Ola de protestas en Am√©rica Latina: ¬Ņpuede la amenaza de una nueva "d√©cada perdida" explicar lo que ocurre en las calles?
Por: BBC Mundo
Noviembre 2019
Fotografia: EPA

América Latina termina 2019 sacudida por una ola de protestas que evidencia un creciente descontento popular que no parece diferenciar territorios e ideologías.

Los detonantes, sin embargo, no han sido exactamente los mismos. Y, como es de esperar, han reflejado realidades ferozmente locales.

En Bolivia, por ejemplo, la mecha la encendió un supuesto intento de fraude electoral que terminó provocando la renuncia del presidente Evo Morales en medio de denuncias de golpe de Estado.

Mientras que en Chile, fue el aumento de la tarifa del metro lo que originalmente sacó a la gente a protestar en las calles.

Antes, sin embargo, un impopular paquete de reformas económicas había tenido el mismo efecto en Ecuador. Y poco después lo mismo ocurrió en Colombia.

La profunda desconfianza y el descontento con numerosas políticas gubernamentales ha ayudado a mantener la movilización, a menudo también atizada por la respuesta de las autoridades.

Por lo demás, todos esos elementos ya se habían juntado poco antes en Honduras, un país que, en cierto sentido, no ha dejado de protestar desde que el presidente Juan Orlando Hernández se reeligió en medio de acusaciones de fraude.

Protestas antigubernamentales tambi√©n se han estado sucediendo en Hait√≠, donde una mezcla de acusaciones de corrupci√≥n y medidas impopulares est√° detr√°s de la exigencia de un cambio de gobierno, muy similar a las que desde hace varios a√Īos se est√°n haciendo o√≠r en Venezuela y Nicaragua.

Mientras que el descontento generalizado con los gobiernos, tanto de izquierda como de derecha, también se ha hecho evidente en las derrotas sufridas por el oficialismo en las recientes elecciones de El Salvador y Argentina.

Y m√°s all√° de las especificidades locales, hay un importante elemento en com√ļn puede ayudar a comprender mejor este particular momento latinoamericano: el pobre desempe√Īo de la econom√≠a regional durante los √ļltimos a√Īos.

M√°s pobres

Obviamente, la economía no basta para explicar completamente el estallido. Y, como destaca Moisés Naim, las diferencias entre lo que ocurre en cada país probablemente son "tan o más profundas que las semejanzas".

"Las razones por las que protestan en Chile son diametralmente opuestas a las de Bolivia", valoró el exdirector de Foreign Policy en una entrevista reciente con BBC Mundo.

Pero "lo que s√≠ tienen en com√ļn es que en Am√©rica Latina estamos viendo todav√≠a el shock externo tras el boom de las materias primas", destac√≥ ah√≠ el economista venezolano.

"Claramente es un factor estructural que une a las protestas", dice por su parte Jerome Roos, un experto en Economía Política Internacional del departamento de Desarrollo Internacional de la London School of Economics con un interés especial en Latinoamérica.

"Pero para explicarlas, y entenderlas, tampoco se pueden perder de vista los contextos locales", le dice a BBC Mundo.

El delicado momento económico de la región, sin embargo, es más que evidente en el título del más reciente informe regional del Fondo Monetario Internacional: "Perspectivas económicas de las Américas: frustradas por la incertidumbre".

"El crecimiento en América Latina y el Caribe (ALC) se ha desacelerado de 1,0 por ciento en 2018 a 0,2 por ciento en 2019", empieza el reporte, que sigue destacando como factores "el lento crecimiento mundial, los precios moderados de las materias primas y los flujos de capital volátiles".

Pero como recuerda Michael Stott, editor para América Latina del Financial Times, el declive de la economía de la región empezó mucho antes, en 2014, cuando China dejó de comprar tanto.

Y, para Stott, el hecho de que varios países de la región ahora corran el riesgo de volver a vivir una segunda "década perdida" -el nombre dado a la crisis financiera latinoamericana de los 80- es clave.

Despu√©s de todo, durante los √ļltimos seis a√Īos el crecimiento real de la econom√≠a latinoamericana ha promediado √ļnicamente un 0,8% del PIB.

Pero si se considera el crecimiento de la población, eso se ha traducido en la práctica en una reducción del PIB per cápita.

Eso significa que la pobreza ha crecido y muchos latinoamericanos que hab√≠an visto mejorar su situaci√≥n econ√≥mica en los a√Īos del boom cada vez ven m√°s amenazadas sus perspectivas.

De hecho, seg√ļn el √ļltimo informe de la Comisi√≥n Econ√≥mica para Am√©rica Latina, CEPAL, este a√Īo la pobreza aumentar√° del 30,1% al 30,8% y la pobreza extrema del 10,7% al 11,5%, para sumar 72 millones de pobres extremos.

