¬ŅPor qu√© QAnon fracas√≥ en Jap√≥n?
Por: Matt Alt / The New York Times
Abril 2021
Fotografia: P√Ęt√©

 


Reprob√≥ la prueba de los expertos en conspiraciones y no convenci√≥ al p√ļblico.

Durante m√°s de 40 a√Īos, el principal proveedor de fen√≥menos oscuros en Jap√≥n, la revista Mu, le ha vendido Pie Grande, ovnis y lo oculto a una base de fan√°ticos voraces. Las civilizaciones alien√≠genas y la biolog√≠a del monstruo del lago Ness han sido populares art√≠culos de portada. Una teor√≠a de la conspiraci√≥n no llega del todo al pa√≠s sin un visto bueno de la publicaci√≥n mensual.

Sin embargo, Mu, con casi 60.000 lectores y seguidores, entre ellos un ex primer ministro, un célebre director de anime e ídolos del J-Pop, se contuvo de publicar el artículo obvio sobre la teoría de la conspiración más grande de la era: QAnon.

Ese movimiento lleg√≥ a su pico de notoriedad con la irrupci√≥n al Capitolio de Estados Unidos en enero y su relato central sin fundamentos se volvi√≥ muy conocida durante la pandemia del coronavirus. Sus seguidores est√°n convencidos de que una camarilla de √©lites adoradoras de Sat√°n y abusadoras de menores controla el mundo y desat√≥ la COVID-19 y la tecnolog√≠a 5G como parte de su plan. QAnon ha encontrado creyentes en m√°s de 70 pa√≠ses, desde madres brit√°nicas que se oponen al tr√°fico infantil hasta manifestantes anticonfinamiento en Alemania e incluso un gur√ļ australiano del bienestar.

Sin embargo, fue un fiasco en Jap√≥n, un pa√≠s que no es ajeno a las teor√≠as conspirativas. Aunque los medios de Occidente lo hayan retratado de otra manera, casi no hay ning√ļn seguidor de Q entre los japoneses y no ha pasado la prueba de los expertos en conspiraciones de la naci√≥n. "Es demasiado ingenuo para nuestra base de lectores", le coment√≥ el mes pasado Takeharu Mikami, editor de Mu desde 2005, al peri√≥dico Asahi Shimbun.

Japón ha sido un terreno fértil para el pensamiento conspiratorio desde hace mucho tiempo. En 1877, una iniciativa de inoculación en contra del cólera generó rumores de que las autoridades se estaban robando los hígados de la gente para vendérselos a extranjeros. Después del gran terremoto de Kanto en 1923, se propagaron rumores racistas sobre un sabotaje coreano; miles de coreanos inocentes fueron linchados como consecuencia. Y en 1995, Aum Shinrikyo (Verdad Suprema), un culto religioso obsesionado con el apocalipsis, lanzó un ataque con gas nervioso en el metro de Tokio. En la revista oficial del culto, su líder le declaró "la guerra al gobierno mundial en las sombras", antes de que sus seguidores asesinaran a catorce personas y lesionaran a 6000 más.

Lo que es m√°s, Jap√≥n le dio al mundo "2channel", un tablero de mensajes an√≥nimos en la red fundado en 1999 que se transform√≥ en un semillero de nacionalismo y discurso de odio. La versi√≥n de habla inglesa que inspir√≥ directamente, "4chan", incub√≥ buena parte de la cultura m√°s desagradable de los memes en internet. Tambi√©n engendr√≥ a QAnon, cuando legiones se reunieron para apoyar publicaciones de un usuario a√ļn desconocido que se hace llamar "Q", quien profetiz√≥ que el entonces presidente Donald Trump iba a derrotar a la camarilla.

Luego, la primavera pasada, el coronavirus confin√≥ a naciones enteras y esto encendi√≥ la llama para que QAnon ardiera por el mundo. Atrapadas en casa, temerosas e inseguras, personas desde Londres hasta Melbourne, Par√≠s y Brasilia se sumergieron en el oscuro laberinto digital. En Jap√≥n, las b√ļsquedas de QAnon en Google tambi√©n se dispararon de forma dr√°stica, despu√©s de que Tokio declar√≥ un estado de emergencia en abril pasado.

Los perplejos internautas japoneses apodaron a los nuevos discípulos "J-Anon", una frase multifunción para designar el revoltijo de quienes adoptan sus teorías preferidas derivadas de Q, las cuales en su mayoría no se superponen.

Un grupo tradujo las profecías de Q al japonés, y se unía casi de manera exclusiva en internet en torno a una cuenta de Twitter y una etiqueta (#QArmyJapanFlynn). La inició Eri Okabayashi, quien localizó contenido de QAnon: en un inicio, su cuenta pareció generar decenas de miles de seguidores.

Hay otro que incluye una pizca de agrupaciones pro-Trump, que divulgaron la consigna de "Paren el robo" después de la derrota de Trump en noviembre. Los simpatizantes provienen de fuentes como la religión Happy Science y una sede local de Falun Gong. Han reunido a unos pocos cientos de participantes en casi una docena de protestas, a difundir un sentimiento anti-China.

Y tambi√©n est√°n los negacionistas de la COVID, cuyas manifestaciones antimascarillas tienen como objetivo hacer que todos los dem√°s "se sientan est√ļpidos".

