El caos del mundo se instala en una isla griega
Por: Jason Horowitz / The New York Times
Febrero 2020
Fotografia: Laura Boushnak para The New York Times

Los habitantes de Samos y los solicitantes de asilo enfrentan juntos condiciones que no pueden controlar, como el caos en Medio Oriente y la indiferencia de la Unión Europea.

En la ladera de una colina de Samos, la isla griega conocida por sus antiguas ruinas, coloridas aldeas de pescadores y su vino moscatel dulce, se encuentra un campamento de migrantes repleto y una ciudad en crecimiento que muchas personas califican como el campamento de refugiados m√°s sobrepoblado y abrumado de Europa.

Giannis Meletiou, un abogado de 60 a√Īos, vive al pie de la colina. Un d√≠a, se mont√≥ en su camioneta y condujo unos cuantos cientos de metros por un camino estrecho y serpenteante con tiendas de campa√Īa hacinadas a los costados. Salud√≥ a unos ni√Īos, quienes se alegraron cuando lo reconocieron: √©l siempre les lleva s√°ndwiches.

Luego pas√≥ el campamento, protegido con alambre de p√ļas y desbordado de personas, y transit√≥ con gran estruendo por entre los √°rboles que los migrantes hab√≠an despojado de sus ramas y cuyos troncos hab√≠an cortado para hacer le√Īa.

Lleg√≥ a la antigua propiedad de su familia, en un terreno con vista al mar y monta√Īas nevadas y se qued√≥ de pie sobre un rect√°ngulo de piedra que le llegaba a las rodillas. Fue lo √ļnico que qued√≥ de la casa donde se refugiaron sus padres durante la Segunda Guerra Mundial. Los migrantes se hab√≠an llevado las paredes de madera, las ventanas, las puertas y el techo. "Todo", dijo encogi√©ndose de hombros.

Aproximadamente unos 6800 solicitantes de asilo est√°n metidos en el campamento luchando contra las condiciones del clima y el terreno en los olivares y los bosques de pinos de la colina. Debajo, hay un pintoresco pueblo portuario que alberga a cerca de 6200 habitantes como Meletiou.

Juntos, los habitantes y los solicitantes de asilo comparten la peor parte de las tensiones que van más allá de su control: la deficiencia del gobierno griego, el trato indiferente de la Unión Europea, el caos de Medio Oriente y las maquinaciones geopolíticas de Turquía.

Además, muchas personas de aquí temen que este bello destino turístico -famoso por ser el lugar de nacimiento de la diosa Hera y del filósofo Epicuro- sea el escenario habitual en el futuro si el continente no se organiza.

Los migrantes est√°n atorados, b√°sicamente: est√°n a la espera de que se apruebe su permiso para viajar a la Grecia continental y obtener su estatus de refugiado y buscar una nueva vida. Pero pocos del otro lado de la costa los quieren y el nuevo gobierno ha batallado para encontrar lugares que quieran acogerlos. Otros gobiernos europeos han cerrado sus puertas.

Las familias que viven cerca de la colina se quejan de que su forma de vivir est√° bajo asedio, de que tienen que encadenar sus muebles de exterior a las cercas y que cualquier cosa que se quede fuera -zapatos, ropa, los limones de los √°rboles- desaparece.

Las casas de veraneo han sido invadidas por quienes buscan frazadas, colchones, cortinas, cucharas y ollas. Han desaparecido puertas. En un caso, unos migrantes quitaron la duela del segundo piso de una vivienda.

Muchas personas del pueblo, como Meletiou, se solidarizan con el sufrimiento de los migrantes, incluso cuando este verano llegaron más personas en barco desde Turquía. El alcalde del pueblo, Georgios Stantzos, es un buzo apasionado que se ofreció como voluntario para rescatar a solicitantes de asilo y recuperar los cuerpos de los ahogados durante el momento más álgido de la crisis de 2015.

No obstante, en fechas recientes, captaron a Stantzos en un video de celular mientras arremet√≠a contra los migrantes que vagabundeaban por la plaza principal. Se disculp√≥, pero en una entrevista sostuvo que el video no lleg√≥ a mostrar una manifestaci√≥n furiosa de migrantes que bajaban a la plaza durante una celebraci√≥n navide√Īa para los ni√Īos poco antes de su arrebato.

"Yo respond√≠ para que los ciudadanos no lo hicieran", se√Īal√≥, y a√Īadi√≥ que le hab√≠a suplicado al gobierno de Grecia que le ayudara cuando el campamento estall√≥ en disturbios que amenazaban con ahuyentar a los visitantes de una isla que no puede vivir sin el turismo.

Pero había llegado a la conclusión "razonable" de que el gobierno estaba "sacrificando" su isla y otras más, incluyendo a Lesbos, donde la semana pasada la policía disparó gas lacrimógeno contra unos migrantes disgustados que marchaban hacia el pueblo para protestar por sus condiciones tan precarias.

Fuera del ayuntamiento de Samos, al lado del paseo marítimo salpicado de restaurantes de carne asada, cafeterías y agencias de turismo, los migrantes caminaban con sus hijos y pescaban en el puerto. Otros venían para comunicarse por videochat con sus familiares para evitar que estos se inquieten al ver las condiciones en las que viven.

"No quiero que se preocupen", dijo Claude Fotso, de 31 a√Īos, procedente de Camer√ļn, quien ha estado viviendo en el olivar durante tres meses.

El campamento fue construido originalmente para albergar a 648 personas. Ahora tiene más de 3000. Casi nadie ha consultado a un médico.

Hace algunos d√≠as, unos adolescentes sirios colocaban cinta adhesiva en los navajazos que hab√≠an hecho en su tienda de campa√Īa unos ladrones que roban tel√©fonos celulares en la noche. Una mujer afgana que tra√≠a una playera que dec√≠a "Para m√≠ todo es griego", limpiaba ollas con la mitad de una esponja y una gota de jab√≥n l√≠quido.

