¬ŅQu√© nos dice la mentalidad de las masas sobre el asalto al Capitolio?
Por: Benedict Carey / The New York Times
Enero 2021
Fotografia: Thomas P. Costello/Usa Today vía Reuters

Los expertos en el comportamiento de las multitudes analizan por qué algunas reuniones masivas se tornan violentas y dicen que todavía hay mucho que aprender.

 

El 24 de febrero de 1848, el reinado de Luis Felipe, el √ļltimo rey de Francia, lleg√≥ a un final ignominioso y abrupto despu√©s de d√≠as de manifestaciones cada vez m√°s violentas en Par√≠s y de meses de un creciente malestar con las pol√≠ticas gubernamentales.

Al principio, los manifestantes que aparecieron por toda la ciudad se comportaban de manera convencional: estudiantes que gritaban consignas, mujeres y hombres bien vestidos que caminaban con calma, alborotadores que romp√≠an aparadores y saqueaban establecimientos. Pero la noche del 23 de febrero, las cosas se pusieron sombr√≠as. Los soldados dispararon contra la multitud cerca del H√ītel des Capucines y dejaron a muchas personas con heridas graves. A unas cuadras de distancia, un periodista se qued√≥ "perplejo por la actitud de un hombre que, sin su sombrero, corri√≥ desesperado en medio de la calle y comenz√≥ a arengar a los transe√ļntes. '¬°A tomar las armas!', gritaba. 'Nos traicionan'".

"El efecto fue estremecedor", escribió después el periodista. "Todos los vecinos se pusieron de acuerdo y por doquier se dio la orden de que todo el sistema debía caer".

Varias d√©cadas despu√©s, en 1895, esos acontecimientos motivaron uno de los primeros intentos acad√©micos importantes para entender la mentalidad de las masas: La muchedumbre. Un estudio de la mente popular, de Gustave Le Bon. Desde entonces, los cient√≠ficos sociales han tratado de describir la din√°mica de los seres humanos dentro de las muchedumbres. M√°s all√° de las provocaciones de la polic√≠a, ¬Ņqu√© es lo que hace que un grupo aparentemente pac√≠fico de personas se torne violento? ¬ŅCu√°n congruentes son las multitudes en su prop√≥sito? ¬ŅC√≥mo es que una muchedumbre se convierte en una turba y por qu√©?

La marcha y el ataque de la semana pasada al Capitolio, cuyo resultado fueron al menos cinco muertes y muchas escaramuzas con la polic√≠a, ha vuelto a plantear estas y muchas otras preguntas. Los reportes de los medios noticiosos se han visto en francos problemas para encontrar las palabras adecuadas. ¬ŅFue una muchedumbre enardecida, una marcha ca√≥tica, una manifestaci√≥n que se volvi√≥ fea, una insurrecci√≥n deliberada... o una combinaci√≥n de todo eso?

Debido a la falta de cr√≥nicas neutrales, tal vez nunca tengamos un relato completo de este episodio (la historia desde adentro contada por los que la conocen). Pero hay muchas im√°genes en video, tal vez m√°s que de ninguna otra marcha multitudinaria: los especialistas ya comenzaron a ver y a analizar las im√°genes en el contexto de los amplios conocimientos sobre la din√°mica de las multitudes y es probable que los acontecimientos del 6 de enero sean estudiados y mencionados durante a√Īos.

Si las escenas del Capitolio dan a conocer algo, es la variedad. Hab√≠a personas con equipo militar que llevaban armas, esposas de pl√°stico flexible y mapas de los pasillos del recinto; personas con sombreros del T√≠o Sam y disfraces de pieles de animales; otras llevaban sogas, plantaban artefactos explosivos, romp√≠an ventanas, atacaban a los periodistas; y cientos m√°s estaban afuera, confundidas, solo dando vueltas con pancartas de apoyo a Trump, conviviendo como si estuvieran en un asado en su jard√≠n. Quiz√°s para ser m√°s concisos, los autores de los titulares han optado por usar el t√©rmino "turba", pero esa palabra dif√≠cilmente capta la totalidad de los acontecimientos, mucho menos lo que los investigadores han aprendido acerca del comportamiento de las multitudes en el √ļltimo siglo y medio.

