2019 derribó el mito del gerente presidente
Por: Alberto Vergara / The New York Times
Enero 2020
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Fotografia: Getty Images

Después del dominio de mandatarios de izquierda en América Latina, tres países de la región viraron a la derecha y eligieron a candidatos-empresarios. Los resultados no han sido favorables.

 

El 2019 latinoamericano comenz√≥ con el estremecimiento que causaba Roma, dura y bella pel√≠cula que mostr√≥ las m√ļltiples capas de la desigualdad en M√©xico y, por extensi√≥n, en Am√©rica Latina. El a√Īo cerr√≥ con miles protestando en Santiago de Chile, luego de haber movilizado varios millones de personas en algo m√°s de un mes, reclamando un orden social y econ√≥mico m√°s justo. Aunque no se inventaron en 2019, este a√Īo las desigualdades latinoamericanas se hicieron m√°s visibles e intolerables.

Resulta significativo que, en este contexto, los gobiernos de derecha liderados por grandes hombres de negocios y sus equipos de gerentes hayan naufragado. Las elecciones de Mauricio Macri en 2015, de Pedro Pablo Kuczynski (PPK) en 2016 y de Sebasti√°n Pi√Īera en 2017, resultaron ineficientes para reencaminar sus respectivos pa√≠ses hacia la senda liberal y a√ļn m√°s est√©riles para conservar el apoyo de sus compatriotas. La lecci√≥n que dejan estos proyectos pol√≠ticos alternativos a la izquierda es que el horno latinoamericano no est√° para bollos plutocr√°ticos.

Lo de la plutocracia es una exageraci√≥n. Fueron los votos y no el mero dinero quien los instal√≥ en el poder. Pero una vez ah√≠, las tres presidencias confiaron m√°s en el mundo empresarial que en los ciudadanos. Poblaron el Estado con √©lites econ√≥micas habituadas a burbujas sociales, exhibieron una soberbia gerencial respecto de los problemas que heredaban y, como consecuencia, leyeron err√≥neamente la marcha pol√≠tica y econ√≥mica de sus pa√≠ses. Si este combo no constituye la raz√≥n √ļltima de sus fracasos, al menos ha debilitado la posibilidad de dar continuidad a sus gobiernos y pol√≠ticas p√ļblicas.

De este tr√≠o de presidencias gerenciales a quien le fue peor fue a Kuczynski. Llen√≥ el Estado con sus amigos del sector privado lime√Īo. Se autodesignaron un "gobierno de lujo". El requisito para ingresar a su gobierno parec√≠a ser millonario y blanco. De hecho, los pasillos maledicentes hablaban de un gobierno supremacista blanco, como ha documentado el periodista Marco Sifuentes en su libro K.O. P.P.K. Nutridos de ortodoxa austeridad, los gerentes decidieron cerrar el d√©ficit fiscal mientras la econom√≠a se desaceleraba. Desconectados de las urgencias ciudadanas, priorizaron eliminar tr√°mites que solo perturbaban a inversionistas.

Pol√≠ticamente fue peor. Unas de las primeras declaraciones de PPK tras haber indultado a Alberto Fujimori y dividido al pa√≠s las dio en un evento de hondura patri√≥tica: la largada del Rally Dakar en Per√ļ. Y dej√≥ un mensaje para la reconciliaci√≥n: "Soy un car guy". A la frivolidad, desconexi√≥n y malas pol√≠ticas sigui√≥, como era l√≥gico, la desaceleraci√≥n de la econom√≠a peruana, el aumento de la pobreza, el rechazo de la ciudadan√≠a y, en definitiva, que el presidente renunciase cuando su destituci√≥n era inminente. Y color√≠n colorado, a sus empresas los gerentes han regresado.

"Tiempos mejores" prometi√≥ Sebasti√°n Pi√Īera en la campa√Īa presidencial. Para lograrlo, el gobierno del presidente millonario y los gerentes traer√≠a inversiones y empleo. A pesar de haber sufrido movilizaciones masivas de universitarios durante su primer mandato, en el segundo nombr√≥ ministro de Educaci√≥n a un defensor de la educaci√≥n como bien econ√≥mico antes que como derecho. Algo semejante ocurr√≠a en el sector salud. Luego lleg√≥ el intento de reforma tributaria con el argumento reaganeano seg√ļn el cual gravar menos a los ricos redunda en empleo para todos. El 18 de octubre, al inicio de las marchas y cacerolazos en la capital chilena, Pi√Īera cenaba en un restaurante exclusivo. Dos d√≠as despu√©s anunci√≥ que Chile estaba en guerra. Su esposa alert√≥ que las protestas eran una suerte de invasi√≥n alien√≠gena. A esto sigui√≥ una represi√≥n estatal con la que, denunci√≥ Human Rights Watch, se cometieron graves violaciones de derechos humanos. Como consecuencia, el ministro del Interior, Andr√©s Chadwick, a la saz√≥n primo hermano de Pi√Īera, renunci√≥ al cargo y ha sido acusado constitucionalmente por el Senado.

