¬ŅQu√© es alta pol√≠tica? Vacunar a todos
Por: Diego Fonseca / The New York Times
Marzo 2021
Fotografia: Ueslei Marcelino/Reuters

Las vacunaciones en Am√©rica Latina han sido un desastre, producto de problemas de infraestructura y una dirigencia demasiado ocupada en su subsistencia. ¬ŅPedimos demasiado si reclamamos hacer lo correcto?

 

Hace unos d√≠as escuch√© conversar a dos mujeres en Barcelona mientras esperaban por su vacuna contra la covid. Una se quejaba del manejo de la pandemia con una amargura ecum√©nica: no importa si eres catalanista o est√°s a favor del gobierno central, dec√≠a, necesitas dar se√Īales claras. Debe haber un mando √ļnico, aseguraba. La amiga asent√≠a y al final solt√≥ la perla: "As√≠ debe ser, pero no puedes derramar vino de un cazo vac√≠o".

Europa aun tienen dificultades para probar que la vacunaci√≥n puede ser veloz cuando poco m√°s del 4 por ciento de la poblaci√≥n continental ha recibido un pinchazo en el brazo. Pensaba en eso -y en las se√Īoras del cazo vac√≠o- cuando revisaba las cifras de vacunaci√≥n en Am√©rica Latina. Excluido Chile -donde aproximadamente el 20 por ciento de la poblaci√≥n est√° vacunada y se anuncia inmunidad de reba√Īo tan temprano como en junio-, el resto de la regi√≥n no ha inyectado, en promedio, ni al uno por ciento de sus ciudadanos.

América Latina no ha sido inmune a la degradación creciente de la política, con dirigencias obsesivamente ocupadas en la próxima elección -o en la perpetuidad- y en peleas menores entre gobiernos y oposiciones mientras pobreza, corrupción, atraso y, ahora, miles de muertes parecen suceder en un universo paralelo. Es ciertamente enervante que la escala de prioridades parezca al revés o, peor, inexistente.

Estos son momentos de alta pol√≠tica, y alta pol√≠tica ahora es vacunar pronto a todo el mundo. Los m√≠os, los tuyos, los ajenos. Ricos, pobres. Tener que escribir esto es incre√≠ble, porque es evidente, pero vamos: no hay mejor pol√≠tica de Estado que superar la facci√≥n y trabajar para todos. Cuando se trata de salud p√ļblica en una pandemia, la ideolog√≠a es una: socializas beneficios.

Y, sin embargo, muchos mandatarios y gobiernos parecen m√°s preocupados en ganar las pr√≥ximas elecciones. El ciclo electoral inici√≥ en 2021 con Ecuador y en los √ļltimos meses votaron El Salvador y Bolivia. Este a√Īo habr√° presidenciales en Per√ļ, Nicaragua, Chile, Honduras, legislativas en M√©xico y Argentina y municipales en Paraguay. Toda la regi√≥n parece en campa√Īa electoral y la pandemia ha resultado una magn√≠fica oportunidad propagand√≠stica. Pero las contiendas y las disputas pol√≠ticas debieran ser secundarias cuando es preciso detener las muertes actuales y evitar la expansi√≥n del virus con vacunas. Pronto, sin improvisar y sin opacidad.

Es imperdonable que los políticos privilegien sus disputas por encima de las necesidades de las mayorías. Y no es que no deban defender sus intereses sino que la escala de prioridades no admite discusión: la demanda de la facción no puede moralmente anteponerse a la necesidad general. No puede ser votos o muertos.

Los problemas son mayores. En toda la regi√≥n, el d√©ficit de insumos y equipamiento ha sido democr√°ticamente lamentable. Y las im√°genes son desastrosas: hospitales desbordados de Per√ļ y Ecuador, falta de informaci√≥n y hasta represi√≥n en Nicaragua y Venezuela, un colapso anunciado en Brasil y M√©xico es el tercer pa√≠s con mayor n√ļmero de muertes del mundo.

