¬ŅPor qu√© las personas creen en teor√≠as conspirativas?
Por: Benedict Carey / The New York Times
Septiembre 2020

La llegada de la pandemia ha vuelto urgente una comprensi√≥n m√°s profunda de las creencias falsas, que pueden provocar que millones de personas ignoren los consejos de salud p√ļblica. Un nuevo estudio intent√≥ entender las personalidades propensas a ellas.

 

M√°s de uno de cada tres estadounidenses cree que el gobierno chino dise√Ī√≥ el coronavirus como un arma, y otra tercera parte est√° convencida de que los Centros para el Control y la Prevenci√≥n de Enfermedades (CDC, por su sigla en ingl√©s) han exagerado la amenaza de la COVID-19 para socavar al presidente Donald Trump.

No hay certeza de que las cifras, tomadas de una encuesta que divulg√≥ el 21 de septiembre el Centro Annenberg de Pol√≠ticas P√ļblicas de la Universidad de Pensilvania, vayan a reducirse conforme las comunidades comiencen a contener el virus.

Sin embargo, enfatizan un momento en que se está popularizando una clase particular de teoría conspirativa: una creencia en que la "historia oficial" de hecho es una Gran Mentira que se propaga para beneficiar intereses oscuros y poderosos.

En los extremos, estas teor√≠as tienen can√≠bales y ped√≥filos sat√°nicos (cortes√≠a de la llamada teor√≠a de QAnon, que circula en l√≠nea); gente lagarto, disfrazada de l√≠deres corporativos y celebridades (originadas en historias de secuestros alien√≠genas y ciencia ficci√≥n), y, en este a√Īo de la plaga, cient√≠ficos y gobiernos malvados que conspiran para usar la COVID-19 para sus propios objetivos oscuros.

Los cálculos en torno a la cantidad de estadounidenses que creen de verdad en al menos una teoría conspirativa desacreditada rondan el 50 por ciento, pero esa cifra podría quedarse corta. (Para parafrasear una popular calcomanía de las que se usan en los parachoques de los autos: Si no crees que hay alguien conspirando en tu contra, no estás prestando atención). Sin embargo, los psicólogos no comprenden muy bien el tipo de personas propensas a creer en las teorías de las Grandes Mentiras, en especial las versiones que parecen sacadas de una película de terror.

En el an√°lisis m√°s extenso que se haya hecho hasta la fecha de la gente que tiende a creer en conspiraciones, un equipo de investigaci√≥n de Atlanta esboz√≥ varios perfiles de personalidad que parecen ser claros. Uno es conocido: el recolector de injusticias, impulsivo y arrogante, que est√° ansioso por exponer la ingenuidad de todo el mundo, menos la de √©l o ella. Otro es menos conocido: una figura m√°s solitaria y nerviosa, indiferente y malhumorada, tal vez incluye a muchas personas que son de edad avanzada y viven solas. El an√°lisis tambi√©n encontr√≥, en los extremos, un elemento de patolog√≠a verdadera: un "trastorno de la personalidad", seg√ļn la jerga de la psiquiatr√≠a.

"Con todos los cambios que están ocurriendo en la política, con la polarización y la falta de respeto, las teorías conspirativas tal vez están teniendo más presencia que nunca en la forma de pensar y en el comportamiento de la gente", opinó Shauna Bowes, psicóloga investigadora de la Universidad Emory, quien dirigió el equipo de estudio. "Y no había un consenso en torno a las bases psicológicas de las creencias conspirativas. En este trabajo, intentamos abordarlo".

Claro est√° que las teor√≠as conspirativas son tan antiguas como la sociedad humana y, en las √©pocas en que las comunidades eran peque√Īas y vulnerables, probablemente estar en guardia frente a la aparici√≥n de conspiraciones ocultas era un asunto de supervivencia personal, seg√ļn algunos cient√≠ficos. En la era moderna, los acad√©micos como Theodor Adorno y Richard Hofstadter han identificado las creencias conspirativas y la paranoia como elementos centrales en los movimientos pol√≠ticos.

Los psic√≥logos han empezado a tomar en serio este tema apenas en la √ļltima d√©cada m√°s o menos, y sus hallazgos han sido graduales y relativamente alineados con la sabidur√≠a popular. A menudo, la gente adopta creencias conspiratorias como un b√°lsamo para un agravio profundo. Las teor√≠as ofrecen una especie de contrapeso psicol√≥gico, una sensaci√≥n de control, una narrativa interna para encontrarle sentido a un mundo que parece no tenerlo.

Por ejemplo, la creencia en que las farmac√©uticas inventan enfermedades con el fin de vender sus productos puede ofrecer un mecanismo para procesar un diagn√≥stico grave que aparece de la nada. La llegada de la pandemia, y su inyecci√≥n en la pol√≠tica partidista de Estados Unidos y otros pa√≠ses, ha vuelto urgente una comprensi√≥n m√°s profunda de las teor√≠as conspirativas, pues las creencias falsas -que los CDC tienen un compromiso pol√≠tico, de una manera u otra- pueden provocar que millones de personas ignoren los consejos de salud p√ļblica.

"En realidad es una tormenta perfecta, en el sentido de que las teorías están dirigidas a quienes tienen miedo de enfermarse y morir o infectar a alguien más", comentó Gordon Pennycook, un científico conductual de la escuela de negocios de la Universidad de Regina, en Saskatchewan. "Y esos temores distraen a la gente y por eso no juzga la veracidad del contenido que puede leer en línea".