A quienes viven en el campamento les va mejor que a quienes viven en las tiendas de la ladera.

"Ha llegado mucha gente. Yo soy quien ha estado m√°s tiempo ac√°", coment√≥ Ashaq Hossein, de 25 a√Īos, quien no quiso quedarse en el campamento atestado de gente cuando lleg√≥ hace dos a√Īos y medio y se instal√≥ en la ladera.

Harto de las ratas y de los aludes, Hossein, procedente de Afganistán, construyó cuartos elevados con tubos de metal que hacen las veces de pilotes, una jaula envuelta en lona para las paredes y parte de una valla de hierro forjado para la puerta. Sus documentos, con fecha del 3 de agosto de 2017, ya estaban quebradizos de tanto doblarlos y desdoblarlos.

Las autoridades dieron prioridad a los trámites de algunas nacionalidades, como la siria, y parecen haberse olvidado de otras. A través de una bocina que hay sobre el campamento se voceaban algunos nombres para que acudieran a entrevistarse y pudieran salir de la isla. "Ya perdí la esperanza de que digan mi nombre", dijo Hossein.

Por todas partes a su alrededor, los solicitantes de asilo aprovechaban una pausa del fr√≠o para lavar su ropa, ba√Īar a sus hijos que temblaban y llenar contenedores con agua potable.

Los hombres juntaron madera. Empujaban carriolas y carritos de compras repletos de ramas de √°rboles y luego cortaron le√Īos durante horas. Las mujeres barr√≠an las entradas con ramas de olivos.

Hay casi 2000 ni√Īos en la colina, incluyendo 351 menores que no est√°n acompa√Īados. Aproximadamente, 580 de los ni√Īos de la isla son lactantes y beb√©s. Solo unos 40 ni√Īos asisten a una escuela formal.

Entre los que est√°n solos se encuentra Mahid Alizadha, un afgano de 17 a√Īos que creci√≥ en Ir√°n y que estaba cort√°ndose las u√Īas afuera de una carpa. Un amigo, que se sent√≠a limpio despu√©s de ducharse por primera vez en mes y medio, le ofreci√≥ una loci√≥n color rosa para las costras en su codo derecho. En su mu√Īeca izquierda hab√≠a, en l√≠nea, 13 cicatrices de heridas que √©l mismo se hab√≠a hecho.

"Solo lo hago aquí", dijo.

Los ni√Īos corr√≠an por todos lados, esquivando matas de alambre de p√ļas mientras jugaban a las canicas.

Masooma Hassani, de siete a√Īos, re√≠a mientras arrastraba por la colina rocosa un patinete que ten√≠a las llantas atascadas. Pas√≥ frente a un hombre afgano que practicaba ingl√©s ("Palabras para preguntar: who, what, when, where, how y why") y otros que conversaban junto a un peluquero que estaba fuera. "Alto, alto, alto", gritaron porque quer√≠an escuchar los nombres que sal√≠an del altavoz.

Stantzos, el alcalde, se√Īal√≥ que el gobierno griego le prometi√≥ que cerrar√≠a el campamento de Samos y, a rega√Īadientes, obtuvo su apoyo para construir un nuevo campamento para 1500 migrantes, al que muchas personas han calificado como centro de detenci√≥n, a unos cinco kil√≥metros tierra adentro.

Pero luego escuch√≥ en la televisi√≥n que ese campamento albergar√° a 7000 migrantes. √Čl sospechaba que la cifra podr√≠a llegar hasta 15.000.

"Me siento traicionado", afirmó.

Las nuevas instalaciones est√°n enclavadas entre las colinas cerca del lugar de nacimiento de Pit√°goras, el matem√°tico de la Antig√ľedad. Las excavadoras cavaban en un amplio terreno plano rodeado de muros de concreto, vallas y alambre de p√ļas.

En la aldea vecina, Andreas Fourniotis, de 71 a√Īos, coment√≥ que tem√≠a que los migrantes pasaran por encima de la colina y llegaran a su puerta. "A toda la aldea le preocupa esto", afirm√≥.

Los migrantes de Samos dijeron que lo √ļnico que quieren es salir de la isla.

Al caer la noche, la colina volvi√≥ a enfriarse. Haidar Kazamahai, quien lleg√≥ dos d√≠as antes procedente de Irak, intent√≥ mantener caliente a su hijo de un a√Īo en la fogata de un vecino y explic√≥ que las autoridades solo le hab√≠an dado cuatro frazadas y la instrucci√≥n de arregl√°rselas.

"Tengo una ni√Īa de dos a√Īos y medio", dijo. "Y mi hijito".

Camino abajo, Mara Shahir, un doctor sirio de 67 a√Īos, le ense√Īaba a unos ni√Īos c√≥mo encender una fogata con una bolsa pl√°stica. "En el futuro sabr√°n c√≥mo mantenerse calientes", dijo.

Después de meses en la isla, Shahir y casi toda su familia recibieron un codiciado espacio para un viaje de nueve horas en ferry que los llevaría a continuar con el proceso de solicitud en el continente. Ahí muchos fueron transferidos a Ritsona, un campamento en las afueras de Atenas con mejores condiciones.

Herutier Icapesa Matinda, de 29 a√Īos, originario de Congo, hab√≠a hecho antes el viaje de Samos al campamento y celebr√≥ dirigiendo a los ni√Īos sirios para que cantaran y bailaran.

"¬ŅRitsona?", dijo Matinda.

"Bueno", cantaron los ni√Īos mientras imitaban sus movimientos.

"¬ŅSamos?", pregunt√≥.

"Malo", respondieron.

 

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