Una tormenta azotar√° las democracias latinoamericanas
Por: Gustavo Flores-Macías / The New York Times
Junio 2020
Fotografia: APG Noticias

Las políticas de austeridad para responder a la pandemia podrían traer a la región males mayores al que buscan conjurar.

Conforme Am√©rica Latina realiza el recuento de da√Īos producto de la pandemia de la COVID-19, una tormenta se avecina sobre la regi√≥n. Mientras que la crisis requiere de acciones gubernamentales decisivas para suavizar el golpe de una grav√≠sima recesi√≥n hist√≥rica, las respuestas hasta el momento van de timoratas a contraproducentes. Sin pol√≠ticas fiscales y monetarias contrac√≠clicas ambiciosas, Am√©rica Latina podr√≠a enfrentar una cat√°strofe econ√≥mica con graves consecuencias para sus fr√°giles democracias.

La COVID-19 ha tra√≠do no solo decenas de miles de muertes, sino tambi√©n problemas econ√≥micos considerables para la regi√≥n. Una reducci√≥n dr√°stica de la demanda de bienes latinoamericanos en China y los pa√≠ses industrializados est√° afectando severamente las exportaciones de materias primas de Sudam√©rica y de manufacturas y maquilas de M√©xico y Centroam√©rica. Millones de despidos y la lenta recuperaci√≥n econ√≥mica en Estados Unidos han reducido los flujos de remesas a pa√≠ses como Ecuador, Colombia, El Salvador y Honduras entre 20 y 40 por ciento. El miedo a viajar tambi√©n ha diezmado la industria del turismo, de la cual dependen varios pa√≠ses caribe√Īos, cuya ocupaci√≥n hotelera se desplom√≥ a tan solo 10 por ciento en marzo.

Estas secuelas ya comienzan a hacer estragos en las econom√≠as latinoamericanas. Se espera que la producci√≥n brasile√Īa caiga por lo menos 8 por ciento en 2020. La econom√≠a de M√©xico se contraer√≠a en un 7.5 por ciento, peor que durante la crisis de 1994, cuando la situaci√≥n era tan grave que la Casa Blanca extendi√≥ un rescate para evitar el colapso del vecino del sur y una probable ola masiva de migrantes. Se pronostica que el producto interno bruto de Per√ļ caer√° en un impresionante 12 por ciento, equiparable a la destrucci√≥n que sufri√≥ aquel pa√≠s en la Guerra del Pac√≠fico (1879-84). Para muchos pa√≠ses estas ser√≠an las peores ca√≠das econ√≥micas en casi un siglo, desde la Gran Depresi√≥n. Peor a√ļn, el panorama de la regi√≥n apunta a que estas proyecciones se deteriorar√°n todav√≠a m√°s, trayendo crisis econ√≥micas no vistas en generaciones.

Las experiencias con crisis anteriores nos han mostrado que políticas contracíclicas ambiciosas son un antídoto probado. De la Gran Depresión aprendimos que estímulos fiscales generalizados y políticas monetarias laxas eran necesarias para poner dinero en los bolsillos de la gente y así reactivar la economía. Recientemente, dichas políticas jugaron un papel fundamental para disminuir los efectos negativos de la recesión global de 2008-2009.

Pero las respuestas de los gobiernos latinoamericanos han sido tímidas en el mejor de los casos. Mientras India ha anunciado un paquete de estímulo de alrededor de 265.000 millones de dólares, equivalente al 10 por ciento de su producto interno bruto, Brasil y Chile han prometido no más del 8.1 por ciento y 4.7 por ciento respectivamente. Colombia solo ha echado mano del 1.5 por ciento a través de un fondo de mitigación de emergencia. México incluso ha optado por la dirección opuesta, haciendo de la austeridad una prioridad y limitando el estímulo gubernamental.

La renuencia de los gobiernos latinoamericanos a adoptar verdaderas políticas expansionistas se entiende dada la historia de crisis económicas recurrentes. Ha costado mucho esfuerzo en varios países conseguir el grado de inversión -la calificación que indica bajo riesgo para invertir y reduce el costo de endeudarse- y los espectros de la hiperinflación, crisis cambiarias y fuga de capitales rondan todavía en algunos lugares.

