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Ediciones DATOS-BO.COM
Más allá del brillo olímpico, una guerra azota las favelas de Río
Por: The New York Times Martes, Agosto 16, 2016-Hrs.
Lalo de Almeida para The New York Time

Mientras los fanáticos hacían fila en la playa de Copacabana para ver el juego entre las selecciones de vóleibol de playa de Estados Unidos y México, del otro lado de la ciudad, muy lejos de la emoción olímpica, el sonido de las balas resonaba en las colosales favelas que pueblan las colinas de Río de Janeiro.

En cuanto escuch√≥ el zumbido de las balas, Richard Concei√ß√£o Dias, de 9 a√Īos, supo qu√© deb√≠a hacer. "Me tend√≠ en el suelo y abrac√© a mi mam√°", dijo el ni√Īo, quien vive junto con su madre y sus tres hermanas en una casa de una sola habitaci√≥n en el conjunto de favelas del Complexo do Alem√£o. "Me dijo: 'Al√©jate de la ventana, cierra los ojos y sue√Īa algo lindo'".

Gran parte de Río disfruta la emoción de los juegos. Mujeres en tacones altos se van de fiesta y beben caipirinhas con supermodelosy astronautas en las veladas que ofrecen patrocinadores como Omega, el fabricante suizo de relojes. Miles de soldados patrullan los exclusivos barrios de Río que se encuentran junto al mar para apaciguar el miedo a los asaltos y otros delitos.

Sin embargo, a la sombra de los juegos olímpicos, sucede una guerra atizada por las bandas de narcotraficantes y las fuerzas de seguridad. Conforme las víctimas aumentan en la favela donde vive Richard, la gente de su zona ve los juegos como si fuera una celebración que sucede en una ciudad muy lejana.

En un enfrentamiento de la semana antepasada, m√°s de 200 oficiales de la polic√≠a irrumpieron en el laberinto de callejones de Alem√£o. Germ√Ęnia, la regi√≥n europea llena de tribus guerreras que alguna vez fue dominada por el imperio romano, es el nombre de la operaci√≥n policial en la que murieron dos hombres y un oficial antinarc√≥ticos result√≥ herido.

Algunas de las 70.000 personas que viven en Alem√£o -fuera de la mirada de¬†las c√°maras de televisi√≥n que enfocan las maravillas de R√≠o- ten√≠an la esperanza de que hubiera empezado un periodo de tranquilidad por las olimpiadas. Sin embargo, sucedi√≥ el tiroteo del martes, al que le siguieron m√°s enfrentamientos en la ma√Īana del mi√©rcoles y una explosi√≥n de desesperaci√≥n e ira.

"Vivimos peor que los bonitos caballos que compiten en las olimpiadas", dijo la madre de Richard, Jucil√©ia Silva, de 35 a√Īos, refiri√©ndose a la competencia ecuestre realizada el martes, cuando ella y su familia se lanzaron al suelo para esquivar las balas.

Los expertos en seguridad que investigan los tiroteos en Río de Janeiro han documentado cientos de episodios similares desde que empezaron los juegos, esos sucesos generan dudas sobre el enorme operativo de seguridad de las olimpiadas.

El miércoles los soldados de las fuerzas de seguridad federal fueron atacados con armas de fuego en la favela Vila do João. Al menos dos efectivos resultaron heridos; uno de ellos por un disparo en la cabeza.

Antes de los juegos, Mario Andrada, el vocero del comité organizador, se había jactado de que Río sería "la ciudad más segura del mundo" en este momento. El miércoles, después de los enfrentamientos violentos, defendió esa declaración.

"Un atleta no se arrepiente de decir que ganará antes de un juego", le comentó Andrada a los reporteros.

En 2009, cuando R√≠o de Janeiro gan√≥ la sede, las autoridades concibieron la estrategia de "pacificar" Alem√£o y otras favelas como un factor fundamental en su plan para resucitar la buena imagen de R√≠o. En 2010, los soldados llegaron en tanques a Alem√£o, acompa√Īados de oficiales de polic√≠a que empezaron a montar una red de puestos de control.

Parece que funcionó durante un tiempo.

