¬ŅSe convertir√° S√©rgio Moro en el verdugo de Bolsonaro?
Por: Carol Pires / The New York Times
Mayo 2020
Fotografia: Adriano Machado-Reuters

La ruidosa renuncia del exministro lo convierte en un actor pol√≠tico de primera fila y potencial rival del presidente brasile√Īo en las elecciones de 2022.


En medio a la pandemia del coronavirus y con Brasil se√Īalado como la pr√≥xima zona caliente de infecciones, el presidente Jair Bolsonaro ha decidido hundir al pa√≠s en una crisis pol√≠tica.

Cuando su ministro de Salud era evaluado positivamente por la opini√≥n p√ļblica, Bolsonaro lo despidi√≥ y hace una semana forz√≥ tambi√©n la renuncia de su ministro m√°s popular, el exjuez S√©rgio Moro, conocido por su actuaci√≥n frente a la hist√≥rica operaci√≥n anticorrupci√≥n Lava Jato, responsable por la condena de, al menos, seis expresidentes latinoamericanos.

Su renuncia -que vino acompa√Īada de un sorprendente mensaje televisado- disput√≥ la atenci√≥n con la noticia de que las v√≠ctimas por el coronavirus segu√≠an aumentando de manera vertiginosa en Brasil. Desde el inicio de la pandemia, Bolsonaro ha subestimado los efectos del virus. Cuando despidi√≥ a su ministro de Salud, el 76 por ciento de los encuestados por la consultor√≠a Atlas rechaz√≥ la decisi√≥n. Ahora, al confrontarse con uno de los personajes m√°s queridos de la derecha, Bolsonaro ha provocado un debate p√ļblico sobre la conveniencia o no de iniciar un juicio pol√≠tico en su contra.

Se avecinan tiempos difíciles para el capitán retirado del ejército.

Moro había amenazado con dejar el gobierno si Mauricio Valeixo, su mano derecha en la dirección de la Policía Federal, era reemplazado. Bolsonaro lo destituyó el 24 de abril y el exministro de Justicia cumplió su palabra. Ese mismo día convocó a una conferencia de prensa en la que anunció su salida y advirtió que Bolsonaro presionaba para tener acceso ilegal a reportes de inteligencia y a información de investigaciones en curso. Aunque el exjuez no lo dijo, insinuó que el presidente intentó interferir en las investigaciones abiertas contra tres de sus hijos: el concejal Carlos Bolsonaro, el diputado Eduardo Bolsonaro (ambos por diseminación masiva de noticias falsas) y el senador Flávio Bolsonaro (por una conexión con paramilitares en Río).

Unos días después, la Corte Suprema aceptó un pedido de la fiscalía para investigar las denuncias de Moro, que implicarían seis crímenes en contra de Bolsonaro, entre ellos obstrucción de la justicia y corrupción pasiva privilegiada. Con las muertes por el coronavirus a la alza, la economía parada, su discurso anticorrupción desinflado y sus hijos acorralados por investigaciones judiciales, Bolsonaro vive su peor momento. No puede ser de otra forma porque él mismo es su peor enemigo.

Y a√ļn hay algo peor para Bolsonaro: el juez seguir√° siendo un actor pol√≠tico de primera fila. No est√° vinculado con las iglesias evang√©licas ni defiende al ej√©rcito como Bolsonaro, pero coincide con la agenda econ√≥mica liberal de la derecha que, en su momento, lo respald√≥.

Quien no odia a Moro, ve en √©l a un h√©roe contra la impunidad. Una encuesta hecha entre el 24 y el 26 de abril -d√≠as en que la renuncia de Moro domin√≥ las noticias- revel√≥ que ya una mayor√≠a apoyaba la destituci√≥n del presidente. La desaprobaci√≥n a Bolsonaro lleg√≥ al 64,4 por ciento, la peor evaluaci√≥n en su gobierno, seg√ļn la encuesta de Atlas. Quiz√°s ahora la poblaci√≥n ha entendido c√≥mo el discurso anticient√≠fico, antiintelectual y antidemocr√°tico tiene consecuencias reales e inmediatas. Muchos brasile√Īos que estaban convencidos de que Bolsonaro se enfrentaba al establishment, ahora temen morir enfermos o de hambre por la ineficacia del presidente.

