La militarización de El Salvador debería de preocuparnos
Por: Diego Gómez Pickering / The Washington Post
Julio 2020
Fotografia: AFP

El 16 de noviembre de 1989, seis sacerdotes jesuitas -cinco de ellos espa√Īoles-, una trabajadora del hogar y su hija de 16 a√Īos fueron masacrados en la sede de la Universidad Centroamericana de San Salvador (UCA) por miembros del batall√≥n Atl√°catl del Ej√©rcito salvadore√Īo. El prop√≥sito del asesinato, gestado por altas esferas del gobierno ultraconservador de entonces, era descarrilar las negociaciones de paz con el Frente Farabundo Mart√≠ para la Liberaci√≥n Nacional (FMLN). Su efecto fue justo el contrario, pues la matanza se constituy√≥ en un punto de inflexi√≥n de la longeva guerra civil del pa√≠s.

En junio de este a√Īo inici√≥ en Madrid un proceso judicial contra el viceministro de Defensa del gobierno del expresidente salvadore√Īo Alfredo Cristiani en 1989, Inocente Orlando Montano, por su presunta participaci√≥n en "la decisi√≥n, dise√Īo o ejecuci√≥n" de la masacre. Con ello se abre una oportunidad para hacer justicia, honrar la memoria de los llamados "m√°rtires de la UCA" y de los m√°s de 75,000 muertos en el conflicto y, sobre todo, de advertir que, en El Salvador, el Ej√©rcito tiene cada d√≠a m√°s poder, como lo tuvo en la guerra fratricida que sucedi√≥ hace m√°s de 30 a√Īos.

A poco m√°s de un a√Īo de asumir el gobierno, el presidente salvadore√Īo, Nayib Bukele, se erige a√ļn como el palad√≠n que habr√° de terminar con la desgarradora violencia que ha azotado a El Salvador durante las √ļltimas d√©cadas y que lo coloc√≥ entre los pa√≠ses con m√°s muertes violentas por n√ļmero de habitantes en el planeta.

Para ello, ha declarado una guerra sin cuartel a las pandillas y ha dise√Īado una estrategia llamada Plan de Control Territorial, que implica, en su tercera fase y tan solo para este 2020, el mayor incremento presupuestal para las fuerzas armadas salvadore√Īas desde la firma de los Acuerdos de Paz de Chapultepec, que en 1992 pusieron fin a la cruenta guerra civil.

La estrategia, si bien ha disminuido el n√ļmero de homicidios dolosos en el pa√≠s, levanta alarmas pues implica militarizar la seguridad y obliga a hacer un repaso del doloroso y a√ļn muy reciente pasado de la naci√≥n centroamericana.

"Un paso m√°s en la militarizaci√≥n de la seguridad p√ļblica de Bukele", titulaba el sitio El Faro una nota el 8 de marzo en la que se escudri√Īa un pr√©stamo solicitado por el gobierno de Bukele al Banco Centroamericano de Integraci√≥n Econ√≥mica por 109 millones de d√≥lares, con los cuales el mandatario pretende financiar la tercera fase de su plan. Seg√ļn la nota, alrededor de la mitad del pr√©stamo ir√≠a a aumentar la movilidad y despliegue del Ej√©rcito en todo el territorio, para realizar labores de inteligencia y seguridad p√ļblica.

La negociación del préstamo había confrontado semanas atrás al Ejecutivo con la Asamblea Legislativa, puesto que los parlamentarios, tanto de derecha (Arena) como de izquierda (FMLN), mostraron reticencia respecto al plan. Bukele ordenó militarizar al máximo órgano legislativo del país y llenó el pleno con efectivos fuertemente armados.

A las pocas semanas del asalto a la Asamblea, las fotos de cientos de presos amontonados en algunas cárceles de El Salvador, en plena pandemia por coronavirus, rodeados por carceleros de formación militar que portan armas largas, le trajo críticas mundiales a Bukele, a quien poco le importó el hecho pues cuenta con altos índices de popularidad y sabe que en El Salvador la gente está cansada de la violencia.

Sin embargo, su f√≥rmula de tintes autoritarios para abordar el problema, extralimitando el rol del Ej√©rcito en un pa√≠s que sufri√≥ tanto por sus abusos, debe preocuparnos a todos en Am√©rica Latina, no solo a los salvadore√Īos. El presente de la naci√≥n mesoamericana alarma y trae recuerdos de un pasado no olvidado del todo. Las dictaduras castrenses del Cono Sur, la militarizaci√≥n de la seguridad en M√©xico, el rol del Ej√©rcito en la guerra colombiana y en la Venezuela chavista, son solo algunos ejemplos.

Por eso tiene una importancia especial el proceso judicial que se desarrolla en Madrid contra parte de la c√ļpula militar ultraderechista de El Salvador; la cual, con la venia de los Estados Unidos, no solo combati√≥ al FMLN, sino que masacr√≥ a miles de salvadore√Īos inocentes con una impunidad que lleva m√°s de 30 a√Īos solap√°ndose. El rol de la justicia ib√©rica da contexto y coyuntura para hacer frente a una realidad innegable en Am√©rica Latina, en donde los ej√©rcitos -desde el de Brasil con el presidente Jair Bolsonaro, al de M√©xico con Andr√©s Manuel L√≥pez Obrador-, contrariando su rol y prop√≥sito, y obviando la carga hist√≥rica, est√°n poco a poco erigi√©ndose como actores en una trama que no les corresponde.

Para evitar dicho destino, la sociedad civil y el poder político de nuestros países deben de tomar con seriedad lo que sucede en El Salvador y fungir de contrapeso ante cualquier intento que amenace el frágil equilibrio de la región. De lo contrario, nuestra historia, tan dolorosa, sangrienta y llena de culpables, golpes de Estado, víctimas e injusticias, amenaza con repetirse.


Diego Gómez Pickering es un escritor, periodista y diplomático mexicano. Su libro más reciente es 'Diario de Londres'.

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