En el nuevo estudio, titulado "Looking Under the Tinfoil Hat" y publicado en línea en Journal of Personality, Bowes y Scott Lilienfeld encabezaron un equipo que realizó una serie de evaluaciones estandarizadas de personalidad a casi 2000 adultos.

El estudio ten√≠a dos elementos. Primero, el equipo calific√≥ a cada persona en su nivel de propensi√≥n a las teor√≠as de conspiraci√≥n. Se pidi√≥ a los participantes que calificaran la probable veracidad de declaraciones generales como "Algunos avistamientos y rumores de ovnis se planean o escenifican para distraer al p√ļblico del contacto alien√≠gena real" o "El gobierno utiliza a las personas como chivos expiatorios para ocultar su participaci√≥n en actividades delictivas". Luego se pidi√≥ a los voluntarios que hicieran lo mismo para declaraciones sobre eventos espec√≠ficos, como "Las agencias estadounidenses crearon intencionalmente la epidemia del sida y la administraron a hombres negros y homosexuales en la d√©cada de 1970".

El estudio incluyó participantes reclutados tanto en línea como en persona, en Emory. Alrededor del 60 por ciento obtuvo una puntuación baja en las escalas, lo que significa que eran resistentes a tales teorías; el otro 40 por ciento se situó encima de la media o más.

En la segunda fase, el equipo de investigación dio a los participantes varios cuestionarios estándar de personalidad. Uno analizaba rasgos generales y bastante estables, como la conciencia y la sociabilidad; otro preguntaba sobre estados de ánimo como la ansiedad y la ira; y un tercero abordaba los extremos, como las tendencias narcisistas. (A menudo tengo que tratar con personas que son menos importantes que yo).

Para obtener un perfil, o perfiles, de personalidad, el equipo de investigación midió cuáles facetas de la personalidad eran las que tenían una correlación más sólida con niveles más altos de susceptibilidad a las creencias conspirativas. Los hallazgos al menos tuvieron la misma relevancia para las asociaciones reveladas como para las que no se encontraron. Por ejemplo, las cualidades como la meticulosidad, la modestia y el altruismo estuvieron muy poco relacionadas con la susceptibilidad de una persona. No hubo una relación aparente con los niveles de enojo o sinceridad; tampoco la autoestima.

"Consideremos que las pruebas de personalidad no son muy buenas para medir cosas que no comprendemos muy bien", opinó Bowes. "El resultado no será muy claro, en especial la primera vez".

Entre los rasgos de la personalidad que estuvieron muy relacionados con las creencias conspirativas hubo algunos sospechosos comunes: la presuntuosidad, la impulsividad egocéntrica, la ausencia de compasión (el recolector de injusticias con exceso de confianza), los niveles elevados de estados depresivos y ansiedad (el tipo malhumorado, confinado por las circunstancias o por su edad). Del cuestionario dedicado a evaluar los trastornos de personalidad surgió otro rasgo: un patrón de pensamiento llamado "psicoticismo".

El psicoticismo es un rasgo fundamental del llamado trastorno esquizot√≠pico de la personalidad, que se caracteriza en parte por "creencias extra√Īas y pensamiento m√°gico", e "ideas paranoicas". En el lenguaje de la psiquiatr√≠a, es una forma m√°s tenue de una psicosis en estado avanzado, que tiene las alucinaciones recurrentes caracter√≠sticas de la esquizofrenia. Es un patr√≥n de pensamiento m√°gico que va mucho m√°s all√° de la superstici√≥n com√ļn y corriente, y en t√©rminos sociales la persona suele dar la impresi√≥n de ser incoherente, rara o "distinta".

Con el tiempo, tal vez haya alg√ļn cient√≠fico o terapeuta que intente dar un diagn√≥stico sobre los devotos de las conspiraciones de las Grandes Mentiras que parecen estar bastante desconectadas de la realidad. Por ahora, seg√ļn Pennycook, basta con saber que, cuando las personas est√°n consternadas, es mucho m√°s f√°cil que promuevan titulares o art√≠culos sin investigar mucho sus fuentes, si es que llegan a indagar algo.

"Por regla general, la gente no quiere difundir contenidos falsos", dijo. "Pero en un momento como este, cuando la gente est√° preocupada por el virus, los titulares como 'La vitamina C cura la COVID' o 'Todo es un enga√Īo' tienden a circular ampliamente. Eventualmente, estas cosas llegan al T√≠o Loco, que luego las comparte" con su red de afinidad.

Las teor√≠as de conspiraci√≥n sobre las tramas secretas del gobierno probablemente nunca pasar√°n de moda, y en alg√ļn nivel funcionan como salvaguardias contra las conspiraciones reales, oficiales y de otro tipo. En cuanto a las versiones caricaturescas, es probable que tambi√©n se mantengan, sugiere la nueva investigaci√≥n. Tienen un grupo de apoyo b√°sico, y en la era digital sus miembros se encontrar√°n r√°pidamente entre s√≠.

 

 

Benedict Carey ha sido reportero científico en el Times desde 2004. También ha escrito tres libros: Aprender a aprender sobre la ciencia cognitiva del aprendizaje y en inglés de Poison Most Vial e Island of the Unknowns, sobre misterios científicos para estudiantes de secundaria.

 

Imprimir
Enviar Articulo

Lo más leido en:
Opinion
Artículos Relacionados:
Personajes
Jorge Zepeda Patterson / El País
Martín Caparrós / The New York Times
Cayo Salinas
Cayo Salinas
El llanto de un √°rbol Dat0s 193