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Ediciones DATOS-BO.COM
Las enormes diferencias (y algunas similitudes) del primer y √ļltimo d√≠a de la era Evo Morales
Por: BBC Mundo Martes, Noviembre 26, 2019-Hrs.
AFP

De contemplar una multitud que cantaba a grito herido "Para el pueblo, lo que es del pueblo" a escuchar en el coro "Hoy se va del poder un tirano".

Dos canciones -creo que ambas exageradas en su contenido- me quedan grabadas como el principio y final del paso de Evo Morales por el poder en mi país.

Dos celebraciones multitudinarias, en las que me toc√≥ estar presente, iniciaron y cerraron la era en la que un l√≠der cocalero y de cuna muy pobre se convirti√≥ en el protagonista absoluto de la vida pol√≠tica de Bolivia por casi 14 a√Īos.

La jornada inaugural fue en La Paz, en una tarde gris pero potente de enero de 2006 que se prolongó hasta la madrugada con la emblemática canción de Piero en las gargantas.

La √ļltima noche fue incandescente y plena de j√ļbilo en Santa Cruz, este 12 de noviembre, con cientos de miles de personas gritando libertad, mientras Evo Morales iniciaba su nueva vida como asilado pol√≠tico en M√©xico y Jeanine √Ā√Īez se estrenaba como la primera presidenta (aunque en funciones) del postevismo.

Los escenarios tal vez no podrían ser más disímiles, casi como emblemas de la polarización que vivió Bolivia todo este tiempo. Pero no por ello no existen elementos comunes en ambos momentos.

Encuentro diferencias y similitudes que, creo, nos dan algunas luces y ense√Īanzas del terremoto pol√≠tico que acaba de sacudirnos.

Y que pueden contarse desde muchos puntos del territorio boliviano, pero que muy posiblemente La Paz y Santa Cruz sean los sitios fundamentales para hacer un breve repaso de lo que pas√≥ en los 13 a√Īos, 9 meses y 18 d√≠as que dur√≥ Morales en la presidencia y las dos masivas concentraciones que marcaron el principio y el fin de una era.

La cuarta postulación presidencial encontró a Morales cuestionado como pocas veces.

El primer antecedente de lo que finalmente sucedió fue el referéndum del 21 de febrero de 2016 en el que la mayoría del país rechaza que se reforme la Constitución para que pueda buscar un nuevo mandato.

Un a√Īo y medio despu√©s, el Tribunal Constitucional finalmente lo habilit√≥, pese al plebiscito anterior, aumentando los cuestionamientos en su contra.

Morales no lo reconoce, pero más de uno en Bolivia sostiene que esos antecedentes hacían suponer un desenlace conflictivo (pero tal vez no tan trágico).

La Paz

Los dos principales departamentos de Bolivia se ubicaron durante todo este tiempo en las antípodas de la vida política del país.

La tierra pace√Īa no solo es la ciudad sede del Congreso y del Palacio presidencia, tambi√©n en esa regi√≥n est√°n las muy aguerridas provincias aymaras y la rebelde ciudad de El Alto, donde Morales siempre sali√≥ triunfante.

Santa Cruz, en cambio, simboliza el motor económico del país y juega históricamente como el contrapeso político de La Paz. Es donde el expresidente tuvo sinsabores y sufrió mucho para conseguir votos.

El 18 de diciembre de 2005, Morales sorprendi√≥ al triunfar en las elecciones presidenciales con el 54% de la preferencia pero con una clara debilidad en suelo cruce√Īo.

La Plaza de San Francisco de La Paz fue el punto de referencia del festejo por la asunci√≥n, el 22 de enero del a√Īo siguiente, despu√©s de que Bolivia y el mundo contemplaran las l√°grimas del cocalero en el momento de recibir la banda presidencial y la medalla que una vez perteneci√≥ a Sim√≥n Bol√≠var.

Esa plaza es uno de los sitios emblemáticos de la recuperación democrática boliviana en la década del 80 y también fue sede de algunas de las mayores concentraciones populares a lo largo de la accidentada historia de Bolivia.

"Hoy se terminó el miedo", dijo el fallecido escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano en aquella tarde nublada.

Horas después, con la lluvia característica de enero en La Paz, vi pasar frente a mí a un todavía tímido Evo Morales, que saludaba desde la camioneta oficial con las ventanas abiertas.