Pero la inacci√≥n gubernamental podr√≠a prolongar la ca√≠da de las econom√≠as de la regi√≥n, como lo aprendimos durante los primeros a√Īos de la Gran Depresi√≥n de 1929 y durante la crisis asi√°tica de 1997 en Corea del Sur, Indonesia y Tailandia, pa√≠ses donde las medidas de austeridad recetadas por el Fondo Monetario Internacional empeoraron la situaci√≥n al deprimir el consumo. La obsesi√≥n de Am√©rica Latina con la austeridad ser√≠a el equivalente econ√≥mico de la pr√°ctica medieval de tratar de curar al paciente a trav√©s del sangrado.

Los costos de no atajar la crisis de manera frontal ser√≠an elevados, no solo en el √°mbito econ√≥mico sino tambi√©n en el pol√≠tico. Crisis econ√≥micas han sido responsables de grandes transformaciones pol√≠ticas en la historia de la regi√≥n, tales como el arribo al poder de la ola de l√≠deres populistas despu√©s de la Gran Depresi√≥n. Emergencias econ√≥micas durante los a√Īos sesenta y principios de los setenta tambi√©n contribuyeron a la llegada de dictaduras militares y a su vez, la crisis de la deuda precipit√≥ su colapso en los a√Īos ochenta. La severa austeridad durante los a√Īos noventa y principios de los 2000 abri√≥ la puerta a la llegada del chavismo y otros gobiernos populistas.

De no poner atenci√≥n a las necesidades econ√≥micas, las pr√≥ximas v√≠ctimas de la crisis podr√≠an ser los fr√°giles sistemas democr√°ticos de la regi√≥n. Durante la √ļltima d√©cada, el desencanto ciudadano con la incapacidad de los gobiernos para resolver problemas sociales ha aumentado considerablemente, desde la violencia desenfrenada hasta el estancamiento econ√≥mico. Mientras que el 61 por ciento de los latinoamericanos expresaba preferencia por la democracia sobre sistemas autoritarios en 2010, 48 por ciento compart√≠a esa opini√≥n en 2018. En Brasil, M√©xico y varios pa√≠ses centroamericanos, menos del 39 por ciento de la poblaci√≥n apoya el sistema democr√°tico.

Al mismo tiempo, las fuerzas armadas han ganado influencia pol√≠tica considerable. En Brasil, los militares ocupan casi la mitad del gabinete del presidente Jair Bolsonaro. En M√©xico los soldados est√°n a cargo de la seguridad interior y la construcci√≥n de importantes proyectos de infraestructura, tales como el nuevo aeropuerto de Ciudad de M√©xico. En El Salvador y Nicaragua, los presidentes se apoyan en las fuerzas armadas para intimidar rivales pol√≠ticos. En los √ļltimos a√Īos, los jefes del Ejecutivo en Chile y Ecuador han echado mano de los militares para desarticular protestas. En Bolivia, las fuerzas armadas desempe√Īaron un papel importante en la renuncia de Evo Morales. El protagonismo del ej√©rcito en asuntos p√ļblicos es especialmente preocupante por su terrible legado de represi√≥n y autoritarismo en la regi√≥n.

No es el momento de escatimar recursos, sino de que los gobiernos echen mano de todas las herramientas a su alcance para disminuir el impacto de la crisis. Debido a que cerca de la mitad de población en Latinoamérica trabaja en condiciones de informalidad, es imperativo no solo apoyar al sector privado, sino también poner dinero directamente en los bolsillos de la gente a través de mayor gasto en programas sociales e inversión en infraestructura, salud y educación. Además, los bancos centrales deben redoblar esfuerzos para facilitar el crédito a las empresas y continuar bajando las tasas de interés de manera contundente.

En este contexto de desencanto con la democracia y fuerzas armadas políticamente activas, una crisis económica grave podría ser la gota que derrame el vaso. Si los gobiernos civiles se muestran incapaces de atajar la crisis económica que viene, los países de la región podrían tomar la senda del autoritarismo una vez más.

 

Gustavo Flores-Macías es profesor asociado de Gobierno y vicerector asociado para asuntos internacionales en la Universidad de Cornell. Es autor de After Neoliberalism? The Left and Economic Reforms in Latin America. Fue director general de Comunicación Social en la Procuraduría Federal del Consumidor en México.

 

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