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Ediciones DATOS-BO.COM
La √ļltima corazonada
Por: Pachi Ascarrunz Martes, Febrero 21, 2012-Hrs.
Mario Vargas Llosa y su primera esposa, Julia Urquidi Illanes

Horas antes de expirar, Julia Urquidi Illanes, primera esposa cochabambina del ahora Nobel de Literatura, recuper√≥ el √°nimo, sonri√≥ por √ļltima vez y les dijo a sus parientes y amigos que rodeaban su lecho: "Mario se merece el Nobel, pero se lo dar√°n despu√©s de mi muerte".

Cuando el Premio Nobel de Literatura era todavía una posibilidad hipotética para Vargas Llosa, en la Feria del Libro (La Paz, 21/VIII/ 2010) comenté la segunda edición de lo que Varguitas no dijo, de Julia Urquidi. Los editores me habían invitado porque se enteraron que, de alguna manera, estuve en los tramos germinales de "La tía Julia y el escribidor", de Vargas Llosa, y en los inicios de su secuela más relevante, y porque, además, la recordada tía de la ficción, tía de su segundo marido y tía de la actual esposa de éste, era tía, también, de Sandra Urquidi Collins, madre de mis mellizos Mateo y Nicolás.

Primer tiempo

En el exilio lime√Īo de 1972, repart√≠a mi jornada laboral entre Caretas y Reuter-Latin, que me hab√≠a encomendado entrevistar "a fondo" a Mario Vargas Llosa, acerca del proceso creador de su obra. En ese tiempo cultivaba cara amistad con C√©sar Hildebrandt en la redacci√≥n de la revista dirigida por Enrique Zileri. Le coment√© el encargo de la agencia inglesa. "Me parece bien", dijo, "vamos juntos, tengo una entrevista pendiente con √©l", y se encarg√≥ de fijar d√≠a, hora y lugar. Por entonces, Hildebrandt era l'infant terrible del periodismo y, a sus 24 a√Īos, uno de los pocos entrevistadores capaces de sostener un mano a mano con el consagrado escritor arequipe√Īo.

Fue un privilegio, realmente, alternar con los dos n√ļmeros uno de la narrativa y del periodismo peruanos del siglo XX. Visitamos a Vargas Llosa en su departamento de Barranco. Cuando le pregunt√© en qu√© estaba, dijo estar hilvanando una novela sobre "un subg√©nero literario, el radioteatro", desde la angustia existencial de un personaje dedicado, hasta la locura, a escribir libretos, y como quien no quiere abundar sobre una tem√°tica menor y escabrosa -era tal su depreciaci√≥n- se refiri√≥ a algo que le era m√°s gratificante: "Si se me fuera dado vivir s√≥lo para escribir, yo podr√≠a vivir treinta a√Īos... s√≥lo escribiendo". Tantas eran las vivencias y fantas√≠as suyas, sus "demonios" en lista de espera. Porque no era del caso entrar en detalles sobre una obra embrionaria o porque √©l denot√≥ desd√©n por el radioteatro y sus autores, o por ambas cosas, comet√≠ una omisi√≥n involuntaria: no pedirle que hable un poco m√°s de su trabajo en ciernes. Es que Vargas Llosa se estaba refiriendo nada menos que a La t√≠a Julia y el escribidor. √Čl no sab√≠a que yo era boliviano, yo ignoraba que los personajes inspiradores, y protagonistas de su nueva ficci√≥n, eran compatriotas m√≠os: Julia Urquidi, su ex esposa y gestora literaria en sus comienzos, y Ra√ļl Salm√≥n, conocido radialista y dramaturgo pace√Īo. De lo contrario, es claro, hubiera insistido en el tema. No funcion√≥ mi mitad femenina, nula fue mi intuici√≥n.

Segundo tiempo

En la primavera del 77 se public√≥ La t√≠a Julia y el escribidor. Yo estaba en La Paz, de vuelta del exilio. El efecto de la novela ya se hac√≠a sentir en Bolivia. Humberto Vacaflor me pidi√≥ entonces colaborar en un programa de radio. Fresca estaba en mi memoria la entrevista al autor de La Casa Verde, de modo que me propuse visitar a los dos personajes centrales de La tia Julia... y a su autor. Ra√ļl Salm√≥n dirig√≠a Radio Nueva Am√©rica, estaba a la mano; Julia Urquidi, lo propio, trabajaba en el despacho de la Primera Dama; Vargas Llosa resid√≠a entonces en Espa√Īa y no era dif√≠cil ubicarlo y pedirle me diga lo que no me dijo a√Īos atr√°s.

