Una pandemia atípica. Brasil sobrevive a los ataques de su presidente
Edición "dat0s 231"
Por: Redacción dat0s
Julio 2020

Jair Bolsonaro h√©roe o villano. El jefe de Estado brasile√Īo pas√≥ gran parte de la Covid-19 sin m√°scara de protecci√≥n, endulzando el o√≠do a los militares, promoviendo fake news y contribuyendo a la normalidad en medio de alarmantes √≠ndices de contagios. Hasta que cay√≥ contagiado.


Un caso muy especial sobre el manejo pol√≠tico de la pandemia est√° pasando en Brasil. El presidente Jair Bolsonaro sufre, constantemente, el asedio de los medios de comunicaci√≥n a los que ignora prevaleciendo en √©l un esp√≠ritu desafiante, sin importarle la transmisi√≥n de la enfermedad entre los brasile√Īos, incitando a la gente a salir de sus casas a trabajar. Ha levantado sospechas en el mundo y ya se lo califica como un caso at√≠pico. Y hasta patol√≥gico. Durante el inicio de la pandemia ironiz√≥ que el nuevo coronavirus era una simple "gripesinha" y, posteriormente, dijo que no pod√≠a hacer nada porque no era Mes√≠as, pese a que su segundo nombre es precisamente ese. En plena crisis sanitaria cambi√≥ al ministro de Salud, Luis Henrique Mandetta, considerado pieza fundamental en el combate contra la pandemia de la Covid -19. Puso en el cargo a su amigo, el empresario N√©lson Teich, pero despu√©s de menos de un mes lo destituy√≥ y desde entonces quien preside el ministerio es Eduardo Pazuello, un militar que no entiende de salubridad p√ļblica. Estos cambios abruptos en sus entornos le han sumado adversarios entre los gobernadores estaduales con los que mantiene una permanente fricci√≥n. Pero, quiz√° la peor relaci√≥n es la que mantiene con el Tribual Supremo Federal (TSF).

Mientras los contagios crecen de manera alarmante en Brasil, su presidente vuelve una y otra vez a generar pol√©micas. Trat√≥ de hacer cambios en el comando de la poderosa Polic√≠a Federal (PM), que bajo su cargo tiene la virtud de intervenir muy de cerca los mandados del TSF; el papel importante de la instituci√≥n en conducir investigaciones complejas; l√©ase en el caso Lava Jato, que puso a la c√°rcel a un connotado n√ļmero de pol√≠ticos de primer orden y a poderosos empresarios corruptos. Al parecer, ese rol que ejecuta la PM no le gusta m√°s al presidente cuando la justicia dispone que investigue a la familia del presidente.

El ministro de Justicia Sergio Moro, que se sum√≥ al equipo de Bolsonaro en la campa√Īa electoral y se constituy√≥ en pieza clave para el triunfo del por entonces candidato a la presidencia, no acept√≥ la intervenci√≥n del Poder Ejecutivo en los relevos que pretend√≠a ejecutar el presidente en la PM nominando a un amigo personal de la familia al mando de la instituci√≥n, mientras apuraba investigaciones por irregularidades que apuntan a los hijos del presidente: Eduardo y Carlos Bolsonaro en la transferencia de fondos y negocios ilegales. Adem√°s, por articular campa√Īas de desprestigio contra el TSF y favorecer la difusi√≥n de "fake news". Encima de este pastel pesado de digerir, el diputado Eduardo Bolsonaro, lleg√≥ a se√Īalar que una ruptura del sistema democr√°tico brasile√Īo era inevitable.

Pero vayamos por partes. Aunque lo niegue, todo asegura que el Planalto - la casa de Gobierno en Brasilia - orden√≥ que todos los fines de semana grupos bolsonaristas protesten en las calles frente a la sede del Poder Ejecutivo con letreros que piden la intervenci√≥n militar y la disoluci√≥n del TSF. Dos fuertes motivos para que los medios brasile√Īos y otros del mundo como el The New York Times proclamen la posibilidad de un "golpe de Estado". La denuncia de Moro, otrora la estrella del gabinete de Bolsonaro, de que el presidente estaba indicando nominaciones a dedo para el control de la PM, debe leerse como una advertencia de que el jefe de Estado estaba violando la constituci√≥n. El TSF apur√≥ investigaciones para conocer qui√©nes estaban detr√°s de la organizaci√≥n de las manifestaciones que exig√≠an la "intervenci√≥n militar" y la "disoluci√≥n del TSF". Cuando los periodistas consultaban sobre esta situaci√≥n in√©dita al presidente, este con total desprecio lleg√≥ a proclamar "yo soy la constituci√≥n" dejando se√Īales de que pod√≠a ejercer el poder saltando la independencia de los poderes del Estado para hacer lo que mejor le viniera en gana, desconociendo los procedimientos constitucionales del pa√≠s.

