Uruguay: el Frente Amplio perdi√≥ la batalla por el sentido com√ļn (y las elecciones)
Por: Lucas Silva / The Washington Post
Diciembre 2019
Fotografia: Pablo Porciuncula/AFP vía Getty Images

El dato se oficializ√≥ el jueves, cuatro d√≠as despu√©s de la segunda vuelta del domingo 24 de noviembre: Luis Lacalle Pou, del centroderechista Partido Nacional, ser√° el pr√≥ximo presidente del Uruguay, tras 15 a√Īos de gobierno del izquierdista Frente Amplio (FA). Aunque todas las encuestadoras vaticinaban una distancia mayor, Lacalle Pou le gan√≥ al candidato oficialista Daniel Mart√≠nez por apenas 30 mil votos y fue necesario esperar al conteo de los votos observados para que la Corte Electoral se pronunciara de manera oficial.

La noche del domingo, Martínez festejó la "dulce derrota" como un triunfo y Lacalle Pou recién podrá celebrar este viernes, con un acto en la rambla de Montevideo.

La imprevista paridad tambi√©n alter√≥ el tablero pol√≠tico. El presidente electo, tercer integrante de su familia que se convierte en jefe de Estado (ya lo fueron el bisabuelo y el padre), asumir√° el 1 de marzo de 2020 y gobernar√° apoyado por una coalici√≥n "multicolor" de cinco partidos, desde el centro hasta la extrema derecha. Llegar√° al poder en su segundo intento y despu√©s de una campa√Īa impecable, en la que no cometi√≥ errores.

Uno de los protagonistas de este proceso electoral tiene nombre, apellido e insignia: el ex comandante en jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, líder del partido conservador Cabildo Abierto, grabó un video al borde de la veda electoral en el que cuestionaba al ex presidente José Mujica y alentaba al personal militar a no votar por el candidato del FA.

No hay formas de saber cu√°nto incidi√≥ esta comunicaci√≥n corporativa -in√©dita en la historia uruguaya- en el resultado final, pero s√≠ est√° claro que Manini R√≠os, que en la primera vuelta en octubre obtuvo 10% de los votos, le midi√≥ el aceite a todo el sistema pol√≠tico con su mensaje. En particular, a la coalici√≥n de gobierno que encabezar√° Lacalle Pou. La se√Īal fue tan contundente como peligrosa: dej√≥ claro que tiene tres senadores, 11 diputados y, por si acaso, 20 000 militares que acatan sus √≥rdenes.

La famosa frase del escritor argentino Jorge Luis Borges, "no nos une el amor sino el espanto", podr√≠a tener una doble aplicaci√≥n en esta coyuntura pol√≠tica. Por un lado, la irrupci√≥n de Manini R√≠os y otros episodios que involucran a militares de su entorno se han convertido en un inesperado factor de aglutinamiento para el bloque social y pol√≠tico de izquierda, sensible por lo que sufri√≥ en carne propia a cualquier tema vinculado a las violaciones a los derechos humanos en la √ļltima dictadura militar (1973-1985).

En segundo lugar, está claro que el principal punto de coincidencia de la "coalición multicolor" ha sido, por el momento, la urgencia por reemplazar al FA del gobierno. Lacalle Pou asumirá con el menor porcentaje de respaldo popular en un balotaje, desde que se instauró el sistema en 1996. Por ello, los términos en los que se desarrollará la negociación con Cabildo Abierto (con la posibilidad intacta de establecer un veto o "cordón sanitario" similar al que impulsaron partidos europeos) son aspectos que generan más incertidumbres que certezas respecto al futuro de la coalición.

La fragilidad de la alianza parecer√≠a ser mayor que la esperada. Al punto que, a pesar de la derrota, la discusi√≥n que se instal√≥ r√°pidamente es qu√© papel jugar√° el FA para blindar la gobernabilidad de la futura administraci√≥n. Por ahora, en todo caso, hay muchas preguntas y cinco a√Īos por delante para responderlas.

De todas maneras, ni el factor Manini R√≠os ni la sensaci√≥n de "empate t√©cnico" en el balotaje deber√≠an ser excusas para que la izquierda no inicie un r√°pido proceso de autocr√≠tica. ¬ŅC√≥mo pierde el FA una elecci√≥n despu√©s de 15 a√Īos en el gobierno? Hay varias razones que pueden ayudar a entender la derrota.

La primera es la renuncia del vicepresidente Ra√ļl Sendic en septiembre de 2017 por un caso de corrupci√≥n durante su gesti√≥n en ANCAP, el principal ente petrolero del pa√≠s. No importa la dimensi√≥n del caso ni la comparaci√≥n con corruptelas mayores en pa√≠ses vecinos: los desv√≠os √©ticos siempre son demoledores para la izquierda. Y est√° bien que as√≠ sea.

En materia de seguridad p√ļblica, el FA no supo interpretar la demanda social de mejoras en las pol√≠ticas y eso lo alej√≥ de sectores sociales que tradicionalmente apoyaban al proyecto progresista, en particular los trabajadores y peque√Īos comerciantes.

Los gobiernos frenteamplistas garantizaron una determinada estabilidad macroecon√≥mica y facilitaron el acceso al consumo, pero no promovieron un involucramiento social acorde. El resultado: la sociedad uruguaya no necesariamente es m√°s solidaria que hace 15 a√Īos. Mientras el sentido com√ļn tend√≠a a moverse, en el largo plazo, hacia nociones m√°s liberales, la administraci√≥n del FA impuls√≥ pol√≠ticas p√ļblicas (combate a la pobreza, progresividad tributaria, sistema de transferencias) que no contaron con el respaldo social necesario. La falta de politizaci√≥n entre amplios sectores de la sociedad, sumado a un contexto de estancamiento de la econom√≠a, configur√≥ un escenario propicio para la fuga de votos hacia opciones m√°s hacia la derecha.

Otro factor que incidió negativamente fue la soberbia de la dirigencia. En particular, este segundo gobierno del actual presidente Tabaré Vázquez consolidó la idea de un proyecto político agotado, sin reflejos de renovación en el elenco ministerial y aislado socialmente. En paralelo una parte de la izquierda, generalmente más vinculada a los consensos universitarios y académicos, mostró estar demasiado desconectada de otras realidades que existen en el país y lo pagó en las urnas. Los avances en la agenda de derechos, por ejemplo, demostraron tener más reconocimiento a nivel internacional que entre los votantes del interior del país, donde la izquierda cayó de manera estrepitosa.

Por √ļltimo, la elecci√≥n de la f√≥rmula de candidatos Daniel Mart√≠nez-Graciela Villar termin√≥ siendo una equivocaci√≥n, entre otras cosas por su perfil excesivamente capitalino. Llevaron adelante una campa√Īa err√°tica, sin una estrategia clara, y Mart√≠nez no aprovech√≥ los debates con Lacalle Pou para acortar distancias.

En resumen, hay un cambio de tiempo político en Uruguay, la negociación tenderá a intensificarse y serán momentos interesantes para quienes le seguimos el pulso a la agenda. A largo plazo, servirá para monitorear si la alternancia en el poder es, como indican algunos manuales, un síntoma de salud para la estabilidad democrática.

Y para el progresismo tambi√©n se abre una oportunidad: mirarse al espejo, aprender de los errores y comprender el mensaje que enviaron los miles de militantes que se pusieron la campa√Īa al hombro y dejaron al FA al borde de un cuarto gobierno. Personas que hacen pol√≠tica, ni m√°s ni menos.

 

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Lucas Silva es periodista político y director del periódico La Diaria, de Uruguay.

 

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