Néstor vuelve
Por: Martín Caparrós / The New York Times
Junio 2019
Fotografia: Walter D√≠az/Agence France-Presse ‚ÄĒ Getty Images

Lo sintetiz√≥, no hace mucho, un genio an√≥nimo: "La Argentina es un pa√≠s donde, si te vas de viaje veinte d√≠as, al volver cambi√≥ todo, y si te vas de viaje veinte a√Īos, al volver no cambi√≥ nada".

En octubre otra vez cambiar√° todo: habr√° elecciones para presidente. As√≠ que ese pa√≠s en temblores constantes se acerca al terremoto. Es dif√≠cil comentar ese proceso; todo lo dicho hoy puede caducar ma√Īana, pero hay una base real: este no es el peor momento de la Argentina porque la Argentina se ha especializado en momentos espantosos, pero es, quiz√°, su momento m√°s desesperanzado. Las brutas crisis anteriores sol√≠an ser s√ļbitas y feroces, como un rayo que incendia la llanura. Esta, en cambio, parece lenta y persistente, duradera, sin visos de salida. Entre otras cosas, porque el gobierno que la condujo dice que no la produjo y ahora pretende convencernos de que tiene la soluci√≥n. Ya lo dijo varias veces y nunca result√≥: no es f√°cil creerle, y una gran mayor√≠a no le cree.

Pero su jefe quiere seguir gobernando, as√≠ que se aferra a su √ļltima esperanza: que muchos crean que la alternativa -un nuevo gobierno kirchnerista- es todav√≠a peor. Para eso recuerda sin cesar que sus jefes robaban con denuedo y que su jefa m√°xima era intolerante y gritona y descuidada con las instituciones. A algunos les alcanza para desecharla; a muchos no. Entonces, para centrarse en el tema central -la econom√≠a- proclama que la crisis viene de ese ciclo. Es probable que muchos males econ√≥micos se originen en aquel dispendio de subsidios injustos, mal repartidos, que dej√≥ un Estado agotado, pero hab√≠a un poco m√°s de dinero en las vidas de millones. Este gobierno fall√≥ en su maniobra discursiva decisiva: convencer a esos millones de que cuando viv√≠an mejor en realidad viv√≠an peor, porque estaban gastando a cuenta, preparando el desastre. Y que, por eso, aquellos malos eran a√ļn m√°s malos que estos malos.

En esa competencia entre peores se decide, ahora, la Argentina que viene: el que consiga presentarse como el mal menor sacar√° unos votos m√°s que el otro y la gobernar√°. Ambos est√°n lanzados, y el kirchnerismo no suele esperar que le impongan las reglas. Sabe forzar las situaciones; para eso su jefa se nombr√≥, hace unos d√≠as, vicejefa. Fue una maniobra que sorprendi√≥ a propias y extra√Īas: Cristina Elisabet Fern√°ndez viuda de Kirchner, la pol√≠tica m√°s poderosa de la Argentina, se proclamaba candidata a vicepresidenta en las pr√≥ximas elecciones, en una f√≥rmula que encabezar√≠a su tocayo Alberto. Y lo anunciaba ella misma, supuesta acompa√Īante, ofreciendo el caos de un equipo presidencial en que la segunda tiene todo el poder y el primero poquito: la promesa de un gobierno al rev√©s o d√© una pelea sin cuartel por ponerlo al derecho.

Al momento, todo el sistema político argentino se lanzó a imaginar por qué, para qué. Siguen en eso; yo creo que es, otra vez, un recurso a los muertos.

En Espa√Īa es famosa aquella imagen del Mio Cid, caballero medieval de tantos cuentos, que gan√≥ su √ļltima batalla ya cad√°ver, amarrado a su potro. En Argentina ser√≠a lo m√°s com√ļn: no hay, en su pol√≠tica, nada que pueda competir con un difunto. Todo consiste en ser el muerto del momento: durante d√©cadas lo fue Eva Per√≥n, Juan Domingo Per√≥n tuvo su tiempo, Guevara era una fija, incluso Alfons√≠n se postul√≥, pero pocos han tenido tanto poder como el finado N√©stor Kirchner desde hace nueve a√Īos.

En octubre de 2010, cuando murió inesperadamente a sus 60, su esposa gobernaba con dificultades: otra crisis económica la golpeaba y las elecciones de 2011 se le anunciaban complicadas. Su muerte la salvó. El asesor principal del candidato opositor se lo dijo, entonces, muy claro: "No te presentes. No le podés ganar a una viuda reciente". Mauricio Macri le hizo caso y esquivó aquella trampa.

(En un raro artículo satírico que escribí en 2009 los operadores principales del kirchnerismo se reunían alrededor de unas mollejas y llegaban a la conclusión de que solo podrían ganar las elecciones si uno de los dos esposos aceptaba morirse por la causa; tras larga discusión decidían que era mejor que fuera él. Meses después me pareció un mal chiste).