De esta manera conoc√≠ a la m√°s reputada t√≠a de la narrativa latinoamericana, equiparable, literariamente hablando, a sus pares de La caba√Īa del t√≠o Tom (Beecher Stowe) y de El t√≠o Vania (Chejov). La entrevist√©. Hice lo mismo con Salm√≥n, ubiqu√© a Vargas Llosa en Barcelona y lo reporte√© por tel√©fono. Ra√ļl Salm√≥n iniciaba as√≠, con la ira sublevada, su defensa y ataque: "En Lima yo era un autor importado, √©l era un don Nadie. Es un maric√≥n en forma y fondo, mente y esp√≠ritu". Vargas Llosa no dijo m√°s de lo que ya hab√≠a dicho a prop√≥sito: "El escribidor (personaje co-protag√≥nico del relato), s√≥lo tiene alguna semejanza con Salm√≥n. √Čl no tiene por qu√© sentirse ofendido, su nombre no figura ni por asomo". Puso √©nfasis en lo que consideraba fundamental: la obra encajaba en la ficci√≥n literaria, y en que todo empezaba y terminaba ah√≠: "El Pedro Camacho de la novela, si bien inspirado en Salm√≥n, finalmente, es un producto de mi imaginaci√≥n", reiter√≥.

Al empezar la entrevista le expresé a Julia Urquidi mi asombro por el perfeccionismo literario de su ex marido. Le dije que aquella noche, en Barranco, él decía que cuando uno se empantana, y no puede resolver la continuidad narrativa, lo mejor era "tomarse un buen trago, echar al fuego lo avanzado, dormir bien, darse una buena ducha y empezar de cero al día siguiente"; le conté que esa noche nos tomamos unos buenos tragos y Vargas Llosa iba a echar al fuego de la chimenea una buena cantidad de magmas (como él llamaba a sus manuscritos) de La tía Julia y el escribidor.

"Mario siempre fue as√≠", coment√≥ Julia, "¬Ņpor qu√© crees que me cedi√≥ de por vida los derechos de La ciudad y los perros?", me pregunt√≥ y, sin esperar respuesta: "Porque yo copi√© a m√°quina cinco veces los manuscritos de esa novela; a la quinta reci√©n la public√≥, con ella se hizo de su primer gran premio", el de la Biblioteca Breve de Seix Barral. M√°s que de "su rol" en la obra de Vargas Llosa, la a√ļn atractiva y vivaz Rota, lamentaba el rid√≠culo papel que su ex marido "recreaba perversamente" a costa de Ra√ļl Salm√≥n. "Con sus exageraciones, mentiras y tergiversaciones, la parte m√≠a corresponde a la porci√≥n de realidad-real de esta novela, sin duda, la menos feliz de Varguitas hasta ahora, quiz√°s porque es, tambi√©n, la m√°s flagrantemente autobiogr√°fica", argument√≥. "Me irrita que haya explotado comercialmente una relaci√≥n familiar, pero lo que hizo con Salm√≥n no tiene nombre", reiter√≥.

Nada presagiaba el esc√°ndalo que iba a desatar a√Īos despu√©s la versi√≥n telenovelada de la obra, ni que a ra√≠z de ella Julia Urquidi, asistida por Carlos D. Mesa, iba a decir en su obra testimonial lo que no dijo MVLl, autor del m√°s grande e ins√≥lito amor jam√°s vivido por una prima-t√≠a-esposa, y del m√°s grande suplicio marital jam√°s contado de pu√Īo y letra. Esa tarde, al o√≠rle hablar con m√°s paz que odio en el esp√≠ritu y desde una frescura cautivante y coqueta, dirig√≠ mis apremios a su segunda servidumbre -despu√©s del amor-, la literatura, lo que hoy me permite especular: Julia Urquidi no fue s√≥lo el impulso vital de la novel√≠stica temprana de Vargas Llosa, sino que su pasi√≥n fue sacrificial: en aras de ese amor por las letras y por su marido escritor, qui√©n sabe, posterg√≥ su propia producci√≥n literaria.