"Las muchedumbres no act√ļan con una mentalidad irracional", se√Īal√≥ James Jasper, soci√≥logo de la Universidad de la Ciudad de Nueva York y autor de The Emotions of Protest (las emociones involucradas en las protestas). "Hay muchos grupos que hacen cosas diferentes, por razones distintas. Eso es crucial para comprender c√≥mo se comportan en √ļltima instancia".

Le Bon, un intelectual y escritor franc√©s, ni siquiera hab√≠a cumplido los 7 a√Īos durante la rebeli√≥n de 1848 en Par√≠s y muy probablemente no fue testigo de sus d√≠as m√°s sangrientos. Pero es evidente que los relatos de la rebeli√≥n lo conmovieron y sinti√≥ repugnancia por lo que la propici√≥: la "muchedumbre escandalosa y andrajosa movi√©ndose como enjambre", escribi√≥ en 1895. A partir de ah√≠, elabor√≥ la teor√≠a de la psicolog√≠a de las masas, la cual en realidad nunca ha dejado de estar vigente.

"Un conjunto de personas presenta caracter√≠sticas nuevas muy diferentes a las de los individuos que lo componen", concluy√≥ Le Bon. "Los sentimientos y las ideas de todas las personas en una multitud toman una misma direcci√≥n √ļnica y su personalidad consciente desaparece. Se forma una mente colectiva".

(En el relato de un testigo ocular de la "muchedumbre ordinaria" que se rebel√≥ contra un emperador bizantino en el siglo XI aparece una sensaci√≥n parecida: "Fue como si toda la multitud fuera parte de alguna motivaci√≥n sobrehumana. Parec√≠an distintos de sus yo anteriores. Hab√≠a m√°s vehemencia en su correr, m√°s fuerza en sus manos; el brillo de sus ojos estaba encendido e inspirado, los m√ļsculos de su cuerpo eran m√°s fuertes").

La noci√≥n de una mente grupal fue influyente entre los cient√≠ficos sociales durante d√©cadas y todav√≠a tiene un gran atractivo p√ļblico. Pero comenz√≥ a desmoronarse durante los movimientos de protesta de mediados del siglo XX, tanto en Europa como en Estados Unidos.

Por un lado, muchos cient√≠ficos sociales ya no ve√≠an esas demostraciones desde un lugar apartado, en la televisi√≥n o en la literatura; sino que eran participantes activos. ¬ŅEran realmente ovejas sin sentido, ebrias de una mentalidad de multitud que abrumaba su juicio individual, como Le Bon y la √©lite sosten√≠an? Eso no era lo que experimentaba el observador que se encontraba entre la multitud.

"Una multitud es como un paciente para un m√©dico, el hipnotizado para el hipnotizador", escribi√≥ Bill Buford en Among the Thugs, su libro de 1990 en el que parodia esas presunciones y que relata su tiempo en compa√Ī√≠a de hooligans del f√ļtbol ingl√©s. "Una multitud es una chusma: hay que manipular, controlar, despertar. Nosotros no somos una multitud".

A mediados del siglo pasado, se produjo un cambio importante en la reflexi√≥n acerca del comportamiento de las multitudes, el cual integraba dos principios contrapuestos. Uno es que, bajo condiciones espec√≠ficas, los manifestantes pac√≠ficos pueden reaccionar mal, por ejemplo, cuando otras personas rompen una barricada o cuando la polic√≠a derriba a alguien que est√° cerca. "Con mucha frecuencia, estos incidentes son iniciados por la polic√≠a", se√Īal√≥ Jasper. "Pero desde luego que tambi√©n pueden ser producto de la din√°mica de las multitudes".

