faltó a dos exámenes importantes y casi no los aprueba.

Ahora est√° a mitad de camino en su proyecto de tesis, que traza la historia y las costumbres de su familia, y solo le quedan dos semestres. Ella no puede fallar, dijo. Si lo hace, cree que perder√° su beca.

Si eso pasa, dijo, "pierdo todo".

La matrícula completa está completamente fuera de su alcance, dijo.

Su hermano menor, Jefferson, de 19 a√Īos, un estudiante de derecho que est√° en la l√≠nea sucesoria para convertirse en el pr√≥ximo l√≠der de la comunidad, abandon√≥ la universidad el semestre pasado debido al problema de conexi√≥n.

Ahora él está de vuelta en la universidad y se conecta desde un campo de pasto con el celular de su padre y su cuaderno balanceándose sobre sus rodillas durante horas.

"Con muchas comunidades minoritarias el c√≥digo civil ha sido discriminatorio", dijo un d√≠a su profesor de derecho romano v√≠a video, mientras las gallinas se api√Īaban alrededor de Jefferson. "Ustedes son los encargados de que el c√≥digo civil por fin sea denegado y cambiado por algo nuevo".

Un d√≠a de agosto, Prieto, la estudiante de escritura, se sent√≥ en su peque√Īo dormitorio en Bogot√°, confinada como gran parte de la ciudad.

Prieto se enamor√≥ de la narraci√≥n de historias despu√©s de leer Cien a√Īos de soledad, la epopeya multigeneracional de Gabriel Garc√≠a M√°rquez que, a menudo, se considera la novela definitiva de Colombia.

Pero es su propia historia la que la convenció de convertirse en escritora.

A los 16 a√Īos, harta de la pobreza de su familia, se convirti√≥ en una de los cientos de j√≥venes que se unieron al grupo rebelde de izquierda m√°s conocido de Colombia, las FARC. Luego pas√≥ tres a√Īos en prisi√≥n por su actividad guerrillera.

Cuando sali√≥, financi√≥ los primeros a√Īos de su educaci√≥n con el lavado de parabrisas de autos en la calle.

La novela que iba a ser su tesis, Mientras duermes, trenza su propia historia con las del resto de su familia, incluida su madre, quien empez√≥ a trabajar a los siete a√Īos.

Pero lo mejor de estudiar, dijo, fue que le permiti√≥ poner a su hija, Luna Victoria, de cuatro a√Īos, en un aclamado preescolar en el campus.

"En mi cabeza ya le había asegurado la educación de mi hija", dijo.

La pandemia la obligó a enfrentarse a la naturaleza precaria de la vida que había construido.

El preescolar era solo para los hijos de los estudiantes y del personal. Así que cuando Prieto tuvo que abandonar la universidad, Luna también perdió su cupo.

 

Sofía Villamil contribuyó con reportería desde Bogotá y el resguardo Maguare.

Julie Turkewitz es jefa del bur√≥ de los Andes, que cubre Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Per√ļ, Surinam y Guyana. Antes de mudarse a Sudam√©rica, fue corresponsal de temas nacionales y cubri√≥ el oeste de Estados Unidos. @julieturkewitz

 

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