El triunfo del carro de la muerte
Edición "dat0s 232"
Por: Luisa Fernanda Siles
Agosto 2020

Luisa Fernanda Siles, Premio Nacional de Novela, en exclusiva para dat0s expresa su visión sobre el particular momento que atraviesa el planeta y Bolivia.

 

Precedido por aterradoras im√°genes de personas cayendo desfallecidas en las calles de Wuhan, y poniendo al mundo en situaci√≥n de emergencia, en el mes de marzo de este a√Īo lleg√≥ el primer caso Coronavirus al pa√≠s.

De ser amos y se√Īores del planeta azul y disfrutar de sus bondades sin restricci√≥n, de la noche a la ma√Īana, la naturaleza nos da la espalda, nos confina en nuestros hogares, con la premisa que la mejor protecci√≥n contra el SARS-CoV-2 es la distancia entre cong√©neres, mientras los cient√≠ficos, azorados, buscan la cura. Para hacer frente al peor de los enemigos hay que estar al tanto de sus debilidades, o por lo menos, conocerle el aliento, descubrirle el tal√≥n de Aquilessi lo tiene-. Desafiar lo desconocido es aterrador.

La paranoia de d√≥nde apoyar las manos, mantener vitaminado el cuerpo, ba√Īarse en alcohol, eucalipto, jab√≥n, encapucharse y encomendarse a Dios y a todos los santos, cada que se da dos pasos, son h√°bitos adquiridos en el √ļltimo cuatrimestre; medidas preventivas para resistir la furia del virus chino que ha coronado de muerte a cerca de un mill√≥n de personas, paralizado el planeta, puesto en crisis a los sistemas de salud m√°s avanzados y descalabrado la econom√≠a global.

Giovanni Boccaccio en el Decamerón, narra la cuarentena en Florencia durante la peste negra. Azote que asoló Europa y Asia en el Trecento y aniquiló el 60% de la población, tan solo por respirar el mismo aire o por rascarse las picaduras de las pulgas que infectaban a las ratas. Entonces, igual que hoy, se aconsejaba mantenerse positivo, reconfortarse atesorando los afectos y vínculos familiares, aunque resulta difícil ser positivo cuando se teme el abrazo de la muerte, la dificultad al acceso a cuidados médicos en sistemas sanitarios desheredados y se sale a ganar el pan de cada día en una zona de guerra.

La pandemia desnud√≥ la vieja angustia del ser humano acarreada desde su nacimiento: el miedo a la muerte. Gracias a las emociones y a su nivel de autoconciencia, el hombre es el √ļnico que puede concebir la muerte y como ser narrativo -que es- necesita explic√°rsela, comprenderla y desentra√Īar sus misterios. Arist√≥teles se√Īal√≥ que "Lo m√°s temible es la muerte porque es el fin". La mayor√≠a de las personas evitamos pensar en la finitud de nuestra existencia porque consterna la soledad e indefensi√≥n del ser que llegado el momento se entrega al trance en el que pierde, irremediablemente, lo m√°s preciado que tiene, a s√≠ mismo, y, despojado de todo, enfrenta lo desconocido.

Deslucidos el dinero, los sue√Īos, las metas, cuando la propia respiraci√≥n depende de una m√°quina. Invencibilidad y despreocupaci√≥n se desintegran ante la amenaza que se carg√≥ los paradigmas, la seguridad, la auto estima, el poder√≠o de la raza humana y, en una especie de ensayo general del apocalipsis, nos muestra por una rendija lo que nos podr√≠a esperar. ¬ŅC√≥mo pudimos olvidar que somos solo seres mortales y que un cuerpo microsc√≥pico podr√≠a acabar con nosotros? ¬ŅC√≥mo, enceguecidos por la ambici√≥n, nos encaramamos en el carro del "Triunfo de la muerte"? Endiosados y c√≠nicos. ¬ŅEn qu√© momento cre√≠mos que el dinero pod√≠a ganarle a una tormenta de citoquina o a la depredaci√≥n despiadada de los recursos del planeta?

No me cabe duda que pronto la vacuna contra el Coronavirus estar√° en nuestro cuerpo ya que la vida se aferra a s√≠ misma con obstinaci√≥n, la capacidad del humano para sobrevivir y sobreponerse a la adversidad es inagotable. Por otra parte, queda claro que la lecci√≥n que nos deja el virus es tremenda y que si queremos conservar nuestro para√≠so, como lo conocemos, debemos dar un giro de tim√≥n. ¬ŅQu√© haremos cuando no haya plan B y el tiempo se acabe?

 

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