Al mismo tiempo, por lo general es menos probable que la violencia impulsiva surja en multitudes que tienen alguna estructura social y organización interna. Ya desde la década de 1950, las manifestaciones del movimiento por la defensa de los derechos civiles eran tácticas y organizadas. También lo eran muchos plantones en las décadas de 1960 y 1970 contra la energía atómica y la guerra de Vietnam. Hubo vitrinas rotas y enfrentamientos con la policía, pero los disturbios espontáneos no eran la regla.

"En esa √©poca tuvimos el tiroteo de la Universidad Estatal de Kent, los disturbios urbanos, las marchas por los derechos civiles", se√Īal√≥ Calvin Morrill, profesor de Derecho y Sociolog√≠a en la Universidad de California, campus Berkeley. "Y la idea de la mente colectiva no les ofrece a los cient√≠ficos sociales la posibilidad de explicar los diferentes niveles de organizaci√≥n que hay detr√°s de todas esas manifestaciones y lo que significaron. Desde entonces, las manifestaciones, violentas o no, han incluido t√°ctica, estrategia -y entrenamiento- precisamente para garantizar que la multitud no pierda de vista su objetivo".

Martin Luther King Jr. entrenó personalmente a muchos grupos de los Viajeros de la Libertad y les explicaba con detalle cómo responder a las provocaciones de la policía y qué decir (o no) si eran arrestados. Esas lecciones tuvieron repercusiones. Muchos manifestantes en la central nuclear de Seabrook en Nueva Hampshire, en 1977, y en la Central Nuclear Diablo Canyon en California, a finales de la década de 1970 y principios de la de 1980, habían aprendido a dejarse llevar para evitar los golpes de la policía y a usar botas y no tenis. (Los tenis se salen cuando te arrastran).

Esa formación no es exclusiva de los grupos comprometidos con la no violencia, por supuesto, e incluye roles específicos para personas con habilidades especiales y una especie de nivel de gestión media. Los grupos de protesta inclinados a la provocación, ya sea de izquierda o de derecha, a menudo incluyen a los llamados expertos en violencia: hombres jóvenes dispuestos a cometer algunas acciones para cumplir los objetivos.

"Por supuesto que están entrenados, entrenados para ir directamente al frente, mezclarse y luego retroceder", dijo Morrill. "Existe una larga tradición de esas tácticas".

Dependiendo de la protesta, y de sus objetivos, las manifestaciones organizadas también pueden incluir alguaciles o guías que ayuden a transportar a la gente y los llamados grupos de afinidad, escuadrones que asumen cierta responsabilidad de liderazgo a medida que evoluciona la protesta. En su manifestación de Tampa, Florida, el verano pasado, el movimiento Black Lives Matter supuestamente tenía casi 100 alguaciles con chalecos fluorescentes patrullando entre la multitud, así como médicos, todos comunicándose con radios y entrenados en tácticas de desescalamiento.

"Se trata de grupos de cuatro a diez personas que participan en la protesta, a menudo amigos que vienen de otra ciudad o pueblo para cuidar a las personas que están heridas o enloquecidas", dijo Alex Vitale, profesor de sociología en Brooklyn College, sobre los grupos de afinidad. "Y esos grupos se coordinarán entre sí, y si la multitud es asaltada o la dispersan, podrán decidir qué deben hacer".

Por supuesto que las acciones masivas no suceden en el vacío, son interacciones prolongadas con la policía y otros agentes de seguridad.

As√≠ como la comprensi√≥n de la din√°mica de masas ha cambiado de manera significativa en el √ļltimo medio siglo, tambi√©n lo han hecho las t√°cticas policiales y la evaluaci√≥n de amenazas. Durante las protestas contra la guerra y los derechos civiles que terminaron en violencia en las d√©cadas de 1960 y 1970 como la marcha de Selma a Montgomery en 1965, la protesta estudiantil de Kent State y la protesta pacifista de 1971 en Washington, D. C. el enfoque fue mostrar una fuerza abrumadora, seguida de arrestos masivos. Ahora, la estrategia inicial suele ser la contenci√≥n. La polic√≠a o los funcionarios de seguridad suelen emitir permisos de protesta, bloqueando las √°reas donde se permite la presencia de los manifestantes y que, por extensi√≥n, est√°n prohibidas.

