La fragilidad de Guaidó: el futuro de Venezuela ya no está en manos de la oposición
Por: Luz Mely Reyes / The Washington Post
Diciembre 2019
Fotografia: Matias Delacroix/AP Photo

Hace 10 meses, muchos pensaban que la caída del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela era inminente. Los más escépticos -entre los que me cuento- veíamos una ventana de oportunidad con el surgimiento del liderazgo del diputado y presidente de la Asamblea Nacional (AN), Juan Guaidó, y una hoja de ruta que concitaba apoyos de distinta naturaleza. Sin embargo, suponíamos que esa abertura -que conduciría a una salida democrática- podría cerrarse en poco tiempo, quizá en semanas. Hoy no solo parece que Maduro seguirá en el poder, sino que el piso que sostiene a Guaidó se debilita.

Acontecimientos recientes en la pol√≠tica venezolana mueven a√ļn m√°s esas bases. El portal de periodismo de investigaci√≥n Armando.Info revel√≥ el domingo 1 de diciembre una componenda en la que est√°n vinculados diputados de la AN -miembros de partidos opositores a Maduro- para blanquear reputaciones a empresarios que dominan el negocio de las bolsas de comida del gobierno venezolano y que est√°n siendo investigados en instancias internacionales.

"Documentos y comunicaciones obtenidas revelan que desde comienzos de 2018 se tej√≠a una trama para otorgar indulgencias a los responsables de los negociados para los Comit√©s Locales de Abastecimiento y Producci√≥n (CLAP), que incluye a varios diputados de oposici√≥n, algunos de la Comisi√≥n de Contralor√≠a", escribi√≥ el periodista Roberto Deniz quien, junto a otros tres miembros del equipo directivo del portal, tuvo que exiliarse hace dos a√Īos ante el acoso judicial, producto de sus investigaciones sobre el empresario colombiano Alex Saab, sus asociados y el gobierno de Maduro.

Un d√≠a antes, el viernes 30 de noviembre, el destituido embajador de Guaid√≥ en Colombia, el petrolero Humberto Calder√≥n Berti, declaraba las razones que pod√≠an haber llevado a su despido. Asom√≥, entre ellas, las diferencias con Caracas por presuntas irregularidades en el manejo de recursos para atender a militares venezolanos que desertaron en C√ļcuta, Colombia, en febrero pasado, cuando se frustr√≥ el ingreso de asistencia humanitaria en las fronteras venezolanas.

Ambos casos son apenas muestras de lo frágil que está el interinato de Guaidó, quien en septiembre pasado debió enfrentar una alianza entre una facción de la oposición y el gobierno de Maduro, en una mesa de diálogo paralela a la que se desarrollaba con apoyo de Noruega.

Es un momento delicado para Venezuela. Seg√ļn un estudio de la firma Datanalisis, ning√ļn l√≠der pol√≠tico llega a 50% de aprobaci√≥n. Maduro tiene 85% de rechazo, Guaid√≥ logr√≥ frenar su ca√≠da y se ubica como el l√≠der mejor valorado con 42% frente a 53% de rechazo. En un escenario as√≠, cualquier acci√≥n proveniente de factores que buscan el poder es posible.

No obstante, si se colocara en este momento en una balanza, Maduro y el chavismo en el gobierno tienen más opciones que las fuerzas democráticas, fragmentadas en oposiciones partidistas, con una sociedad civil debilitada por la falta de institucionalidad, un país en medio de contradicciones por una economía dolarizada informalmente, mientras sufre una emergencia humanitaria compleja y la constante salida forzosa de migrantes.

En este contexto, las intrigas políticas enturbian más la situación.

En semanas anteriores se perfilaba la posibilidad de avanzar hacia la conformación de un Consejo Nacional Electoral para, a su vez convocar, elecciones. De acuerdo con la Constitución, para 2020 se deben realizar comicios parlamentarios. No obstante, la oposición liderada por Guaidó -y apoyada por distintos sectores- ha reiterado que su objetivo no ha cambiado: busca elecciones que permitan la salida de Maduro. Pero los hechos se encaminan por otros rumbos.

Algo impensable unos meses atr√°s, surge como hip√≥tesis y es que las fuerzas democr√°ticas pierdan la AN no en unas elecciones -posiblemente a ser ejecutadas en el segundo semestre del 2020-, sino por una maniobra que permita a los opositores a Guaid√≥ hacerse con la directiva del legislativo en enero, cuando corresponde el inicio del a√Īo parlamentario, el √ļltimo de esta AN.

Esta etapa del juego pol√≠tico venezolano tiene implicaciones tambi√©n internacionales. La AN goza del reconocimiento general porque fue electa en el √ļltimo proceso competitivo que hubo en Venezuela. ¬ŅQu√© pasar√≠a si Maduro, junto a la oposici√≥n disidente, logra hacerse con ella por v√≠a de artima√Īas, aunque en un marco a√ļn legal?

La operación es factible, pero abriría otros escenarios. Guaidó cuenta con el reconocimiento de más de 50 países. Si usted está en Washington, por ejemplo, no le cabría duda de que él es el presidente de Venezuela. Y es su gobierno el que tiene el control de varios bienes internacionales, entre ellos la empresa petrolera Citgo.

Todo lo anterior no hace sino poner en discusión qué puede hacer una comunidad internacional que ha reconocido a Guaidó, que lidia con un país que sigue expulsando a sus connacionales con una migración sin precedentes en Latinoamérica y con un gobierno autoritario que no ve necesidad de democratizarse.

En Venezuela, los acontecimientos suelen dar vuelcos inesperados, por eso es tan difícil hacer predicciones. Sin embargo, lo que sí se puede afirmar es que los objetivos planteados por Guaidó no se han logrado, que el tiempo ha jugado a favor de Maduro y que, a menos que ocurra algo extraordinario, las fuerzas democráticas corren el riesgo de perder esta batalla.


Luz Mely Reyes es periodista y analista política. En 2015 cofundó el medio independiente Efecto Cocuyo, del que es directora.

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