Obrar de mala fe

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En la presente edición usted tiene en sus manos como de costumbre una selección de temas que se constituyen en lo más destacado de la información del mes que ha transcurrido y una visión que le hará entender con mayor claridad el futuro. En esta edición presentamos la segunda parte del capítulo sobre la transferencia del Club Bolívar a Baisa SRL. Destacamos información valiosísima para que conozca de primera mano quién es el actual propietario de la institución celeste; los negocios que maneja y cómo se ha convertido en dirigente del fútbol. Al conocer la investigación que apareció en nuestra edición 146 del pasado mes de Mayo el empresario -asesorado por un minúsculo grupo de dirigentes lambiscones, dispuestos a rendirle pleitesías y callar- no tuvo mejor idea que descalificar la investigación refiriendo asuntos personales que no aclaran el contrato que suscribió para apoderarse del patrimonio celeste. Los periodistas que repiten lo difícil que es entrevistarlo no le preguntaron por qué hipotecó el estadio de Tembladerani cuando una ley de la República prohíbe enajenar bienes consagrados a la práctica del deporte. No le preguntaron por qué las partes intervinientes en el contrato decidieron pactar una clausula de arbitraje en tribunales con sede en Nueva York quitándole al Bolívar toda posibilidad de defensa, desprovista además de todo su patrimonio. Por qué no le preguntaron sobre su moral y reputación cuando le ha quitado a la institución sus cuentas bancarias y sin ninguna posibilidad de contratar profesionales que peleen los intereses del club. No le han preguntado tampoco cómo amasó la fortuna que según cuenta tiene y que tampoco es como él dice que es. Ese es el periodismo servil y obsecuente que maneja a control remoto para que le pregunte cosas bonitas y se niega a sí mismo quedando mal ante la sintonía que piensa que es estúpida e ignorante. ¿Cómo está Usted? ¿Cómo se siente? ¿Acaba de salir del baño? ¿Está el día bonito? dando por sentado que todo lo que hace es irreprochable y digno de publicarse en un relato épico.

Como de costumbre, cuando se toca los intereses y la podredumbre de actos reñidos con la moral, ética y se escribe la verdad, saltan reacciones a la descalificación, el matonismo verbal y lo que es peor: la prepotencia para no aclarar los hechos que en este caso rodearon la compra del Club Bolívar. Nos ratificamos plenamente en el contenido de la información que los administradores de Baisa SRL negaron durante muchos años para que no reluciera la verdad. Amparado en una supuesta ética que reclama del director de DATOS el dueño de la institución celeste profirió ataques que no aclaran el verdadero propósito de su mala fe con el deporte boliviano en general y con el Club  Bolívar en particular.

Quizá, él no sabe o sus periodistas y sus obsecuentes lambiscones no le han informado que todo lo que hizo en Bolivia como si fuera su finca hubiera sido penado con cárcel en los Estados Unidos. Pero, claro, Bolivia sigue siendo el país tercermundista dónde puede comprar consciencias y voluntades.