El mundo debería estar atento a las negociaciones de la deuda argentina
Por: Mark Weisbrot / The New York Times
Mayo 2020
Fotografia: CNN

Muchos países no lograrán contener la pandemia si son forzados a pagar deudas públicas insostenibles en moneda extranjera.

En este momento, Argentina está inmersa en negociaciones intensas con sus acreedores por una deuda pública de al menos 65.000 millones de dólares. La parte más importante de esa negociación -decisiva para la recuperación económica de Argentina- es la deuda en moneda extranjera, de la cual la mayoría está en dólares y principalmente en manos de extranjeros.

El resultado de estas negociaciones es muy importante para los 45 millones de residentes de Argentina, así como para cientos de millones de habitantes de este planeta. Ahora que los ingresos por el intercambio de divisas están cayendo en picada en una recesión mundial, ¿cuánto se invertirá en importaciones esenciales como medicinas o alimentos y cuánto en saldar deudas?

Si los gobiernos se ven obligados a usar sus escasas divisas para hacer pagos de deudas públicas insostenibles, no lograrán costear los servicios médicos, las pruebas diagnósticas, el equipo médico y ni siquiera las medidas de "distanciamiento social" para contener la pandemia. Y si la austeridad prolonga o profundiza las crisis económicas, las dificultades para lidiar con la crisis de salud empeorarán.

Este es el tipo de decisiones extremas para las que las negociaciones de deuda soberana podrían sentar precedentes en los próximos meses.

El Programa Mundial de Alimentos proyecta que el número de personas que estarán al borde de la inanición este año se duplicará de 135 millones a 265 millones de dólares. En 2020 y 2021, tan solo los pagos de la deuda externa pública de los países de ingresos bajos y medianos se dispararán a montos de entre 2,6 y 3,4 billones de dólares.

Argentina es uno de los muchos países cuya carga de deuda actual es insostenible. Algunos de los principales acreedores rechazaron la oferta inicial del gobierno, pero sería insensato de su parte obligar a Argentina a incurrir en impago. Esto podría ocurrir el 22 de mayo, cuando expira un periodo de gracia para los pagos de intereses, o antes si las negociaciones fracasan.

En su defensa, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha reconocido esta realidad por lo menos desde febrero, cuando explicó por qué no le sería posible a Argentina reducir su deuda mediante austeridad presupuestaria. Los economistas del FMI declararon que sería necesaria una "contribución significativa de los acreedores privados" para restablecer la sostenibilidad de la deuda. En otras palabras, los acreedores privados -que poseen el 41 por ciento de la deuda argentina en moneda extranjera- tendrían que recibir pagos menores de los que prometen sus bonos.

A sabiendas de lo necesaria que es la recuperación de una economía que ya está en su tercer año de recesión, el FMI realizó a finales de marzo un análisis más detallado de la crisis de endeudamiento de Argentina, en el cual se propuso que no hubiera reducciones presupuestarias durante los próximos cuatro años. Se concluyó que, de 2020 a 2024, el gobierno argentino no sería capaz de hacer ningún pago de deuda a acreedores privados en moneda extranjera. Por consiguiente, el análisis que hizo el FMI de lo que podría ser viable es parecido a lo que propone el presidente argentino, Alberto Fernández.

Claro que el FMI también ha recalcado que hay una enorme incertidumbre respecto al futuro cercano y los riesgos negativos, puesto que mucho de lo que pueda suceder tanto con la economía de Argentina como con la de la región y la del mundo depende del curso impredecible de la pandemia del coronavirus. Incluso en Estados Unidos, un país de altos ingresos cuyo banco central actualmente imprime billones de dólares, la pandemia ha provocado pérdidas de empleos y niveles del producto interno bruto que no se habían visto desde hace más de 70 años.

Sin embargo, los peligros son mucho mayores para los países de ingresos bajos y medianos, como los de América Latina.

La pérdida de ingresos de exportación puede provocar crisis de la balanza de pagos, dado que la economía depende de esos ingresos en dólares para pagar importaciones y el servicio de la deuda. Esto puede derivar en la escasez de importaciones esenciales, incluso vitales, así como en crisis financieras y de endeudamiento que generarían recesiones prolongadas e incluso depresiones.

El caso de Argentina es un claro ejemplo de cuán importante es que los gobiernos lleguen a acuerdos sostenibles para liquidar sus deudas, y cuán peligroso es tratar de pagar una carga de deuda que es insostenible.

De hecho, algunos de estos peligros se materializaron en Argentina antes de que iniciaran la crisis por la COVID-19 y la recesión mundial: el convenio de préstamo entre el FMI y el gobierno anterior por una cifra récord de 57.000 millones de dólares en 2018 requería de políticas presupuestarias y monetarias más estrictas. Esto provocó tasas de interés exorbitantes, una marcada depreciación del peso argentino y una inflación elevada, así como una deuda externa creciente y la profunda recesión que continúa hasta la fecha.

Esta clase de espirales descendentes que se pueden prevenir se han dado en varios países durante crisis previas, como en la crisis financiera y la Gran Recesión de los años 2008 y 2009, en la crisis financiera asiática de 1997 a 1999 y en América Latina en la década de los ochenta, un periodo conocido como la década perdida. Estas trágicas repercusiones podrían repetirse actualmente si ante la carga de deuda insostenible se impone una austeridad mortal. Además, la amenaza inmediata a la vida humana ahora es mucho mayor, pues la diferencia entre la implementación o la ausencia de medidas necesarias para contener el coronavirus por parte de los gobiernos se estima en millones de vidas.

En Estados Unidos, al menos se presta algo de atención a las injusticias que está exacerbando la crisis por la COVID-19: por ejemplo, tasas de infección y letalidad mucho más altas según la raza y el nivel de ingresos.

No obstante, hay desigualdades estructurales muy profundas que se están exacerbando mucho más a nivel internacional que nacional a causa de la pandemia, y las finanzas y las deudas internacionales están entre las principales causas de esto. Sin embargo, las negociaciones de la deuda de Argentina pueden tomar un rumbo más favorable.

Argentina ha presentado una propuesta razonable para reestructurar su deuda en moneda extranjera con acreedores privados. Su oferta más reciente plantea que se pospongan los pagos de deuda durante los próximos tres años, que se extiendan los plazos de vencimiento y que a partir de ahora se reduzcan las tasas de interés de un promedio de alrededor del 7 por ciento al 2,3 por ciento. En principio, es una reducción mínima.

Martín Guzmán, el ministro de Economía de Argentina, ha declarado que el gobierno tiene una posición flexible y que existen múltiples combinaciones para cerrar un acuerdo, siempre y cuando la deuda sea sostenible.

Los acreedores deben aceptar la realidad de que las cargas insostenibles de deuda solo engendran crisis peores a la larga. En este momento crucial de la pandemia y la recesión a nivel global, muchas vidas podrían depender de esta aceptación.

 

Mark Weisbrot, codirector del Centro de Investigación Económica y Política en Washington y presidente de Just Foreign Policy, es autor de Failed: What the 'Experts' Got Wrong About the Global Economy.

 

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