Los cuerpos de seguridad est√°n entrenados para no hacer caso a los insultos que gritan ni a los peque√Īos actos de hostilidad, como los empujones y los lanzamientos de botellas de agua. Adem√°s, est√°n entrenados para amortiguar los arrebatos de la multitud, desplazar a la gente con la mayor delicadeza posible, as√≠ como responder con rapidez a los focos de violencia y aislar a los agitadores, afirm√≥ Ed Maguire, crimin√≥logo de la Universidad Estatal de Arizona. Si una multitud es una bomba en potencia, el trabajo de los cuerpos de seguridad es desactivarla constantemente.

"Montan las llamadas l√≠neas de escaramuza para intentar mantener a los manifestantes alejados de ellos", se√Īal√≥ Maguire. La idea es negociar m√°s que confrontar, afirm√≥.

Pese a todos los progresos en esas t√°cticas, la semana pasada, la muchedumbre del Capitolio fue un recordatorio de cu√°nto nos falta por aprender. Seg√ļn Maguire y otros especialistas, las im√°genes del asalto no dicen mucho acerca de las estrategias de la multitud o de la polic√≠a, si es que pusieron alguna en marcha. Para la Polic√≠a del Capitolio eso ha sido un motivo de cierta verg√ľenza, al menos una renuncia, y cuestionamientos sobre la influencia pol√≠tica y el trato desigual seg√ļn la raza de los manifestantes.

"Solo parecía una mezcolanza de tácticas y confusión, como dijo un periodista después de la manifestación de Ferguson", comentó Maguire. "No había ninguna estructura definida en la multitud y un caos total en el lado de la policía: ninguna idea clara sobre el manejo de incidentes que fuera confiable, sobre el uso del equipo adecuado, sobre las armas adecuadas. Parecía que faltaba todo eso".

Si se trata de reconocer patrones, los académicos tienen un arsenal de herramientas nuevas para estudiarlos. Por ejemplo, los informáticos ahora pueden hacer modelos del comportamiento de las muchedumbres al "poblar" digitalmente una calle o un parque con una multitud, programar la cantidad probable de provocadores y simular todo el acontecimiento con base en diferentes tácticas policiacas.

Pero siempre habr√° sorpresas, humanas, y la √ļnica manera de recopilar informaci√≥n sobre ellas es o√≠r lo que le dicen los participantes a un entrevistador confiable. Las im√°genes de video del mi√©rcoles muestran que, cuando la multitud irrumpi√≥ en el Capitolio, muchos de los invasores no sab√≠an muy bien qu√© hacer despu√©s.

"La gente estaba sorprendida de haber entrado", comentó Jasper. "Hay muy buenas tomas del salón de las estatuas, donde los manifestantes se quedaron dentro de los cordones de seguridad, como si fueran turistas, mirando maravillados a su alrededor".

Sin una estructura o estrategia aparente, la multitud no ten√≠a un objetivo compartido ni un plan com√ļn. La misma cualidad fortuita que hab√≠a permitido que surgieran focos de violencia probablemente fue lo que finalmente la desactiv√≥.

"Parec√≠a que, al final, solo era una cuesti√≥n de desgaste", dijo Jasper. "La gente quer√≠a buscar un ba√Īo, un pub o un lugar para dormir".

Benedict Carey ha sido reportero científico en el Times desde 2004. También ha escrito tres libros: Aprender a aprender sobre la ciencia cognitiva del aprendizaje y, en inglés, Poison Most Vial y Island of the Unknowns, sobre misterios científicos para estudiantes de secundaria.

 

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