¬ŅQu√© l√≠der mundial tiene el peor historial pand√©mico? La competencia es feroz.
Por: Frida Ghitis / The Washington Post
Abril 2021
Fotografia: Ueslei Marcelino/Reuters

Una pandemia catastrófica y una presidencia desastrosa se combinaron para darle a Estados Unidos la peor cifra de fallecimientos en el mundo durante la crisis sanitaria. Eso fue, en el fondo, lo que confirmó Deborah Birx, coordinadora del grupo de trabajo sobre COVID-19 del expresidente estadounidense Donald Trump, cuando admitió en CNN que la mayoría de las muertes en Estados Unidos podrían haberse evitado.

Y a√ļn as√≠ -poco consuelo- Trump podr√≠a no haber sido el peor l√≠der de la pandemia. Otros posiblemente manejaron la crisis aun peor que √©l, y esa lista de candidatos revela mucho sobre el estado actual de la gobernanza mundial.

Es difícil superar la respuesta del casi eterno presidente de Nicaragua Daniel Ortega y su esposa, quienes reaccionaron a la noticia de la pandemia convocando a la gente a la calle para que participaran en un desfile festivo al que llamaron "Amor en tiempos del COVID-19", una perversamente adecuada alusión a la obra de Gabriel García Márquez, cuyas novelas mezclan a la perfección lo real y lo alucinante. La irresponsable medida horrorizó tanto a activistas de derechos humanos como a la comunidad científica.

Eso es difícil de superar, pero no imposible. Por ejemplo, allí está Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, donde el sistema de salud está al borde del colapso, y la propagación descontrolada del virus ha engendrado nuevas variantes que ahora amenazan a otros países en dificultades.

Bolsonaro se ha hecho eco de las declaraciones de Trump sobre la hidroxicloroquina, y ha desperdiciado fondos de emergencia pand√©mica en el in√ļtil tratamiento. Ha despedido ministros de Salud por no aceptar su negaci√≥n del COVID-19, y afirm√≥ que la gente en Brasil podr√≠a ser inmune a la "peque√Īa gripe" porque suelen nadar en aguas residuales y no les pasa nada. Bolsonaro, que contrajo el COVID-19, convoc√≥ a los brasile√Īos a protestar contra las medidas de seguridad contra el virus y se uni√≥ a ellos en las manifestaciones de calle. All√≠, donde pocas personas utilizaron cubrebocas, Bolsonaro estrech√≥ muchas manos con alegr√≠a, a veces incluso despu√©s de toser sobre la suya.

En una realidad en la que la pandemia sigue haciendo estragos por todo Brasil, donde miles de personas mueren cada d√≠a, Bolsonaro recientemente les dijo a los brasile√Īos que "dejaran de lloriquear" por eso.

Otro presidente que se contagi√≥ del virus mientras lo minimizaba fue el mexicano Andr√©s Manuel L√≥pez Obrador. Al principio, L√≥pez Obrador le aconsej√≥ a los mexicanos que siguieran "haciendo la vida normal". Incluso despu√©s de infectarse, rechaz√≥ las peticiones para que utilizara un cubrebocas. Dice que utilizar√° uno cuando la corrupci√≥n sea erradicada en M√©xico, una perspectiva bastante lejana. Al igual que en Estados Unidos, el uso del cubrebocas se politiz√≥ mucho, un hecho que contribuy√≥ al incremento del n√ļmero de muertes.

Hace un par de semanas, las autoridades mexicanas publicaron de manera discreta un informe que revela que el recuento real de muertes es 60% más alto que la cifra oficial, lo que coloca a México a la par con Brasil en el segundo lugar mundial de cantidad de muertes por la pandemia, detrás de Estados Unidos.

¬ŅCoincidencia? El populismo parece ser una comorbilidad en una pandemia, aumentando su cifra de muertes en el proceso.

Luego est√°n los dictadores, como Aleksandr Lukashenko de Bielorrusia, quien describi√≥ la pandemia como nada m√°s que una "psicosis" y recet√≥ vodka y saunas para prevenirla. Lukashenko, que tiene meses lidiando con protestas masivas tras unas elecciones controvertidas el verano pasado, ha bloqueado las medidas de sentido com√ļn para frenar el virus en casi todo momento.

Sin embargo, muchos bielorrusos se han resistido a su enfoque negligente, al igual que muchos han rechazado su dictadura. Haciendo caso omiso de su consejo desastroso, la ciudadan√≠a ha practicado el distanciamiento social, realizado campa√Īas de financiamiento colectivo para comprar suministros a los hospitales y, al final, probablemente haya ayudado a evitar que el virus y la cifra de muertes en Bielorrusia se salieran de control.

En Turkmenist√°n, otra dictadura postsovi√©tica, el gobierno ha bajado a√ļn m√°s la vara en la escala de la negaci√≥n al prohibir el uso de cubrebocas y cualquier discusi√≥n sobre la pandemia. Seg√ļn informes, los medios de comunicaci√≥n y los materiales de informaci√≥n sanitaria tienen prohibido el uso de la palabra "coronavirus". Turkmenist√°n todav√≠a asegura que no ha tenido ning√ļn caso de COVID-19, una afirmaci√≥n que nadie cree.

En Camboya, donde el primer ministro Hun Sen ha ocupado el poder desde 1985 (lo que lo convierte en uno de los jefes de gobierno con más tiempo en el poder del mundo), la primera medida fue la negación. Le dio la bienvenida a los pasajeros de cruceros que habían sido rechazados por otros países por miedo a la pandemia. Gradualmente, su respuesta se convirtió en represión, prohibiendo las críticas y arrestando a quienes se quejaran. Terminó utilizando la emergencia para reforzar el control del régimen.

En √Āfrica, otro populista autoritario, el presidente John Magufuli de Tanzania, tambi√©n desestim√≥ las conversaciones sobre una emergencia global. Le dijo a la poblaci√≥n que no se molestara en utilizar cubrebocas, y afirm√≥ que tres d√≠as de oraci√≥n erradicaban el virus en Tanzania. Para demostrar su punto, dijo haber introducido unas muestras de la fruta pawpaw, que luego dieron positivo para coronavirus, burl√°ndose as√≠ de los cient√≠ficos.

Magufuli falleció en marzo. Las autoridades afirman que murió por complicaciones cardíacas, pero miembros de la oposición aseguran saber de buena fuente que murió de COVID-19.

Es imposible cubrir todas las atrocidades cometidas por demagogos populistas y variados tiranos (pido disculpas si omit√≠ a alguno que te haya parecido particularmente ofensivo). Todos los l√≠deres mundiales cometieron errores, pero hay algo en particular maligno en las manipulaciones y enga√Īos de los involucrados m√°s indignantes.

A veces es difícil reprimir una risa al ver las payasadas de estos bufones. Sin embargo, esa sensación del absurdo es rápidamente sofocada cuando nos damos cuenta de que sus acciones probablemente contribuyeron a la muerte de cientos de miles de personas en todo el mundo, quizás hasta más.

Y en cuanto a Trump, estos otros l√≠deres nos recuerdan que no fue el √ļnico que manej√≥ horriblemente la pandemia. Tiene mucha competencia por el t√≠tulo de peor presidente pand√©mico. Pero sin duda sigue siendo un contendiente.

 

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