La política racista de América Latina es un espejo en el que no nos queremos ver
Por: Marco Avilés / The Washington Post
Enero 2020
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Fotografia: Carolina Antunes-PR

Marco Avilés escribe sobre racismo en América Latina. Es autor de 'No soy tu cholo' y 'De dónde venimos los cholos'. Actualmente estudia un doctorado en la Universidad de Pennsylvania.

En mi clase de secundaria, en la Lima de los a√Īos noventa, tuve un compa√Īero apodado Cochin√≥n. Se llamaba Enrique y era un chico afroperuano cuyo sobrenombre hab√≠a transitado de la llana literalidad del Negro a la metaf√≥rica crueldad que asociaba su color de piel con la suciedad. Enrique era un gran jugador de f√ļtbol y, en cada partido, acomet√≠a el triple prodigio de pasar la pelota entre las piernas de los contrincantes, hac√≠a goles incre√≠bles y remontaba el p√°nico esc√©nico para lograr ser el mejor mientras otros lo insultaban en coro.

Entonces, como ahora, la piel negra parecía una invitación natural a la violencia y generaba una especie de hermandad en la burla, el asco o la conmiseración, actitud popular en las escuelas, la publicidad y la televisión de América Latina.

Record√© a Enrique y a mis compa√Īeros de escuela al ver un debate reciente entre dos pol√≠ticos cuarentones que compiten para ser congresistas del Per√ļ en las pr√≥ximas elecciones: Julio Arbiz√ļ, un abogado de izquierda y piel oscura, y Mario Bryce, un periodista ultraconservador y de piel clara. En un gesto inspirado en el t√≠pico bullying escolar, Bryce termin√≥ su intervenci√≥n entreg√°ndole dos jabones a su oponente: uno de ropa y otro de cara. Negro cochino, te regalo jab√≥n para que te ba√Īes, ser√≠a la traducci√≥n.

El racismo es un lenguaje familiar fruto de siglos de historia colonial, esclavismo, latifundismo, imposici√≥n del mestizaje, colorismo, culto a la supremac√≠a blanca y tambi√©n el resultado de una educaci√≥n que niega u obvia todo lo anterior como un tab√ļ. Es especialmente notorio en esta √©poca de hipercomunicaci√≥n y de extrema polarizaci√≥n pol√≠tica. Pocas cosas m√°s extremas, m√°s polarizantes, m√°s virales, m√°s pol√≠ticas que la violencia racista.

Cuando la abogada Jeanine √Ā√Īez asumi√≥ el cargo de presidenta interina de Bolivia, en noviembre de 2019, una de sus primeras acciones consisti√≥ en borrar varios de sus mensajes de Twitter. Algunos hab√≠an pasado a√Īos reposando en el olvido pero ahora, con la repentina notoriedad y poder adquiridos por √Ā√Īez, parec√≠an el ideario pol√≠tico de Daenerys Targaryen, la madre de los dragones, en la √ļltima temporada de Game of Thrones: "Aferrado al poder, pobre indio", hab√≠a escrito el 5 de octubre de 2019 sobre su antecesor, Evo Morales. "Qu√© a√Īo nuevo aimara ni lucero del alba!! sat√°nicos", en junio 2013.

En un pa√≠s como Bolivia, donde casi la mitad de personas se identifica como ind√≠gena, los tuits de √Ā√Īez parec√≠an el pr√≥logo de una inminente campa√Īa de extirpaci√≥n de idolatr√≠as en tiempos de redes sociales. Los polic√≠as cortaban las banderas ind√≠genas de sus uniformes, decenas de personas mor√≠an en las calles. En medio del caos, √Ā√Īez entr√≥ al Palacio de Gobierno cargando una Biblia enorme, como un arma para aplastar enemigos o un estandarte para atraer a sus partidarios en un ritual de fanatismo anti ind√≠gena.

El racismo es la afirmaci√≥n de la superioridad racial y cultural de "lo blanco", en una especie de l√≥gica vertical donde arriba se encuentran los que encajan o encajamos en esa categor√≠a; al medio, quienes se consideran o nos consideramos mestizos; y abajo, quem√°ndose casi en el infierno, los indios "sat√°nicos" y los negros "cochinos". Las personas ni siquiera necesitamos entender esto de manera consciente: el sistema funciona as√≠. Desde la colonia hasta hoy, desde el soldado espa√Īol Francisco Pizarro hasta el actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, el racismo ha producido a nuestras √©lites latinoamericanas y a nuestros excluidos.

En otras palabras, el racismo nos ha producido a cada uno de nosotros: nos ha dado un lugar, nos ha marcado un camino y es muy probable que parte del argumento de nuestras vidas consista en remontar o aprovechar esa corriente. Como el machismo y la homofobia, el racismo tiene una dimensión política y estructural: los exabruptos, los jabones, los insultos que se viralizan en la internet son apenas el indicador de ideas y sentimientos más profundos, más antiguos.

Los pol√≠ticos de moda lo entienden. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, y Bolsonaro son ejemplos de manual de c√≥mo convertirte en presidente invent√°ndote un enemigo √©tnico para el consumo de las masas y de los medios: el latino ilegal, en el norte; el indio salvaje que ocupa tierras que el pa√≠s necesita para crecer, en el sur. En 2008, el diputado Bolsonaro llamaba a los nativos "indios hediondos, no educados y no hablantes de nuestra lengua". No eran solo insultos sino el tono de un plan por venir. Una d√©cada despu√©s, el presidente Bolsonaro ha emprendido una campa√Īa contra los ind√≠genas para, seg√ļn la relatora de las Naciones Unidas, poder quitarles sus tierras en favor de la ganader√≠a y la miner√≠a. El tiempo parece detenido en Latinoam√©rica. Los estados republicanos siguen siendo estados colonialistas.

El Per√ļ, que elegir√° nuevos congresistas en menos de dos semanas, no ha necesitado de un Bolsonaro para que la pol√≠tica sea un espect√°culo y una pr√°ctica racistas. Para el expresidente Alberto Fujimori, en los noventa, los ind√≠genas eran una estad√≠stica de pobreza que hab√≠a que reducir impidiendo que tuvieran hijos. Para Alan Garc√≠a, una d√©cada m√°s tarde, los ind√≠genas eran "perros del hortelano", violentos y ego√≠stas. Para Pedro Pablo Kuczynski, que gobern√≥ en esta d√©cada, los ind√≠genas andinos no entend√≠an la econom√≠a porque el ox√≠geno no les llegaba al cerebro. Con semejantes antecedentes, hoy circulan con alegre libertad memes que llaman a no votar por candidatos ind√≠genas porque "son el atraso". Tampoco sorprende que, aprovechando el momento y de cara al 2021, otros pol√≠ticos jueguen a atraer la atenci√≥n de los medios anunci√°ndose como el "Bolsonaro peruano". Ese a√Īo el pa√≠s elegir√° a un nuevo presidente y apagar√° 200 velitas de historia republicana. Una historia que, como en el resto de Am√©rica Latina, ha sido y seguir√° siendo una pelea contra nosotros mismos.

 

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