Mientras tanto, la aprobación de Moro alcanzó el 57 por ciento. Con ese capital político, deja de ser un ministro reprimido para convertirse en un potencial rival de Bolsonaro en la elección de 2022. Desde la victoria electoral de Bolsonaro, la izquierda ha estado alejada del debate y el juego político se da en un campo que va de la extrema derecha al centro. En ese contexto, Moro sería su principal adversario.

Al anunciar su salida, Moro reconoci√≥ que a pesar de las denuncias de corrupci√≥n en contra de los gobiernos de Luiz In√°cio Lula da Silva y de Dilma Rousseff, ambos respetaron la independencia del Ministerio P√ļblico y de la Polic√≠a Federal. Fue extra√Īo escucharlo elogiar (aunque sutilmente) a las gestiones que, como juez, persigui√≥ con severidad durante a√Īos. Y es ir√≥nico verlo salir del gobierno del que formaba parte porque, ahora, el jefe de Estado no pens√≥ dos veces antes de interferir en la justicia para, seg√ļn dej√≥ ver, proteger a sus hijos investigados.

En realidad, Moro debió haber salido del gobierno de Bolsonaro desde mucho antes. El exjuez calló a cada improperio antidemocrático del presidente e ignoró las acusaciones de corrupción de su entorno familiar. Incluso debería explicar por qué aceptó ser ministro de Bolsonaro en primer lugar. Como juez de la Lava Jato -y con métodos cuestionables (como el abuso de las prisiones preventivas y la filtración a la prensa de delaciones premiadas antes de que sus contenidos fueran comprobados)-, Moro ayudó a impulsar el sentimiento antipolítico que, en parte, condujo a la victoria de Bolsonaro. Cuando condenó al expresidente Lula da Silva meses antes de la elección contribuyó a consolidar la candidatura de Bolsonaro. Finalmente, al aceptar el cargo de "superministro", refrendó un gobierno con vocación antidemocrática.

Para algunos expertos, la renuncia de Moro es el inicio del fin del gobierno de Bolsonaro. Pero ese mismo d√≠a, Bolsonaro se lanz√≥ en brazos del "centr√£o", como llamamos en Brasil a un grupo de partidos sin ideolog√≠a clara y con gran apetito de poder. Esa nueva alianza es un intento de reorganizar su apoyo en el congreso cuando en la mesa del presidente de la c√°mara de diputados se acumulan casi 30 solicitudes de destituci√≥n contra el mandatario. A pesar de la crisis de popularidad que atraviesa, esta alianza parec√≠a darle un respiro. Sin embargo, una vez m√°s, no pudo evitar autosabotearse: al ser cuestionado sobre las m√°s de 5000 victimas fatales del coronavirus en Brasil, contesto: "¬ŅY qu√©?".

De momento, el congreso no parece dispuesto a encarar un segundo proceso de destituci√≥n en menos de cuatro a√Īos. Profundizar√≠a a√ļn m√°s la crisis del pa√≠s en un momento en que la pandemia ya nos paraliz√≥. Pero Bolsonaro parece no entender el cargo que ocupa ni tener la capacidad de ejercerlo. Si tuviera esp√≠ritu de servicio p√ļblico, deber√≠a renunciar.

Como es probable que no lo haga, siempre podemos contar con su ímpetu para meter a Brasil en un pozo todavía más hondo. Mientras tanto, Moro aguardará el mejor momento para mostrar toda la fuerza de sus aspiraciones políticas.

 

Carol Pires es reportera política radicada en Río de Janeiro.

 

Imprimir
Enviar Articulo

Lo más leido en:
Opinion
Artículos Relacionados:
Personajes
Jorge Zepeda Patterson / El País
Martín Caparrós / The New York Times
Cayo Salinas
Cayo Salinas
El llanto de un √°rbol Dat0s 193