Seg√ļn la encuesta que se vea, algo m√°s o algo menos de 10 por ciento de chilenos apoya al presidente. Los nubarrones de una destituci√≥n constitucional se han aligerado, pero no desaparecido. Ahora bien, Pi√Īera fue menos el creador de su desgracia que el representante de una clase dirigente chilena donde la promiscuidad entre intereses pol√≠ticos y econ√≥micos hab√≠a cocinado a fuego lento el hartazgo popular. De hecho, el polit√≥logo Juan Pablo Luna se hab√≠a planteado en 2016 la pregunta m√°s pertinente: ¬ŅPor qu√© la elite pol√≠tica chilena es incapaz de entender a su sociedad? Luna echaba luz sobre una trama de pol√≠ticos y empresarios que describ√≠a como "pr√≠ncipes" ajenos al pa√≠s.

A diferencia de Kuczynski y Pi√Īera, Macri recibi√≥ una econom√≠a en harapos. Deber√≠a haber sido menos arrogante sobre sus poderes para curarla. "La inflaci√≥n es la demostraci√≥n de tu incapacidad para gobernar", se√Īal√≥ como candidato. Y agreg√≥ que ser√≠a sencillo domarla. Y c√≥mo no iba a serlo si arm√≥ "el mejor equipo en los √ļltimos cincuenta a√Īos". Ay, la soberbia del tecnicismo econ√≥mico en boca de empresarios. Y luego arremeti√≥ la burbuja exclusiva: "Son dos pizzas", asegur√≥ el ministro de Hacienda al desestimar el aumento de las tarifas el√©ctricas. Macri y el gobierno de los m√°nager -la expresi√≥n es del polit√≥logo Gabriel Vommaro- no solo fracasaron en el objetivo tit√°nico e improbable de reemplazar una tradici√≥n de pol√≠tica estatal y nacional con otra liberal y globalizada, sino que la inflaci√≥n acumulada durante su mandato alcanz√≥ casi 300 por ciento y el pa√≠s qued√≥ con una pobreza casi 10 puntos m√°s alta que la recibida.

Ahora bien, los tres presidentes gerentes no encarnan un fracaso de proporciones semejantes. De hecho, la gesti√≥n econ√≥mica de Macri ha sido desastrosa, pero pol√≠ticamente lo es bastante menos. Es el primer presidente no peronista en terminar su mandato. Y ha perdido la reelecci√≥n con el 40 por ciento de los votos. Tal vez a causa de la propia sociedad argentina m√°s igualitaria que la peruana y chilena, Macri es percibido como un millonario, pero no como un arist√≥crata √≠ntimo del privilegio. Presidente de Boca Juniors: el f√ļtbol como lazo social. Y Cambiemos, un partido que ha echado ra√≠ces en Buenos Aires y otras regiones pr√≥speras del pa√≠s. O sea, a quien mejor le fue de los gerentes presidentes es a quien ten√≠a v√≠nculos afectivos e institucionales con la sociedad.

Entonces, en esta diferencia tambi√©n se esconden algunas lecciones para el campo no izquierdista latinoamericano. M√°s que el mensaje liberal, han fallado los mensajeros respingados de un liberalismo economicista. Y desconectado. Una consecuencia nociva de la desigualdad es que, desde sus burbujas, las √©lites latinoamericanas pueden convencerse de que el primer mundo est√° a la vuelta de la esquina. Aunque el PBI per c√°pita de sus pa√≠ses sea el de un pa√≠s de ingresos medios, ellos viven en burbujas con una riqueza propia de los ricos del primer mundo. Desde esa nube, el tr√°nsito al desarrollo parece probable. Y lo peor es que irresponsablemente le venden esa ilusi√≥n al pa√≠s real. No es casualidad que sea en Per√ļ y Chile donde las elites le cantaron con m√°s ardor a sus respectivos "milagros". El problema es que, como ense√Ī√≥ Albert Hirschman, las promesas incumplidas pesan sobre las espaldas de la sociedad.

Ya veremos si las burbujas sociales e ideol√≥gicas ceden. Por el momento constatemos que el sue√Īo del gobierno de los gerentes era una pesadilla, y el cuento del pa√≠s como empresa, una bobada. En el indignado y desigual siglo XXI, es mala idea blandir el viejo programa de don Porfirio D√≠az prometiendo "mucha administraci√≥n y poca pol√≠tica". Y m√°s extraviado a√ļn encarg√°rselo a los happy few.

 

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Alberto Vergara es profesor e investigador en la universidad del Pacífico, Lima.

 

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