A pesar de toda su fanfarronería, los creyentes de J-Anon siguen siendo marginales.

Una cantidad significativa de japoneses tal vez comparta las opiniones negativas sobre China de los conspiracionistas, pero las basan en hechos verificables como disputas territoriales y agravios hist√≥ricos. Adem√°s, la mayor√≠a de los japoneses nunca aceptar√≠a las extra√Īas teor√≠as de J-Anon: por ejemplo, que la familia imperial fue remplazada por dobles o que los bombardeos at√≥micos de Hiroshima y Nagasaki fueron obra de japoneses. Un an√°lisis digital forense ha establecido que probablemente la mayor√≠a de los seguidores de Okabayashi sean falsos (Twitter elimin√≥ su cuenta en enero como parte de una purga mundial de QAnon).

Entonces, ¬Ņpor qu√© la recepci√≥n tan tibia? Al parecer las peculiaridades culturales y pol√≠ticas de Jap√≥n han sido las principales formas de inoculaci√≥n en contra de QAnon.

Gran parte de la cultura japonesa se esfuerza mucho por evitar el conflicto, por eso deja poco espacio para el combate ideol√≥gico que les gusta a los seguidores de QAnon. "Los japoneses no hablan abiertamente sobre pol√≠tica. Es casi un tab√ļ, por la posibilidad de una confrontaci√≥n pol√©mica", opin√≥ Kaori Hayashi, quien imparte clases de Periodismo y Medios en la Universidad de Tokio. Cuando responden encuestas, casi la mitad de los votantes japoneses asegura no tener una afiliaci√≥n pol√≠tica. Sin el elemento combustible de la pol√≠tica identitaria, los memes de QAnon simplemente no atrapan la psique japonesa.

Otra defensa en contra de la desinformaci√≥n es el dominio heredado de los medios audiovisuales e impresos de Jap√≥n, un efecto involuntario de su control. Con el respaldo de una doctrina de justicia en la ley nacional de medios audiovisuales, la programaci√≥n debe evitar la tergiversaci√≥n de hechos, mantener una postura pol√≠tica justa y no perjudicar la seguridad p√ļblica. La ley ha obstaculizado el ascenso de la televisi√≥n y la radio abiertamente partidistas; no hay un ciclo de noticias que est√© las 24 horas del d√≠a clamando primicias.

Los periódicos japoneses también siguen gozando de una de las circulaciones más altas de medios impresos en el mundo. Por lo tanto, no han explorado en serio la distribución digital y casi no habían reconocido los actuales sucesos en línea sino hasta hace poco tiempo. La ventaja de esto es que las teorías de la periferia no se tratan con tanta facilidad en los medios noticiosos tradicionales, en contraste con Estados Unidos, donde un solo tuit puede llegar a los titulares y a menudo lo logra.

No obstante, hay partes vulnerables en la sociedad japonesa. De acuerdo con el Centro de Investigaci√≥n Pew, abunda el pesimismo sobre el futuro, por eso la mayor√≠a de los japoneses cree que sus hijos tendr√°n una peor situaci√≥n econ√≥mica que ellos. M√°s de la mitad cree que sus pol√≠ticos son corruptos y no les dan importancia. Adem√°s, la gente siente un profundo escepticismo en torno a las vacunas para la COVID-19, aunque no dudan de la ciencia, sino del manejo que puedan hacer sus l√≠deres de las campa√Īas de vacunaci√≥n.

Los medios tradicionales tal vez son menos bomb√°sticos, pero su letargo ha alienado a las minor√≠as. En Jap√≥n, los adultos menores de 50 a√Īos est√°n abandonando los peri√≥dicos por completo. Los movimientos marginales brotan cuando la gente siente que el sistema la descuida. "Los medios tradicionales no est√°n prestando suficiente atenci√≥n a sus voces", opin√≥ Hayashi. "Est√°n recurriendo a internet para hacerse escuchar y a veces incluso son hostiles hacia los medios tradicionales". Es una se√Īal ominosa de que la frase "noticias falsas" ya entr√≥ en el l√©xico japon√©s.

La revista Mu ha comprendido las se√Īales. Como respuesta a unas peticiones, Mu dedicar√° su pr√≥ximo n√ļmero al movimiento de QAnon. Sin embargo, no ser√° la victoria que ans√≠an los conspiracionistas: Mikami, el editor, ha prometido no promover los dogmas de Q, sino iluminar a sus lectores sobre "educaci√≥n conspiratoria". Hasta ahora, los japoneses han logrado oponer resistencia a QAnon, pero ¬Ņqui√©n no disfruta una lectura sensacionalista?

 

 

Matt Alt es escritor, traductor y localizador radicado en Japón que se especializa en adaptar contenido japonés para audiencias globales. Su libro más reciente es Pure Invention: How Japan's Pop Culture Conquered the World. @matt_alt

 

Imprimir
Enviar Articulo

Lo más leido en:
Opinion
Artículos Relacionados:
Personajes
Asa Regner / The Washington Post
Jorge Zepeda Patterson / El País
Martín Caparrós / The New York Times
Cayo Salinas
La Industria del conflicto Dat0s 195