Y este aumento de la pobreza, aunque leve, ya dura cinco a√Īos, algo que Stott cree no se puede obviar a la hora de explicar las protestas.

"En el centro de todo está el débil crecimiento económico. El hecho de que América Latina prácticamente no ha estado creciendo, al punto que es la región que menos crece en el mundo," le dice a BBC Mundo.

"Y a eso se suman los problemas de desigualdad, la sensaci√≥n de exclusi√≥n del sistema pol√≠tico, la sensaci√≥n de que las democracias de la √ļltima d√©cada no le han cumplido a grandes sectores de la poblaci√≥n", agrega.

Menos tolerantes

Todo eso puede ayudar a entender por qué los latinoamericanos han ido perdiendo la paciencia con sus gobiernos y cada vez están menos dispuestos a dejar pasar cosas que habrían tolerado en los momentos de bonanza.

Los niveles de aprobaci√≥n gubernamental durante los a√Īos del boom, por ejemplo, contrastan notablemente con los de la actualidad, cayendo de un 60% en 2009 a nada m√°s 32% el a√Īo pasado, seg√ļn datos de Latinobar√≥metro.

Y mientras en 2007 un 17% de los latinoamericanos consideraban que un gobierno autoritario pod√≠a ser preferible a uno democr√°tico, 10 a√Īos despu√©s solamente un 13% opinaba lo mismo, seg√ļn la misma fuente.

Un cambio de perspectiva que tambi√©n se explica porque los a√Īos de bonanza ayudaron a crear lo que Naim describe como "la clase media m√°s numerosa de la historia (de Am√©rica Latina)".

Seg√ļn el venezolano, es esa clase media la que ahora "est√° luchando desesperadamente por no caer en la pobreza".

"Es gente más educada, más curiosa, más desconfiada y escéptica de su gobierno, más intolerantes con la desigualdad y la corrupción, que están viendo a ver cómo hacen para sobrevivir como clase media", destacó también en su entrevista con BBC Mundo.

Y as√≠, tal vez no sea casualidad que tres de los cuatro pa√≠ses que m√°s sent√≠an estar progresando en 2018 (Bolivia, Chile y Colombia, siempre seg√ļn las encuestas Latinobar√≥metro) sean ahora escenario de algunas de las mayores protestas.

"Chile es un caso interesante, porque en la superficie los n√ļmeros parecen buenos: hab√≠a estado creciendo, en lo que a desigualdad de refiere est√° en el promedio latinoamericano, no es de los peores, y se hab√≠a avanzado algo en reducci√≥n de pobreza", destaca Stott.

"Pero en el país hay un profundo sentimiento de injusticia, causado por el mal funcionamiento del sistema de pensiones y el elevado costo de la educación, entre otras cosas. Así que aunque la economía estaba creciendo, y más gente se estaba enriqueciendo, muchos sentían que se estaban quedando atrás", valora.

"En Colombia la cosa es diferente, el problema es más de desigualdad. Es uno de los peores países en ese sentido", considera el editor del FT.

"Y también hay una élite muy enraizada que controla la política y la economía y mucha gente se siente excluida del proceso político", explica.

M√°s diferente a√ļn es en caso de Bolivia. Ah√≠, ni Stott, ni Naim ni Roos consideran que el factor econ√≥mico haya resultado decisivo.

Pero como explica el profesor de LSE, una economía en desaceleración le puede costar apoyos a aquellos cuya legitimidad depende en buena medida de la redistribución de riqueza.

Y eso puede ayudar a explicar la aparente inversión del balance de fuerzas que terminó forzando la salida del presidente Evo Morales.

Contagio

En cualquier caso, los riesgos de que la mecha también se prenda en otros países de la región son innegables.

Y la gran paradoja es que las medidas recomendadas a los gobiernos latinoamericanos para tratar de blindar sus alicaídas economías pueden terminar siendo parte del problema. Aunque quedarse de brazos cruzados tampoco es una solución. Al menos no a largo plazo.

Efectivamente, como advierte el FMI en su informe de octubre, "la incertidumbre en torno a las políticas económicas internas sigue siendo una importante fuente de riesgo para las perspectivas" económicas de América Latina.

Pero a la luz de lo que est√° pasando en Ecuador, Chile y Colombia, algunos de los gobiernos vecinos bien pueden concluir que los remedios propuestos por el organismo pueden llegar a ser peores que la enfermedad.

"Varios países de la región necesitan implementar difíciles programas de consolidación fiscal y reformas estructurales, pese a que todavía no ha surgido un consenso político completo en torno a las medidas que serían adecuadas", reconoce el FMI en el reporte ya mencionado.

El problema: una economía que no crece también es caldo para el descontento.

Ese mismo descontento que ya est√° atizando las protestas en las calles latinoamericanas.

 

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