¬ŅQu√© hace que una elecci√≥n sea ileg√≠tima?
Por: The Interpreter / The New York Times
Septiembre 2020
Fotografia: Getty Images

En Estados Unidos hay una historia prolongada de ganar elecciones al impedir que la gente vote, una estrategia de bajo riesgo y alta recompensa.

 

 

Mis viajes de fin de semana a los parques infantiles del norte de Londres empiezan a parecerse al D√≠a de la Marmota: en las √ļltimas semanas he tenido casi exactamente la misma conversaci√≥n con todas las personas con quienes me he encontrado.

"Vi esta extra√Īa historia sobre las elecciones de Estados Unidos", dicen, y s√© lo que se avecina. Est√°n a punto de preguntarme acerca de las travesuras electorales que no se han visto en Gran Breta√Īa, como la purga de los padrones electorales o los exdelincuentes en Florida que necesitan que Michael Bloomberg pague sus multas para poder votar. O el presidente Donald Trump diciendo que bloque√≥ el financiamiento del Servicio Postal de Estados Unidos porque no quer√≠a que el voto universal por correo fuera posible. Y que quiere confirmar un nuevo juez de la Corte Suprema antes de la elecci√≥n porque espera que el resultado termine en la corte y quiere su apoyo abrumador.

¬ŅPor qu√©, la gente quiere saber, est√°n los estadounidenses dispuestos a tolerar esto? Est√°n tan orgullosos de su democracia, ¬Ņno quieren que la gente vote?

As√≠ que explico, con palabras que me suenan m√°s raras cada vez que salen de mi boca, que en Estados Unidos se ha considerado muy com√ļn manipular los resultados de las elecciones impidiendo que la gente vote. S√≠, la privaci√≥n del derecho del voto ha sido un tema pol√≠tico y legal importante durante d√©cadas. Pero esas luchas han tendido a ser formuladas como una cuesti√≥n de derechos individuales, en lugar de una cuesti√≥n sobre la integridad del sistema en su conjunto.

Consideremos las elecciones presidenciales de 1960. Despu√©s de que John F. Kennedy venci√≥ a Richard Nixon por un estrecho margen, se rumore√≥ que el Partido Dem√≥crata de Illinois hab√≠a robado las elecciones al emitir votos falsos para los dem√≥cratas o al no contar los verdaderos votos emitidos por los republicanos. (Lo que probablemente hicieron, aunque hay algunas dudas sobre si realmente marc√≥ una diferencia en la disputa presidencial). Eso fue malo. ¬°Ni√Īos, no roben las elecciones!

Pero era 1960. En el sur, una combinación de leyes racistas, impuestos electorales, pruebas de alfabetización e intimidación violenta excluyeron a los ciudadanos negros del voto casi por completo. En muchos lugares, el Partido Demócrata del sur operaba como un régimen de facto de un solo partido, al crear enclaves autoritarios que restringían los derechos tanto de los blancos como de los negros. Así que aunque había algunas pruebas de que los demócratas de Illinois interferían en las elecciones, no había ninguna duda de que las leyes de Jim Crow de segregación racial lo hacían.

Sin embargo, no hubo controversia nacional sobre el derecho de los ganadores de las elecciones del sur a tomar el cargo, o la asignación de los votos electorales de esos estados. Los votos que se emitieron en Illinois dieron lugar a disputas sobre la legitimidad. Los votos que no se emitieron en el sur no lo hicieron.

Y aunque la cuesti√≥n de si la Corte Suprema "rob√≥" las elecciones presidenciales de 2000 al detener el recuento de votos de Florida sigue siendo una controversia vigente, es raro escuchar a alguien que sugiera que la pr√°ctica de Florida de privar a los delincuentes del derecho al voto fue suficiente para hacer que la elecci√≥n fuera intr√≠nsecamente ileg√≠tima, independientemente de lo que hiciera el tribunal, aunque el n√ļmero de personas expulsadas de los padrones electorales fuera considerablemente mayor que el margen de victoria de George W. Bush all√≠.

En otras palabras, una de las principales cosas que hay que entender sobre las elecciones en Estados Unidos es que ganarlas impidiendo que la gente vote es una estrategia de bajo riesgo y alta recompensa. Y es una que los republicanos han perseguido fuertemente en los √ļltimos a√Īos, al purgar los padrones electorales y al apoyar los requisitos de identificaci√≥n y otras reglas que suprimen la votaci√≥n dentro de los grupos que probablemente se inclinen por los dem√≥cratas.

Ahora, sin embargo, el presidente Trump puede estar poniendo a prueba los l√≠mites de la tolerancia p√ļblica de esa estrategia. Sus admisiones casuales de que espera que los recortes al presupuesto de correos bloqueen la votaci√≥n por correo han violado la regla t√°cita de que la privaci√≥n del derecho al voto debe ser para las personas de color, los pobres y otros grupos desfavorecidos. En elecciones pasadas, las personas que m√°s votaban por correo eran los mayores de 65 a√Īos, un poderoso grupo demogr√°fico que se muestra m√°s blanco y conservador.

En la elecci√≥n de Florida en 2018, cuando el gobernador Ron DeSantis y el senador Rick Scott, ambos republicanos, vieron c√≥mo se estrechaban sus m√°rgenes de ventaja de la noche de las elecciones al contarse los votos por correo durante la semana siguiente, el presidente Trump tuite√≥ que la elecci√≥n deb√≠a ser declarada a favor de los candidatos republicanos porque las √ļltimas papeletas hab√≠an "aparecido de la nada". Pero retir√≥ la queja despu√©s de que ambos hombres ganaran, e hizo que su objeci√≥n pareciera partidista en lugar de sustantiva, un historial que podr√≠a volver a perseguirlo si intenta desafiar los resultados de las elecciones de este a√Īo por motivos similares.

 

The Interpreter es una columna y bolet√≠n en donde Max Fisher y Amanda Taub dialogan con expertos de todo el mundo para ayudarnos a comprender la actualidad global. Este contenido est√° disponible en espa√Īol para los suscriptores de El Times.

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