No es mentira que, a lo largo de su etapa como dirigente sindical y líder opositor, hubo intentos de terminar con su vida.

En esos tiempos, el ahora expresidente prefería viajar solo con equipaje de mano porque decía que tenía miedo de que le "siembren" droga en la maleta para acabar con su carrera política.

De cierta forma, las palabras de Galeano en esa tarde fueron correctas. En enero de 2006 ese miedo se terminó.

Santa Cruz

Con y sin razón, en muchas oportunidades, Santa Cruz fue castigada desde el discurso oficial como la región racista, oligarca e incluso separatista.

Digo con y sin raz√≥n porque los excesos de unos pocos en el pasado reciente sirvieron de mucho a Morales y a los suyos para descalificar a los cruce√Īos opositores.

En los primeros a√Īos de la presidencia del exmandatario, golpearon a mujeres ind√≠genas en el centro de la ciudad y las c√°maras de televisi√≥n captaron a los m√°s radicales detractores del cocalero decirles a √©l y a sus seguidores "indios de mierda".

El todav√≠a gobernador de Santa Cruz, Rub√©n Costas, lleg√≥ a decirle "macaco" a Morales en esos a√Īos de furia y batalla pol√≠tica.

Sin embargo, basta dar una caminata desprejuiciada para comprender que los episodios exacerbados del pasado no son una referencia cabal de la ciudad que encarnó como ninguna la reciente movilización que provocó la caída del expresidente asilado.

Soy de La Paz y no lo disimulo (porque ser√≠a imposible), aterric√© en Santa Cruz en el auge del paro c√≠vico contra Morales y comprob√© c√≥mo los cruce√Īos est√°n lejos de los excesos fan√°ticos del pasado.

Muchos de los promotores de todo lo que acaba de suceder redoblaron los esfuerzos para evitar que eso suceda. Así me lo contaron y tiene sentido.

Nada de violencia y siempre declar√°ndose bolivianos. As√≠ se arm√≥ la movilizaci√≥n cruce√Īa que sab√≠a muy bien que deb√≠a evitar los errores del pasado que tanto costaron. Y funcion√≥.

Con algo de revanchismo, pero tambi√©n con raz√≥n, Santa Cruz demostr√≥ que tambi√©n puede derrotar presidentes como lo presumi√≥ La Paz todos estos a√Īos.

Me dijeron que "todo lo que hicieron mal" hace una década, lo hicieron bien en esta oportunidad.

Por eso no me parec√≠a rara, aunque a la vez me resultaba sorprendente, la fiesta organizada alrededor de la estatua del Cristo cruce√Īo en la que al fin gritaron "ganamos".

Hay mucho más país

Bolivia es mucho m√°s que sus dos departamentos m√°s grandes.

De hecho, una de las postales que me parece más emblemática en lo que acaba de pasar la vimos en una ciudad cercana a la frontera de Brasil y poco poblada: Riberalta. Allí derribaron una estatua de Hugo Chávez con sogas y mucha furia.

Pero es apenas una imagen de las varias que durante d√©cadas quedar√°n como momentos de j√ļbilo o cicatrices dolorosas en el pa√≠s.

Los dos primeros muertos de los m√°s de 32 en este mes eran de una localidad cercana a Santa Cruz llamada Montero.

En Sacaba, casi en el centro de Bolivia, se produjeron los combates m√°s duros entre los muy leales cocaleros de Evo Morales y fuerzas policiales y militares. El saldo fue de al menos una decena de muertes.

Potosí, el departamento al que el país le debe su existencia por su riqueza mineral y ahora es uno de los más empobrecidos, fue el escenario del paro institucional que fue el prolegómeno de la caída del exmandatario.

La región se declaró en protesta contra Morales ya antes de las elecciones del 20 de octubre y suspendió sus medidas de presión después de la renuncia del 10 de noviembre.

De vuelta a El Alto, la ciudad, una vez m√°s, fue s√≠ntesis del territorio nacional y sus contradicciones. Los √©xitos de Morales llevaron a decenas de miles de alte√Īos a una situaci√≥n de mayor prosperidad econ√≥mica y al mismo tiempo hicieron que se perdiera algo aquella m√≠stica de "ciudad rebelde".

