'Dreamers' o c贸mo perder el miedo
Por: Jorge Ramos / The New York Times
Junio 2020
Fotografia: Reuters

La Corte Suprema de Estados Unidos detuvo el plan de Donald Trump de terminar con DACA, el programa que protege de la deportaci贸n a cientos de miles j贸venes inmigrantes. La perseverancia de sus beneficiarios pasa por una lecci贸n entra帽able: alzar la voz.

La historia parece incre铆ble: un grupo de j贸venes indocumentados le ha ganado al hombre m谩s poderoso del mundo, Donald Trump, en la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos. Fue una batalla larga y que, al final, se decidi贸 por un solo voto: el tribunal decidi贸 que el plan del presidente estadounidense de ponerle fin al programa de Acci贸n Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por su sigla en ingl茅s) no ten铆a sustento.

Lo he dicho varias veces, los dreamers son mis h茅roes. Como periodista he seguido muy de cerca su lucha de m谩s de una d茅cada en Estados Unidos y no deja de sorprenderme todos los retos que han superado. En el fondo de su estrategia hay una idea central: perder el miedo. Como indocumentados en este pa铆s siempre han estado en peligro de deportaci贸n. Pero eso no ha evitado que hagan denuncias, participen en protestas y se enfrenten valientemente a los pol铆ticos m谩s poderosos de la naci贸n. Y nada como lo que acaban de lograr.

El fallo de la Corte Suprema es una enorme victoria para los dreamers y un rev茅s para Trump, quien en su campa帽a presidencial en 2016 prometi贸 terminar con el programa. Esta es la manera en que lo lograron.

Sus padres los trajeron desde ni帽os a Estados Unidos y, en alg煤n momento de su adolescencia, se enteraron de que eran indocumentados. Lejos de quedarse callados, abrazaron su identidad y salieron a luchar. Quer铆an que los reconocieron como lo que son: estadounidenses. El problema es que necesitaban un papel para probarlo.

Llegaron, en su mayor铆a, de pa铆ses pobres y violentos. Aprendieron ingl茅s y corr铆an el riesgo de ser regresados a naciones que desconocen por completo. Pero tambi茅n aprendieron ese mantra de la cultura estadounidense: si te esfuerzas mucho, puedes lograr cualquier cosa.

Estaban, como sus padres, ante un constante peligro de deportaci贸n. Desde los ataques terroristas de 2001, Estados Unidos se ha convertido en un pa铆s cada vez m谩s hostil para los extranjeros. Los mayores hab铆an aprendido a quedarse en silencio, a ser casi invisibles, para sobrevivir. Pero los dreamers r谩pidamente rechazaron esa cultura del silencio y la reemplazaron por una de activismo, vocal y rebelde (lo que en ingl茅s llaman in your face). La mexicana Erika Andiola, por ejemplo, una vez enfrent贸 al entonces l铆der de la C谩mara de Representantes, John Boehner, mientras desayunaba en una cafeter铆a de Washington. "El primer paso siempre es perder el miedo", reflexionar铆a Erika tiempo despu茅s.

Un grupo de cuatro estudiantes sali贸 caminando desde Miami hasta Washington el primero de enero de 2010 para denunciar la situaci贸n en que viv铆an. El riesgo era enorme. "Era la primera vez que hac铆amos algo as铆", me dijo a帽os despu茅s Gaby Pacheco, nacida en Ecuador. "Pero ya no 铆bamos a tener m谩s miedo".

Ese mismo 2010, ante el fracaso en el Senado del llamado Dream Act, que no consigui贸 lo votos necesarios, la 煤nica alternativa era convencer al presidente Barack Obama de darles alg煤n tipo de protecci贸n migratoria. En ese esfuerzo particip贸 Lorella Praeli, quien naci贸 en Per煤 y perdi贸 una pierna en un accidente. "Cuando yo me ca铆a", me cont贸 para un libro, "mi pap谩 no me levantaba ni dejaba que nadie me levantara". Esa perseverancia, y el esfuerzo de muchos m谩s, ayud贸 a que Obama autorizara DACA en 2012. La idea era que esa orden ejecutiva beneficiar铆a potencialmente a m谩s de un mill贸n de dreamers.

"Cuando yo empec茅 茅ramos un grupo de cinco, nunca pens茅 que fu茅ramos miles", me dijo en una vieja entrevista Cristina Jimenez, cofundadora de United We Dream, la organizaci贸n de dreamers m谩s grande de Estados Unidos. Cristina, nacida en Ecuador, form贸 parte del primer grupo de estudiantes indocumentados que entr贸 en la Casa Blanca y que le pidi贸 al presidente Obama que detuviera las deportaciones.

S铆, estaban agradecidos con Obama por DACA, pero sus padres y hermanos corr铆an el riesgo de ser deportados. Ese esp铆ritu de solidaridad -de que estamos en esto juntos- es el que ha caracterizado a los dreamers desde antes de esa primera caminata de Miami a Washington.

Es injusto solo mencionar en esta columna a Erika, Gaby, Lorella y Cristina porque han sido literalmente miles de dreamers los que lograron la hist贸rica decisi贸n de la Corte Suprema de Justicia que les permite, por ahora, quedarse en Estados Unidos protegidos por DACA. Pero la lucha no ha terminado.

El presidente Trump, en un tuit lleno de rencor, dijo: "Estas horribles decisiones, pol铆ticamente cargadas, de la Corte Suprema son como un tiro de escopeta a la cara de la gente que orgullosamente se llama republicano o conservador". Si Trump hubiera ganado, hoy habr铆a unas 700.000 personas m谩s en peligro de deportaci贸n. En cambio, Joe Biden, el candidato de facto del Partido Dem贸crata a la presidencia, ha dicho que enviar铆a una propuesta al Congreso su primer d铆a en la Casa Blanca para legalizar permanentemente a los dreamers. La elecci贸n es el 3 de noviembre.

Mientras tanto, la mayor lecci贸n de esta decisi贸n hist贸rica en la Corte Suprema es que el primer paso siempre es reconocer el miedo para luego vencerlo. Cuando el silencio no es una opci贸n, pueden pasar cosas maravillosas.

Jorge Ramos (@jorgeramosnews) es periodista, conductor de los programas Noticiero Univisi贸n y Al punto, y autor del libro Stranger: El desaf铆o de un inmigrante latino en la era de Trump.

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