A los errores de la gestión de la pandemia, se suman décadas de mala gobernanza. Mientras los gobiernos de Corea, Taiwán y Japón implementaron un rastreo minucioso de casos; en muchas ciudades principales de América Latina no hay siquiera padrones digitalizados de la ciudadanía ni bases de datos centralizadas. Unos 34 millones de latinoamericanos no tienen documentos de identificación, lo que significa que ni siquiera figuran en un registro civil. El sistema tiene ineficiencias que preceden a casi todos los gobiernos actuales. Por eso cuando llega una crisis, encuentras enfermeras malpagadas y agotadas atendiendo enfermos envueltas en bolsas de basura pues carecen de equipos. Y observas que algunos gobiernos no se agenciaron suficientes vacunas por incapacidades burocráticas e imprevisión administrativa.

De acuerdo, todo esto podr√≠a ser achacable al desguace estructural de la salud p√ļblica, pero estamos en otro juego cuando episodios de abuso y amiguismo o las agendas pol√≠ticas de quienes ahora est√°n al mando se interponen entre la vida y la muerte de la poblaci√≥n. Si nuestros dirigentes se emplean m√°s en sus guerritas de baja intensidad para acumular poder mientras sus ciudadanos mueren, son miserables.

La inversi√≥n de prioridades sucede en casi toda la regi√≥n. Jair Bolsonaro -que cambi√≥ cuatro veces de ministro de Salud- entiende la pandemia como un problema personal: entorpeci√≥ su deseo de manejar Brasil a placer. Andr√©s Manuel L√≥pez Obrador pasa m√°s tiempo empe√Īado en defender la Cuarta Transformaci√≥n rumbo a las elecciones legislativas que podr√≠an darle una mayor√≠a absoluta en el Congreso que creando planes de rescate econ√≥mico a los habitantes de M√©xico. En Argentina, el proceso de vacunaci√≥n est√° sembrado de dudas: ¬Ņser√≠a tan veloz si el gobierno de Alberto Fern√°ndez no tuviera una elecci√≥n intermedia por ganar? Tampoco en El Salvador, Nicaragua o Venezuela ha habido la integridad de separar el rol funcionarial de la propaganda.

En el fondo, la manera en que vacunamos habla de lo que creemos y somos capaces. En Argentina, por ejemplo, una l√≠der opositora sugiri√≥ que debiera permitirse a los privados vender dosis y enviar a quien no tiene dinero a la seguridad social o a pedir subsidios. La idea es un absurdo cuando la mayor√≠a de los procesos exitosos de vacunaci√≥n -y de gesti√≥n de la pandemia en las fases cr√≠ticas- son p√ļblicos y centralizados. La evidencia sugiere que una campa√Īa veloz y masiva requiere del Estado a cargo con apoyo de voluntarios de la sociedad civil.

El Estado es un elefante -fofo o hambreado- y precisa gimnasia. Por eso es relevante el factor humano para moverlo. Esto es, aun cuando hay infraestructura y enfrentas una crisis de salud p√ļblica, la inteligencia de gesti√≥n y la capacidad burocr√°tica son capitales. Pero si quienes dirigen lanzan se√Īales equ√≠vocas o son c√≠nicos incapaces de hacer alta pol√≠tica, los resultados no pueden ser m√°s que letales. Am√©rica Latina es ya la regi√≥n del mundo con m√°s muertos por habitante.

Si la opini√≥n p√ļblica sabe que las infraestructuras son buenas y sus dirigentes dan el ejemplo, no tendr√° una repentina crisis de desconfianza. Las infraestructuras deben soportar; los funcionarios, funcionar.

¬ŅHay sustancia, entonces, o deberemos convencernos de que pedimos vino a una clase pol√≠tica que es un cazo vac√≠o?

 

Diego Fonseca (@DiegoFonsecaDF) es colaborador regular de The New York Times y director del Seminario Iberoamericano de Periodismo Emprendedor en CIDE-M√©xico y del Institute for Socratic Dialogue de Barcelona. Voyeur es su √ļltimo libro.

 

Imprimir
Enviar Articulo

Lo más leido en:
Opinion
Artículos Relacionados:
Personajes
Asa Regner / The Washington Post
Jorge Zepeda Patterson / El País
Martín Caparrós / The New York Times
Cayo Salinas
La Industria del conflicto Dat0s 195