Caso similar ocurri√≥ con la destituci√≥n del ministro de Salud Luiz Henrique Mandetta, elevando el aire denso de un ambiente ya de por s√≠ cargado por el crecimiento de los contagios del nuevo coronavirus en la poblaci√≥n brasile√Īa. Mientras Mandetta insist√≠a en el distanciamiento social, Bolsonario invitaba a la gente a salir a trabajar para evitar el paro de la econom√≠a que comenz√≥ a sufrir trastornos con ca√≠das abruptas en sus √≠ndices de crecimiento. Se calcula que este a√Īo la contracci√≥n econ√≥mica bordear√° un 10%. Este cuadro se dramatiz√≥ con el anunci√≥ de una corrida de capitales privados del Brasil.

Las manifestaciones de sus adherentes que primero estaban focalizadas en Brasilia crecieron en otros estados con enfrentamientos que ya entonces involucraron a grupos de fan√°ticos del f√ļtbol "torcedores" que salieron a las calles unos a favor y otros en contra del presidente.

A todo esto, Bolsonaro se abri√≥ una disputa innecesaria con los gobernadores de Rio de Janeiro y de Sao Paolo. Con el primero, que exig√≠a el esclarecimiento de las denuncias por enriquecimiento il√≠cito que apuntaban al hijo del presidente cuando form√≥ parte del colegiado de ese gobierno estadual y, con el segundo, por el manejo de la pandemia. El gobernador del Estado de Sao Paolo ped√≠a cuarentenas r√≠gidas, pero Bolsonaro, burl√°ndose de las recomendaciones, invit√≥ a los brasile√Īos a usar el remedio hidroxicloroquina para combatir la Covid-19. En otra de sus declaraciones pol√©micas dijo que √©l tomaba el remedio todos los d√≠as. Y ante el incremento de las v√≠ctimas de la Covid -19 tuvo otro comentario hiriente: "Lamento todos los muertos, pero ese es el destino del mundo".

Pero la gota que rebals√≥ el vaso ha sido la relaci√≥n estrecha que mantiene el presidente con la c√ļpula militar. Varios medios influyentes recordaron que Bolsonaro tiene grado en el Ej√©rcito, pero que no hab√≠a sido precisamente una lumbrera en su tiempo de alumno de la instituci√≥n. El punto de quiebre - recordaron los medios brasile√Īos- el nefasto periodo de la dictadura militar entre 1964 y 1980. El The New Yok Times se√Īal√≥ que Brasil estaba "bajo la amenaza de un golpe militar para proteger el poder del presidente y de sus aliados". El diario norteamericano afirm√≥ que la actitud del presidente brasile√Īo colocaba en riesgo a la mayor democracia de Am√©rica Latina.

The New York Times afirmó asimismo que "casi la mitad de su gabinete está compuesto por figuras militares. Ahora él cuenta con la amenaza de una intervención militar para alejar los desafíos de su presidencia", dice parte de la publicación y agrega que "el círculo interno de Bolsonaro parece estar clamando para que los militares entren en la pelea".

Pero eso no es nada comparando la declaraci√≥n del pastor Siles Malafaia de la Iglesia Unidos Brasil que argument√≥ que las Fuerzas Armadas ten√≠an el derecho de impedir que los tribunales derrumbasen al presidente, se√Īalando que "no es golpe, es colocar orden donde hay desorden". Bolsonaro tiene un amplio apoyo de las poderosas iglesias evang√©licas a las que se las ha dispensado de tr√°mites urgentes con las oficinas de recaudaciones impositivas y gozan de ventajas in√©ditas. A estas declaraciones se suman la de los hijos del presidente que no han tenido el menor empacho en lanzar proclamas para la intervenci√≥n del Ej√©rcito, insinuando un golpe de Estado.

 

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