Tiempo complementario

Lectora de obras escogidas desde su ni√Īez: novelas (Vargas Vila, Gustave Flaubert, Nataniel Aguirre; cuentos (Allan Poe, Horacio Quiroga); poes√≠a (C√©sar Vallejo, Ana In√©s de la Cruz, Adela Zamudio, Gustavo Adolfo Becquer, Franz Tamayo), sent√≠a, adem√°s, amor maternal por el joven Javier Heraud; al igual que Borges, reivindicaba a Ricardo Jaimes Freyre y amaba la m√ļsica, la pintura: se quedaba extasiada ante un cuadro del Greco. Ergo: Julia Urquidi encontr√≥ en Vargas Llosa, as√≠ sea agarr√°ndose de los pelos y muertos de celos mutuos o haciendo el amor animalmente, la posibilidad de aprender y crecer, literariamente. Ella lo ten√≠a claro: "Nuestra relaci√≥n comenz√≥ discutiendo sobre literatura, punto en el que siempre mantuve mi criterio a salvo de cualquier influencia y nunca (MVLl) me lo pudo cambiar.

Ignoramos cu√°l era su criterio, pero sus ideas literarias le sirvieron para compartir veladas apasionantes en su casa parisina con fi guras cumbres de la novel√≠stica de los 60 e √≠ntimos de Vargas Llosa: Julio Cort√°zar, Carlos Fuentes, Jorge Edwards, Miguel √Āngel Asturias, entre otros, o cultivar estrecha amistad con otra amante de las letras: Celia de la Serna, madre de Ernesto Che Guevara, durante los tres meses que ella estuvo alojada en su casa, all√° por el 62.

Dicen que al pasar los a√Īos la pareja se hace af√≠n, c√≥mplice, tiende igualarse el uno con la otra y viceversa, a tener lugares comunes: desde hablar igual a pensar parecido, desde el gusto por las pel√≠culas al disfrute de los placeres hed√≥nicos, desde las amistades selectas a los viajes, desde las maneras de redactar cartas hasta la forma de escribir. Este fue el caso de los Vargas-Urquidi en nueve a√Īos de matrimonio, digo yo, y arriesgo: si leemos con atenci√≥n el cap√≠tulo XVIII (p√°gs. 215 a 227) de Lo que Varguitas no dijo (el m√°s logrado del testimonio escrito en 1983), el estilo, la prosa directa, la descripci√≥n de lugares, peripecias y personajes, las digresiones reflexivas, tienen un s√≠mil narrativo con buena parte de Travesuras de la ni√Īa mala, la novela m√°s ligth de Vargas Llosa.

Como para no caer en la ucron√≠a, recurrencia que en literatura remite a preguntarse c√≥mo habr√≠a sido la historia si los hechos se hubieran dado de una manera diferente, es decir, especular sobre lo que pudo haber sido y no fue. Preguntarse, por ejemplo, ¬Ņqu√© hubiera sido de Julia Urquidi Illanes si el Jet Boeing 707 de la ruta Par√≠s-Nueva York-M√©xico ca√≠a en tierra la noche del 15 de octubre de 1962, cargando con la vida de sus 10 tripulantes y 130 pasajeros, entre estos, Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, flamante ganador del Premio Biblioteca. Breve. ¬ŅQu√© hubiera sido de la vida de √©ste si Hilda Gadea, primera esposa del Che -alojada en casa de la pareja en Par√≠s-, d√≠as despu√©s del susto del avi√≥n no hubiera reparado en la espasm√≥dica respiraci√≥n de Julia en su dormitorio, tras ingerir un frasco de somn√≠feros para ponerle fin a una vida oscilante entre el cielo y el infierno? Quienes gozaron de su amistad, de seguro dir√≠an que hoy, a un a√Īo de su partida, la inefable y querida t√≠a Julia -enemiga de los homenajes post mortem- preferir√≠a que de una vez sirvieran un vino que llena la boca, para sumergirnos en las aguas profundas de la poes√≠a y de la novela y de la m√ļsica y de la pintura o de la santa-puta-vida que nos toc√≥ vivir, dejando, as√≠ sea por √ļnica vez fuera de su vida y de su muerte a Mario Vargas Llosa...

"Y ¬°Santas Pascuas!".