D√©j√† vu en Bolivia: √Ā√Īez quiere ser como Evo
Por: Sylvia Colombo / The New York Times
Febrero 2020
Fotografia: Reuters; Ronaldo Schemidt/Agence France-Presse ‚ÄĒ Getty Images

En su corto mandato, la pol√≠tica boliviana se ha vuelto una figura autoritaria como lo fue Morales en a√Īos recientes. Su candidatura a la presidencia ha dividido m√°s a la oposici√≥n y puesto en peligro la amenazada democracia boliviana.

Desde la fr√≠a tarde del 12 de noviembre, cuando la senadora opositora Jeanine √Ā√Īez se autoproclam√≥ presidenta interina de Bolivia, tras la renuncia de Evo Morales dos d√≠as antes, ya era posible ver que no era la soluci√≥n al dilema democr√°tico de Bolivia.

Ese día, la polarización hervía en la principal plaza de La Paz y el ejército custodiaba las calles. En medio de la confusión, algunos de los periodistas que estábamos ahí buscamos entrar al Palacio Quemado, la sede del gobierno boliviano, a través de una estrecha puerta para verla.

√Ā√Īez caminaba con confianza y llevaba en sus manos un gran libro. Rodeada por militares, entr√≥ al edificio y grit√≥: "La Biblia vuelve al Palacio". Sus partidarios acallaban las voces de quienes le gritaban "golpista" y clamaban: "Gloria a Dios", "bendita sea usted, presidenta", "¬°que se joda la Pachamama!". Esa imagen -y la forzada interpretaci√≥n constitucional que le permiti√≥ llegar al poder- presentaba se√Īales preocupantes. A√ļn as√≠, la comunidad internacional y un amplio sector del pa√≠s la acept√≥: era una soluci√≥n temporal para la profunda y violenta crisis en Bolivia despu√©s de que Morales se neg√≥ a salir del poder cuando ten√≠a que hacerlo.

√Ā√Īez prometi√≥ que su interinato ser√≠a una transici√≥n breve para organizar elecciones libres y transparentes y despu√©s irse. Pero, al igual que Evo -quien prolong√≥ su gobierno a trav√©s de mecanismos cuestionables o antidemocr√°ticos-, √Ā√Īez ha mostrado ser una figura sedienta de poder que busca permanecer en la presidencia m√°s all√° de lo acordado y usa m√©todos peligrosos para la institucionalidad del pa√≠s.

Al anunciar el 24 de enero su candidatura a la presidencia en las elecciones del 3 de mayo, no solo rompió una promesa sino que le quitó a su gobierno interino el mejor argumento para convencer a los escépticos de que la salida de Evo Morales de la presidencia en noviembre no fue un golpe de Estado. Bolivia vive un drama en desarrollo y no puede permitirse a otra figura que se niegue a salir de la escena.

Evo Morales reaccion√≥ a la postulaci√≥n de √Ā√Īez desde Buenos Aires repitiendo que su salida de la presidencia fue un acto golpista de la derecha boliviana. Aunque el expresidente est√° fuera del pa√≠s, sigue presente en la arena pol√≠tica a trav√©s de Luis Arce, su exministro de Econom√≠a y candidato de su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS). Esta presencia de Morales y la candidatura de √Ā√Īez intensifican la polarizaci√≥n y, de paso, ponen en riesgo la credibilidad de las elecciones, que deben ser justas y transparentes.

La legitimidad de √Ā√Īez estuvo en duda desde el principio. Su proclamaci√≥n no respet√≥ la constituci√≥n: la presidenta interina decidi√≥ ignorar la necesidad de que el congreso aprobara la renuncia de Morales. La mayor√≠a de los bolivianos lo aceptaron para pacificar el pa√≠s.

Es por ello que si √Ā√Īez quiere ayudar a solucionar una crisis que a√ļn no se apacigua y que podr√≠a tener consecuencias catastr√≥ficas para la democracia de su pa√≠s debe hacer lo que Evo no hizo: reconocer que su contribuci√≥n es limitada y termina al elegirse un nuevo presidente.