Al ver que descendió la violencia, las autoridades construyeron una impresionante red de teleféricos que conectan las sobrepobladas colinas de Alemão. Los directores de televisión buscaron locaciones en Alemão para filmar escenas de telenovelas.

Un nuevo bar que servía cervezas artesanales atrajo a las personas que querían visitar la zona puesto que, durante mucho tiempo, fue percibida como un territorio prohibido.

Sin embargo, para 2014, las bandas empezaron a recuperar su territorio de manos de la policía. Una de esas organizaciones delictivas es el "Comando Rojo", que tiene sus orígenes en la década de los setenta, cuando militantes de izquierda que fueron a prisión se juntaron con criminales comunes.

La banda creó lazos de larga duración con los proveedores colombianos de cocaína para ejercer su dominio de manera importante en Alemão y otras zonas de Río de Janeiro.

Expertos en seguridad opinan que se sigue desarrollando la compleja lucha por el control de muchas favelas, esas grandes zonas pobres que suelen aparecer como asentamientos ilegales en Río. El Comando Rojo no solo choca con la policía, sino también con otras bandas y grupos paramilitares que engrosan sus filas con oficiales retirados y activos de la policía.

El resultado es un estofado dist√≥pico de conflictos que se perpet√ļan bajo la ley del ojo por ojo.

"Río presagia la nueva ola de conflictos que veremos en todo el mundo", dijo Robert Muggah, el director de investigaciones del Instituto Igarapé, un grupo de investigación que se enfoca en asuntos de seguridad.

Muggah hizo énfasis en la extendida propensión a las guerras de las drogas en la ciudad, los altos índices de víctimas y el despliegue constante de fuerzas de seguridad que sofocan la violencia, pero a veces la reavivan.

"La bala entró por el hombro y me salió por la espalda", afirmó el oficial de la policía, Felipe Curi después de ser herido durante el enfrentamiento de la semana pasada. "Dios me estaba cuidando desde el cielo".

Para las familias atrapadas en el fuego cruzado, toda la discusión sobre el legado olímpico en Río es un insulto.

Esta semana, las disputas con armas de fuego detuvieron el icónico teleférico en Alemão e impidieron que la gente llegara a su trabajo. El mes pasado, las autoridades interrumpieron el servicio, al menos nueve veces, por los disparos.

En uno de esos episodios, una madre que llevaba a su hijo a la escuela usó su teléfono celular para filmarse mientras temblaban de miedo dentro de un teleférico que colgaba en el aire. Como secuela de los enfrentamientos del miércoles se reportaron dos personas heridas, un oficial de la policía y un residente.

Otro caso que provoc√≥ preocupaci√≥n por la violencia durante los juegos sucedi√≥ la noche del jueves cuando varios testigos declararon que las balas rompieron las ventanas de un autob√ļs que llevaba periodistas.

Sherryl Michaelson, una reportera y capitana retirada de la Fuerza A√©rea estadounidense, dijo que hab√≠a escuchado el sonido del disparo de un arma. Aun as√≠, las autoridades determinaron que los da√Īos fueron ocasionados cuando le lanzaron una piedra al autob√ļs.

Las nuevas estaciones de la polic√≠a en Alem√£o, que alguna vez fueron una se√Īal de que R√≠o estaba mejorando, ahora funcionan como un archipi√©lago de puestos de seguridad asediados en un mar de violencia donde resurgen las bandas de narcotraficantes.

Incluso durante los juegos, cuando se suponía que reinaría la paz en Río, los residentes de Alemão tienen la sensación de vivir en guerra. José Franklin da Silveira, un compositor de baladas, escribió un poema de siete páginas titulado "Las olimpiadas en Alemão".

El texto, que se vende por 1,5 d√≥lares en las favelas, describe las reacciones de perplejidad de Josimar, un ni√Īo que confunde los fuegos artificiales de la ceremonia de inauguraci√≥n de los juegos con los disparos que plagan Alem√£o.

Cuando salta de techo en techo, Josimar despliega una destreza atl√©tica que nunca usar√° fuera de la favela. En cambio, las habilidades del ni√Īo llaman la atenci√≥n de los l√≠deres de las bandas que desean reclutarlo.

"En mis historias, escribo sobre nuestro peor miedo", dijo Silveira, de 56 a√Īos. "El miedo a salir de nuestras casas".