Colombia, el país de las urgencias postergadas
Por: Sinar Alvarado / The New York Times
Noviembre 2019
Fotografia: Luis Robayo/Agence France-Presse ‚ÄĒ Getty Images

El acuerdo de paz con la guerrilla ha permitido que se debatan, finalmente, las demandas sociales de los colombianos. El paro nacional condensó las insatisfacciones de los ciudadanos en uno de los países más desiguales de América Latina.

 

Dilan Cruz sali√≥ a buscar el futuro, y en su lugar encontr√≥ a Colombia. El estudiante de 18 a√Īos protestaba en el centro de Bogot√° el 23 de noviembre, cuando lo golpe√≥ en la cabeza un objeto disparado por un miembro del escuadr√≥n antidisturbios de la polic√≠a. Durante el paro nacional realizado desde dos d√≠as antes contra el gobierno de Iv√°n Duque, Dilan demandaba acceso a la educaci√≥n superior junto a miles de j√≥venes y el Estado lo mand√≥ a cuidados intensivos hasta este lunes, cuando muri√≥ en medio de la indignaci√≥n ciudadana. El mismo d√≠a se graduaba de bachiller.

El debate p√ļblico en Colombia estuvo secuestrado por un conflicto armado que se prolong√≥ m√°s de cincuenta a√Īos, y la discusi√≥n pol√≠tica rara vez super√≥ la urgencia de la subversi√≥n guerrillera. Pero ahora, en gran medida gracias al acuerdo de paz que desarm√≥ a las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), el pa√≠s puede por fin debatir temas relevantes para cualquier democracia: el acceso a la salud, el empleo, la educaci√≥n y la seguridad. Pero el caso de Dilan Cruz revela la poca disposici√≥n del gobierno para que eso suceda. Su muerte resume la relaci√≥n injusta que este pa√≠s ha perpetuado durante d√©cadas: un Estado d√©bil que responde con violencia a las demandas de sus ciudadanos inconformes.

La noche del jueves 21 de noviembre, con ruido de cacerolas, cerró el paro nacional que había sido convocado por centrales obreras, secundado por movimientos estudiantiles, partidos de oposición y ciudadanos comunes. El golpe metálico se repitió en varias ciudades y continuó los días siguientes, como una forma de reclamo inédita en este país poco dado a la protesta. El descontento de los colombianos se ha sumado al de otros países en la región -como Chile, Ecuador, Bolivia-, y cuestiona al gobierno de Iván Duque, un presidente impopular que lleva solo quince meses en el cargo.

Este paro nacional es el m√°s grande de la √ļltima d√©cada en Colombia. Una manifestaci√≥n similar ocurri√≥ en febrero de 2008, convocada para repudiar a las Farc. En diez a√Īos el pa√≠s pas√≥ de condenar los secuestros y la extorsi√≥n de ese grupo a admitir su participaci√≥n pac√≠fica en las movilizaciones. La semana pasada en Medell√≠n, Rodrigo Londo√Īo, alias Timochenko, l√≠der de la guerrilla desmovilizada, march√≥ como un civil m√°s para apoyar los reclamos de la ciudadan√≠a.

Aunque esta ha sido una naci√≥n reacia a las movilizaciones, sobran razones para protestar. Colombia est√° entre los pa√≠ses m√°s desiguales de esta regi√≥n desigual. La escasez de oportunidades condena a millones de colombianos. Seg√ļn la Organizaci√≥n para la Cooperaci√≥n y el Desarrollo Econ√≥micos (OCDE) hacen falta once generaciones para que un ni√Īo nacido en la pobreza alcance el ingreso medio. Esta falta de oportunidades impuls√≥ la violencia, aliment√≥ la guerra, caus√≥ grandes desplazamientos internos y estimul√≥ la migraci√≥n.

Los colombianos del pasado tenían dos opciones: sobrevivir en su país maltrecho o huir en masa. Pero ahora que se ha superado la etapa más sangrienta y precaria de la Colombia moderna, los ciudadanos de hoy no están dispuestos a vivir atrapados en ese dilema injusto y anacrónico. Los jóvenes, sobre todo, saben que pueden reclamar, y han salido a las calles para exigir una agenda social que, en buena medida, ha faltado de forma recurrente en los gobiernos del país, enfocados en la guerra y no en fortalecer el estado de bienestar

En el presupuesto nacional aprobado para 2020, el gasto en defensa, con la guerrilla m√°s grande ahora desarmada, supera el dedicado a la salud.

El paro nacional fue convocado antes de que estallaran las protestas chilenas, pero el descontento de los países vecinos puede haberlo estimulado. Las quejas originales que lo motivaron iban contra la gestión económica del gobierno: desempleo de 10,2 por ciento, una reforma tributaria que podría sumar nuevos impuestos y una propuesta laboral que sugiere un 75 por ciento del salario mínimo para los jóvenes. A ellas se sumaron otros reclamos: incumplimiento del acuerdo de paz que firmó el antecesor de Duque en 2016, impunidad tras los asesinatos de líderes sociales (hasta ahora, 627) e indígenas (157), y ejecuciones extrajudiciales contra 160 excombatientes de las Farc.

En este a√Īo ya se ve√≠an se√Īales de transformaci√≥n y descontento. Las elecciones regionales de octubre cambiaron el panorama del poder en Colombia. Centro Democr√°tico, el partido de centroderecha en el gobierno, fue el gran perdedor electoral y surgi√≥ un nuevo tablero pol√≠tico que revela un viraje al centro; con los partidos tradicionales, Liberal y Conservador, cada vez m√°s debilitados. La abstenci√≥n baj√≥ y surgieron nuevos liderazgos que asoman un nuevo mapa pol√≠tico.

Justamente esto necesita el escenario de crisis actual: moderaci√≥n. El Estado colombiano, tan dado al uso del garrote, debe abandonar la agenda de la fuerza y tender la mano a una ciudadan√≠a inconforme y activada. La paz, a√ļn en construcci√≥n, plantea a los colombianos un pa√≠s in√©dito, que por fin puede mirar de frente los desaf√≠os de una sociedad cuya vida pol√≠tica va m√°s all√° del conflicto armado.

La exigencia de los miles de ciudadanos que marchan en las calles de toda Colombia implica la plena defensa de la constitución aprobada en 1991. Es un documento donde confluyeron sectores diversos de la vida política del país, incluida la antigua guerrilla del M-19, desmovlizada e integrada a la democracia. En ese espíritu de debate civilizado, incluyente y sin balas, figuran las claves de la nueva sociedad colombiana.

El gobierno de Iván Duque, quien sostuvo una primera reunión con el Comité del Paro el 26 de noviembre, debe aprovechar la ayuda internacional que varios países están aportando para que la paz se concrete. Pero, sobre todo, el gobierno y sus prioridades deben cambiar, porque cambió el país: asegurar la paz, en principio, y también empezar a forjar los cimientos de una Colombia menos desigual.

El acuerdo social que las balas nos han impedido construir durante casi treinta a√Īos, se asoma ahora como una posibilidad m√°s all√° del papel. El desaf√≠o est√° en procurar ese pacto sin repetir los errores del pasado. La rebeld√≠a contra la administraci√≥n de Iv√°n Duque no busca su renuncia; simplemente exige un cambio de rumbo urgente. Uno que defienda la vida y garantice el derecho al futuro. Lo que buscaba Dilan Cruz cuando el poder le respondi√≥ con un disparo.

 

 

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Sinar Alvarado es periodista y escribe sobre Colombia para medios internacionales.

 

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