José Manuel Canelas: “Más que reconstruir Bolivia había que pensar todo el armado”

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Foto: Revista dat0s

Un diálogo con el encargado de la comunicación del Gobierno del MAS. Cómo valora lo avanzado y cómo se trabaja para encausar el país al siguiente quinquenio si Evo es reelecto a la presidencia. (Primera parte)

El ministro de Comunicación del Gobierno de Evo Morales, José Manuel Canelas (40) está en la zona de pre embarque en el aeropuerto de Viru Viru conversando con un opositor. La charla parece amena. Decido abordarlo antes de ganar el avión. Es atento. Se detiene en la puerta de ingreso de una de las salas VIP y me otorga respuesta. “Llámeme”, me dice, sin más preámbulos cuando le digo que se trata de realizar una entrevista. Sin vacilar un segundo me deja anotar su contacto. A los pocos días contesta un cuestionario elaborado por la dirección de la revista. Es tiempo electoral, de modo que hablar con el encargado de la comunicación del Gobierno es de interés inevitable. Desde entonces no ha dejado de contestar los emails. Parte de su reconocido éxito al frente de una cartera considerada fusible en cualquier época, no deja de ser un reconocimiento.

Es una de las autoridades más jóvenes del actual gabinete y uno de los más jóvenes también en ocupar este portafolio. Su incursión en la política que reclama renovación de valores es más o menos reciente. Fue diputado y gestó desde la cámara Baja un perfil eficiente que ha servido para escalar en los ambientes políticos. Proactivo en su comportamiento no ha dejado de ejercer una suerte de diplomacia en la comunicación cambiando el estilo de quienes lo antecedieron en este puesto tan lleno de insatisfacciones como de desafíos y turbulencias.

Si comparamos el periodo previo al ascenso de Evo Morales al poder con una cerámica rota del período previo, ¿cuántos pedazos se tuvieron que armar para reconstruirla?

Yo creo que más que reconstruirla había que volver a pensar todo el armado. El desafío por tratar de construir nuevamente un país fue enorme. No sólo teníamos que rearmar institucionalmente a Bolivia, sino diseñarla de nuevo; discutir cuáles iban a ser sus principios, sus formas y sus contenidos institucionales. Teníamos que dibujar r un diseño de país democrático, inclusivo, estable, que se adecue a las necesidades materiales de nuestra ciudadanía.

A partir de ese diseño fue posible armar el nuevo país, bajo una lógica plural y muy participativa. Ha sido una tarea muy compleja, sobre todo durante los años en que terminábamos de consolidarnos, previo a la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado, porque todavía había algunas fuerzas conservadoras que disputaban, en alguna medida, el modelo de Estado.

Creo que a partir del 2009 es cuando ya podemos hablar de una plena construcción colectiva de esa cerámica, teniendo una base popular inédita y condiciones económicas muy favorables – dadas por las primeras acciones del gobierno – para decidir el tipo de país que construiríamos.

La oposición acusa al Gobierno de haber rifado la bonanza y no se hizo nada para potenciar las estructuras sociales y económicas del país, ¿es justo este reclamo?

Es lógico que la oposición y quienes no simpatizan con nuestro Gobierno recurran a este discurso del desprestigio del modelo económico. Año tras año escuchamos decir lo mismo a reconocidos analistas que colaboran con la oposición: que hubo un desaprovechamiento monumental, que habrá crisis, que la economía está en riesgo, que estamos en puertas de la inestabilidad, etcétera. No es una novedad que en este momento ese discurso sea potenciado por algunos actores y que se intente sembrar una especie de incertidumbre o temor en la ciudadanía. Felizmente, y al contrario de estas predicciones fatalistas, nuestra economía ha mostrado una fortaleza inédita y una capacidad de sobrellevar las crisis internacionales. Esto ha sido reconocido por múltiples instancias que hacen seguimiento al desarrollo económico y social de los países.

Pero no solo eso. Sino que nuestro modelo económico ha posibilitado una transformación radical en la vida cotidiana de millones de bolivianas y bolivianos. Es cuestión de mirar las cifras y la propia experiencia de la gente. La pobreza extrema se ha reducido de forma importante y las condiciones de vida han mejorado mucho respecto de décadas pasadas. Gracias a este ascenso hay una estructura social con una mayoría de la población de clase media con posibilidades de crecimiento económico autónomo. Por lo tanto, aquel reclamo de la oposición no solo no es justo, sino que es peligrosamente falaz. Probablemente, esta sea una de las razones de por qué la mayoría de los bolivianos les da la espalda en unas elecciones generales, hay cosas que mejorar, hay errores, por supuesto, pero la vida cotidiana de la gente es la mejor respuesta a estas críticas maximalistas.

¿Somos un país menos dependiente?

Evidentemente, sí. Hoy podemos pagar los salarios de nuestros trabajadores sin extender la mano a la ayuda internacional – ¿quién puede hablar de institucionalidad cuando su gasto corriente se financia por parte de la generosidad extranjera? Hoy somos capaces de ejecutar planes integrales de seguridad, de lucha contra el narcotráfico, por ejemplo, sin depender directamente de ningún país. Nuestra estructura económica ha posibilitado que tengamos una base material sólida para enfrentar diversos retos de manera autónoma. El concepto de soberanía, en este sentido, no es una idea vacía o un cliché discursivo. Constituye un eje de la acción del Estado en la política interna y externa. Bolivia hoy tiene una voz autónoma y relevante en el escenario internacional. Hemos sido capaces de posicionar nuestras ideas en la agenda internacional para la discusión en los más altos espacios del multilateralismo.

¿Qué somos los bolivianos de todos los sectores para el Gobierno en estos 13 años de gestión? O dicho de otro modo ¿fuimos tomados en cuenta en la construcción de una mejor sociedad?

Yo creo que sí. Una de las características fundamentales del MAS es justamente la participación de diversos actores sociales organizados. Es lógico que de inicio esta fuerza política haya estado compuesta por organizaciones sociales más bien campesinas indígenas por la naturaleza misma de las reivindicaciones políticas que la formaron, pero se ha visto que la lógica de la inclusión abraza a diversos actores sociales como los que salen del rubro empresarial, o de sectores ligados a la academia y la investigación, por dar algún ejemplo. Lo que quiero decir es que, a pesar de cualquier tipo de diferencia, el Gobierno ha sabido concertar y generar mecanismos de inclusión para la aplicación de políticas específicas. Entonces, los sectores sociales, rubros profesionales y otras organizaciones han podido adecuarse al trabajo que realizamos como Gobierno de forma propositiva y con resultados positivos. Eso los hace también agentes del cambio.

¿Qué representa Evo Morales para Bolivia?

Representa un liderazgo inédito. Es difícil pensar algún ejemplo semejante de un líder político de tal relevancia que haya gestado un proceso de transformación del país desde las estructuras sindicales de base popular. El presidente Morales representa el cambio radical de las formas tradicionales de hacer política. El hecho de haber pertenecido a estructuras de organización popular, de haber obtenido una alta legitimidad con base en la cercanía con la gente, ha permitido un giro en la forma de entender hoy la política. Evo representa una apertura democrática con un alcance histórico. Ahí está la centralidad del presidente como líder. Hoy, representa la estabilidad económica estrechamente ligada a la realidad del pueblo. Representa una especie de materialización de la esperanza de millones de bolivianos por mejorar sus condiciones de vida.