En los cuatro a√Īos que siguieron a su muerte N√©stor Kirchner, rebautizado por ella como "√Čl", estuvo en todas partes. El censo de un blog especializado -Ponele N√©stor a todo- dice que se apodaron con su nombre m√°s de 170 escuelas, t√ļneles, terminales, rotondas, avenidas, plazas, piletas, hospitales; los intendentes entendieron que alcanzaba con ese bautismo para que un proyecto recibiera luz verde y billetes violetas. Mientras, el gobierno de su viuda se encontraba con m√°s y m√°s dificultades econ√≥micas, pol√≠ticas, sociales. Entonces recurri√≥ al cap√≠tulo 2 del Populismo for Dummies: pocos hechos significativos pero catarata de palabras tremebundas. Su violencia -discursiva- dio lugar a lo que desde entonces se llam√≥ "la Grieta": una polarizaci√≥n extrema de la sociedad. El muerto se volvi√≥, tambi√©n, un hombre de pelea.

Apareci√≥ entonces un peque√Īo sector peronista que intent√≥ armar otra imagen del difunto: oponer el gobierno supuestamente exitoso y calmo de aquel hombre al supuestamente fallido y chocador de esa mujer. Era una maniobra que encabezaba -feroz, despiadado con ella- su exjefe de Gabinete: Alberto Fern√°ndez y sus pocos amigos ya no se dec√≠an kirchneristas porque el kirchnerismo y la figura de N√©stor Kirchner hab√≠an sido malbaratados por la viuda. Contra sus excesos, se defin√≠an "nestoristas" y se propon√≠an m√°s serenos, m√°s centristas, m√°s "republicanos". "El peronismo [...] fue progresista con N√©stor Kirchner y solo fue pat√©tico con Cristina", dijo entonces Fern√°ndez en una entrevista. O, en un tuit, que "A NK [N√©stor Kirchner] lo acompa√Ī√©. Con Cristina es imposible". O, en otros: "Qu√© penoso ver a lo que Cristina somete a las instituciones argentinas". O, m√°s directo: "CFK [...] actu√≥ como una psic√≥pata".

Lo dec√≠a su ex hombre de confianza; muchos argentinos ya lo cre√≠an. La se√Īora se hab√≠a hecho demasiados enemigos. Por eso sus candidatos perdieron las elecciones de 2015; por eso ella misma podr√≠a perder las de 2019. Necesitaba rebajar esa imagen peleadora, casi autoritaria, tan claramente yo yo yo, y buscar cierto barniz institucional y conciliador y moderado; pens√≥ que Alberto Fern√°ndez como cabeza de f√≥rmula pod√≠a d√°rselo. Y que traer√≠a consigo el premio gordo, la ayuda indispensable: una imagen tuneada del difunto. "A veces me dicen 'Bueno, sos igual que Kirchner'. Me llena de orgullo", dijo el candidato en su primer spot de campa√Īa. Y la palabra N√©stor no se le cae de la boca ni un momento y ella, ahora, tambi√©n lo recupera.

La gran ventaja de los muertos es que son construcciones de los vivos. Este N√©stor 2019, candidato inmejorable, tiene, por las necesidades de la hora, dos rasgos decisivos: un aprecio por el di√°logo y las instituciones que su viuda nunca tuvo y la experiencia de la salida de la crisis de 2001. Alberto Fern√°ndez es su m√©dium constante, dedicado: "Tengo una ventaja sobre todos ustedes. Cuando tuvimos que enfrentar estos problemas, en el despacho de al lado ten√≠a a un tipo que ten√≠a claro lo que hab√≠a que hacer. [...] Con N√©stor entramos a un laberinto, yo estuve en ese laberinto, tengo la experiencia, y supimos salir de ese laberinto en que nos metieron", dijo en su primer acto de campa√Īa.

Adem√°s del difunto, se supone que Fern√°ndez tambi√©n aporta su talante negociador que deber√≠a tranquilizar a "los mercados" -los ricos argentinos, los prestamistas internacionales- y permitirles seguir con sus negocios. Que ese talante pueda leerse como una inconstancia a toda prueba o puro oportunismo, que el mismo se√Īor que hace veinte a√Īos era candidato del partido neoliberal ahora sea candidato dizque progresista, que el mismo se√Īor que hace dos o tres a√Īos dec√≠a que una se√Īora era una psic√≥pata ahora sea su candidato a dizque presidente, puede, quiz√°s, inquietar a los militantes m√°s ac√©rrimos; al resto no parece importarle demasiado. "Los peronistas somos as√≠, un d√≠a decimos una cosa y despu√©s otra", explic√≥ hace unos d√≠as Hugo Moyano, su m√°ximo l√≠der sindical. Si su frase no entra en el pante√≥n de las Grandes Definiciones de la Patria es que all√°, al sur del sur, la justicia po√©tica est√° tan mal como la otra.

La perspectiva es, de tan oscura, casi clara. Una f√≥rmula al rev√©s, inveros√≠mil, melanc√≥lica, entra en campa√Īa con chances de ganar. Las tiene porque tiene, enfrente, a un gobierno que hizo todo mal: que ni siquiera favoreci√≥ a los suyos. As√≠, las pol√≠ticas antipopulares de Macri consiguieron la haza√Īa de hacer olvidar las pol√≠ticas antipopulares de Fern√°ndez: se habla, con toda raz√≥n, del 33 por ciento de pobres del gobierno de Mauricio Macri en 2019 y se calla, sin ninguna, el 32,4 por ciento de pobres del gobierno de Cristina Fern√°ndez en 2014. El mecanismo todav√≠a funciona: el √©xito peronista se basar√≠a, una vez m√°s, en el fracaso argentino -y viceversa-.

 

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