"Necesito que vuelva la normalidad porque tengo que vender pollos", me dijo Gloria hace unos días.

Cuando El Alto derrotó a sangre y fuego al gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada en octubre de 2003, Gloria vivía de la venta de golosinas y, como dicen en Bolivia, sobrevivía "día a día".

Hoy su situación es muy distinta y no es una excepción. El gobierno de Morales presumió mucho de la ampliación de la clase media, aunque nunca advirtió que eso significaba la pérdida de su fuerza en las calles.

Las simpat√≠as pol√≠ticas de Gloria, al igual que las de miles de alte√Īos, pasaron a segundo plano frente a la necesidad de que sus negocios sigan funcionando.

El √ļltimo d√≠a

Dos semanas antes de que Evo Morales fuera posesionado como presidente, con mi familia hicimos un viaje desde La Paz a Santa Cruz por tierra.

Sabíamos de memoria la agresividad con la que los soldados te trataban en el paso por el Chapare, la región cocalera de Cochabamba (centro), y que era muy probable que abrieran las maletas con una bayoneta.

Desde que el líder sindical tomó las riendas del país esas escenas terminaron y esa selva llena de cultivos de coca al fin tuvo algo de paz.

Cientos de productores de esa planta fallecieron entre 1988 y 2005 por la "guerra contra el narcotr√°fico" dictada desde Washington y obedientemente atendida por los gobiernos de ese entonces.

Morales pudo cometer muchos errores, pero su política antidrogas llevó a Bolivia a pasar de ser el primer productor mundial de cocaína a ser un socio casi marginal del negocio. Sin disparar una bala, sin matar a nadie. Colombia, con todo respeto, podría tomar apunte del logro.

Aunque tambi√©n tom√≥ decisiones muy controversiales, como una descomunal subida del precio de los combustibles en 2010 que fue calificada como propia de los a√Īos m√°s neoliberales de la historia del pa√≠s.

Y todavía le recuerdan al exmandatario el operativo de represión de 2011 a una marcha indígena que se oponía a una carretera que habría partido en dos una selva.

Pese a la abundante evidencia documental, declaraciones de policías involucrados y videos, el expresidente y su ministro de Gobierno (Interior) de ese entonces, Sacha Llorenti, jamás asumieron la responsabilidad por aquel episodio que indignó al país.

A veces t√≠mido y muchas veces (sobretodo en los √ļltimos a√Īos) soberbio, Morales tuvo enormes aciertos para Bolivia pero tambi√©n cometi√≥ fatales errores de c√°lculo (como creer que las recientes protestas en su contra no terminar√≠an su mandato). Lo enga√Īaron aquellos que le repitieron hasta el cansancio que era invencible e imprescindible.

Morales termin√≥ convencido de que su presencia era la √ļnica garant√≠a de un proceso pol√≠tico que se prometi√≥ refundar el pa√≠s y en el camino opt√≥ por preservarse en el poder a cualquier costo. Incluso por encima de la voluntad de las mayor√≠as en Bolivia que en febrero de 2016 votaron en contra de su repostulaci√≥n.

Creo que muchos de sus colaboradores más cercanos se esforzaron en mantenerlo en una burbuja y por ello se estrelló con tal fuerza cuando la realidad era mucho más contundente que lo que le reportaban a diario. Ahí tienen mucha responsabilidad sus ministros más obsecuentes.

La gran similitud en la celebraci√≥n de 2006 y la de hace un par de semanas fue el cansancio com√ļn ante un poder acostumbrado a mandar y acomodado a la silla presidencial. Con el h√°bito de menospreciar a todo aquel que romp√≠a el libreto oficial.

Lamentablemente, lo siguen haciendo desde México a pesar de todo lo que ha pasado (es bueno que lo sepan)...

Nunca habr√≠a pensado que estos dos meses resultar√≠an en una debacle tan dram√°tica como s√ļbita. Mi plan era descansar unas semanas en mi pa√≠s antes de cerrar mi corresponsal√≠a en Colombia.

Otra vez, como en ese triunfo sorprendente de Morales de hace casi 14 a√Īos, Bolivia me tom√≥ por sorpresa y me toc√≥ presenciar el √ļltimo d√≠a de la era Evo Morales con las im√°genes frescas en mi mente de aquella celebraci√≥n inaugural de 2006.