√Ā√Īez habl√≥ de conciliaci√≥n, de respetar a los pueblos ind√≠genas y su s√≠mbolo, la wiphala -la bandera con cuadrados coloridos que representa a distintas etnias de la regi√≥n andina y que por mucho tiempo onde√≥ en favor de Morales-. Pero en los d√≠as que siguieron a su ascenso, las fuerzas de seguridad se volvieron contra la poblaci√≥n y hubo masacres en Senkata y Sacaba que dejaron m√°s de treinta muertos. Lo √ļnico que se sent√≠a en las calles militarizadas y casi desiertas de La Paz era el miedo silencioso de la poblaci√≥n, interrumpido por el ruido de los aviones militares que sobrevolaban el vecindario de El Alto, un basti√≥n de Evo. En los barrios de clase media, los residentes montaban barricadas para protegerse de un eventual ataque de los seguidores de Morales mientras que en los barrios m√°s humildes los ind√≠genas se defend√≠an del ataque del ej√©rcito y la polic√≠a.

La presidenta interina se protege mucho de los periodistas. Es muy dif√≠cil acercarse a ella y uno solo lo logra despu√©s de pasar por muchos asesores, que parecen ser los que preparan su discurso. Cuando la entrevist√©, me pareci√≥ que √Ā√Īez representaba el punto de vista que las mujeres blancas de ascendencia europea de las ciudades bolivianas quieren o√≠r. √Ā√Īez tiene rasgos ind√≠genas muy fuertes y, sin embargo, ha mandado al ej√©rcito a las calles a reprimir a gente que se parece a ella.

Todo esto me hizo recordar lo que te cuentan las feministas de La Paz sobre el sue√Īo de las ni√Īas ind√≠genas de parecerse a las mujeres blancas y por eso se alisan y pintan el pelo. Aunque este parezca un comentario racista, no lo es. A las mujeres nos incomoda cuando una de nosotras reniega de sus ra√≠ces. Mucho m√°s si se trata de una mujer con el poder de mandar a un ej√©rcito y que en su breve interinato ha adoptado una l√≠nea dura contra los opositores, privilegiado al sector blanco y cat√≥lico de la sociedad y trastocado la pol√≠tica exterior. Como Morales lo hizo con Estados Unidos, √Ā√Īez ha utilizado la soberan√≠a nacional como una coartada para expulsar a representantes diplom√°ticos de M√©xico y Espa√Īa, y romper relaciones con Cuba y Venezuela. Pero se acerc√≥ al presidente de extrema derecha brasile√Īo Jair Bolsonaro. La prensa, tan asfixiada econ√≥mica y pol√≠ticamente durante buena parte de la presidencia de Morales, tambi√©n ha sufrido el mismo tipo de acoso con √Ā√Īez.

En estos dos meses, √Ā√Īez se ha vuelto una figura tan autoritaria y radical como su antecesor en sus √ļltimos a√Īos. La calma se ha impuesto por el miedo y la fuerza de las armas. Este escenario hace que unas elecciones leg√≠timas y transparentes sean urgentes, algo que ser√° dif√≠cil con √Ā√Īez en las boletas.

El panorama electoral es complejo. Mientras Morales cuenta con Luis Arce, la oposición tiene cinco candidatos, incluyendo el expresidente Carlos Mesa y ahora a la propia presidenta interina, lo que refleja no solo las vanidades personales de esos políticos sino la miopía de la tradicional élite boliviana que los apoya, sin ninguna preocupación real por conciliar.

El problema a resolver en Bolivia es que un expresidente quería eternizarse en el poder y que la amenaza de una autocracia populista sigue vigente. Si los opositores a Evo realmente quieren tener una elección limpia que permita la alternancia democrática, disminuya la polarización, aleje el autoritarismo y fomente la paz, no tienen otro camino que llegar a un acuerdo.

La mejor soluci√≥n ser√≠a organizar desde ya un frente que una a la oposici√≥n democr√°tica para ayudar a estabilizar al pa√≠s y devolverle credibilidad a sus instituciones. √Ā√Īez tiene una importante contribuci√≥n que hacer como lideresa de la transici√≥n. Para ello debe renunciar de inmediato a su candidatura y poner su mayor esfuerzo en lograr la unidad. Y si Morales quiere un mejor futuro para su pa√≠s debe dejar de agitar y radicalizar. Es dif√≠cil, pero no imposible. En ello se juega el porvenir de Bolivia.

 

Sylvia Colombo es corresponsal en América Latina del diario Folha de São Paulo.

 

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